Es curioso. Lo de Ceuta lleva un mes ocupando la política nacional, pero la cuestión no ha ocupado la agenda gallega hasta esta semana, con motivo de las manifestaciones ciudadanas en apoyo y solidaridad del pueblo ceutí. Sí, ha habido alguna escaramuza dialéctica respecto a qué hacer con los menores migrantes entre la Xunta y los grupos de la oposición, pero en Galicia no se le ha puesto cara a la cosa hasta que plazas y espacios de toda la comunidad han sido ocupadas por la sociedad civil expresando proclamas tan revolucionarias como «Ceuta no se vende, Ceuta se defiende» o «Ceuta es España». Cuando una consigna redunda en lo obvio, es que lo extraño o anómalo es aquello que lo rodea.El contexto gallego dificulta la entrada de determinados debates. Los datos: solo un 11% de la población de Galicia nació fuera de España; ese porcentaje en Baleares, Comunidad Valenciana, Madrid y Cataluña iguala o supera el 25%. El porcentaje de población extranjera en Galicia es del 6,4%; la media nacional alcanza el 14%. Es decir, la sensibilidad respecto a este tema está menos acentuada porque la realidad es otra, aunque siempre haya el nacionalista de turno que justifique eso por una manera de ser más elevada. En fin. Las cifras son uno de los motivos por los que Vox no termina de encontrar una vía de entrada en Galicia, aunque explore otras muchas y surfee la ola favorable del conjunto de España.De ahí que en Galicia normalmente los debates sobre distribución de personas migrantes se lleven con cierta normalidad y no polaricen a la sociedad. Pero la cuestión ceutí no está estrictamente ahí, sino en la imagen que ha trasladado el Gobierno respecto a su capacidad para gestionar la situación. Tan unánime y palmaria ha debido de ser que la oposición en Galicia ha decidido ponerse de perfil. El PSdeG optó por un perfil muy bajo, intentando colocar el mensaje de que la Xunta quiere deportar niños -quizás porque no considera suficiente con reconocer que el agrupamiento familiar figura en la legislación en vigor- y es muy insolidaria, cuando la respuesta del gobierno gallego ha sido más bien la contraria. Disciplinadamente, los alcaldes socialistas cerraron filas con Ferraz. Consideraron que sus vecinos no los juzgarían en exceso por esto.Más llamativo fue lo del BNG. Siendo lo amplio que es el calendario, eligieron precisamente el miércoles para irse a Bilbao y reunirse con los popes de Bildu para analizar las cosas que pasan ‘en el Estado español’, que es el eufemismo nacionalista para hablar de España. No suelen decir ‘Estado portugués’ ni ‘Estado marroquí’, pero pronunciar España debe provocarles alguna reacción cutánea incómoda. Citarse con los aberzales cuando toda Galicia está en las plazas solo busca pasar desapercibido. Pero incluso así se evitó que en la foto junto a Arnaldo Otegi apareciera la portavoz nacional del BNG. Debe ser que este ‘hombre de paz’ todavía tizna a quien se le arrima, y suficiente arrastra ya el Bloque con ir en la misma papeleta cuando llegan las europeas.El PP, por su parte, se apunta algunos tantos. Las imágenes en La Coruña y Vigo son potentes, de fuerte movilización. Incluso en Santiago, donde sin llenar el Obradoiro se juntó más gente de la esperada. La capital gallega no es fácil. Parece que hay músculo, que la masa afín no se va a quedar en casa. Allí al fondo, en mayo, las municipales. ¿Fue un ensayo? Veremos. Es curioso. Lo de Ceuta lleva un mes ocupando la política nacional, pero la cuestión no ha ocupado la agenda gallega hasta esta semana, con motivo de las manifestaciones ciudadanas en apoyo y solidaridad del pueblo ceutí. Sí, ha habido alguna escaramuza dialéctica respecto a qué hacer con los menores migrantes entre la Xunta y los grupos de la oposición, pero en Galicia no se le ha puesto cara a la cosa hasta que plazas y espacios de toda la comunidad han sido ocupadas por la sociedad civil expresando proclamas tan revolucionarias como «Ceuta no se vende, Ceuta se defiende» o «Ceuta es España». Cuando una consigna redunda en lo obvio, es que lo extraño o anómalo es aquello que lo rodea.El contexto gallego dificulta la entrada de determinados debates. Los datos: solo un 11% de la población de Galicia nació fuera de España; ese porcentaje en Baleares, Comunidad Valenciana, Madrid y Cataluña iguala o supera el 25%. El porcentaje de población extranjera en Galicia es del 6,4%; la media nacional alcanza el 14%. Es decir, la sensibilidad respecto a este tema está menos acentuada porque la realidad es otra, aunque siempre haya el nacionalista de turno que justifique eso por una manera de ser más elevada. En fin. Las cifras son uno de los motivos por los que Vox no termina de encontrar una vía de entrada en Galicia, aunque explore otras muchas y surfee la ola favorable del conjunto de España.De ahí que en Galicia normalmente los debates sobre distribución de personas migrantes se lleven con cierta normalidad y no polaricen a la sociedad. Pero la cuestión ceutí no está estrictamente ahí, sino en la imagen que ha trasladado el Gobierno respecto a su capacidad para gestionar la situación. Tan unánime y palmaria ha debido de ser que la oposición en Galicia ha decidido ponerse de perfil. El PSdeG optó por un perfil muy bajo, intentando colocar el mensaje de que la Xunta quiere deportar niños -quizás porque no considera suficiente con reconocer que el agrupamiento familiar figura en la legislación en vigor- y es muy insolidaria, cuando la respuesta del gobierno gallego ha sido más bien la contraria. Disciplinadamente, los alcaldes socialistas cerraron filas con Ferraz. Consideraron que sus vecinos no los juzgarían en exceso por esto.Más llamativo fue lo del BNG. Siendo lo amplio que es el calendario, eligieron precisamente el miércoles para irse a Bilbao y reunirse con los popes de Bildu para analizar las cosas que pasan ‘en el Estado español’, que es el eufemismo nacionalista para hablar de España. No suelen decir ‘Estado portugués’ ni ‘Estado marroquí’, pero pronunciar España debe provocarles alguna reacción cutánea incómoda. Citarse con los aberzales cuando toda Galicia está en las plazas solo busca pasar desapercibido. Pero incluso así se evitó que en la foto junto a Arnaldo Otegi apareciera la portavoz nacional del BNG. Debe ser que este ‘hombre de paz’ todavía tizna a quien se le arrima, y suficiente arrastra ya el Bloque con ir en la misma papeleta cuando llegan las europeas.El PP, por su parte, se apunta algunos tantos. Las imágenes en La Coruña y Vigo son potentes, de fuerte movilización. Incluso en Santiago, donde sin llenar el Obradoiro se juntó más gente de la esperada. La capital gallega no es fácil. Parece que hay músculo, que la masa afín no se va a quedar en casa. Allí al fondo, en mayo, las municipales. ¿Fue un ensayo? Veremos.
Es curioso. Lo de Ceuta lleva un mes ocupando la política nacional, pero la cuestión no ha ocupado la agenda gallega hasta esta semana, con motivo de las manifestaciones ciudadanas en apoyo y solidaridad del pueblo ceutí. Sí, ha habido alguna escaramuza dialéctica respecto a … qué hacer con los menores migrantes entre la Xunta y los grupos de la oposición, pero en Galicia no se le ha puesto cara a la cosa hasta que plazas y espacios de toda la comunidad han sido ocupadas por la sociedad civil expresando proclamas tan revolucionarias como «Ceuta no se vende, Ceuta se defiende» o «Ceuta es España». Cuando una consigna redunda en lo obvio, es que lo extraño o anómalo es aquello que lo rodea.
El contexto gallego dificulta la entrada de determinados debates. Los datos: solo un 11% de la población de Galicia nació fuera de España; ese porcentaje en Baleares, Comunidad Valenciana, Madrid y Cataluña iguala o supera el 25%. El porcentaje de población extranjera en Galicia es del 6,4%; la media nacional alcanza el 14%. Es decir, la sensibilidad respecto a este tema está menos acentuada porque la realidad es otra, aunque siempre haya el nacionalista de turno que justifique eso por una manera de ser más elevada. En fin. Las cifras son uno de los motivos por los que Vox no termina de encontrar una vía de entrada en Galicia, aunque explore otras muchas y surfee la ola favorable del conjunto de España.
De ahí que en Galicia normalmente los debates sobre distribución de personas migrantes se lleven con cierta normalidad y no polaricen a la sociedad. Pero la cuestión ceutí no está estrictamente ahí, sino en la imagen que ha trasladado el Gobierno respecto a su capacidad para gestionar la situación. Tan unánime y palmaria ha debido de ser que la oposición en Galicia ha decidido ponerse de perfil. El PSdeG optó por un perfil muy bajo, intentando colocar el mensaje de que la Xunta quiere deportar niños -quizás porque no considera suficiente con reconocer que el agrupamiento familiar figura en la legislación en vigor- y es muy insolidaria, cuando la respuesta del gobierno gallego ha sido más bien la contraria. Disciplinadamente, los alcaldes socialistas cerraron filas con Ferraz. Consideraron que sus vecinos no los juzgarían en exceso por esto.
Más llamativo fue lo del BNG. Siendo lo amplio que es el calendario, eligieron precisamente el miércoles para irse a Bilbao y reunirse con los popes de Bildu para analizar las cosas que pasan ‘en el Estado español’, que es el eufemismo nacionalista para hablar de España. No suelen decir ‘Estado portugués’ ni ‘Estado marroquí’, pero pronunciar España debe provocarles alguna reacción cutánea incómoda. Citarse con los aberzales cuando toda Galicia está en las plazas solo busca pasar desapercibido. Pero incluso así se evitó que en la foto junto a Arnaldo Otegi apareciera la portavoz nacional del BNG. Debe ser que este ‘hombre de paz’ todavía tizna a quien se le arrima, y suficiente arrastra ya el Bloque con ir en la misma papeleta cuando llegan las europeas.
El PP, por su parte, se apunta algunos tantos. Las imágenes en La Coruña y Vigo son potentes, de fuerte movilización. Incluso en Santiago, donde sin llenar el Obradoiro se juntó más gente de la esperada. La capital gallega no es fácil. Parece que hay músculo, que la masa afín no se va a quedar en casa. Allí al fondo, en mayo, las municipales. ¿Fue un ensayo? Veremos.
RSS de noticias de espana
