Antes de abandonar Tenerife, el pasado junio, monseñor Paul Richard Gallagher, el “ministro de Exteriores” del Papa, confiaba: “Será muy complicado para Francia estar a la altura de lo que hemos visto aquí”.
El Papa se reunirá con Macron y abordará la IA y el final de la vida en un país donde vuelven a crecer los bautismos de los adultos
Antes de abandonar Tenerife, el pasado junio, monseñor Paul Richard Gallagher, el “ministro de Exteriores” del Papa, confiaba: “Será muy complicado para Francia estar a la altura de lo que hemos visto aquí”.
Ha llegado el momento de comprobarlo. El éxito del viaje a España ha espoleado a los organizadores de la visita que comienza mañana en París, una misión que atraviesa algunos de los grandes debates políticos, sociales y culturales del momento.
El viaje a Francia servirá también al Papa de Chicago para tomar el pulso a un cierto retorno de la religión en Europa —en Francia hasta los bautismos de adultos vuelven a crecer— y enviar un mensaje al continente. Emmanuel Macron lo espera con la gran deferencia que ya mostró durante su audiencia en el Vaticano del pasado 10 de abril, convencido de encontrar en el Pontífice un interlocutor próximo en algunos de los grandes asuntos del momento, desde la inteligencia artificial hasta la centralidad política de la Unión Europea. Durante la organización también habría habido algunas diferencias de criterio, con la Secretaría de Estado vaticana atenta a evitar que el Papa quedara demasiado envuelto en el afán de “grandeur” del jefe del Elíseo y a mantener diferenciadas la dimensión política de la visita y la pastoral.
Las etapas serán París, Lourdes y Metz. Son varios los elementos que convierten este viaje al corazón de la laicidad europea en una cita que va mucho más allá de la vida de la Iglesia. El primero salta a la vista: París. Jorge Mario Bergoglio había evitado pisar la capital francesa y prefirió visitas a otros lugares de Francia, como Estrasburgo y Marsella. Cuando Emmanuel Macron lo invitó a la reapertura de Notre Dame, restaurada después del incendio de 2019, el Papa argentino declinó la invitación y prefirió viajar pocos días después a Ajaccio, en Córcega.
Robert Francis Prevost, en cambio, ha recuperado la tradición de comenzar los viajes apostólicos por las capitales, como ya hizo en Ankara y Madrid, para desplazarse después a otros puntos del país. Su primera parada será el Elíseo, donde pronunciará un discurso que irá directamente al corazón de varias cuestiones candentes. Algunas internacionales, en las que existe una amplia sintonía con Macron, empezando por el Líbano; y quizás también otras éticas, como el aborto y el final de la vida, donde las posiciones son muy distintas.
Como explican fuentes del Elíseo, se ha renunciado a algunos elementos del “protocolo republicano” reservado a las visitas de Estado, como la ceremonia militar en Los Inválidos, el homenaje ante la tumba del Soldado Desconocido bajo el Arco de Triunfo o el recorrido por los Campos Elíseos con una escolta a caballo de la Guardia Republicana. Todo eso, explican, “no estaba adaptado a la visita del Papa”. También hubo negociaciones sobre Notre Dame: según reveló La Croix, Macron habría querido acompañar al Pontífice y mostrarle los trabajos de restauración, pero el Vaticano prefirió mantener el carácter estrictamente religioso de la visita a la catedral.
El Vaticano frenó parte del despliegue previsto por Macron para preservar el carácter pastoral de la visita
También el viernes, en el Vaticano se espera con especial atención el discurso que el Pontífice pronunciará ante la Unesco. La inteligencia artificial estará en el centro de una intervención que llega en un momento especialmente delicado. León XIV ha convertido la cuestión tecnológica en uno de los ejes de su pontificado, como demuestra la encíclica Magnifica Humanitas, y el debate ha adquirido todavía más peso ante las advertencias sobre los riesgos de la IA lanzadas incluso desde las propias empresas que lideran su desarrollo.
Macron tampoco participará en el gran baño de masas previsto para el sábado por la tarde en la plaza de la Concordia, donde el Papa celebrará una misa multitudinaria para la que se han inscrito cerca de 600.000 personas. Tampoco habrá ningún miembro del Gobierno en Lourdes, considerada la etapa más estrictamente pastoral del viaje.
El presidente francés reaparecerá, en cambio, el lunes en Metz, última etapa de la visita y probablemente la de mayor contenido europeo. La elección de la ciudad, muy cerca de la frontera con Alemania, está cargada de simbolismo. Robert Schuman, uno de los padres fundadores de la integración europea, estudió en Metz, abrió allí su bufete de abogado y fue durante décadas diputado por la Mosela.
En Metz, vinculada a Robert Schuman, León XIV cerrará el viaje reivindicando la construcción europea
Será la continuación de un discurso que el Papa ya empezó a esbozar en Madrid, cuando atribuyó al Viejo Continente una “vocación específica” y pidió “impulsar el proceso de unión europea”, no como una potencia enfrentada a las demás, sino “como un don para toda la familia humana”.
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