“De aquí no me mueve nadie”, ha dicho Keir Starmer, atándose con un nudo doble de marinero al sillón de su despacho de Downing Street después de uno de los peores resultados electorales en la historia del Labour (si no el peor), con la pérdida del poder en Gales, de la mitad de los concejales que defendía en las municipales inglesas, y la abdicación total en Escocia. Admite el desastre pero cree que lo puede arreglar con un par de paracetamoles, una colonoscopia y una visita a la higienista para una limpieza dental. Intervenciones incómodas pero que están a la orden del día y por las que no se muere nadie.
Presiones para que se ponga a sí mismo una fecha de caducidad antes de las próximas elecciones generales
“De aquí no me mueve nadie”, ha dicho Keir Starmer, atándose con un nudo doble de marinero al sillón de su despacho de Downing Street después de uno de los peores resultados electorales en la historia del Labour (si no el peor), con la pérdida del poder en Gales, de la mitad de los concejales que defendía en las municipales inglesas, y la abdicación total en Escocia. Admite el desastre pero cree que lo puede arreglar con un par de paracetamoles, una colonoscopia y una visita a la higienista para una limpieza dental. Intervenciones incómodas pero que están a la orden del día y por las que no se muere nadie.
El primer ministro británico tenía marcado dsde hace meses en su calendario el 8 de mayo como “el día del tsunami”, cuando se anunciarían los resultados de las elecciones autonómicas y locales, y la hecatombe no le ha pillado por sorpresa. Su plan es aprovechar la indecision de sus rivals al trono (ninguno quiere ser el primero en dar el golpe), hacer el lunes uno de esos discursos llenos de promesas vagas y lugares comunes que alimentan el cinismo del electorado, y presenter el miércoles en el Parlamento su programa para la nueva legislature. Y que en unas semanas amaine el temporal.
Con el barco laborista a merced de las olas y echando agua por todas partes, la cuestión es si el capitán Starmer logrará su deseo de acabar la travesía (ya sea llevándolo a buen puerto o estrellándose contra las rocas), o si bien los marineros amotinados que no cesan de gritar (una buena parte del grupo parlamentario laborista y líderes sindicales) consiguen que alguien lo ate al palo mayor y otro se haga cargo del timón. No es fácil, pero entre bastidores barones del Partido están intentando persuadir al primer ministro de que se ponga a sí mismo una fecha de caducidad (como hizo Tony Blair bajo de presión de Gordon Brown), y anuncie que se retirará antes de las próximas elecciones generals permitiendo un proceso ordenado de sucesión.
Que el proceso sería ordenado es en gran medida una quimera, porque Nigel Farage (unltraderecha), los conservadores, los liberals democratas y los Verdes reclamarían unas elecciones generales en el mismo momento en que Starmer dijera que se va para que el nuevo líder del país tuviera la legitimidad de las urnas. Por otra parte, a Wes Streeting (ministro de Sanidad) y Angela Rayner (ex vice primera ministra) les interesa que la guerrade sucesión se produzca antes de que Andy Burnham (el alcalde Manchester) tenga un escaño en los Comunes y pueda disputarles el trono.
Nada más comenzar el recuento de votos en Gales, el Labour admitió la derrota y un resultado apocalíptico, que le dejará en tercer lugar, por detrás de la ultraderecha (Reforma) y los nacionalistas (Plaid Cymru), que seguramente dirigirán el Gobierno. En Escocia las cosas no le han ido mucho mejor a Starmer, con el SNP proclamando una victoria clara que lo acercará a una mayoría absoluta en Holyrood. Dado que el Sinn Fein está al mando en Belfast, tres de los cuatro países que componen el Reino Unido van a tener ejecutivos nacionalistas, en un claro rechazo al centralismo jacobino.
En las municipales inglesas con más de la mitad de distritos declarados, el laborismo va camino de perder alrededor de la mitad de los concejales que defendía, sobre todo a manos de Reforma (que ha captado alrededor de un 26% de los votos), pero también ante los Verdes (que han conquistado en el barrio londinense de Hackney su primera alcaldía). Localidades del norte del país de clase obrera como Hartlepool o Blackburn se han entregado por primera vez en la historia en brazos de la ultraderecha. Son los mismos votantes que creyeron en el Brexit y se dejaron seducer por Boris Johnson.
Starmer intenta supercar su crisis de salud con cirugía estética y un tratamiento de conducto. Pero los medicos no se ponen de acuerdo sobre la naturaleza de su enfermedad. Unos le diagnostican una insuficiencia cardiaca (se ha ido demasiado a la derecha en temas como inmigración), otros una enfermead del pancreas (falta de vision e ideología), algunos le recomiendan que vaya al oncólogo par aver si la pérdida crónica de votantes de clase trabajadora responde a un tumor benigno o malign. Pero el primer ministro no les hace caso, y deja claro que solo saldrá de Downing Street con una camisa de fuerza.
Internacional
