A finales del pasado octubre el viento le era favorable y parecía que iba a tener fuerzas no ya para disputarle el puesto a Juanma Moreno al frente de la Junta de Andalucía pero sí al menos para ponerlo nervioso y descolocarlo de cara a las elecciones autonómicas, que como muy tarde se tienen que celebrar este mes de junio. María Jesús Montero se creció durante el otoño: vio cómo el Gobierno andaluz se quedó fuera de juego durante una semana larga cuando estalló la crisis de los cribados del cáncer de mama , que tuvo resonancias nacionales y que sacó a miles de personas a la calle a demandar no solo una solución a los desajustes en la comunicación de los diagnósticos oncológicos dudosos, también para reclamar una sanidad pública de más calidad y más atenta a las necesidades de los pacientes.Moreno y los suyos reaccionaron a destiempo pero lo hicieron bien, con firmeza. Pidieron disculpas, apartaron a la consejera de Salud, que llevaba poco más de un año en el puesto; pusieron al frente del departamento al veterano entre los veteranos, Antonio Sanz, hombre de confianza del presidente; y avanzaron una renovación integral del Servicio Andaluz de Salud (SAS). El PSOE andaluz, con todo, había encontrado el punto débil de la gestión del PP en San Telmo , se había cobrado la pieza de la consejera y apuntaba a seguir explotando la supuesta debilidad del sistema sanitario público. Para ello contaba con el aliado de la Asociación de Mujeres con Cáncer de Mama (Amama) de Sevilla, que denunció miles de negligencias y, en la Fiscalía, «el borrado» de historiales médicos oncológicos. Noticia relacionada general No No María Jesús Montero se equivoca y es la única que vota en contra de las ayudas a las víctimas de Adamuz Antonio R. VegaLa pesadilla que vivió el Ejecutivo andaluz se calmó a finales de 2025, cuando la propia Amama, premiada el domingo por el PSOE con el Clara Campoamor , reconoció que no tenía registros de casos sospechosos de diagnósticos erróneos y se negó a facilitarle información al SAS . En ésas, la Fiscalía archivó la citada denuncia y achacó los problemas con los expedientes médicos a fallos puntuales del sistema, no a una intención de ocultar información alguna.Montero empezaba a desinflarse, a perder empuje. Moreno se rearmó, y su reacción rápida y empática, humana al tiempo que efectiva, a la tragedia de los trenes de Adamuz del 18 de enero terminó por dejar a vicepresidenta primera del Gobierno en una posición de debilidad de cara a una contienda electoral. Ya era ella, y no él, quien estaba descolocada, tanto que en el funeral religioso de Huelva que presidieron los Reyes y al que no acudió el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, entró por la puerta de atrás y, cuando llegó el momento de consolar a las víctimas su papel como principal representante del Ejecutivo central fue muy distante, el propio de una persona que se siente incómoda, fuera de sitio.Batacazos en Extremadura y AragónEl pinchazo del PSOE en las elecciones extremeñas y aragonesas y el ascenso de VOX combinado con los malos augurios demoscópicos han puesto el resto: el Barómetro Andaluz Centra del pasado diciembre, el último publicado, le da a los socialistas andaluces el peor resultado de su historia con 26 diputados, con los de Abascal pisándole los talones y con Juanma Moreno con opciones de revalidar la mayoría absoluta. Con ese panorama, en los mentideros políticos han germinado las teorías de que Montero ha amagado con no ser la candidata o de que el partido se ha planteado que no se presente.Pero ahí sigue, viendo como ha visto en el último mes que Moreno le saca dos cabezas en popularidad y presencia pública cuando Andalucía recibe un golpe, como ha ocurrido con la crisis generada por el río de tormentas de este febrero.Un repaso a los perfiles en las redes sociales de la candidata del PSOE en las semanas más recientes deja claro que Montero y su equipo han comprendido que o se ponen las pilas o el disgusto electoral puede ser de los que no admiten consuelo: ayer aprovechó que el Consejo de Ministros aprobó un decreto que reconoce a García Caparrós como víctima del terrorismo para hacerse un video y colgarlo en las redes sociales con la enseña regional a su espalda, y afirmar que el joven murió «por una bandera como ésta, por una bandera andaluza»; el lunes se desplazó a Cantillana para conocer el alcance de los daños de las lluvias; el viernes 27 estuvo en Grazalema con los afectados por las borrascas y presidió en Sevilla junto al ministro de Agricultura, Luis Planas, el foro ‘El campo andaluz, una prioridad de Estado’ para prometerle al sector más ayudas para mejorar la producción; el día anterior distribuyó una foto junto al alcalde de Adamuz, Rafael Ángel Moreno, en el Congreso; y hace tres semanas avanzó en Dos Hermanas que si llega a ser presidenta de la Junta construirá 100.000 vivienda en seis años.La vicepresidenta primera empezó a desinflarse tras la crisis de los cribados y el declive lo ha certificado la reacción de la Junta en Adamuz y ante las tormentasY el 28 de febrero se ausentó del acto institucional de entrega de las distinciones de la Junta en el Teatro de Maestranza y dio orden a los suyos de que la secundaran -el portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Sevilla, Antonio Muñoz, no le hizo caso y sí fue-. Mientras el auditorio aplaudía a Moreno para que las lágrimas no le vencieran, ella estaba en Moguer, donde iba a encontrarse con «la gente del pueblo andaluz de verdad», y a confesar su devoción por Juan Ramón Jiménez y su Platero.Idea de cómo ha cundido la preocupación en el PSOE ante el incierto horizonte electoral la da que la senadora socialista y exsecretaria general del partido Susana Díaz declaró ayer que va a «ayudar» a la actual líder del PSOE andaluz en los comicios a la vista. Díaz indicó que «siempre» que la llamen desde el partido, estará ahí, y en ese punto ha lamentado que «hace tres años ni siquiera se me dejó participar en la campaña de Andalucía», en la etapa en la que la dirección de la federación socialista la encabezaba Juan Espadas. A finales del pasado octubre el viento le era favorable y parecía que iba a tener fuerzas no ya para disputarle el puesto a Juanma Moreno al frente de la Junta de Andalucía pero sí al menos para ponerlo nervioso y descolocarlo de cara a las elecciones autonómicas, que como muy tarde se tienen que celebrar este mes de junio. María Jesús Montero se creció durante el otoño: vio cómo el Gobierno andaluz se quedó fuera de juego durante una semana larga cuando estalló la crisis de los cribados del cáncer de mama , que tuvo resonancias nacionales y que sacó a miles de personas a la calle a demandar no solo una solución a los desajustes en la comunicación de los diagnósticos oncológicos dudosos, también para reclamar una sanidad pública de más calidad y más atenta a las necesidades de los pacientes.Moreno y los suyos reaccionaron a destiempo pero lo hicieron bien, con firmeza. Pidieron disculpas, apartaron a la consejera de Salud, que llevaba poco más de un año en el puesto; pusieron al frente del departamento al veterano entre los veteranos, Antonio Sanz, hombre de confianza del presidente; y avanzaron una renovación integral del Servicio Andaluz de Salud (SAS). El PSOE andaluz, con todo, había encontrado el punto débil de la gestión del PP en San Telmo , se había cobrado la pieza de la consejera y apuntaba a seguir explotando la supuesta debilidad del sistema sanitario público. Para ello contaba con el aliado de la Asociación de Mujeres con Cáncer de Mama (Amama) de Sevilla, que denunció miles de negligencias y, en la Fiscalía, «el borrado» de historiales médicos oncológicos. Noticia relacionada general No No María Jesús Montero se equivoca y es la única que vota en contra de las ayudas a las víctimas de Adamuz Antonio R. VegaLa pesadilla que vivió el Ejecutivo andaluz se calmó a finales de 2025, cuando la propia Amama, premiada el domingo por el PSOE con el Clara Campoamor , reconoció que no tenía registros de casos sospechosos de diagnósticos erróneos y se negó a facilitarle información al SAS . En ésas, la Fiscalía archivó la citada denuncia y achacó los problemas con los expedientes médicos a fallos puntuales del sistema, no a una intención de ocultar información alguna.Montero empezaba a desinflarse, a perder empuje. Moreno se rearmó, y su reacción rápida y empática, humana al tiempo que efectiva, a la tragedia de los trenes de Adamuz del 18 de enero terminó por dejar a vicepresidenta primera del Gobierno en una posición de debilidad de cara a una contienda electoral. Ya era ella, y no él, quien estaba descolocada, tanto que en el funeral religioso de Huelva que presidieron los Reyes y al que no acudió el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, entró por la puerta de atrás y, cuando llegó el momento de consolar a las víctimas su papel como principal representante del Ejecutivo central fue muy distante, el propio de una persona que se siente incómoda, fuera de sitio.Batacazos en Extremadura y AragónEl pinchazo del PSOE en las elecciones extremeñas y aragonesas y el ascenso de VOX combinado con los malos augurios demoscópicos han puesto el resto: el Barómetro Andaluz Centra del pasado diciembre, el último publicado, le da a los socialistas andaluces el peor resultado de su historia con 26 diputados, con los de Abascal pisándole los talones y con Juanma Moreno con opciones de revalidar la mayoría absoluta. Con ese panorama, en los mentideros políticos han germinado las teorías de que Montero ha amagado con no ser la candidata o de que el partido se ha planteado que no se presente.Pero ahí sigue, viendo como ha visto en el último mes que Moreno le saca dos cabezas en popularidad y presencia pública cuando Andalucía recibe un golpe, como ha ocurrido con la crisis generada por el río de tormentas de este febrero.Un repaso a los perfiles en las redes sociales de la candidata del PSOE en las semanas más recientes deja claro que Montero y su equipo han comprendido que o se ponen las pilas o el disgusto electoral puede ser de los que no admiten consuelo: ayer aprovechó que el Consejo de Ministros aprobó un decreto que reconoce a García Caparrós como víctima del terrorismo para hacerse un video y colgarlo en las redes sociales con la enseña regional a su espalda, y afirmar que el joven murió «por una bandera como ésta, por una bandera andaluza»; el lunes se desplazó a Cantillana para conocer el alcance de los daños de las lluvias; el viernes 27 estuvo en Grazalema con los afectados por las borrascas y presidió en Sevilla junto al ministro de Agricultura, Luis Planas, el foro ‘El campo andaluz, una prioridad de Estado’ para prometerle al sector más ayudas para mejorar la producción; el día anterior distribuyó una foto junto al alcalde de Adamuz, Rafael Ángel Moreno, en el Congreso; y hace tres semanas avanzó en Dos Hermanas que si llega a ser presidenta de la Junta construirá 100.000 vivienda en seis años.La vicepresidenta primera empezó a desinflarse tras la crisis de los cribados y el declive lo ha certificado la reacción de la Junta en Adamuz y ante las tormentasY el 28 de febrero se ausentó del acto institucional de entrega de las distinciones de la Junta en el Teatro de Maestranza y dio orden a los suyos de que la secundaran -el portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Sevilla, Antonio Muñoz, no le hizo caso y sí fue-. Mientras el auditorio aplaudía a Moreno para que las lágrimas no le vencieran, ella estaba en Moguer, donde iba a encontrarse con «la gente del pueblo andaluz de verdad», y a confesar su devoción por Juan Ramón Jiménez y su Platero.Idea de cómo ha cundido la preocupación en el PSOE ante el incierto horizonte electoral la da que la senadora socialista y exsecretaria general del partido Susana Díaz declaró ayer que va a «ayudar» a la actual líder del PSOE andaluz en los comicios a la vista. Díaz indicó que «siempre» que la llamen desde el partido, estará ahí, y en ese punto ha lamentado que «hace tres años ni siquiera se me dejó participar en la campaña de Andalucía», en la etapa en la que la dirección de la federación socialista la encabezaba Juan Espadas.
A finales del pasado octubre el viento le era favorable y parecía que iba a tener fuerzas no ya para disputarle el puesto a Juanma Moreno al frente de la Junta de Andalucía pero sí al menos para ponerlo nervioso y descolocarlo … de cara a las elecciones autonómicas, que como muy tarde se tienen que celebrar este mes de junio. María Jesús Montero se creció durante el otoño: vio cómo el Gobierno andaluz se quedó fuera de juego durante una semana larga cuando estalló la crisis de los cribados del cáncer de mama, que tuvo resonancias nacionales y que sacó a miles de personas a la calle a demandar no solo una solución a los desajustes en la comunicación de los diagnósticos oncológicos dudosos, también para reclamar una sanidad pública de más calidad y más atenta a las necesidades de los pacientes.
Moreno y los suyos reaccionaron a destiempo pero lo hicieron bien, con firmeza. Pidieron disculpas, apartaron a la consejera de Salud, que llevaba poco más de un año en el puesto; pusieron al frente del departamento al veterano entre los veteranos, Antonio Sanz, hombre de confianza del presidente; y avanzaron una renovación integral del Servicio Andaluz de Salud (SAS).
El PSOE andaluz, con todo, había encontrado el punto débil de la gestión del PP en San Telmo, se había cobrado la pieza de la consejera y apuntaba a seguir explotando la supuesta debilidad del sistema sanitario público. Para ello contaba con el aliado de la Asociación de Mujeres con Cáncer de Mama (Amama) de Sevilla, que denunció miles de negligencias y, en la Fiscalía, «el borrado» de historiales médicos oncológicos.
Noticia relacionada
La pesadilla que vivió el Ejecutivo andaluz se calmó a finales de 2025, cuando la propia Amama, premiada el domingo por el PSOE con el Clara Campoamor, reconoció que no tenía registros de casos sospechosos de diagnósticos erróneos y se negó a facilitarle información al SAS. En ésas, la Fiscalía archivó la citada denuncia y achacó los problemas con los expedientes médicos a fallos puntuales del sistema, no a una intención de ocultar información alguna.
Montero empezaba a desinflarse, a perder empuje. Moreno se rearmó, y su reacción rápida y empática, humana al tiempo que efectiva, a la tragedia de los trenes de Adamuz del 18 de enero terminó por dejar a vicepresidenta primera del Gobierno en una posición de debilidad de cara a una contienda electoral. Ya era ella, y no él, quien estaba descolocada, tanto que en el funeral religioso de Huelva que presidieron los Reyes y al que no acudió el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, entró por la puerta de atrás y, cuando llegó el momento de consolar a las víctimas su papel como principal representante del Ejecutivo central fue muy distante, el propio de una persona que se siente incómoda, fuera de sitio.
Batacazos en Extremadura y Aragón
El pinchazo del PSOE en las elecciones extremeñas y aragonesas y el ascenso de VOX combinado con los malos augurios demoscópicos han puesto el resto: el Barómetro Andaluz Centra del pasado diciembre, el último publicado, le da a los socialistas andaluces el peor resultado de su historia con 26 diputados, con los de Abascal pisándole los talones y con Juanma Moreno con opciones de revalidar la mayoría absoluta. Con ese panorama, en los mentideros políticos han germinado las teorías de que Montero ha amagado con no ser la candidata o de que el partido se ha planteado que no se presente.
Pero ahí sigue, viendo como ha visto en el último mes que Moreno le saca dos cabezas en popularidad y presencia pública cuando Andalucía recibe un golpe, como ha ocurrido con la crisis generada por el río de tormentas de este febrero.
Un repaso a los perfiles en las redes sociales de la candidata del PSOE en las semanas más recientes deja claro que Montero y su equipo han comprendido que o se ponen las pilas o el disgusto electoral puede ser de los que no admiten consuelo: ayer aprovechó que el Consejo de Ministros aprobó un decreto que reconoce a García Caparrós como víctima del terrorismo para hacerse un video y colgarlo en las redes sociales con la enseña regional a su espalda, y afirmar que el joven murió «por una bandera como ésta, por una bandera andaluza»; el lunes se desplazó a Cantillana para conocer el alcance de los daños de las lluvias; el viernes 27 estuvo en Grazalema con los afectados por las borrascas y presidió en Sevilla junto al ministro de Agricultura, Luis Planas, el foro ‘El campo andaluz, una prioridad de Estado’ para prometerle al sector más ayudas para mejorar la producción; el día anterior distribuyó una foto junto al alcalde de Adamuz, Rafael Ángel Moreno, en el Congreso; y hace tres semanas avanzó en Dos Hermanas que si llega a ser presidenta de la Junta construirá 100.000 vivienda en seis años.
La vicepresidenta primera empezó a desinflarse tras la crisis de los cribados y el declive lo ha certificado la reacción de la Junta en Adamuz y ante las tormentas
Y el 28 de febrero se ausentó del acto institucional de entrega de las distinciones de la Junta en el Teatro de Maestranza y dio orden a los suyos de que la secundaran -el portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Sevilla, Antonio Muñoz, no le hizo caso y sí fue-. Mientras el auditorio aplaudía a Moreno para que las lágrimas no le vencieran, ella estaba en Moguer, donde iba a encontrarse con «la gente del pueblo andaluz de verdad», y a confesar su devoción por Juan Ramón Jiménez y su Platero.
Idea de cómo ha cundido la preocupación en el PSOE ante el incierto horizonte electoral la da que la senadora socialista y exsecretaria general del partido Susana Díaz declaró ayer que va a «ayudar» a la actual líder del PSOE andaluz en los comicios a la vista. Díaz indicó que «siempre» que la llamen desde el partido, estará ahí, y en ese punto ha lamentado que «hace tres años ni siquiera se me dejó participar en la campaña de Andalucía», en la etapa en la que la dirección de la federación socialista la encabezaba Juan Espadas.
RSS de noticias de espana
