El pasado jueves, alrededor de 60.000 personas cruzaron la frontera de Marruecos a Ceuta, entre las que 88 que intentaron entrar en el país fallecieron en el mar. Todo esto ha causado un enorme caos en la ciudad autónoma, donde los vecinos han sufrido unos días extraños con tiendas cerradas, sin salir de casa y con aumento inmenso de su población debido a la entrada masiva de estas personas.Dentro de esta ciudad se estima que alrededor del 10% de su población es andaluza, esto corresponde a un intervalo de entre 8.500 y 9.000 personas de los 83.595 habitantes que tiene Ceuta. Ellos, al igual que el resto de los ceutíes, han vivido desde el jueves la entrada en masa de inmigrantes, impidiéndoles llevar a cabo su vida con la normalidad a la que están acostumbrados.A pesar de una nueva ‘vuelta a la normalidad’ producida en estos días, donde muchas de las personas que entraron decidieron volver de forma voluntaria, otras han decidido quedarse, alojándose en casa de algunos vecinos, escondiéndose en el campo o regresando antes de volver a cruzar la valla.Militares en los supermercadosMari Ángeles tenía todo preparado para la llegada de sus familiares, quienes venían de la península para las fiestas patronales de la Virgen de África, y esperaban con ilusión el cinco de agosto, día de la procesión y ofrenda floral. Al ver cómo estaba la situación, «les dije que no vinieran» .Ella estuvo esos días encerrada en casa «sin ni siquiera salir a tirar la basura» por miedo a lo que le pudiera pasar. Agradece vivir en el ático de un edificio, pues otros vecinos no cuentan con la misma suerte y a algunos les han entrado en sus casas.A pesar del temor, su mayor pesar es no poder ver a sus nietos, pues su nieta deseaba ir a la ofrenda floral, «yo quiero ponerle las flores a la Virgen y llevarme una estampita», por esta situación, han decidido ir a la playa. Pero Mari Ángeles anticipó lo que muchos vecinos, cansados por lo vivido estos días, harán: «La gente se va a tirar a la calle y el día 5 vamos a estar todos en la ofrenda». También cuenta cómo muchos migrantes salieron asaltando comercios, locales y agrediendo, preguntándose dónde están los gobernantes cuando se necesitan. Esto se le suma a otra opinión generalizada, ya que Ceuta es una ciudad donde conviven personas de diversas religiones «nadie está contento con esto, nos acusan de racistas, pero esto no va de religiones, va de personas que nos están invadiendo y nos quieren echar».A pesar de ello, agradece la poca, pero presente , asistencia de los cuerpos de seguridad del Estado, en concreto del Ejército, los cuales están a las puertas de los supermercados para que los ciudadanos realicen las compras más seguros.Benítez, zona descongestionadaAlmudena, profesora de Lengua y Literatura, explicaba cómo desde el lunes se iba fraguando la tensión e informando de nuevas entradas. El martes, varios partidos, incluyendo el PSOE, alegando que «esto no se trata de siglas », pedían que se decretara la ley de seguridad nacional sobre la ciudad. Una vez entrado el jueves y a pesar de la entrada, se reunieron en una concentración en Delegación de Gobierno para pedir explicaciones y después a la Plaza de África en el Ayuntamiento. También comenta cómo, tras la llegada del presidente, los militares pudieron comenzar a actuar porque previamente solo estaban rondando sin poder hacer nada, a pesar del refuerzo peninsular, que no sirvió de gran ayuda, ya que fue escaso.Por otra parte, sí que destaca el comienzo de una nueva ‘vuelta a la normalidad’: «La zona centro sí que está despejada, pero las afueras siguen igual». A pesar de todo lo ocurrido, ella decidió salir a la playa, eso sí, con precaución. «Los veíamos correr de un lado para otro, la policía les decía que debían marcharse y un agente les compró una botella de agua».« Mis amigos llegaron de la Península y se dieron la vuelta» Otro vecino ceutí, profesor de historia y amigo de Almudena, comentaba cómo la sensación general es de abandono, frustración y tristeza. A principios de semana, ya se iba anunciando cómo se registraban entradas en la frontera, hasta la llegada del jueves, cuando se produjo la llegada masiva de 60.000 personas procedentes de Marruecos. «Solo se quedan los que no tienen nada que perder ».Esa misma semana, con motivo de las fiestas patronales de la Virgen de África, llegaban a la ciudad unos amigos suyos desde la península. «Salí para ir al ferry porque venían unos amigos míos a las fiestas. Cuando llegaron, se tuvieron que ir ». Un lavado de caraEn cambio, el hijo de Almudena, un joven que se fue a Dublín debido a la falta de oportunidades en la ciudad, ha regresado hace poco. Este mantiene el mismo ánimo que el resto de vecinos, apenándose también por la situación de Ceuta. «Siempre salimos en medios por terrorismo, tráfico de drogas o paro, pero nuestra ciudad no es así ». En los últimos años se le ha intentado dar un lavado de cara para mostrar la realidad: «Tenemos un equipo en segunda división y viene gente de todas partes de España para verlo jugar, ahora por culpa de esta situación, vamos a volver a lo de siempre.También ha mostrado su molestia por la dejadez con su ciudad , como han expresado otras personas, ya que la mayoría de personas que cruzaron desde Marruecos que aún permanecen en la ciudad delinquen y no son pacíficas « defecan en la calle y escupen a las personas».Al contrario que otras llegadas, donde las personas que venían eran más educadas, pedían dinero de forma respetuosa, se buscaban la vida, no se peleaban y se podía vivir sin miedo . «Me metieron la mano en la bolsa» Mariló, una vecina del puerto, a pesar del temor general, salió a realizar compras. «El jueves tuve que ir al médico y no pude quedarme en casa, pero ya se veía cómo la policía tenía que manejar el tráfico. Ellos no respetan los semáforos ni pasos de peatones y se meten por medio».Además, fue a realizar compras, como el pan, a un supermercado cercano. «Siempre iba acompañada de mi marido o de alguno de mis hijos, no me atrevía a ir sola. En una de sus salidas con su hijo, uno de los inmigrantes que se encontraba en la misma tienda que ella le metió la mano en la bolsa . »Menos mal que iba con mi hijo«.Hoy, con la ‘normalidad’ entrando un poco en la ciudad, ha podido ir a la compra como lo hace comúnmente con un nuevo elemento, los militares ahora se encuentran en la puerta de los supermercados para asegurar la seguridad de los ciudadanos, eso sí, «ellos se quedan esperando en la puerta».Necesidad de una inmigración reguladaTeresa se siente abandonada, triste, desamparada. Ya que ha visto cómo la convivencia, la tolerancia y el respeto, así como el aprendizaje mutuo de unas religiones a otras, de las que siempre han sido conscientes y reconocidas nacionalmente, se ha« destruido en un abrir y cerrar de ojos por una invasión, porque esto ha sido una invasión programada , planeada minuciosamente y de la cual se tenían sus conocimientos». Comenta que desde marzo muchos ceutíes eran conocedores de que pasaría. «Desde marzo sabíamos que esto iba a ocurrir, cómo no lo iban a saber los servicios de Inteligencia o el Gobierno?», insiste. «Además, no se explica cómo, a pesar de la inversión en cuerpos de seguridad y la cantidad que hay en la ciudad, a estos no se les deje actuar como ha pasado durante estos días. »Si no les dejan actuar, entonces, ¿para qué tantas formaciones? ¿Para qué tantos cursos? ¿Para qué tantas maniobras? ¿Para qué? ¿Para qué? Si no pueden hacer nada, ¿para qué tenemos a la policía?».Al contrario que con otras llegadas, lo de la semana pasada fue una «invasión, marroquíes en España», muchos de ellos llegan al país en busca de beneficios, casa, que «vienen a vivir del cuento, no digo que entre ellos haya gente y familias, que lo sabemos, que vienen buscando una vida mejor, pero eso tiene que ser a través de una migración regulada y controlada , legalizada, no lo que ha pasado». Defiende que esta entrada se debe a un movimiento geopolítico donde «nuestro señor presidente nos ha abandonado» y que España necesita un cambio radical, «necesita unas leyes más duras para que los migrantes vean que cuando vienen a España tienen que cumplir unas leyes, una constitución, tienen que aprender un idioma y tienen que buscar un trabajo, como pasa en otros países», además de abogar por el retorno de aquellos que comentan delitos y que cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado puedan ejercer sus funciones. El pasado jueves, alrededor de 60.000 personas cruzaron la frontera de Marruecos a Ceuta, entre las que 88 que intentaron entrar en el país fallecieron en el mar. Todo esto ha causado un enorme caos en la ciudad autónoma, donde los vecinos han sufrido unos días extraños con tiendas cerradas, sin salir de casa y con aumento inmenso de su población debido a la entrada masiva de estas personas.Dentro de esta ciudad se estima que alrededor del 10% de su población es andaluza, esto corresponde a un intervalo de entre 8.500 y 9.000 personas de los 83.595 habitantes que tiene Ceuta. Ellos, al igual que el resto de los ceutíes, han vivido desde el jueves la entrada en masa de inmigrantes, impidiéndoles llevar a cabo su vida con la normalidad a la que están acostumbrados.A pesar de una nueva ‘vuelta a la normalidad’ producida en estos días, donde muchas de las personas que entraron decidieron volver de forma voluntaria, otras han decidido quedarse, alojándose en casa de algunos vecinos, escondiéndose en el campo o regresando antes de volver a cruzar la valla.Militares en los supermercadosMari Ángeles tenía todo preparado para la llegada de sus familiares, quienes venían de la península para las fiestas patronales de la Virgen de África, y esperaban con ilusión el cinco de agosto, día de la procesión y ofrenda floral. Al ver cómo estaba la situación, «les dije que no vinieran» .Ella estuvo esos días encerrada en casa «sin ni siquiera salir a tirar la basura» por miedo a lo que le pudiera pasar. Agradece vivir en el ático de un edificio, pues otros vecinos no cuentan con la misma suerte y a algunos les han entrado en sus casas.A pesar del temor, su mayor pesar es no poder ver a sus nietos, pues su nieta deseaba ir a la ofrenda floral, «yo quiero ponerle las flores a la Virgen y llevarme una estampita», por esta situación, han decidido ir a la playa. Pero Mari Ángeles anticipó lo que muchos vecinos, cansados por lo vivido estos días, harán: «La gente se va a tirar a la calle y el día 5 vamos a estar todos en la ofrenda». También cuenta cómo muchos migrantes salieron asaltando comercios, locales y agrediendo, preguntándose dónde están los gobernantes cuando se necesitan. Esto se le suma a otra opinión generalizada, ya que Ceuta es una ciudad donde conviven personas de diversas religiones «nadie está contento con esto, nos acusan de racistas, pero esto no va de religiones, va de personas que nos están invadiendo y nos quieren echar».A pesar de ello, agradece la poca, pero presente , asistencia de los cuerpos de seguridad del Estado, en concreto del Ejército, los cuales están a las puertas de los supermercados para que los ciudadanos realicen las compras más seguros.Benítez, zona descongestionadaAlmudena, profesora de Lengua y Literatura, explicaba cómo desde el lunes se iba fraguando la tensión e informando de nuevas entradas. El martes, varios partidos, incluyendo el PSOE, alegando que «esto no se trata de siglas », pedían que se decretara la ley de seguridad nacional sobre la ciudad. Una vez entrado el jueves y a pesar de la entrada, se reunieron en una concentración en Delegación de Gobierno para pedir explicaciones y después a la Plaza de África en el Ayuntamiento. También comenta cómo, tras la llegada del presidente, los militares pudieron comenzar a actuar porque previamente solo estaban rondando sin poder hacer nada, a pesar del refuerzo peninsular, que no sirvió de gran ayuda, ya que fue escaso.Por otra parte, sí que destaca el comienzo de una nueva ‘vuelta a la normalidad’: «La zona centro sí que está despejada, pero las afueras siguen igual». A pesar de todo lo ocurrido, ella decidió salir a la playa, eso sí, con precaución. «Los veíamos correr de un lado para otro, la policía les decía que debían marcharse y un agente les compró una botella de agua».« Mis amigos llegaron de la Península y se dieron la vuelta» Otro vecino ceutí, profesor de historia y amigo de Almudena, comentaba cómo la sensación general es de abandono, frustración y tristeza. A principios de semana, ya se iba anunciando cómo se registraban entradas en la frontera, hasta la llegada del jueves, cuando se produjo la llegada masiva de 60.000 personas procedentes de Marruecos. «Solo se quedan los que no tienen nada que perder ».Esa misma semana, con motivo de las fiestas patronales de la Virgen de África, llegaban a la ciudad unos amigos suyos desde la península. «Salí para ir al ferry porque venían unos amigos míos a las fiestas. Cuando llegaron, se tuvieron que ir ». Un lavado de caraEn cambio, el hijo de Almudena, un joven que se fue a Dublín debido a la falta de oportunidades en la ciudad, ha regresado hace poco. Este mantiene el mismo ánimo que el resto de vecinos, apenándose también por la situación de Ceuta. «Siempre salimos en medios por terrorismo, tráfico de drogas o paro, pero nuestra ciudad no es así ». En los últimos años se le ha intentado dar un lavado de cara para mostrar la realidad: «Tenemos un equipo en segunda división y viene gente de todas partes de España para verlo jugar, ahora por culpa de esta situación, vamos a volver a lo de siempre.También ha mostrado su molestia por la dejadez con su ciudad , como han expresado otras personas, ya que la mayoría de personas que cruzaron desde Marruecos que aún permanecen en la ciudad delinquen y no son pacíficas « defecan en la calle y escupen a las personas».Al contrario que otras llegadas, donde las personas que venían eran más educadas, pedían dinero de forma respetuosa, se buscaban la vida, no se peleaban y se podía vivir sin miedo . «Me metieron la mano en la bolsa» Mariló, una vecina del puerto, a pesar del temor general, salió a realizar compras. «El jueves tuve que ir al médico y no pude quedarme en casa, pero ya se veía cómo la policía tenía que manejar el tráfico. Ellos no respetan los semáforos ni pasos de peatones y se meten por medio».Además, fue a realizar compras, como el pan, a un supermercado cercano. «Siempre iba acompañada de mi marido o de alguno de mis hijos, no me atrevía a ir sola. En una de sus salidas con su hijo, uno de los inmigrantes que se encontraba en la misma tienda que ella le metió la mano en la bolsa . »Menos mal que iba con mi hijo«.Hoy, con la ‘normalidad’ entrando un poco en la ciudad, ha podido ir a la compra como lo hace comúnmente con un nuevo elemento, los militares ahora se encuentran en la puerta de los supermercados para asegurar la seguridad de los ciudadanos, eso sí, «ellos se quedan esperando en la puerta».Necesidad de una inmigración reguladaTeresa se siente abandonada, triste, desamparada. Ya que ha visto cómo la convivencia, la tolerancia y el respeto, así como el aprendizaje mutuo de unas religiones a otras, de las que siempre han sido conscientes y reconocidas nacionalmente, se ha« destruido en un abrir y cerrar de ojos por una invasión, porque esto ha sido una invasión programada , planeada minuciosamente y de la cual se tenían sus conocimientos». Comenta que desde marzo muchos ceutíes eran conocedores de que pasaría. «Desde marzo sabíamos que esto iba a ocurrir, cómo no lo iban a saber los servicios de Inteligencia o el Gobierno?», insiste. «Además, no se explica cómo, a pesar de la inversión en cuerpos de seguridad y la cantidad que hay en la ciudad, a estos no se les deje actuar como ha pasado durante estos días. »Si no les dejan actuar, entonces, ¿para qué tantas formaciones? ¿Para qué tantos cursos? ¿Para qué tantas maniobras? ¿Para qué? ¿Para qué? Si no pueden hacer nada, ¿para qué tenemos a la policía?».Al contrario que con otras llegadas, lo de la semana pasada fue una «invasión, marroquíes en España», muchos de ellos llegan al país en busca de beneficios, casa, que «vienen a vivir del cuento, no digo que entre ellos haya gente y familias, que lo sabemos, que vienen buscando una vida mejor, pero eso tiene que ser a través de una migración regulada y controlada , legalizada, no lo que ha pasado». Defiende que esta entrada se debe a un movimiento geopolítico donde «nuestro señor presidente nos ha abandonado» y que España necesita un cambio radical, «necesita unas leyes más duras para que los migrantes vean que cuando vienen a España tienen que cumplir unas leyes, una constitución, tienen que aprender un idioma y tienen que buscar un trabajo, como pasa en otros países», además de abogar por el retorno de aquellos que comentan delitos y que cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado puedan ejercer sus funciones. El pasado jueves, alrededor de 60.000 personas cruzaron la frontera de Marruecos a Ceuta, entre las que 88 que intentaron entrar en el país fallecieron en el mar. Todo esto ha causado un enorme caos en la ciudad autónoma, donde los vecinos han sufrido unos días extraños con tiendas cerradas, sin salir de casa y con aumento inmenso de su población debido a la entrada masiva de estas personas.Dentro de esta ciudad se estima que alrededor del 10% de su población es andaluza, esto corresponde a un intervalo de entre 8.500 y 9.000 personas de los 83.595 habitantes que tiene Ceuta. Ellos, al igual que el resto de los ceutíes, han vivido desde el jueves la entrada en masa de inmigrantes, impidiéndoles llevar a cabo su vida con la normalidad a la que están acostumbrados.A pesar de una nueva ‘vuelta a la normalidad’ producida en estos días, donde muchas de las personas que entraron decidieron volver de forma voluntaria, otras han decidido quedarse, alojándose en casa de algunos vecinos, escondiéndose en el campo o regresando antes de volver a cruzar la valla.Militares en los supermercadosMari Ángeles tenía todo preparado para la llegada de sus familiares, quienes venían de la península para las fiestas patronales de la Virgen de África, y esperaban con ilusión el cinco de agosto, día de la procesión y ofrenda floral. Al ver cómo estaba la situación, «les dije que no vinieran» .Ella estuvo esos días encerrada en casa «sin ni siquiera salir a tirar la basura» por miedo a lo que le pudiera pasar. Agradece vivir en el ático de un edificio, pues otros vecinos no cuentan con la misma suerte y a algunos les han entrado en sus casas.A pesar del temor, su mayor pesar es no poder ver a sus nietos, pues su nieta deseaba ir a la ofrenda floral, «yo quiero ponerle las flores a la Virgen y llevarme una estampita», por esta situación, han decidido ir a la playa. Pero Mari Ángeles anticipó lo que muchos vecinos, cansados por lo vivido estos días, harán: «La gente se va a tirar a la calle y el día 5 vamos a estar todos en la ofrenda». También cuenta cómo muchos migrantes salieron asaltando comercios, locales y agrediendo, preguntándose dónde están los gobernantes cuando se necesitan. Esto se le suma a otra opinión generalizada, ya que Ceuta es una ciudad donde conviven personas de diversas religiones «nadie está contento con esto, nos acusan de racistas, pero esto no va de religiones, va de personas que nos están invadiendo y nos quieren echar».A pesar de ello, agradece la poca, pero presente , asistencia de los cuerpos de seguridad del Estado, en concreto del Ejército, los cuales están a las puertas de los supermercados para que los ciudadanos realicen las compras más seguros.Benítez, zona descongestionadaAlmudena, profesora de Lengua y Literatura, explicaba cómo desde el lunes se iba fraguando la tensión e informando de nuevas entradas. El martes, varios partidos, incluyendo el PSOE, alegando que «esto no se trata de siglas », pedían que se decretara la ley de seguridad nacional sobre la ciudad. Una vez entrado el jueves y a pesar de la entrada, se reunieron en una concentración en Delegación de Gobierno para pedir explicaciones y después a la Plaza de África en el Ayuntamiento. También comenta cómo, tras la llegada del presidente, los militares pudieron comenzar a actuar porque previamente solo estaban rondando sin poder hacer nada, a pesar del refuerzo peninsular, que no sirvió de gran ayuda, ya que fue escaso.Por otra parte, sí que destaca el comienzo de una nueva ‘vuelta a la normalidad’: «La zona centro sí que está despejada, pero las afueras siguen igual». A pesar de todo lo ocurrido, ella decidió salir a la playa, eso sí, con precaución. «Los veíamos correr de un lado para otro, la policía les decía que debían marcharse y un agente les compró una botella de agua».« Mis amigos llegaron de la Península y se dieron la vuelta» Otro vecino ceutí, profesor de historia y amigo de Almudena, comentaba cómo la sensación general es de abandono, frustración y tristeza. A principios de semana, ya se iba anunciando cómo se registraban entradas en la frontera, hasta la llegada del jueves, cuando se produjo la llegada masiva de 60.000 personas procedentes de Marruecos. «Solo se quedan los que no tienen nada que perder ».Esa misma semana, con motivo de las fiestas patronales de la Virgen de África, llegaban a la ciudad unos amigos suyos desde la península. «Salí para ir al ferry porque venían unos amigos míos a las fiestas. Cuando llegaron, se tuvieron que ir ». Un lavado de caraEn cambio, el hijo de Almudena, un joven que se fue a Dublín debido a la falta de oportunidades en la ciudad, ha regresado hace poco. Este mantiene el mismo ánimo que el resto de vecinos, apenándose también por la situación de Ceuta. «Siempre salimos en medios por terrorismo, tráfico de drogas o paro, pero nuestra ciudad no es así ». En los últimos años se le ha intentado dar un lavado de cara para mostrar la realidad: «Tenemos un equipo en segunda división y viene gente de todas partes de España para verlo jugar, ahora por culpa de esta situación, vamos a volver a lo de siempre.También ha mostrado su molestia por la dejadez con su ciudad , como han expresado otras personas, ya que la mayoría de personas que cruzaron desde Marruecos que aún permanecen en la ciudad delinquen y no son pacíficas « defecan en la calle y escupen a las personas».Al contrario que otras llegadas, donde las personas que venían eran más educadas, pedían dinero de forma respetuosa, se buscaban la vida, no se peleaban y se podía vivir sin miedo . «Me metieron la mano en la bolsa» Mariló, una vecina del puerto, a pesar del temor general, salió a realizar compras. «El jueves tuve que ir al médico y no pude quedarme en casa, pero ya se veía cómo la policía tenía que manejar el tráfico. Ellos no respetan los semáforos ni pasos de peatones y se meten por medio».Además, fue a realizar compras, como el pan, a un supermercado cercano. «Siempre iba acompañada de mi marido o de alguno de mis hijos, no me atrevía a ir sola. En una de sus salidas con su hijo, uno de los inmigrantes que se encontraba en la misma tienda que ella le metió la mano en la bolsa . »Menos mal que iba con mi hijo«.Hoy, con la ‘normalidad’ entrando un poco en la ciudad, ha podido ir a la compra como lo hace comúnmente con un nuevo elemento, los militares ahora se encuentran en la puerta de los supermercados para asegurar la seguridad de los ciudadanos, eso sí, «ellos se quedan esperando en la puerta».Necesidad de una inmigración reguladaTeresa se siente abandonada, triste, desamparada. Ya que ha visto cómo la convivencia, la tolerancia y el respeto, así como el aprendizaje mutuo de unas religiones a otras, de las que siempre han sido conscientes y reconocidas nacionalmente, se ha« destruido en un abrir y cerrar de ojos por una invasión, porque esto ha sido una invasión programada , planeada minuciosamente y de la cual se tenían sus conocimientos». Comenta que desde marzo muchos ceutíes eran conocedores de que pasaría. «Desde marzo sabíamos que esto iba a ocurrir, cómo no lo iban a saber los servicios de Inteligencia o el Gobierno?», insiste. «Además, no se explica cómo, a pesar de la inversión en cuerpos de seguridad y la cantidad que hay en la ciudad, a estos no se les deje actuar como ha pasado durante estos días. »Si no les dejan actuar, entonces, ¿para qué tantas formaciones? ¿Para qué tantos cursos? ¿Para qué tantas maniobras? ¿Para qué? ¿Para qué? Si no pueden hacer nada, ¿para qué tenemos a la policía?».Al contrario que con otras llegadas, lo de la semana pasada fue una «invasión, marroquíes en España», muchos de ellos llegan al país en busca de beneficios, casa, que «vienen a vivir del cuento, no digo que entre ellos haya gente y familias, que lo sabemos, que vienen buscando una vida mejor, pero eso tiene que ser a través de una migración regulada y controlada , legalizada, no lo que ha pasado». Defiende que esta entrada se debe a un movimiento geopolítico donde «nuestro señor presidente nos ha abandonado» y que España necesita un cambio radical, «necesita unas leyes más duras para que los migrantes vean que cuando vienen a España tienen que cumplir unas leyes, una constitución, tienen que aprender un idioma y tienen que buscar un trabajo, como pasa en otros países», además de abogar por el retorno de aquellos que comentan delitos y que cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado puedan ejercer sus funciones. 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