El 7,8 % de la población mundial, 645 millones de personas, padeció hambre en 2025 de acuerdo con el informe SOFI 2026. El dato refleja una mejora, pues el hambre en el mundo ha descendido por tercer año consecutivo, pero la situación sigue preocupando a Manos Unidas porque los «avances siguen siendo desiguales entre regiones» y, sobre todo, por la íntima relación que existe entre las hambrunas y los conflictos armados. Son algunas de las conclusiones de la Mesa del Hambre organizada por esta ONG católica para el desarrollo, que ha reunido este martes en la Fundación Botín de Madrid a varios expertos para debatir sobre «las causas que mantienen vivo el problema del hambre e impiden garantizar el derecho a la alimentación».«Los avances frente al hambre siguen siendo insuficientes y los conflictos agravan las crisis alimentarias. Las guerras desplazan a la población y destruyen sus medios de vida, con consecuencias que perduran más allá de los combates . A su vez, el hambre, la exclusión y la falta de oportunidades alimentan tensiones e inestabilidad», ha explicado Fidèle Podga Dikam, coordinador del departamento de Estudios y Documentación de Manos Unidas, que además ha moderado la primera mesa redonda, titulada «Los conflictos del hambre».En ese mismo tono político, los tres expertos han coincidido en condenar el «uso del hambre como arma de guerra». Una práctica que puede analizarse a la luz del concepto de biopoder formulado por Michel Foucault. Para el filósofo francés, el poder moderno no se limita al derecho del soberano a matar, sino que interviene en la gestión, el control y la regulación de la vida de sus ciudadanos. Foucault lo resume como el poder de «hacer vivir y dejar morir». Una idea que, en el mismo día en que los Reyes visitaban Ceuta , podría relacionarse en un principio con lo ocurrido en la ciudad autónoma los pasados días 30 y 31 de julio, con la llegada masiva de personas procedentes de Marruecos. El debate, sin embargo, se ha centrado en el conflicto de Gaza y el papel del Gobierno israelí.«En Gaza no es donde más hambre haya visto pasar, pero sí donde he visto un uso más macabro del hambre, la comida y el agua», ha afirmado Esperanza Santos Suárez, gestora de emergencias de Médicos Sin Fronteras, en referencia al bloqueo de alimentos durante la guerra. «Son asesinados, o incluso se pegan, o se matan entre ellos por comida», ha añadido.Los componentes de la primera mesa de debate. Manos UnidasPor su parte, Jordi Calvo, coordinador del Centre Delàs, ha incorporado la cuestión del comercio de armas y ha denunciado su financiación por parte de bancos españoles, como «Santander, BBVA, CaixaBank o Sabadell», al tiempo que ha cuestionado el papel de Occidente. «No podemos criminalizar a quienes huyen del hambre y las guerras», ha afirmado, antes de condenar que estas personas sean tratadas como enemigos cuando llegan a las fronteras europeas. Por su parte, Miguel Ángel de la Fuente, quien durante años ha cubierto conflictos como reportero gráfico de RTVE, ha añadido que «el hambre también es un arma de guerra y casi siempre la sufren quienes menos tienen que ver con ella». Asimismo, ha denunciado explícitamente el «uso del hambre como arma política y de poder».El derecho a la alimentaciónTras este análisis, la segunda mesa, titulada «Del diagnóstico a la acción: construir la paz desde el derecho a la alimentación», ha centrado el debate en las respuestas a esos retos. En ella, Rafael Grasa, profesor emérito de Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Barcelona, se ha mostrado pesimista al señalar que «estamos peor que en 2015», por lo que ha reclamado «dejar de engañarnos y de jugar al buenismo». «Si no cambiamos las reglas del orden internacional, seguirá habiendo conflictos en el mundo, seguirá habiendo hambre, desigualdad e injusticia », ha añadido. «Todo fenómeno social, la guerra o el hambre, nunca tiene una única causa, sino causas múltiples», ha explicado, al tiempo que ha reclamado actuar sobre esos factores. «Se trata de identificar dónde pueden incidir las políticas públicas para reducir los problemas y favorecer las soluciones», ha añadido.Más optimista se ha mostrado Emma Orejudo, subdirectora de Transición Ecológica, Agua y Lucha contra el Hambre de la AECID, quien ha reivindicado el papel de España en la cooperación para el desarrollo. «Para la Cooperación Española, el derecho a la alimentación es una seña de identidad que orienta nuestra acción. El acceso a una alimentación adecuada es un derecho humano universal, y la Cooperación Española actúa para contribuir a que los Estados cumplan sus obligaciones de respetar, proteger y garantizar ese derecho. Así, las personas dejan de ser consideradas beneficiarias pasivas y pasan a ser titulares de derechos, mientras que los Estados son titulares de obligaciones», ha concretado. Para María González, directora de Enraíza Derechos, «el hambre no es un accidente irremediable ni un problema de escasez de alimentos, es una violación de un derecho humano evitable con decisiones políticas que vayan directamente a prevenir sus causas».En el cierre del acto, la presidenta de Manos Unidas, Cecilia Pilar, ha recordado las palabras del Papa León XIV cuando denunció que «matar de hambre a la población es una forma muy barata de hacer la guerra». Además, ha hecho hincapié en que «garantizar el derecho a la alimentación es una condición indispensable para vivir con dignidad, avanzar en justicia y construir la paz». Desde esa perspectiva, ha hecho «un llamamiento a las instituciones, a la comunidad internacional y a la ciudadanía para reforzar su compromiso y traducirlo en acciones concretas». « El hambre es evitable : no podemos aceptar que siga siendo una realidad para millones de personas», ha concluido. El 7,8 % de la población mundial, 645 millones de personas, padeció hambre en 2025 de acuerdo con el informe SOFI 2026. El dato refleja una mejora, pues el hambre en el mundo ha descendido por tercer año consecutivo, pero la situación sigue preocupando a Manos Unidas porque los «avances siguen siendo desiguales entre regiones» y, sobre todo, por la íntima relación que existe entre las hambrunas y los conflictos armados. Son algunas de las conclusiones de la Mesa del Hambre organizada por esta ONG católica para el desarrollo, que ha reunido este martes en la Fundación Botín de Madrid a varios expertos para debatir sobre «las causas que mantienen vivo el problema del hambre e impiden garantizar el derecho a la alimentación».«Los avances frente al hambre siguen siendo insuficientes y los conflictos agravan las crisis alimentarias. Las guerras desplazan a la población y destruyen sus medios de vida, con consecuencias que perduran más allá de los combates . A su vez, el hambre, la exclusión y la falta de oportunidades alimentan tensiones e inestabilidad», ha explicado Fidèle Podga Dikam, coordinador del departamento de Estudios y Documentación de Manos Unidas, que además ha moderado la primera mesa redonda, titulada «Los conflictos del hambre».En ese mismo tono político, los tres expertos han coincidido en condenar el «uso del hambre como arma de guerra». Una práctica que puede analizarse a la luz del concepto de biopoder formulado por Michel Foucault. Para el filósofo francés, el poder moderno no se limita al derecho del soberano a matar, sino que interviene en la gestión, el control y la regulación de la vida de sus ciudadanos. Foucault lo resume como el poder de «hacer vivir y dejar morir». Una idea que, en el mismo día en que los Reyes visitaban Ceuta , podría relacionarse en un principio con lo ocurrido en la ciudad autónoma los pasados días 30 y 31 de julio, con la llegada masiva de personas procedentes de Marruecos. El debate, sin embargo, se ha centrado en el conflicto de Gaza y el papel del Gobierno israelí.«En Gaza no es donde más hambre haya visto pasar, pero sí donde he visto un uso más macabro del hambre, la comida y el agua», ha afirmado Esperanza Santos Suárez, gestora de emergencias de Médicos Sin Fronteras, en referencia al bloqueo de alimentos durante la guerra. «Son asesinados, o incluso se pegan, o se matan entre ellos por comida», ha añadido.Los componentes de la primera mesa de debate. Manos UnidasPor su parte, Jordi Calvo, coordinador del Centre Delàs, ha incorporado la cuestión del comercio de armas y ha denunciado su financiación por parte de bancos españoles, como «Santander, BBVA, CaixaBank o Sabadell», al tiempo que ha cuestionado el papel de Occidente. «No podemos criminalizar a quienes huyen del hambre y las guerras», ha afirmado, antes de condenar que estas personas sean tratadas como enemigos cuando llegan a las fronteras europeas. Por su parte, Miguel Ángel de la Fuente, quien durante años ha cubierto conflictos como reportero gráfico de RTVE, ha añadido que «el hambre también es un arma de guerra y casi siempre la sufren quienes menos tienen que ver con ella». Asimismo, ha denunciado explícitamente el «uso del hambre como arma política y de poder».El derecho a la alimentaciónTras este análisis, la segunda mesa, titulada «Del diagnóstico a la acción: construir la paz desde el derecho a la alimentación», ha centrado el debate en las respuestas a esos retos. En ella, Rafael Grasa, profesor emérito de Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Barcelona, se ha mostrado pesimista al señalar que «estamos peor que en 2015», por lo que ha reclamado «dejar de engañarnos y de jugar al buenismo». «Si no cambiamos las reglas del orden internacional, seguirá habiendo conflictos en el mundo, seguirá habiendo hambre, desigualdad e injusticia », ha añadido. «Todo fenómeno social, la guerra o el hambre, nunca tiene una única causa, sino causas múltiples», ha explicado, al tiempo que ha reclamado actuar sobre esos factores. «Se trata de identificar dónde pueden incidir las políticas públicas para reducir los problemas y favorecer las soluciones», ha añadido.Más optimista se ha mostrado Emma Orejudo, subdirectora de Transición Ecológica, Agua y Lucha contra el Hambre de la AECID, quien ha reivindicado el papel de España en la cooperación para el desarrollo. «Para la Cooperación Española, el derecho a la alimentación es una seña de identidad que orienta nuestra acción. El acceso a una alimentación adecuada es un derecho humano universal, y la Cooperación Española actúa para contribuir a que los Estados cumplan sus obligaciones de respetar, proteger y garantizar ese derecho. Así, las personas dejan de ser consideradas beneficiarias pasivas y pasan a ser titulares de derechos, mientras que los Estados son titulares de obligaciones», ha concretado. Para María González, directora de Enraíza Derechos, «el hambre no es un accidente irremediable ni un problema de escasez de alimentos, es una violación de un derecho humano evitable con decisiones políticas que vayan directamente a prevenir sus causas».En el cierre del acto, la presidenta de Manos Unidas, Cecilia Pilar, ha recordado las palabras del Papa León XIV cuando denunció que «matar de hambre a la población es una forma muy barata de hacer la guerra». Además, ha hecho hincapié en que «garantizar el derecho a la alimentación es una condición indispensable para vivir con dignidad, avanzar en justicia y construir la paz». Desde esa perspectiva, ha hecho «un llamamiento a las instituciones, a la comunidad internacional y a la ciudadanía para reforzar su compromiso y traducirlo en acciones concretas». « El hambre es evitable : no podemos aceptar que siga siendo una realidad para millones de personas», ha concluido.
El 7,8 % de la población mundial, 645 millones de personas, padeció hambre en 2025 de acuerdo con el informe SOFI 2026. El dato refleja una mejora, pues el hambre en el mundo ha descendido por tercer año consecutivo, pero la situación sigue preocupando a … Manos Unidas porque los «avances siguen siendo desiguales entre regiones» y, sobre todo, por la íntima relación que existe entre las hambrunas y los conflictos armados. Son algunas de las conclusiones de la Mesa del Hambre organizada por esta ONG católica para el desarrollo, que ha reunido este martes en la Fundación Botín de Madrid a varios expertos para debatir sobre «las causas que mantienen vivo el problema del hambre e impiden garantizar el derecho a la alimentación».
«Los avances frente al hambre siguen siendo insuficientes y los conflictos agravan las crisis alimentarias. Las guerras desplazan a la población y destruyen sus medios de vida, con consecuencias que perduran más allá de los combates. A su vez, el hambre, la exclusión y la falta de oportunidades alimentan tensiones e inestabilidad», ha explicado Fidèle Podga Dikam, coordinador del departamento de Estudios y Documentación de Manos Unidas, que además ha moderado la primera mesa redonda, titulada «Los conflictos del hambre».
En ese mismo tono político, los tres expertos han coincidido en condenar el «uso del hambre como arma de guerra». Una práctica que puede analizarse a la luz del concepto de biopoder formulado por Michel Foucault. Para el filósofo francés, el poder moderno no se limita al derecho del soberano a matar, sino que interviene en la gestión, el control y la regulación de la vida de sus ciudadanos. Foucault lo resume como el poder de «hacer vivir y dejar morir». Una idea que, en el mismo día en que los Reyes visitaban Ceuta, podría relacionarse en un principio con lo ocurrido en la ciudad autónoma los pasados días 30 y 31 de julio, con la llegada masiva de personas procedentes de Marruecos. El debate, sin embargo, se ha centrado en el conflicto de Gaza y el papel del Gobierno israelí.
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«En Gaza no es donde más hambre haya visto pasar, pero sí donde he visto un uso más macabro del hambre, la comida y el agua», ha afirmado Esperanza Santos Suárez, gestora de emergencias de Médicos Sin Fronteras, en referencia al bloqueo de alimentos durante la guerra. «Son asesinados, o incluso se pegan, o se matan entre ellos por comida», ha añadido.

(Manos Unidas)
Por su parte, Jordi Calvo, coordinador del Centre Delàs, ha incorporado la cuestión del comercio de armas y ha denunciado su financiación por parte de bancos españoles, como «Santander, BBVA, CaixaBank o Sabadell», al tiempo que ha cuestionado el papel de Occidente. «No podemos criminalizar a quienes huyen del hambre y las guerras», ha afirmado, antes de condenar que estas personas sean tratadas como enemigos cuando llegan a las fronteras europeas.
Por su parte, Miguel Ángel de la Fuente, quien durante años ha cubierto conflictos como reportero gráfico de RTVE, ha añadido que «el hambre también es un arma de guerra y casi siempre la sufren quienes menos tienen que ver con ella». Asimismo, ha denunciado explícitamente el «uso del hambre como arma política y de poder».
El derecho a la alimentación
Tras este análisis, la segunda mesa, titulada «Del diagnóstico a la acción: construir la paz desde el derecho a la alimentación», ha centrado el debate en las respuestas a esos retos. En ella, Rafael Grasa, profesor emérito de Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Barcelona, se ha mostrado pesimista al señalar que «estamos peor que en 2015», por lo que ha reclamado «dejar de engañarnos y de jugar al buenismo». «Si no cambiamos las reglas del orden internacional, seguirá habiendo conflictos en el mundo, seguirá habiendo hambre, desigualdad e injusticia», ha añadido. «Todo fenómeno social, la guerra o el hambre, nunca tiene una única causa, sino causas múltiples», ha explicado, al tiempo que ha reclamado actuar sobre esos factores. «Se trata de identificar dónde pueden incidir las políticas públicas para reducir los problemas y favorecer las soluciones», ha añadido.
Más optimista se ha mostrado Emma Orejudo, subdirectora de Transición Ecológica, Agua y Lucha contra el Hambre de la AECID, quien ha reivindicado el papel de España en la cooperación para el desarrollo. «Para la Cooperación Española, el derecho a la alimentación es una seña de identidad que orienta nuestra acción. El acceso a una alimentación adecuada es un derecho humano universal, y la Cooperación Española actúa para contribuir a que los Estados cumplan sus obligaciones de respetar, proteger y garantizar ese derecho. Así, las personas dejan de ser consideradas beneficiarias pasivas y pasan a ser titulares de derechos, mientras que los Estados son titulares de obligaciones», ha concretado. Para María González, directora de Enraíza Derechos, «el hambre no es un accidente irremediable ni un problema de escasez de alimentos, es una violación de un derecho humano evitable con decisiones políticas que vayan directamente a prevenir sus causas».
En el cierre del acto, la presidenta de Manos Unidas, Cecilia Pilar, ha recordado las palabras del Papa León XIV cuando denunció que «matar de hambre a la población es una forma muy barata de hacer la guerra». Además, ha hecho hincapié en que «garantizar el derecho a la alimentación es una condición indispensable para vivir con dignidad, avanzar en justicia y construir la paz». Desde esa perspectiva, ha hecho «un llamamiento a las instituciones, a la comunidad internacional y a la ciudadanía para reforzar su compromiso y traducirlo en acciones concretas». «El hambre es evitable: no podemos aceptar que siga siendo una realidad para millones de personas», ha concluido.
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