La campeona del mundo Esther González, que recientemente había rescindido su contrato con el Gotham FC estadounidense, acaba de fichar hasta 2027 por el Al Qadish de Arabia Saudí. No es la primera española que aterriza en la emergente liga asiática, enmarcada dentro del plan del país Vision 2030 en el que pretende evolucionar socialmente a través del deporte, pero detrás del fichaje ha habido un hecho que ha recorrido como la pólvora la prensa española.
Amnistía Internacional denunció a finales de junio cinco casos de turistas que acabaron juzgados por el contenido en contra de las leyes del país en sus redes sociales
La campeona del mundo Esther González, que recientemente había rescindido su contrato con el Gotham FC estadounidense, acaba de fichar hasta 2027 por el Al Qadish de Arabia Saudí. No es la primera española que aterriza en la emergente liga asiática, enmarcada dentro del plan del país Vision 2030 en el que pretende evolucionar socialmente a través del deporte, pero detrás del fichaje ha habido un hecho que ha recorrido como la pólvora la prensa española.
La granadina de 33 años ha decidido antes de ser presentada oficialmente borrar todas las imágenes de sus redes sociales en las que aparecen su mujer y su hijo (de ocho meses). Arabia Saudí destaca por ser uno de los países con más incumplimientos de los Derechos Humanos, especialmente en asuntos como la libertad de expresión y los de la comunidad LGTBI. Es ilegal las parejas entre el mismo sexo.
De hecho, Amnistía Internacional publicó a finales de junio un informe con cinco casos de detenciones de turistas extranjeros por vulnerar las leyes del país, lo que planea en el caso de Esther González y la decisión tomada en sus redes en esta nueva vida.
“Hemos documentado los casos de ocho personas, principalmente de países del Sur y Oriente Medio, que fueron arrestadas en Arabia Saudí durante visitas realizadas entre julio de 2022 y finales de 2025 por sus publicaciones en redes sociales”, explican desde Amnistía Internacional. “Detrás de la imagen de apertura al mundo cuidadosamente proyectada por el gobierno saudí se esconde un clima generalizado de temor”, manifestó Naydeen Abdulaziz, responsable de Seguimiento e Incidencia de ALQST (Justicia en Arabia).
De esos cinco casos hay dos ejemplos reveladores. Uno de ellos es el del ciudadano de banca británico Ahmed al Doush, que visitó el país con su mujer e hijos. Antes de salir, en el aeropuerto de Riad, fue detenido por unas publicaciones en sus redes sociales que había hecho antes de iniciar el viaje. Fue condenado a diez años, luego reducida la pena a cinco. La familia señala en Amnistía Internacional la incomunicación y el trato al que está siendo sometido.
Otro de los casos es el de Haidar Slim, ciudadano libanés que, yendo a la Meca, se grabó haciendo un cántico chií y lo distribuyó en sus redes. Fue procesado en aplicación de la Ley de Delitos Informáticos por “publicar contenido que socava el orden público y los valores religiosos”. Le cayeron cinco años, pero salió al cumplir tres.
Amnistía Internacional destaca que son pocos los casos que salen a la luz o que les llegan a los organismos internacionales. No ha trascendido ninguno que tenga que ver con algún (alguna) futbolista, cuya repercusión mediática si alcanzaría un nivel que cuestionaría las políticas del país. “El blanqueamiento deportivo (o ‘sportswashing’) es el uso de grandes eventos y competiciones deportivas para mejorar la imagen internacional de gobiernos responsables de graves violaciones de derechos humanos, ocultando la represión, la discriminación o la violencia estructural”, añaden.
El caso de González, a la espera de que ella se pronuncie o explique el motivo, responde a dos posibilidades: o que ella haya interpretado que, por las leyes del país, es mejor borrarlas o que desde la entidad se lo hayan sugerido.
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