La foto la hizo Enric Fontcuberta para EFE. Elecciones del F. C. Barcelona. El expresidente Pujol, procesado con su familia por asociación ilícita y blanqueo de capitales, deposita su voto bajo la atenta mirada de Joan Laporta , que apoya sus dedos regordetes sobre la urna. En derredor, medios de comunicación, palmeros de la candidatura y Oriol, el hijo del Patriarca (dos años y medio de prisión por el caso ITV). Los de siempre, como siempre. Como el Barça es «más que un club», la escena no escandaliza a nadie. Quizás a los casi dos tercios de socios que se quedaron en casa. Y la jornada prometía: domingo soleado y partido contra el Sevilla. Perfecto para enlazar el voto con el vermú y el match. Los casi dos tercios obviaron los comicios. Quizás la vergüenza ajena que suscita ese tipo lenguaraz al que no comprarías un coche de segunda mano. Panza en pompa y mueca riente que recuerda a De Niro en una de Scorsese. El opositor Víctor Font, otra criatura del régimen respaldado por el cansino Xavi, ni olió la bolita.Entre los piropos a Laporta, reencarnación catalana de Jesús Gil y Gil -presidente que rima con Torrente- la remodelación del Camp Nou. Las condiciones de la obra se resumen en las inspecciones de Trabajo. Multas de casi dos millones de euros por fraudes laborales; más de doscientos expedientes por irregularidades en tres años de construcción. Incumplimientos de la seguridad laboral, salarios impagados, horarios interminables, trabajadores extranjeros sin documentación en regla… El Barça de Laporta que se ponía camisetas de la Unicef mira a otro lado ante tales desmanes. Nadie reclama derechos para unos trabajadores que en lugar de un estadio parecen construir la pirámide de Keops. Tampoco se reclama a Laporta transparencia en la venta de patrimonio, ni se cuestionan los doscientos treinta millones de pérdidas en cinco años. Del «mejor club del mundo», decían, al más endeudado del mundo, dice el New York Times.Cuando cursaba COU Laporta fue expulsado de los maristas por robar los exámenes del profesor y repartirlos a sus compañeros de clase. Medio siglo después no solo sigue trampeando, sino que le votan para que caliente cinco años más la poltrona barcelonista. En materia de identidad, la derecha y la izquierda catalana conforman un partido único nacionalista. Se critica el baile de elefante de Trump, pero se disculpan las coreografías del presidente… «¡Cosas de Laporta!». Maquillan su mala educación: «¡Catalanismo desacomplejado!». Seguirá dando gritos, lloriqueando la salmodia de la persecución al Barça, haciendo cortes de mangas y descorchando botellas de Mumm en la disco Luz de Gas. Incluso al comedido Flick, contagiado por el mal perder de su jefe, se le escapó un corte de mangas. Todo se pega menos la belleza.En otra sociedad, por higiene moral, decoro civil y sentido del ridículo, este forofo estaría en las gradas con la bufanda de Jordi Culé… Pero el régimen gusta de mandatos largos: Pujol presidió más de dos décadas la Generalitat y Laporta va a por los dieciocho años. Peronismo a la catalana que se ha contagiado a la gobernanza española con Pedro Sánchez, otro aspirante a presidente vitalicio que, cuando vienen mal dadas, lo atribuye a la ola reaccionaria que nos invade y sus «seudomedios». Laporta y Sánchez, como la publicidad de ‘Torrente Presidente’: «La solución a los problemas (los suyos, básicamente)».Volvamos a la foto. Laporta, Pujol y la urna. Reunidos por el eslogan de campaña: «Defendamos el Barça»; más victimismo y confrontación con una España identificada con «el Madrit» (con t final). Los de siempre (como siempre). Enredando con los sentimientos. La foto la hizo Enric Fontcuberta para EFE. Elecciones del F. C. Barcelona. El expresidente Pujol, procesado con su familia por asociación ilícita y blanqueo de capitales, deposita su voto bajo la atenta mirada de Joan Laporta , que apoya sus dedos regordetes sobre la urna. En derredor, medios de comunicación, palmeros de la candidatura y Oriol, el hijo del Patriarca (dos años y medio de prisión por el caso ITV). Los de siempre, como siempre. Como el Barça es «más que un club», la escena no escandaliza a nadie. Quizás a los casi dos tercios de socios que se quedaron en casa. Y la jornada prometía: domingo soleado y partido contra el Sevilla. Perfecto para enlazar el voto con el vermú y el match. Los casi dos tercios obviaron los comicios. Quizás la vergüenza ajena que suscita ese tipo lenguaraz al que no comprarías un coche de segunda mano. Panza en pompa y mueca riente que recuerda a De Niro en una de Scorsese. El opositor Víctor Font, otra criatura del régimen respaldado por el cansino Xavi, ni olió la bolita.Entre los piropos a Laporta, reencarnación catalana de Jesús Gil y Gil -presidente que rima con Torrente- la remodelación del Camp Nou. Las condiciones de la obra se resumen en las inspecciones de Trabajo. Multas de casi dos millones de euros por fraudes laborales; más de doscientos expedientes por irregularidades en tres años de construcción. Incumplimientos de la seguridad laboral, salarios impagados, horarios interminables, trabajadores extranjeros sin documentación en regla… El Barça de Laporta que se ponía camisetas de la Unicef mira a otro lado ante tales desmanes. Nadie reclama derechos para unos trabajadores que en lugar de un estadio parecen construir la pirámide de Keops. Tampoco se reclama a Laporta transparencia en la venta de patrimonio, ni se cuestionan los doscientos treinta millones de pérdidas en cinco años. Del «mejor club del mundo», decían, al más endeudado del mundo, dice el New York Times.Cuando cursaba COU Laporta fue expulsado de los maristas por robar los exámenes del profesor y repartirlos a sus compañeros de clase. Medio siglo después no solo sigue trampeando, sino que le votan para que caliente cinco años más la poltrona barcelonista. En materia de identidad, la derecha y la izquierda catalana conforman un partido único nacionalista. Se critica el baile de elefante de Trump, pero se disculpan las coreografías del presidente… «¡Cosas de Laporta!». Maquillan su mala educación: «¡Catalanismo desacomplejado!». Seguirá dando gritos, lloriqueando la salmodia de la persecución al Barça, haciendo cortes de mangas y descorchando botellas de Mumm en la disco Luz de Gas. Incluso al comedido Flick, contagiado por el mal perder de su jefe, se le escapó un corte de mangas. Todo se pega menos la belleza.En otra sociedad, por higiene moral, decoro civil y sentido del ridículo, este forofo estaría en las gradas con la bufanda de Jordi Culé… Pero el régimen gusta de mandatos largos: Pujol presidió más de dos décadas la Generalitat y Laporta va a por los dieciocho años. Peronismo a la catalana que se ha contagiado a la gobernanza española con Pedro Sánchez, otro aspirante a presidente vitalicio que, cuando vienen mal dadas, lo atribuye a la ola reaccionaria que nos invade y sus «seudomedios». Laporta y Sánchez, como la publicidad de ‘Torrente Presidente’: «La solución a los problemas (los suyos, básicamente)».Volvamos a la foto. Laporta, Pujol y la urna. Reunidos por el eslogan de campaña: «Defendamos el Barça»; más victimismo y confrontación con una España identificada con «el Madrit» (con t final). Los de siempre (como siempre). Enredando con los sentimientos.
La foto la hizo Enric Fontcuberta para EFE. Elecciones del F. C. Barcelona. El expresidente Pujol, procesado con su familia por asociación ilícita y blanqueo de capitales, deposita su voto bajo la atenta mirada de Joan Laporta, que apoya sus dedos regordetes sobre la … urna. En derredor, medios de comunicación, palmeros de la candidatura y Oriol, el hijo del Patriarca (dos años y medio de prisión por el caso ITV). Los de siempre, como siempre. Como el Barça es «más que un club», la escena no escandaliza a nadie. Quizás a los casi dos tercios de socios que se quedaron en casa. Y la jornada prometía: domingo soleado y partido contra el Sevilla. Perfecto para enlazar el voto con el vermú y el match. Los casi dos tercios obviaron los comicios. Quizás la vergüenza ajena que suscita ese tipo lenguaraz al que no comprarías un coche de segunda mano. Panza en pompa y mueca riente que recuerda a De Niro en una de Scorsese. El opositor Víctor Font, otra criatura del régimen respaldado por el cansino Xavi, ni olió la bolita.
Entre los piropos a Laporta, reencarnación catalana de Jesús Gil y Gil -presidente que rima con Torrente- la remodelación del Camp Nou. Las condiciones de la obra se resumen en las inspecciones de Trabajo. Multas de casi dos millones de euros por fraudes laborales; más de doscientos expedientes por irregularidades en tres años de construcción. Incumplimientos de la seguridad laboral, salarios impagados, horarios interminables, trabajadores extranjeros sin documentación en regla… El Barça de Laporta que se ponía camisetas de la Unicef mira a otro lado ante tales desmanes. Nadie reclama derechos para unos trabajadores que en lugar de un estadio parecen construir la pirámide de Keops. Tampoco se reclama a Laporta transparencia en la venta de patrimonio, ni se cuestionan los doscientos treinta millones de pérdidas en cinco años. Del «mejor club del mundo», decían, al más endeudado del mundo, dice el New York Times.
Cuando cursaba COU Laporta fue expulsado de los maristas por robar los exámenes del profesor y repartirlos a sus compañeros de clase. Medio siglo después no solo sigue trampeando, sino que le votan para que caliente cinco años más la poltrona barcelonista. En materia de identidad, la derecha y la izquierda catalana conforman un partido único nacionalista. Se critica el baile de elefante de Trump, pero se disculpan las coreografías del presidente… «¡Cosas de Laporta!». Maquillan su mala educación: «¡Catalanismo desacomplejado!». Seguirá dando gritos, lloriqueando la salmodia de la persecución al Barça, haciendo cortes de mangas y descorchando botellas de Mumm en la disco Luz de Gas. Incluso al comedido Flick, contagiado por el mal perder de su jefe, se le escapó un corte de mangas. Todo se pega menos la belleza.
En otra sociedad, por higiene moral, decoro civil y sentido del ridículo, este forofo estaría en las gradas con la bufanda de Jordi Culé… Pero el régimen gusta de mandatos largos: Pujol presidió más de dos décadas la Generalitat y Laporta va a por los dieciocho años. Peronismo a la catalana que se ha contagiado a la gobernanza española con Pedro Sánchez, otro aspirante a presidente vitalicio que, cuando vienen mal dadas, lo atribuye a la ola reaccionaria que nos invade y sus «seudomedios». Laporta y Sánchez, como la publicidad de ‘Torrente Presidente’: «La solución a los problemas (los suyos, básicamente)».
Volvamos a la foto. Laporta, Pujol y la urna. Reunidos por el eslogan de campaña: «Defendamos el Barça»; más victimismo y confrontación con una España identificada con «el Madrit» (con t final). Los de siempre (como siempre). Enredando con los sentimientos.
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