Gabriel Rufián e Irene Montero presentarán en Barcelona sus respuestas a lo que creen que desde la izquierda a la izquierda del PSOE debe hacerse para frenar la llegada del PP a la Moncloa. Lo harán en la Universidad Pompeu Fabra (UPF) y no en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) porque su equipo de gobierno ha alegado que en el campus de Bellaterra no se permiten «actividades no académicas» para evitar la politización de la universidad. Sin embargo, la UAB defiende judicialmente un mural partidista y que rompe la neutralidad: a favor de la independencia.Desde hace años, los equipos de gobierno de la UAB vienen aplicando un doble rasero. Por un lado, tratan de fijar una posición neutral y no partidista para evitar actos políticos; pero, por otro, permiten que los independentistas tomen el campus —con carteles, panfletos, pancartas…— y amedrenten, cuando no agredan, a los estudiantes constitucionalistas, como los jóvenes que se organizan bajos las siglas de S’ha Acabat! Desde la UAB, incluso, se ha tratado de impedir que esta asociación pueda inscribirse en el registro de entidades de la universidad.«Los colectivos inscritos en el directorio de la UAB son muy variados: culturales, políticos, deportivos, etc., y los espacios que utilizan para sus actividades no son aulas ni espacios docentes», responden a este diario desde la dirección del centro universitario cuando se pregunta por el motivo por el que los líderes a la izquierda del PSOE no pueden ofrecer una charla política en el campus. «Simplemente, no se acogió el acto porque es política de la universidad no ceder espacios para actividades no académicas», añaden, concretando su respuesta.Noticia relacionada No S’ha Acabat! recopila en un documental los acosos que sufre por parte del nacionalismo en las universidades catalanas Daniel TerceroSin embargo, este afán de no politizar la UAB choca con la realidad. A la entrada del campus hay un mural que defiende la independencia, el socialismo y el feminismo. Está firmado: Sindicat d’Estudiants dels Països Catalans (SEPC). Esta organización forma parte del entramado ideológico de la CUP y no solo defiende la violencia como parte de su acción política, sino que la practica. Buena cuenta de ello son las agresiones que han sufrido los miembros de S’ha Acabat! y las veces que les han impedido expresarse en la plaza Cívica del campus de Bellaterra.La Justicia ha ordenado al equipo de gobierno de la UAB que tape el mural. La decisión es cautelar y como respuesta a un requerimiento de Impulso Ciudadano. Pero encapuchados independentistas retiran la lona dejando al descubierto el mural partidista, como está ahora mismo, y sin que el rector, Javier Lafuente, tome medidas para impedir que se incumpla la orden judicial. A principios de marzo, cuando se tapó el mural, desde el SEPC se amenazó al equipo de gobierno: «Empieza vuestro infierno».La incongruencia parece más que evidente. Así lo defiende Rafael Arenas, presidente de Impulso Ciudadano, catedrático de Derecho Internacional Privado en la UAB y amenazado por los independentistas por defender la Constitución, que apoya que Rufián pueda expresarse en el campus. «La universidad se enriquece cuando hay debates en los que se defienden distintas posiciones. Es positivo. Todo el mundo debe poder tener acceso», apunta a ABC. Y añade: «Lo que no puede ser es que la universidad asuma como propia una posición política. Esto es lo que pasa cuando el equipo de gobierno de la UAB consiente el mural». Gabriel Rufián e Irene Montero presentarán en Barcelona sus respuestas a lo que creen que desde la izquierda a la izquierda del PSOE debe hacerse para frenar la llegada del PP a la Moncloa. Lo harán en la Universidad Pompeu Fabra (UPF) y no en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) porque su equipo de gobierno ha alegado que en el campus de Bellaterra no se permiten «actividades no académicas» para evitar la politización de la universidad. Sin embargo, la UAB defiende judicialmente un mural partidista y que rompe la neutralidad: a favor de la independencia.Desde hace años, los equipos de gobierno de la UAB vienen aplicando un doble rasero. Por un lado, tratan de fijar una posición neutral y no partidista para evitar actos políticos; pero, por otro, permiten que los independentistas tomen el campus —con carteles, panfletos, pancartas…— y amedrenten, cuando no agredan, a los estudiantes constitucionalistas, como los jóvenes que se organizan bajos las siglas de S’ha Acabat! Desde la UAB, incluso, se ha tratado de impedir que esta asociación pueda inscribirse en el registro de entidades de la universidad.«Los colectivos inscritos en el directorio de la UAB son muy variados: culturales, políticos, deportivos, etc., y los espacios que utilizan para sus actividades no son aulas ni espacios docentes», responden a este diario desde la dirección del centro universitario cuando se pregunta por el motivo por el que los líderes a la izquierda del PSOE no pueden ofrecer una charla política en el campus. «Simplemente, no se acogió el acto porque es política de la universidad no ceder espacios para actividades no académicas», añaden, concretando su respuesta.Noticia relacionada No S’ha Acabat! recopila en un documental los acosos que sufre por parte del nacionalismo en las universidades catalanas Daniel TerceroSin embargo, este afán de no politizar la UAB choca con la realidad. A la entrada del campus hay un mural que defiende la independencia, el socialismo y el feminismo. Está firmado: Sindicat d’Estudiants dels Països Catalans (SEPC). Esta organización forma parte del entramado ideológico de la CUP y no solo defiende la violencia como parte de su acción política, sino que la practica. Buena cuenta de ello son las agresiones que han sufrido los miembros de S’ha Acabat! y las veces que les han impedido expresarse en la plaza Cívica del campus de Bellaterra.La Justicia ha ordenado al equipo de gobierno de la UAB que tape el mural. La decisión es cautelar y como respuesta a un requerimiento de Impulso Ciudadano. Pero encapuchados independentistas retiran la lona dejando al descubierto el mural partidista, como está ahora mismo, y sin que el rector, Javier Lafuente, tome medidas para impedir que se incumpla la orden judicial. A principios de marzo, cuando se tapó el mural, desde el SEPC se amenazó al equipo de gobierno: «Empieza vuestro infierno».La incongruencia parece más que evidente. Así lo defiende Rafael Arenas, presidente de Impulso Ciudadano, catedrático de Derecho Internacional Privado en la UAB y amenazado por los independentistas por defender la Constitución, que apoya que Rufián pueda expresarse en el campus. «La universidad se enriquece cuando hay debates en los que se defienden distintas posiciones. Es positivo. Todo el mundo debe poder tener acceso», apunta a ABC. Y añade: «Lo que no puede ser es que la universidad asuma como propia una posición política. Esto es lo que pasa cuando el equipo de gobierno de la UAB consiente el mural».
Gabriel Rufián e Irene Montero presentarán en Barcelona sus respuestas a lo que creen que desde la izquierda a la izquierda del PSOE debe hacerse para frenar la llegada del PP a la Moncloa. Lo harán en la Universidad Pompeu Fabra (UPF) y no … en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) porque su equipo de gobierno ha alegado que en el campus de Bellaterra no se permiten «actividades no académicas» para evitar la politización de la universidad. Sin embargo, la UAB defiende judicialmente un mural partidista y que rompe la neutralidad: a favor de la independencia.
Desde hace años, los equipos de gobierno de la UAB vienen aplicando un doble rasero. Por un lado, tratan de fijar una posición neutral y no partidista para evitar actos políticos; pero, por otro, permiten que los independentistas tomen el campus —con carteles, panfletos, pancartas…— y amedrenten, cuando no agredan, a los estudiantes constitucionalistas, como los jóvenes que se organizan bajos las siglas de S’ha Acabat! Desde la UAB, incluso, se ha tratado de impedir que esta asociación pueda inscribirse en el registro de entidades de la universidad.
«Los colectivos inscritos en el directorio de la UAB son muy variados: culturales, políticos, deportivos, etc., y los espacios que utilizan para sus actividades no son aulas ni espacios docentes», responden a este diario desde la dirección del centro universitario cuando se pregunta por el motivo por el que los líderes a la izquierda del PSOE no pueden ofrecer una charla política en el campus. «Simplemente, no se acogió el acto porque es política de la universidad no ceder espacios para actividades no académicas», añaden, concretando su respuesta.
Sin embargo, este afán de no politizar la UAB choca con la realidad. A la entrada del campus hay un mural que defiende la independencia, el socialismo y el feminismo. Está firmado: Sindicat d’Estudiants dels Països Catalans (SEPC). Esta organización forma parte del entramado ideológico de la CUP y no solo defiende la violencia como parte de su acción política, sino que la practica. Buena cuenta de ello son las agresiones que han sufrido los miembros de S’ha Acabat! y las veces que les han impedido expresarse en la plaza Cívica del campus de Bellaterra.
La Justicia ha ordenado al equipo de gobierno de la UAB que tape el mural. La decisión es cautelar y como respuesta a un requerimiento de Impulso Ciudadano. Pero encapuchados independentistas retiran la lona dejando al descubierto el mural partidista, como está ahora mismo, y sin que el rector, Javier Lafuente, tome medidas para impedir que se incumpla la orden judicial. A principios de marzo, cuando se tapó el mural, desde el SEPC se amenazó al equipo de gobierno: «Empieza vuestro infierno».
La incongruencia parece más que evidente. Así lo defiende Rafael Arenas, presidente de Impulso Ciudadano, catedrático de Derecho Internacional Privado en la UAB y amenazado por los independentistas por defender la Constitución, que apoya que Rufián pueda expresarse en el campus. «La universidad se enriquece cuando hay debates en los que se defienden distintas posiciones. Es positivo. Todo el mundo debe poder tener acceso», apunta a ABC. Y añade: «Lo que no puede ser es que la universidad asuma como propia una posición política. Esto es lo que pasa cuando el equipo de gobierno de la UAB consiente el mural».
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