Tras recoger el premio a la dirección en Cannes por La bola negra, Javier Ambrossi y Javier Calvo confirman que seguirán juntos, que pese a la compra de Netflix estrenarán en los cines y dan las gracias a Penélope por sus artes de «brujita» Leer Tras recoger el premio a la dirección en Cannes por La bola negra, Javier Ambrossi y Javier Calvo confirman que seguirán juntos, que pese a la compra de Netflix estrenarán en los cines y dan las gracias a Penélope por sus artes de «brujita» Leer
¿Qué ha pasado? Básicamente que la película de dos directores debutantes que –entre el cariño y, admitámoslo, el mucho desdén de buena parte de sus colegas– son llamados con los diminutivos de sus nombres de pila ha ganado el premio a mejor director en el Festival de Cannes. En lo que refiere al cine español, hasta el momento, la lista de merecedores de tan alto honor da vértigo: Luis Buñuel, Pedro Almodóvar y, ahora, Los Javis, es decir, Javier Ambrossi y Javier Calvo. Si se mira más arriba, lo que da es espasmos: Andrei Tarkovsky, Martin Scrosese, Paul Thomas Anderson, los hermanos Dardenne… «Imagino que nos toca cargar con ese peso», dice Javier Ambrossi con su premio en la mano. Y sigue: «Sí, siento responsabilidad. Pero a la vez, estoy tranquilo. Me lo tomo con mucha calma, porque el premio nos lo dan sin que nos conozcan de nada. Thierry Frémaux (el director del festival) cuando me ve me sigue diciendo: ‘Yo no sé quiénes sois’. Y eso vale exactamente para las personas del jurado que no nos tienen fichados, no saben si somos simpáticos o no. Nada. Es decir, tengo la tranquilidad de que es el trabajo el que ha hablado y eso muchas veces es difícil cuando eres popular. No nos han premiado porque nos sigan en redes o donde sea. Todo eso hace que sienta bastante paz. Me he reconciliado conmigo mismo como director de cine, y nada más».
Cuenta Calvo que siente que todo lo que le sucede no es real, que por un segundo pensó que lo que estaba ocurriendo en el Gran Teatro Lumière de Cannes la noche del sábado no era más que un sueño. «Estoy hablando y siento que debería dejar de hacerlo y tomarme un segundo para digerir no lo que ha sucedido ahora mismo, sino lo que viene pasando desde el jueves que se presentó la película», dice protocolario y sigue: «El hecho de compartir el premio con un cineasta como Pavel Pawlikowski añade contundencia a lo ocurrido. El mensaje que recibimos es de aliento. Es como si el festival nos dijera: ‘Vais por el buen camino, seguid investigando, buscad vuestra propia voz'». Pausa. «Y desde luego, no nos arrepentimos de nada de lo hecho. Ni de ser jurado en Drag Race ni de nada. La impresión que tenemos es que de cada proyecto hemos aprendido. En Operación Triunfo aprendimos a dirigir actores nóveles; en La Mesías, trabajos con niños y actrices debutantes… Siento que cada paso dado, sin vergüenzas ni arrepentimientos, nos ha llevado aquí».
Y ahí, de momento, siguen.
«En cualquier caso», retoma la palabra Ambrossi, «de lo que más orgullosos estamos es de comprobar que el mensaje de la película está llegando de verdad a la gente. Nos pasa desde que llegamos a Francia que la gente nos para por la calle para decirnos cosas muy bonitas de ellos mismos; cosas como que gracias a La bola negra se han abierto a sus padres». «Y no solo eso», sigue Calvo. «La bola negra es una metáfora utilizada por Federico García Lorca para representar la vergüenza que nos meten dentro a los homosexuales. Ahora mismo, a pesar de haber conquistado muchas libertadas, ese odio y ese desprecio sigue presente. Las nuevas generaciones parece que están consiguiendo desprenderse de todo eso, pero aún queda y creo que el recibimiento que está teniendo la película es solo un síntoma de todo lo que queda por hacer. Solo el arte puede ayudarnos a que nos desprendamos de toda esa herencia atávica», concluye.
Cuenta Ambrossi y le secunda Calvo (o al revés) que deben mucho a Almodóvar, que además es productor, a Sorogoyen, al que tanto admiran, y, por motivos quizá indescriptibles, a Penélope Cruz. «Ella fue de las primeras en ver algo. En cuanto leyó el guion, le dijo a su representante que ella quería estar ahí. Y ayer mismo, en cuanto nos sentamos en las butacas, me miró y me dijo: ‘Es uno de los tres premios grandes, seguro’. Creo que tiene algo brujita», dicen.
Lo que no es brujería, sino simple negocio, es que la película que forma parte de la cuadra de Originales de Movistar + (donde también figuran Los domingos, de Alauda Ruiz de Azúa, o Sirat, de Oliver Laxe) se distribuirá en Estados Unidos de la mano de Netflix, igual que hace un par de años le sucedió a Emilia Pérez, de Jacques Audiard. ¿Quiere esto decir que no se verá en el cine? «En absoluto, es parte del pacto que la película, que se ha rodado en celuloide de 35 mm, que se proyecte antes de llegar a la plataforma en el cine», contesta casi ofendido Ambrossi. Lo que está claro es que este movimiento, la venta de la película a la plataforma de la N mayúscula, tiene que ver con muchas cosas en general (el dinero, básicamente) y una muy en particular: los Oscar. «Paso a paso», corta en seco Calvo. «Antes tenemos que estrenar. No tenemos siquiera el tráiler de la película y sería disparatado ponernos a pensar en nada más», dice.
- Por cierto, ¿seguirán trabajando juntos?
- Después de esto no nos queda más remedio. Que menos que un par de añitos más. El nuevo proyecto, que será probablemente en inglés, ya está en marcha.
Y dicho lo cual, premio a mejor director en el Festival de Cannes ex aequo con el ya premiado en la misma categoría por Cold War y responsable también de un prodigio como Ida. «Cuando hemos subido al estrado, lo primero que nos ha dicho Pavel es: ‘Ahora tenemos que dirigir juntos los tres una película'». Buñuel, Almodóvar y Los Javis.
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