Con Le Téméraire, uno de los cuatro submarinos lanzadores de misiles atómicos de largo alcance, a su espalda, Emmanuel Macron ha anunciado este lunes que Francia aumentará el número de sus cabezas nucleares, que hasta ahora se estimaban en un máximo de 300, aunque no precisó en qué cantidad. Al mismo tiempo, el presidente francés confirmó la cooperación reforzada con otros países europeos en materia de disuasión nuclear, ejerciendo París como protector de sus socios.
París abre su paraguas atómico a la colaboración con sus socios europeos, pero no cita a España
Con Le Téméraire, uno de los cuatro submarinos lanzadores de misiles atómicos de largo alcance, a su espalda, Emmanuel Macron ha anunciado este lunes que Francia aumentará el número de sus cabezas nucleares, que hasta ahora se estimaban en un máximo de 300, aunque no precisó en qué cantidad. Al mismo tiempo, el presidente francés confirmó la cooperación reforzada con otros países europeos en materia de disuasión nuclear, ejerciendo París como protector de sus socios.
A partir de ahora, Francia no comunicará el número exacto de sus cabezas nucleares, manteniendo así la ambigüedad estratégica de este tipo de arsenales. Macron insistió en que el potencial atómico francés conservará su carácter originario, estrictamente defensivo, que no se plantea usarlo jamás como arma de guerra en una escalada sino como último recurso ante una amenaza inminente.
El jefe del Estado francés pronunció su discurso en la base naval de Île Longue, al sur de Brest, en Bretaña, la instalación militar más protegida del país. Se trata de un lugar casi inaccesible, pero el Elíseo quiso abrirla por unas horas a un grupo reducido de medios, entre ellos La Vanguardia, con la evidente intención de mostrar el músculo militar de Francia, único país de la Unión Europea con disuasión nuclear propia, en la delicada coyuntura geopolítica actual. El presidente calificó Île Longue como “catedral de nuestra soberanía”.
“Nuestra disuasión es robusta y eficaz”, subrayó el mandatario francés, y recordó que cualquier enemigo que amenace los intereses vitales de la nación pagaría un precio muy alto, pues un solo submarino como Le Téméraire lleva misiles con una potencia casi mil veces superior a la bomba de Hiroshima. El líder francés repitió una idea que ha expresado en otras ocasiones: “Para ser libre hay que ser temido, y para ser temido hay que ser potente”, enfatizó.
“Debemos pensar nuestra estrategia de disuasión en la profundidad del continente europeo, en el pleno respeto de nuestra soberanía, con la puesta en práctica de lo que yo llamaría una disuasión avanzada”, explicó. “La independencia no puede ser soledad”, afirmó.
Entre los países asociados a partir de ahora, con ejercicios conjuntos y otras actividades, a la disuasión nuclear francesa, Macron destacó a Alemania, el socio clave en la UE, y también a Polonia, Grecia, Suecia, Dinamarca y los Países Bajos. España no fue citada, aunque otros países están invitados a sumarse.
Según el presidente francés, la seguridad del país nunca se ha concebido solo en los límites del territorio nacional, ni en lo convencional ni en lo nuclear. El botón fatídico de usar el arma atómica lo seguirá teniendo el Elíseo, cuyo titular será el único en establecer si la seguridad vital está amenazada. Esa decisión no se compartirá.
El Elíseo hizo un esfuerzo de comunicación y transparencia para difundir el mensaje. Los periodistas seleccionados para el viaje fueron citados de madrugada en el Elíseo, y conducidos a la base aérea de Evreux, al oeste de París. Un avión cisterna A330 MRTT Phenix los transportó a Brest. Durante el vuelo fueron revituallados varios cazabombarderos Rafale como los que pueden portar armas atómicas.
El arsenal nuclear francés, que existe desde la época del general De Gaulle, en los años sesenta del siglo pasado, tiene tres componentes: las Fuerzas Aéreas Estratégicas (los Rafale estacionados en bases terrestres, pero con capacidad de proyección mundial), la Fuerza Oceánica Estratégica (los cuatro submarinos) y la Fuerza Aeronaval Nuclear (los Rafale que lleva el portaaviones Charles de Gaulle en sus misiones).
Macron quiso mantener a toda costa su intervención en Île Longue a pesar de la actualidad de la guerra en Irán. Desde el entorno presidencial se hizo saber que la agenda no cambiaba porque lo que está sucediendo “demuestra que en el mundo viene, la potencia y la independencia serán dos fuerzas indispensables por hacer frente a la proliferación de las amenazas”.
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