Cuenta Miguel Reina que al gran Paco Gento le gustaba el flamenco y Manolo Caracol y en la concentración de España en Santiago de Compostela para el Mundial de Inglaterra en 1966, el portero cordobés le cantaba aquello de ‘Carcelero, carcelero’… «Y a Gento se le caían dos lagrimones en el vestuario». A Miguel le ocurrió como a su hijo Pepe. Por delante tuvieron dos porteros irrepetibles como Iribar y Casillas , pero aún así, nadie les puede ganar a hacer equipo, con unas trayectorias mayúsculas.Miguel Reina acaba de cumplir 80 años. Es una leyenda del fútbol español: siete años en el Barcelona , otros siete en el Atlético de Madrid , los dos primeros de su carrera en Primera con el Córdoba CF , cinco veces internacional con España. Ganó tres Copas del Rey, una Liga; una Copa de Ferias (UEFA) y otra Intercontinental. A ello suma dos Premios Zamora y casi 400 partidos en la élite viendo venir a sus dominios a los más grandes. Primero la familia, luego el fútbol, aunque los dos fueron de la mano siempre. El niño del patio de la calle Badanas que tocó el cielo con las manos.-¿Cómo ha cambiado el fútbol de su época a la de hoy?-Pues la verdad que bastante, sobre todo en cuanto a lo que es respeto y seriedad. Sin ánimo de molestar a nadie, pero hoy en día el sentir del jugador no es el mismo. Antes te apoyaban, se apoyaba al otro, no fingían tanto como fingen ahora…, que hacen más teatro que la puñeta. Digo la puñeta por ser respetuoso, pero es una absoluta vergüenza. Eso no es ninguna enseñanza para los chavales que comienzan. Dentro de un terreno de juego tiene que haber dignidad profesional y respeto por el contrario. -Aquel fútbol imprimía personalidad y hambre…-Deseo y ganas. El hambre de querer llegar, el hambre del sacrificio, el hambre de alcanzar aquello que tú no habías tenido en mente. Y hoy ha cambiado todo absolutamente.-Debutó con 18 años en Primera División en 1964 defendiendo la portería de aquel Córdoba CF que quedó quinto…-Yo tengo la gran suerte de encontrar una persona que me ayudó muchísimo: don Roque Olsen. Siendo yo juvenil tuve la suerte de defender los colores de España en el Campeonato de Europa Juvenil. Fui internacional y me pasaron al primer equipo del Córdoba, aunque ya entrenaba con ellos. Olsen fue el que a mí me forjó. Y más tarde ya llegó Ignacio Izaguirre, que fue el que me dio los parabienes para poder debutar en Primera. -Llegó hasta 1981 con la elástica del Atlético de Madrid, tras haber pasado siete años en ‘Can Barça’. Después de toda esa carrera, ¿qué le ha enseñado este deporte?-A tener unas vivencias únicas, grandes amigos y mantenerlos. Tuve una gran suerte; primero, en el seno familiar que me dio Dios. Me dieron la vida. Mi padre emigró a Venezuela para podernos dar una educación o pagar el colegio de los hermanos Maristas de Córdoba. Emigró con don José Luque, el propietario del bar El Barril en la Puerta Gallegos. En el colegio jugaba de extremo derecha, pero era muy duro y me dijeron que mejor cogiera la portería. Y la verdad que ahí fue cuando comienza Miguelín Reina.Cataluña «El Barça es más que un club. Traspasa el deporte para ser una señala de identidad. El sentimiento del pueblo catalán»-Alude a su infancia. Usted habitó uno de los patios más señeros e históricos de Córdoba: Badanas, 15. ¿Qué recuerdos conserva?-Badanas 15 me subyuga. Es un recuerdo tan familiar. Éramos dieciocho vecinos. Mi abuela era la casera. Tenía tres patios de fondo. Y en la primera arcada siempre había una esparraguera colgada. Y ahí era donde yo despejaba ya de puños, saltaba y despejaba. Y mi abuela me regañaba sin parar. Y de ahí, tras regresar mi padre de Venezuela, compró con el dinero que reunió una casa en el número 8 de la calle Candelaria. Y allí nos mudamos. Y mi padre se colocó de nuevo como jefe de cocina en el Palace. Yo me miraba en el espejo de mi padre y entré de pinche de cocina. Entraba a las siete de la mañana a encender las candelas y salía a las diez de la noche. Pero como Olsen me puso a entrenar, me iba a la una y media con el Córdoba, y luego volvía a la cocina. Así todos los días, hasta que Izaguirre me hizo debutar y a mitad de temporada mi padre vio claro que lo mío sería el fútbol.-Usted es el mayor de cinco hermanos y la familia ha estado muy presente en su carrera profesional…-Cuando yo fiché por el Barcelona me llevé a mi familia allí, compré un local, montamos una cafetería y un restaurante; alquilé otro y pusimos una sastrería para mi hermano Antonio. Siempre fuimos una piña. El ejemplo vivo de lo que nosotros veíamos en casa, el sacrificio de los padres por dar el amor y por venir a los hijos, y eso es lo que hicimos todos siempre. -Y cuando usted llega en 1966 al vestuario del Barcelona, de repente entra en otra dimensión…-Uy, allí estaban los Olivella, los Foncho, los Benitez. Madre mía, tengo ahí a Zaldúa, Fusté, Montesinos, yo qué sé. Era la flor y nata del fútbol español, obviamente. Con Sadurní, con Pesudo también como portero. Había un elenco importantísimo de figuras, de grandes figuras. -¿Se notaba la exigencia?-Sí, sí, sin duda alguna. Y además es que es curioso, y no me jacto de decirlo, el Barça es algo más que un club. Traspasa el mero deporte para convertirse en una señal de identidad. El sentimiento del pueblo catalán, sí, sin duda alguna.-¿Y ya entonces estaba tan marcado?-Sí, más que nunca, efectivamente. Es que es así, Cataluña es especial. Pero vuelvo a repetir lo mismo. A mí me acogieron como uno más de ellos. Y sigo siéndolo, y de hecho tengo allí a mi familia. Tengo a mis hermanos, a mis queridos padres enterrados en Barcelona. Y hoy en día recibo apoyo del FC Barcelona.80 años a sus espaldas y sigue manejando el balón como el primer día bajo los tres palos. No le falta nunca una sonrisa a Miguel Reina, y el mejor talante para recordar su trayectoria y sus vivencias en ABC Valerio merino-Y me imagino que también con el Real Madrid y la tensión histórica en el punto de mira…-No quiero herir sus sensibilidades, pero el Madrid, amigo mío, siempre ha sido el Madrid. Y si no, que le pregunten al pobre de Antonio Camacho, el árbitro (risas). -¿El Real Madrid no se fijó en usted?-Sí. Estaba en el Córdoba CF, y ofrecía 8 millones de pesetas en dos años, pero el Barcelona los dio de golpe y entonces al presidente del Córdoba, por aquel entonces don José Salinas…, le pusieron los ocho millones encima de la mesa y prefirió cogerlos y mandarme a Barcelona.Fichaje por el Atlético «Tenía una empresa en Barcelona con casi 40 trabajadores, dos de ellos me llevaron a suspensión de pagos pero don Vicente Calderón me ayudó a saldar aquellas deudas»-¿Y por qué se marcha después al Atlético de Madrid?-Cuando estaba en Barcelona jugando llegué a tener casi 40 empleados en la empresa que teníamos de productos de piel, ante o nobuck. Pero dos ingratos, el director de ventas y otro contable, se pusieron de acuerdo y llegó un momento en que las prendas salían de la empresa, pero no entraba el dinero. Y al final tuve que presentar suspensión de pagos. Le pedí ayuda a Montal y me dijo que el Barcelona no se quería ver implicado en el caso. Y fue cuando se enteró don Vicente Calderón y me dijo que no me preocupara, que de eso se encargaba él y que yo me diese a lo mío. Y en dos años y medio levanté la suspensión de pagos, pagué 32 millones de pesetas y saldé deudas con todo el mundo. Por eso fiché por el Atlético de Madrid.-¿Y qué diferencia se encuentra entre ese Atlético y el Barcelona que había dejado?-El Atlético de Madrid contaba con un equipazo impresionante y un vestuario fantástico. El sentir del Barcelona es muy diferente, y sigue siéndolo. Gané tres títulos (como con el Barça) y llegamos a la fatídica final de la Copa de Europa con el Bayern en 1974 y el gol en el último minuto que nos impidió ser campeones. Si no llega a ser por ese gol, a mí hoy en día no se me recuerda.-Ser campeón de Europa le hubiese cambiado todo al final…-Madre mía de mi vida, hubiese sido único. Además es que no habíamos encajado un solo gol, y el que nos meten sirvió para no ganar ese título. -Y luego la vida le depara un hijo que acaba siendo campeón del mundo con España 36 años después de aquella final…-Histórico es el triunfo que consiguió España, histórico es el plantel con el que contaba esa selección, histórico es el grupo humano, que eso fue lo que consolidó la victoria. Porque al final un equipo puede que no tenga grandes estrellas o grandes figuras, pero el ambiente puede transformarlo. Ahí es donde se gesta realmente el triunfo del compañerismo. -Su hijo tiene ahí un máster…-Querido amigo, en la vida lo importante es ser buena gente, que te recuerden así. Lo otro ya vendrá por añadidura, si viene; si no, ser buena persona es lo importante de la vida. -Pepe Reina dejó el fútbol y ha iniciado una carrera de entrenador con los más pequeños… ¿Lo ve triunfando?-Estoy absolutamente convencido de que Pepe llegará a emular lo que compañeros de él han hecho. Guardiola, Fábregas y compañía. Tiene bondad, carisma, sabe repartir y dar a cada uno lo que realmente necesita o requiere, y su comprensión.Su hijo, entrenador «Estoy convencido absolutamente de que Pepe llegará a emular lo que compañeros suyos como Guardiola o Fábregas han hecho…»-Y después de todo este torbellino acaba usted en la política municipal…-Yo tenía mis quehaceres y un día me llamaron y me propusieron si quería entrar en política local. Yo encantado. Y a mí me gusta la justicia, me gusta hacer querer y ayudar a los más de favorecidos dentro de lo que pueda. Y así acabé como concejal de Deportes. Tenía una deuda con mi ciudad y quería ayudar de alguna manera.-¿Le gustó esa experiencia?-Sí, sí, me gustó. Me gustó por todo lo que se hizo nuevo y se limpió . Ahí está la historia.-Acaba de cumplir 80 años, Miguel. Y con todo lo vivido, ¿qué lecciones le quedan?-Ha habido de todo: momentos difíciles, esplendor, triunfo, desazón… Hubo momentos en los cuales perdí a mis seres queridos. Lo he aceptado como es. Le doy gracias a Dios por la familia que me dio, por la que tengo y los hijos que tengo. Y mientras viva, pues que Dios me siga apoyando.-¿El fútbol ha sido capaz de llenar esos vacíos, esa desazón?-El fútbol ha llenado gran parte de mi vida, sin duda alguna, aunque lo que estoy rebosante de felicidad es por la familia que Dios me ha dado. Tengo dos nietos que siguen los pasos de su padre como futbolistas. A uno le llamo Zubizarreta, y al otro Rogelio, zurdo como aquel espigado jugador del Betis.-¿Con qué jugador se quedaría de todos los que han compartido su carrera?-Me quedo con todos y cada uno de ellos. Entrañable fue Julio Benítez, Jorge Mendoza, Marcial, Paco Gallego…. Sí, porque éramos familia. No existía lo que hoy en día hay, esa revalorización que tal vez, si no excesiva, al menos no es para bien. Nos apoyábamos en todo. Nos íbamos de viaje y los hijos se quedaban en la casa de un compañero. Esa vivencia es, afortunadamente, la que yo he tenido. -¿Cree que el fútbol de hoy ha perdido esa dimensión humana y cercana?-Hoy en día los jugadores ganan tanto dinero que no tienen por qué ser simpáticos. Tú no has visto ahora esos pedazos de coches en los que llegan a entrenar. Ellos son los que generan el dinero de todos. Ellos son los actores principales de este circo que es el fútbol. Sin duda alguna. Cuenta Miguel Reina que al gran Paco Gento le gustaba el flamenco y Manolo Caracol y en la concentración de España en Santiago de Compostela para el Mundial de Inglaterra en 1966, el portero cordobés le cantaba aquello de ‘Carcelero, carcelero’… «Y a Gento se le caían dos lagrimones en el vestuario». A Miguel le ocurrió como a su hijo Pepe. Por delante tuvieron dos porteros irrepetibles como Iribar y Casillas , pero aún así, nadie les puede ganar a hacer equipo, con unas trayectorias mayúsculas.Miguel Reina acaba de cumplir 80 años. Es una leyenda del fútbol español: siete años en el Barcelona , otros siete en el Atlético de Madrid , los dos primeros de su carrera en Primera con el Córdoba CF , cinco veces internacional con España. Ganó tres Copas del Rey, una Liga; una Copa de Ferias (UEFA) y otra Intercontinental. A ello suma dos Premios Zamora y casi 400 partidos en la élite viendo venir a sus dominios a los más grandes. Primero la familia, luego el fútbol, aunque los dos fueron de la mano siempre. El niño del patio de la calle Badanas que tocó el cielo con las manos.-¿Cómo ha cambiado el fútbol de su época a la de hoy?-Pues la verdad que bastante, sobre todo en cuanto a lo que es respeto y seriedad. Sin ánimo de molestar a nadie, pero hoy en día el sentir del jugador no es el mismo. Antes te apoyaban, se apoyaba al otro, no fingían tanto como fingen ahora…, que hacen más teatro que la puñeta. Digo la puñeta por ser respetuoso, pero es una absoluta vergüenza. Eso no es ninguna enseñanza para los chavales que comienzan. Dentro de un terreno de juego tiene que haber dignidad profesional y respeto por el contrario. -Aquel fútbol imprimía personalidad y hambre…-Deseo y ganas. El hambre de querer llegar, el hambre del sacrificio, el hambre de alcanzar aquello que tú no habías tenido en mente. Y hoy ha cambiado todo absolutamente.-Debutó con 18 años en Primera División en 1964 defendiendo la portería de aquel Córdoba CF que quedó quinto…-Yo tengo la gran suerte de encontrar una persona que me ayudó muchísimo: don Roque Olsen. Siendo yo juvenil tuve la suerte de defender los colores de España en el Campeonato de Europa Juvenil. Fui internacional y me pasaron al primer equipo del Córdoba, aunque ya entrenaba con ellos. Olsen fue el que a mí me forjó. Y más tarde ya llegó Ignacio Izaguirre, que fue el que me dio los parabienes para poder debutar en Primera. -Llegó hasta 1981 con la elástica del Atlético de Madrid, tras haber pasado siete años en ‘Can Barça’. Después de toda esa carrera, ¿qué le ha enseñado este deporte?-A tener unas vivencias únicas, grandes amigos y mantenerlos. Tuve una gran suerte; primero, en el seno familiar que me dio Dios. Me dieron la vida. Mi padre emigró a Venezuela para podernos dar una educación o pagar el colegio de los hermanos Maristas de Córdoba. Emigró con don José Luque, el propietario del bar El Barril en la Puerta Gallegos. En el colegio jugaba de extremo derecha, pero era muy duro y me dijeron que mejor cogiera la portería. Y la verdad que ahí fue cuando comienza Miguelín Reina.Cataluña «El Barça es más que un club. Traspasa el deporte para ser una señala de identidad. El sentimiento del pueblo catalán»-Alude a su infancia. Usted habitó uno de los patios más señeros e históricos de Córdoba: Badanas, 15. ¿Qué recuerdos conserva?-Badanas 15 me subyuga. Es un recuerdo tan familiar. Éramos dieciocho vecinos. Mi abuela era la casera. Tenía tres patios de fondo. Y en la primera arcada siempre había una esparraguera colgada. Y ahí era donde yo despejaba ya de puños, saltaba y despejaba. Y mi abuela me regañaba sin parar. Y de ahí, tras regresar mi padre de Venezuela, compró con el dinero que reunió una casa en el número 8 de la calle Candelaria. Y allí nos mudamos. Y mi padre se colocó de nuevo como jefe de cocina en el Palace. Yo me miraba en el espejo de mi padre y entré de pinche de cocina. Entraba a las siete de la mañana a encender las candelas y salía a las diez de la noche. Pero como Olsen me puso a entrenar, me iba a la una y media con el Córdoba, y luego volvía a la cocina. Así todos los días, hasta que Izaguirre me hizo debutar y a mitad de temporada mi padre vio claro que lo mío sería el fútbol.-Usted es el mayor de cinco hermanos y la familia ha estado muy presente en su carrera profesional…-Cuando yo fiché por el Barcelona me llevé a mi familia allí, compré un local, montamos una cafetería y un restaurante; alquilé otro y pusimos una sastrería para mi hermano Antonio. Siempre fuimos una piña. El ejemplo vivo de lo que nosotros veíamos en casa, el sacrificio de los padres por dar el amor y por venir a los hijos, y eso es lo que hicimos todos siempre. -Y cuando usted llega en 1966 al vestuario del Barcelona, de repente entra en otra dimensión…-Uy, allí estaban los Olivella, los Foncho, los Benitez. Madre mía, tengo ahí a Zaldúa, Fusté, Montesinos, yo qué sé. Era la flor y nata del fútbol español, obviamente. Con Sadurní, con Pesudo también como portero. Había un elenco importantísimo de figuras, de grandes figuras. -¿Se notaba la exigencia?-Sí, sí, sin duda alguna. Y además es que es curioso, y no me jacto de decirlo, el Barça es algo más que un club. Traspasa el mero deporte para convertirse en una señal de identidad. El sentimiento del pueblo catalán, sí, sin duda alguna.-¿Y ya entonces estaba tan marcado?-Sí, más que nunca, efectivamente. Es que es así, Cataluña es especial. Pero vuelvo a repetir lo mismo. A mí me acogieron como uno más de ellos. Y sigo siéndolo, y de hecho tengo allí a mi familia. Tengo a mis hermanos, a mis queridos padres enterrados en Barcelona. Y hoy en día recibo apoyo del FC Barcelona.80 años a sus espaldas y sigue manejando el balón como el primer día bajo los tres palos. No le falta nunca una sonrisa a Miguel Reina, y el mejor talante para recordar su trayectoria y sus vivencias en ABC Valerio merino-Y me imagino que también con el Real Madrid y la tensión histórica en el punto de mira…-No quiero herir sus sensibilidades, pero el Madrid, amigo mío, siempre ha sido el Madrid. Y si no, que le pregunten al pobre de Antonio Camacho, el árbitro (risas). -¿El Real Madrid no se fijó en usted?-Sí. Estaba en el Córdoba CF, y ofrecía 8 millones de pesetas en dos años, pero el Barcelona los dio de golpe y entonces al presidente del Córdoba, por aquel entonces don José Salinas…, le pusieron los ocho millones encima de la mesa y prefirió cogerlos y mandarme a Barcelona.Fichaje por el Atlético «Tenía una empresa en Barcelona con casi 40 trabajadores, dos de ellos me llevaron a suspensión de pagos pero don Vicente Calderón me ayudó a saldar aquellas deudas»-¿Y por qué se marcha después al Atlético de Madrid?-Cuando estaba en Barcelona jugando llegué a tener casi 40 empleados en la empresa que teníamos de productos de piel, ante o nobuck. Pero dos ingratos, el director de ventas y otro contable, se pusieron de acuerdo y llegó un momento en que las prendas salían de la empresa, pero no entraba el dinero. Y al final tuve que presentar suspensión de pagos. Le pedí ayuda a Montal y me dijo que el Barcelona no se quería ver implicado en el caso. Y fue cuando se enteró don Vicente Calderón y me dijo que no me preocupara, que de eso se encargaba él y que yo me diese a lo mío. Y en dos años y medio levanté la suspensión de pagos, pagué 32 millones de pesetas y saldé deudas con todo el mundo. Por eso fiché por el Atlético de Madrid.-¿Y qué diferencia se encuentra entre ese Atlético y el Barcelona que había dejado?-El Atlético de Madrid contaba con un equipazo impresionante y un vestuario fantástico. El sentir del Barcelona es muy diferente, y sigue siéndolo. Gané tres títulos (como con el Barça) y llegamos a la fatídica final de la Copa de Europa con el Bayern en 1974 y el gol en el último minuto que nos impidió ser campeones. Si no llega a ser por ese gol, a mí hoy en día no se me recuerda.-Ser campeón de Europa le hubiese cambiado todo al final…-Madre mía de mi vida, hubiese sido único. Además es que no habíamos encajado un solo gol, y el que nos meten sirvió para no ganar ese título. -Y luego la vida le depara un hijo que acaba siendo campeón del mundo con España 36 años después de aquella final…-Histórico es el triunfo que consiguió España, histórico es el plantel con el que contaba esa selección, histórico es el grupo humano, que eso fue lo que consolidó la victoria. Porque al final un equipo puede que no tenga grandes estrellas o grandes figuras, pero el ambiente puede transformarlo. Ahí es donde se gesta realmente el triunfo del compañerismo. -Su hijo tiene ahí un máster…-Querido amigo, en la vida lo importante es ser buena gente, que te recuerden así. Lo otro ya vendrá por añadidura, si viene; si no, ser buena persona es lo importante de la vida. -Pepe Reina dejó el fútbol y ha iniciado una carrera de entrenador con los más pequeños… ¿Lo ve triunfando?-Estoy absolutamente convencido de que Pepe llegará a emular lo que compañeros de él han hecho. Guardiola, Fábregas y compañía. Tiene bondad, carisma, sabe repartir y dar a cada uno lo que realmente necesita o requiere, y su comprensión.Su hijo, entrenador «Estoy convencido absolutamente de que Pepe llegará a emular lo que compañeros suyos como Guardiola o Fábregas han hecho…»-Y después de todo este torbellino acaba usted en la política municipal…-Yo tenía mis quehaceres y un día me llamaron y me propusieron si quería entrar en política local. Yo encantado. Y a mí me gusta la justicia, me gusta hacer querer y ayudar a los más de favorecidos dentro de lo que pueda. Y así acabé como concejal de Deportes. Tenía una deuda con mi ciudad y quería ayudar de alguna manera.-¿Le gustó esa experiencia?-Sí, sí, me gustó. Me gustó por todo lo que se hizo nuevo y se limpió . Ahí está la historia.-Acaba de cumplir 80 años, Miguel. Y con todo lo vivido, ¿qué lecciones le quedan?-Ha habido de todo: momentos difíciles, esplendor, triunfo, desazón… Hubo momentos en los cuales perdí a mis seres queridos. Lo he aceptado como es. Le doy gracias a Dios por la familia que me dio, por la que tengo y los hijos que tengo. Y mientras viva, pues que Dios me siga apoyando.-¿El fútbol ha sido capaz de llenar esos vacíos, esa desazón?-El fútbol ha llenado gran parte de mi vida, sin duda alguna, aunque lo que estoy rebosante de felicidad es por la familia que Dios me ha dado. Tengo dos nietos que siguen los pasos de su padre como futbolistas. A uno le llamo Zubizarreta, y al otro Rogelio, zurdo como aquel espigado jugador del Betis.-¿Con qué jugador se quedaría de todos los que han compartido su carrera?-Me quedo con todos y cada uno de ellos. Entrañable fue Julio Benítez, Jorge Mendoza, Marcial, Paco Gallego…. Sí, porque éramos familia. No existía lo que hoy en día hay, esa revalorización que tal vez, si no excesiva, al menos no es para bien. Nos apoyábamos en todo. Nos íbamos de viaje y los hijos se quedaban en la casa de un compañero. Esa vivencia es, afortunadamente, la que yo he tenido. -¿Cree que el fútbol de hoy ha perdido esa dimensión humana y cercana?-Hoy en día los jugadores ganan tanto dinero que no tienen por qué ser simpáticos. Tú no has visto ahora esos pedazos de coches en los que llegan a entrenar. Ellos son los que generan el dinero de todos. Ellos son los actores principales de este circo que es el fútbol. Sin duda alguna.
Cuenta Miguel Reina que al gran Paco Gento le gustaba el flamenco y Manolo Caracol y en la concentración de España en Santiago de Compostela para el Mundial de Inglaterra en 1966, el portero cordobés le cantaba aquello de ‘Carcelero, carcelero’… «Y … a Gento se le caían dos lagrimones en el vestuario». A Miguel le ocurrió como a su hijo Pepe. Por delante tuvieron dos porteros irrepetibles como Iribar y Casillas, pero aún así, nadie les puede ganar a hacer equipo, con unas trayectorias mayúsculas.
Miguel Reina acaba de cumplir 80 años. Es una leyenda del fútbol español: siete años en el Barcelona, otros siete en el Atlético de Madrid, los dos primeros de su carrera en Primera con el Córdoba CF, cinco veces internacional con España. Ganó tres Copas del Rey, una Liga; una Copa de Ferias (UEFA) y otra Intercontinental. A ello suma dos Premios Zamora y casi 400 partidos en la élite viendo venir a sus dominios a los más grandes. Primero la familia, luego el fútbol, aunque los dos fueron de la mano siempre. El niño del patio de la calle Badanas que tocó el cielo con las manos.
-¿Cómo ha cambiado el fútbol de su época a la de hoy?
-Pues la verdad que bastante, sobre todo en cuanto a lo que es respeto y seriedad. Sin ánimo de molestar a nadie, pero hoy en día el sentir del jugador no es el mismo. Antes te apoyaban, se apoyaba al otro, no fingían tanto como fingen ahora…, que hacen más teatro que la puñeta. Digo la puñeta por ser respetuoso, pero es una absoluta vergüenza. Eso no es ninguna enseñanza para los chavales que comienzan. Dentro de un terreno de juego tiene que haber dignidad profesional y respeto por el contrario.
-Aquel fútbol imprimía personalidad y hambre…
-Deseo y ganas. El hambre de querer llegar, el hambre del sacrificio, el hambre de alcanzar aquello que tú no habías tenido en mente. Y hoy ha cambiado todo absolutamente.
-Debutó con 18 años en Primera División en 1964 defendiendo la portería de aquel Córdoba CF que quedó quinto…
-Yo tengo la gran suerte de encontrar una persona que me ayudó muchísimo: don Roque Olsen. Siendo yo juvenil tuve la suerte de defender los colores de España en el Campeonato de Europa Juvenil. Fui internacional y me pasaron al primer equipo del Córdoba, aunque ya entrenaba con ellos. Olsen fue el que a mí me forjó. Y más tarde ya llegó Ignacio Izaguirre, que fue el que me dio los parabienes para poder debutar en Primera.
-Llegó hasta 1981 con la elástica del Atlético de Madrid, tras haber pasado siete años en ‘Can Barça’. Después de toda esa carrera, ¿qué le ha enseñado este deporte?
-A tener unas vivencias únicas, grandes amigos y mantenerlos. Tuve una gran suerte; primero, en el seno familiar que me dio Dios. Me dieron la vida. Mi padre emigró a Venezuela para podernos dar una educación o pagar el colegio de los hermanos Maristas de Córdoba. Emigró con don José Luque, el propietario del bar El Barril en la Puerta Gallegos. En el colegio jugaba de extremo derecha, pero era muy duro y me dijeron que mejor cogiera la portería. Y la verdad que ahí fue cuando comienza Miguelín Reina.
Cataluña
«El Barça es más que un club. Traspasa el deporte para ser una señala de identidad. El sentimiento del pueblo catalán»
-Alude a su infancia. Usted habitó uno de los patios más señeros e históricos de Córdoba: Badanas, 15. ¿Qué recuerdos conserva?
-Badanas 15 me subyuga. Es un recuerdo tan familiar. Éramos dieciocho vecinos. Mi abuela era la casera. Tenía tres patios de fondo. Y en la primera arcada siempre había una esparraguera colgada. Y ahí era donde yo despejaba ya de puños, saltaba y despejaba. Y mi abuela me regañaba sin parar. Y de ahí, tras regresar mi padre de Venezuela, compró con el dinero que reunió una casa en el número 8 de la calle Candelaria. Y allí nos mudamos. Y mi padre se colocó de nuevo como jefe de cocina en el Palace. Yo me miraba en el espejo de mi padre y entré de pinche de cocina. Entraba a las siete de la mañana a encender las candelas y salía a las diez de la noche. Pero como Olsen me puso a entrenar, me iba a la una y media con el Córdoba, y luego volvía a la cocina. Así todos los días, hasta que Izaguirre me hizo debutar y a mitad de temporada mi padre vio claro que lo mío sería el fútbol.
-Usted es el mayor de cinco hermanos y la familia ha estado muy presente en su carrera profesional…
-Cuando yo fiché por el Barcelona me llevé a mi familia allí, compré un local, montamos una cafetería y un restaurante; alquilé otro y pusimos una sastrería para mi hermano Antonio. Siempre fuimos una piña. El ejemplo vivo de lo que nosotros veíamos en casa, el sacrificio de los padres por dar el amor y por venir a los hijos, y eso es lo que hicimos todos siempre.
-Y cuando usted llega en 1966 al vestuario del Barcelona, de repente entra en otra dimensión…
-Uy, allí estaban los Olivella, los Foncho, los Benitez. Madre mía, tengo ahí a Zaldúa, Fusté, Montesinos, yo qué sé. Era la flor y nata del fútbol español, obviamente. Con Sadurní, con Pesudo también como portero. Había un elenco importantísimo de figuras, de grandes figuras.
-¿Se notaba la exigencia?
-Sí, sí, sin duda alguna. Y además es que es curioso, y no me jacto de decirlo, el Barça es algo más que un club. Traspasa el mero deporte para convertirse en una señal de identidad. El sentimiento del pueblo catalán, sí, sin duda alguna.
-¿Y ya entonces estaba tan marcado?
-Sí, más que nunca, efectivamente. Es que es así, Cataluña es especial. Pero vuelvo a repetir lo mismo. A mí me acogieron como uno más de ellos. Y sigo siéndolo, y de hecho tengo allí a mi familia. Tengo a mis hermanos, a mis queridos padres enterrados en Barcelona. Y hoy en día recibo apoyo del FC Barcelona.
(Valerio merino)
-Y me imagino que también con el Real Madrid y la tensión histórica en el punto de mira…
-No quiero herir sus sensibilidades, pero el Madrid, amigo mío, siempre ha sido el Madrid. Y si no, que le pregunten al pobre de Antonio Camacho, el árbitro (risas).
-¿El Real Madrid no se fijó en usted?
-Sí. Estaba en el Córdoba CF, y ofrecía 8 millones de pesetas en dos años, pero el Barcelona los dio de golpe y entonces al presidente del Córdoba, por aquel entonces don José Salinas…, le pusieron los ocho millones encima de la mesa y prefirió cogerlos y mandarme a Barcelona.
Fichaje por el Atlético
«Tenía una empresa en Barcelona con casi 40 trabajadores, dos de ellos me llevaron a suspensión de pagos pero don Vicente Calderón me ayudó a saldar aquellas deudas»
-¿Y por qué se marcha después al Atlético de Madrid?
-Cuando estaba en Barcelona jugando llegué a tener casi 40 empleados en la empresa que teníamos de productos de piel, ante o nobuck. Pero dos ingratos, el director de ventas y otro contable, se pusieron de acuerdo y llegó un momento en que las prendas salían de la empresa, pero no entraba el dinero. Y al final tuve que presentar suspensión de pagos. Le pedí ayuda a Montal y me dijo que el Barcelona no se quería ver implicado en el caso. Y fue cuando se enteró don Vicente Calderón y me dijo que no me preocupara, que de eso se encargaba él y que yo me diese a lo mío. Y en dos años y medio levanté la suspensión de pagos, pagué 32 millones de pesetas y saldé deudas con todo el mundo. Por eso fiché por el Atlético de Madrid.
-¿Y qué diferencia se encuentra entre ese Atlético y el Barcelona que había dejado?
-El Atlético de Madrid contaba con un equipazo impresionante y un vestuario fantástico. El sentir del Barcelona es muy diferente, y sigue siéndolo. Gané tres títulos (como con el Barça) y llegamos a la fatídica final de la Copa de Europa con el Bayern en 1974 y el gol en el último minuto que nos impidió ser campeones. Si no llega a ser por ese gol, a mí hoy en día no se me recuerda.
-Ser campeón de Europa le hubiese cambiado todo al final…
-Madre mía de mi vida, hubiese sido único. Además es que no habíamos encajado un solo gol, y el que nos meten sirvió para no ganar ese título.
-Y luego la vida le depara un hijo que acaba siendo campeón del mundo con España 36 años después de aquella final…
-Histórico es el triunfo que consiguió España, histórico es el plantel con el que contaba esa selección, histórico es el grupo humano, que eso fue lo que consolidó la victoria. Porque al final un equipo puede que no tenga grandes estrellas o grandes figuras, pero el ambiente puede transformarlo. Ahí es donde se gesta realmente el triunfo del compañerismo.
-Su hijo tiene ahí un máster…
-Querido amigo, en la vida lo importante es ser buena gente, que te recuerden así. Lo otro ya vendrá por añadidura, si viene; si no, ser buena persona es lo importante de la vida.
-Pepe Reina dejó el fútbol y ha iniciado una carrera de entrenador con los más pequeños… ¿Lo ve triunfando?
-Estoy absolutamente convencido de que Pepe llegará a emular lo que compañeros de él han hecho. Guardiola, Fábregas y compañía. Tiene bondad, carisma, sabe repartir y dar a cada uno lo que realmente necesita o requiere, y su comprensión.
Su hijo, entrenador
«Estoy convencido absolutamente de que Pepe llegará a emular lo que compañeros suyos como Guardiola o Fábregas han hecho…»
-Y después de todo este torbellino acaba usted en la política municipal…
-Yo tenía mis quehaceres y un día me llamaron y me propusieron si quería entrar en política local. Yo encantado. Y a mí me gusta la justicia, me gusta hacer querer y ayudar a los más de favorecidos dentro de lo que pueda. Y así acabé como concejal de Deportes. Tenía una deuda con mi ciudad y quería ayudar de alguna manera.
-¿Le gustó esa experiencia?
-Sí, sí, me gustó. Me gustó por todo lo que se hizo nuevo y se limpió . Ahí está la historia.
-Acaba de cumplir 80 años, Miguel. Y con todo lo vivido, ¿qué lecciones le quedan?
-Ha habido de todo: momentos difíciles, esplendor, triunfo, desazón… Hubo momentos en los cuales perdí a mis seres queridos. Lo he aceptado como es. Le doy gracias a Dios por la familia que me dio, por la que tengo y los hijos que tengo. Y mientras viva, pues que Dios me siga apoyando.
-¿El fútbol ha sido capaz de llenar esos vacíos, esa desazón?
-El fútbol ha llenado gran parte de mi vida, sin duda alguna, aunque lo que estoy rebosante de felicidad es por la familia que Dios me ha dado. Tengo dos nietos que siguen los pasos de su padre como futbolistas. A uno le llamo Zubizarreta, y al otro Rogelio, zurdo como aquel espigado jugador del Betis.
-¿Con qué jugador se quedaría de todos los que han compartido su carrera?
-Me quedo con todos y cada uno de ellos. Entrañable fue Julio Benítez, Jorge Mendoza, Marcial, Paco Gallego…. Sí, porque éramos familia. No existía lo que hoy en día hay, esa revalorización que tal vez, si no excesiva, al menos no es para bien. Nos apoyábamos en todo. Nos íbamos de viaje y los hijos se quedaban en la casa de un compañero. Esa vivencia es, afortunadamente, la que yo he tenido.
-¿Cree que el fútbol de hoy ha perdido esa dimensión humana y cercana?
-Hoy en día los jugadores ganan tanto dinero que no tienen por qué ser simpáticos. Tú no has visto ahora esos pedazos de coches en los que llegan a entrenar. Ellos son los que generan el dinero de todos. Ellos son los actores principales de este circo que es el fútbol. Sin duda alguna.
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