Según la doctrina Monroe en versión MAGA, el dominio estadounidense del hemisferio occidental coincidiría con un mayor aislacionismo respecto al resto del mundo, el fin de las “guerras interminables” en Medio Oriente, y el reconocimiento, en alguna medida, de esferas de influencias de China y Rusia.
Para el autor de ‘Las guerras por los recursos’, Trump “está obsesionado por el petróleo y las materias primas”
Según la doctrina Monroe en versión MAGA, el dominio estadounidense del hemisferio occidental coincidiría con un mayor aislacionismo respecto al resto del mundo, el fin de las “guerras interminables” en Medio Oriente, y el reconocimiento, en alguna medida, de esferas de influencias de China y Rusia.
Pero, en la hiper improvisada estrategia geopolítica de Donald Trump, esa versión -reforzada por el bloqueo naval a Venezuela, el secuestro de Nicolás Maduro y la toma de control del petróleo venezolano- duró poco. Tal vez se puede decir que terminó definitivamente con el comentario de Trump a Friedrich Merz en Washington la semana pasada, de que los ingresos petroleros venezolanos, que pasan por un fondo del Tesoro estadounidense, servirán para financiar la guerra contra Irán.
Al parecer, lejos de limitarse a controlar las Américas, EE.UU. “quiere acceder a los recursos naturales que necesita para seguir siendo la potencia mundial dominante”, según sostiene Michael Klare, autor de libros como Sangre y petróleo y Lasguerras por los recursos, en una entrevista.
En este plan de dominio global, “el hemisferio occidental es nuestra principal zona de suministro, una vasta reserva de recursos naturales que Estados Unidos quiere controlar y explotar en su confrontación con las otras grandes potencias ”.
Para EE.UU., “todo depende de los recursos naturales”. Es lo que explica la geopolítica estadounidense desde hace años, pero ahora, más que nunca, porque “Trump está totalmente obsesionado con los recursos”.
Venezuela se ha convertido en el frente principal de esta estrategia. EE.UU. tiene la primera opción ya no solo en el acceso a las reservas más grandes de petróleo del mundo, sino de minerales críticos en el subsuelo venezolano como coltán, tantalio, y niobio —componentes clave para nuevas tecnologías civiles y militares como la fabricación de misiles hipersónicos, así como sistemas de GPS y satélite. El torio, un elemento radiactivo que se utiliza en la industria nuclear y en la construcción aeronáutica, es otro mineral en el punto de mira de Trump y que se encuentra en el subsuelo de la Amazonia venezolana.
Todo ello sin olvidar el metal más relacionado con otras eras de conquista imperial: el oro, ya en precios estratosféricos en parte por el caos que siembran las propias políticas de Trump. “¡Es divertido contar con el oro venezolano!”, dijo el domingo pasado el flamante secretario del Interior, Doug Burgum, tras anunciar que EE.UU. acaba de ingresar 100 millones de dólares por la venta de oro venezolano. La nueva ley de minería, aprobada por el gobierno y la presidenta Delcy Rodríguez, bajo fuertes presiones de Washington, incluye un aumento del 30% de la producción de oro y un aumento del 50% y e 100% de hierro y carbón, respectivamente.
Así mismo, en la cumbre de países latinoamericanos ideológicamente aliados con Trump celebrada en Miami el domingo pasado, EE.UU. negoció el acceso a minerales estratégicos en países como Bolivia, Perú y Chile, y presionó para que estos países excluyan las inversiones chinas. Incluso Brasil ha sido blanco de extorsión mediante amenazas de aranceles si no abre sus recursos de tierras raras a empresas estadounidenses aunque el gobierno de Lula difícilmente dará la espalda a Pekín.
Bajo esta óptica, la Doctrina Donroe de dominar América Latina, no salva al resto del mundo de las ambiciones globales de EE.UU. sino que es una precondición para la próxima fase de expansión de poder estadunidense. “En América Latina lo queremos todo para nosotros; en África y Oriente Medio, haremos todo lo posible para conseguir lo que queremos, para negar a nuestros rivales lo que ellos necesitan”, dice Klare, profesor emérito de Hampshire College (Amherst).
Eso sí, el déficit en inversiones estadounidenses frente a chinas en actividades extractivas en América Latina, tiene mas que ver con una falta de interés inversor de EE.UU. De modo que los primeros obstáculos para la nueva doctrina pueden ser las propias empresas norteamericanas.
“En América Latina lo queremos todo para nosotros”
Lo que está claro es que Trump -para el desagrado de parte de la base MAGA- no renuncia a ejercer el poder estadounidense más allá del Hemisferio Occidental. Aunque el documento Estrategia de seguridad nacional, publicado por la Adminsitración Trump en diciembre, resta importancia al Medio Oriente en favor de América Latina, Canadá y Groenlandia, Klare resalta esta frase en la página 28: “EE.UU. tiene intereses fundamentales en garantizar que los suministros energéticos del Golfo no caigan en manos de un enemigo declarado”.
El plan consiste en “controlar el flujo de petróleo por Medio Oriente porque nos da una ventaja geopolítica respecto a los adversarios”, dice. Aunque Irán no es una amenaza para EE.UU., Trump, al igual que en el caso del canal de Panamá, pretende ejercer control sobre el estrecho Ormuz por donde pasa casi el 90% del petróleo y gas liquido consumido en Asia y parte a Europa.
“En Oriente Medio queremos que nuestros rivales no tengan lo que necesitan”
La guerra en Irán “no es para satisfacer las necesidades del consumo de petróleo de Estados Unidos, sino para asegurar la ventaja geopolítica estadounidense frente a China, otros países del este asiático (Japón, Corea del Sur) y Europa”. Esto no es novedad. “Ha sido la estrategia de Estados Unidos desde la Doctrina Carter de 1980, o sea, garantizar que Estados Unidos, y nadie más, controle ese flujo.”
Por tanto, quien va a verse más perjudicada por las últimas agresiones estadounidenses es China. “China es casi el único comprador de petróleo de Irán y esto se acabó; y compraba también la mayor parte del petróleo venezolano y esto se acabó también; así que es dos por una”.
Consciente de su punto débil geopolítico, China acelera la apuesta por la energía renovable. Para los hidrocarburos, ya solo le queda un solo suministrador fiable: Rusia. “China tiene una linea de suministro por oleoducto desde el este de Rusia hasta China que evita el golfo Pérsico,”. explica Klare.
Por lo tanto “esta guerra acercará aún más China a Rusia que, a diferencia de Europa, es una potencia que puede aprovechar el dividendo económico del poder militar para garantizar el suministro de recursos”.
¿Cuáles serán las próximas venas abiertas por Trump en las Améicas? “Me temo que Trump vuelva a exigir el control sobre Groenlandia que puede tener muchos recursos vitales, entre ellos oro, uranio y tierras raras” responde Klare.
Estamos viendo en un momento de involución, añade. “Son estrategias muy decimonónicas”. La doctrina Monroe adaptada al siglo XXI se convierte en una nueva doctrina Mahan, basada en las ideas sobre el control mundial de Alfred Thayer Mahan, el célebre estratega naval estadounidense. “Mahan fue el artífice del imperio americano centrado en la idea del control del mar y el control de elementos geopolíticos clave que debemos controlar; ese lenguaje se utiliza en los últimos documentos del secretario de Guerra de Trump, Pete Hegseth,” explica Klare. Es decir que “hay mucha nostalgia en la política actual”.
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