La banda de La Legión anuncia la llegada cuando baja calle Carretería. A un centenar de metros las cornetas ya alborotan la plaza y rascan vítores. Las calles abarrotadas. A La Legión no le importa el AVE. Los miles de devotos asisten con puntualidad marcial cada Jueves Santo. Y este, sin tren, se viene en coche o en avión. Llegan como haga falta para aclamar a este Cuerpo con raíces profundas en la sociedad malagueña. «Llegamos este miércoles al mediodía, llevamos aquí desde las ocho de la tarde. Hemos pasado aquí la noche en convivencia . Teníamos muchas ganas de ver al Cristo de la Legión», apunta María Victoria Bru, que viene con su familia desde Murcia con la determinación de estar en primera fila.En la plaza Fray Alonso de Santo Tomás la espera de hacer larga. La puerta de la capilla cerrada, los legionarios relajados, mandos y autoridades aguardando el momento. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Ayuso hablando con Francisco Salado, presidente de la Diputación de Málaga, los consejeros andaluces Carolina España, Rocío Blanco y Arturo Bernal o monseñor Satué en su primera vez en este acto y el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, el más veterano de cuantos asisten a la tribuna. Entre las autoridades militares el general Amador Enseñat, jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra.siTertulias de espera que acabaron cuando el pelotón del Cuartel General de la Brigada de la Legión con sede en Viator en Almería. El cornetín comenzó la órdenes para formar a la tropa. «Es Jueves Santo» , proclama la Congregación de Mena con recuerdo agradecido a los que partieron con el compromiso de mantener viva su memoria.En la capilla, en intimidad más absoluta, retumbaba el credo legionario mientras se producía el relevo del estandarte del Cristo de la Buena Muerte orlado por los guiones de la legión para fomentar la devoción hacia nuestro protector. Cada año un tercio recoge la encomienda de proteger esa representación de la fe del Cuerpo.Con los sones del himno nacional y ¡Viva España! solitario rompiendo el silencia, el Cristo salió a hombros de La Legión flanqueado por los guiones y estandartes. Quieto. Deteniendo el tiempo en un suspiro, mientras las oraciones se llevan en silencio. «Seguro que alguna vez me ha protegido. Siempre hay algo », recordaba Antonio Martorell, antiguo caballero legionario llegado desde Tous (Valencia) y que esperaba desde las tres de la mañana.Su espera cobró sentido cantando el himno, con el Cristo escoltado por guiones y banderines. Uniendo a toda la tropa en una sola fe, a los que están y a los se fueron. A los que queda como recuerdo un chapiri desgastado y el resto de este protector marcado en la piel. «Buscáis su cercanía en vuestros cuarteles antes de cada misión», recordaba el obispo José Antonio Satué, que ensalzó la cultura del esfuerzo y a aquellos que son capaces de entregar su vida a ideales más altos en este tiempo de «la epidemia de la postverdad» y donde la mentira hace sufrir a personas en todo el mundo. «Que en Cristo encontréis luz para vuestras decisiones», aseveraba el obispo de Málaga, antes de invitar a orar por los caídos.El obispo José Antonio Satué ensalzó a aquellos que entregan su vida por ideales más altos en tiempos de «la epidemia de la postverdad»Con el Cristo en el centro de la plaza se contuvo al respiración por aquellos que ya no está, por los que vistieron el verde con honor y entregaron su vida. Aquellos que ahora hacen guardia de honor desde el cielo y ven con su Sagrado Protector se muestra crucificado por ellos, por las salvación de las almas, que los guiones y estandartes honran inclinados ante la presencia del Cristo.Y tras el rezo solemne la entronización con los cordajes preparados. La Soledad de Mena esperando a su Hijo, mientras cada pisada de las lustradas botas legionarias acercaba al destino. Lento. Sin más ánimo que subir alRey en trono para entregarlo a una Málaga que lo espera con ansia y la certidumbre renovada que los tendrá en su máximo esplendor.Una vez entronizado el pelotón entonó «legionarios a luchar, legionarios a morir» y luego el credo, que promulga que es mejor morir con honor que vivir siendo un cobarde. La retirada hace a la plaza romper en un clamor de aplausos hacia el pelotón entre vítores. La banda de La Legión anuncia la llegada cuando baja calle Carretería. A un centenar de metros las cornetas ya alborotan la plaza y rascan vítores. Las calles abarrotadas. A La Legión no le importa el AVE. Los miles de devotos asisten con puntualidad marcial cada Jueves Santo. Y este, sin tren, se viene en coche o en avión. Llegan como haga falta para aclamar a este Cuerpo con raíces profundas en la sociedad malagueña. «Llegamos este miércoles al mediodía, llevamos aquí desde las ocho de la tarde. Hemos pasado aquí la noche en convivencia . Teníamos muchas ganas de ver al Cristo de la Legión», apunta María Victoria Bru, que viene con su familia desde Murcia con la determinación de estar en primera fila.En la plaza Fray Alonso de Santo Tomás la espera de hacer larga. La puerta de la capilla cerrada, los legionarios relajados, mandos y autoridades aguardando el momento. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Ayuso hablando con Francisco Salado, presidente de la Diputación de Málaga, los consejeros andaluces Carolina España, Rocío Blanco y Arturo Bernal o monseñor Satué en su primera vez en este acto y el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, el más veterano de cuantos asisten a la tribuna. Entre las autoridades militares el general Amador Enseñat, jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra.siTertulias de espera que acabaron cuando el pelotón del Cuartel General de la Brigada de la Legión con sede en Viator en Almería. El cornetín comenzó la órdenes para formar a la tropa. «Es Jueves Santo» , proclama la Congregación de Mena con recuerdo agradecido a los que partieron con el compromiso de mantener viva su memoria.En la capilla, en intimidad más absoluta, retumbaba el credo legionario mientras se producía el relevo del estandarte del Cristo de la Buena Muerte orlado por los guiones de la legión para fomentar la devoción hacia nuestro protector. Cada año un tercio recoge la encomienda de proteger esa representación de la fe del Cuerpo.Con los sones del himno nacional y ¡Viva España! solitario rompiendo el silencia, el Cristo salió a hombros de La Legión flanqueado por los guiones y estandartes. Quieto. Deteniendo el tiempo en un suspiro, mientras las oraciones se llevan en silencio. «Seguro que alguna vez me ha protegido. Siempre hay algo », recordaba Antonio Martorell, antiguo caballero legionario llegado desde Tous (Valencia) y que esperaba desde las tres de la mañana.Su espera cobró sentido cantando el himno, con el Cristo escoltado por guiones y banderines. Uniendo a toda la tropa en una sola fe, a los que están y a los se fueron. A los que queda como recuerdo un chapiri desgastado y el resto de este protector marcado en la piel. «Buscáis su cercanía en vuestros cuarteles antes de cada misión», recordaba el obispo José Antonio Satué, que ensalzó la cultura del esfuerzo y a aquellos que son capaces de entregar su vida a ideales más altos en este tiempo de «la epidemia de la postverdad» y donde la mentira hace sufrir a personas en todo el mundo. «Que en Cristo encontréis luz para vuestras decisiones», aseveraba el obispo de Málaga, antes de invitar a orar por los caídos.El obispo José Antonio Satué ensalzó a aquellos que entregan su vida por ideales más altos en tiempos de «la epidemia de la postverdad»Con el Cristo en el centro de la plaza se contuvo al respiración por aquellos que ya no está, por los que vistieron el verde con honor y entregaron su vida. Aquellos que ahora hacen guardia de honor desde el cielo y ven con su Sagrado Protector se muestra crucificado por ellos, por las salvación de las almas, que los guiones y estandartes honran inclinados ante la presencia del Cristo.Y tras el rezo solemne la entronización con los cordajes preparados. La Soledad de Mena esperando a su Hijo, mientras cada pisada de las lustradas botas legionarias acercaba al destino. Lento. Sin más ánimo que subir alRey en trono para entregarlo a una Málaga que lo espera con ansia y la certidumbre renovada que los tendrá en su máximo esplendor.Una vez entronizado el pelotón entonó «legionarios a luchar, legionarios a morir» y luego el credo, que promulga que es mejor morir con honor que vivir siendo un cobarde. La retirada hace a la plaza romper en un clamor de aplausos hacia el pelotón entre vítores.
La banda de La Legión anuncia la llegada cuando baja calle Carretería. A un centenar de metros las cornetas ya alborotan la plaza y rascan vítores. Las calles abarrotadas. A La Legión no le importa el AVE. Los miles de devotos asisten con puntualidad marcial … cada Jueves Santo. Y este, sin tren, se viene en coche o en avión. Llegan como haga falta para aclamar a este Cuerpo con raíces profundas en la sociedad malagueña. «Llegamos este miércoles al mediodía, llevamos aquí desde las ocho de la tarde. Hemos pasado aquí la noche en convivencia. Teníamos muchas ganas de ver al Cristo de la Legión», apunta María Victoria Bru, que viene con su familia desde Murcia con la determinación de estar en primera fila.
En la plaza Fray Alonso de Santo Tomás la espera de hacer larga. La puerta de la capilla cerrada, los legionarios relajados, mandos y autoridades aguardando el momento. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Ayuso hablando con Francisco Salado, presidente de la Diputación de Málaga, los consejeros andaluces Carolina España, Rocío Blanco y Arturo Bernal o monseñor Satué en su primera vez en este acto y el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, el más veterano de cuantos asisten a la tribuna. Entre las autoridades militares el general Amador Enseñat, jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra.
Tertulias de espera que acabaron cuando el pelotón del Cuartel General de la Brigada de la Legión con sede en Viator en Almería. El cornetín comenzó la órdenes para formar a la tropa. «Es Jueves Santo», proclama la Congregación de Mena con recuerdo agradecido a los que partieron con el compromiso de mantener viva su memoria.
En la capilla, en intimidad más absoluta, retumbaba el credo legionario mientras se producía el relevo del estandarte del Cristo de la Buena Muerte orlado por los guiones de la legión para fomentar la devoción hacia nuestro protector. Cada año un tercio recoge la encomienda de proteger esa representación de la fe del Cuerpo.
Con los sones del himno nacional y ¡Viva España! solitario rompiendo el silencia, el Cristo salió a hombros de La Legión flanqueado por los guiones y estandartes. Quieto. Deteniendo el tiempo en un suspiro, mientras las oraciones se llevan en silencio. «Seguro que alguna vez me ha protegido. Siempre hay algo», recordaba Antonio Martorell, antiguo caballero legionario llegado desde Tous (Valencia) y que esperaba desde las tres de la mañana.
Su espera cobró sentido cantando el himno, con el Cristo escoltado por guiones y banderines. Uniendo a toda la tropa en una sola fe, a los que están y a los se fueron. A los que queda como recuerdo un chapiri desgastado y el resto de este protector marcado en la piel.
«Buscáis su cercanía en vuestros cuarteles antes de cada misión», recordaba el obispo José Antonio Satué, que ensalzó la cultura del esfuerzo y a aquellos que son capaces de entregar su vida a ideales más altos en este tiempo de «la epidemia de la postverdad» y donde la mentira hace sufrir a personas en todo el mundo. «Que en Cristo encontréis luz para vuestras decisiones», aseveraba el obispo de Málaga, antes de invitar a orar por los caídos.
El obispo José Antonio Satué ensalzó a aquellos que entregan su vida por ideales más altos en tiempos de «la epidemia de la postverdad»
Con el Cristo en el centro de la plaza se contuvo al respiración por aquellos que ya no está, por los que vistieron el verde con honor y entregaron su vida. Aquellos que ahora hacen guardia de honor desde el cielo y ven con su Sagrado Protector se muestra crucificado por ellos, por las salvación de las almas, que los guiones y estandartes honran inclinados ante la presencia del Cristo.
Y tras el rezo solemne la entronización con los cordajes preparados. La Soledad de Mena esperando a su Hijo, mientras cada pisada de las lustradas botas legionarias acercaba al destino. Lento. Sin más ánimo que subir al
Rey en trono para entregarlo a una Málaga que lo espera con ansia y la certidumbre renovada que los tendrá en su máximo esplendor.
Una vez entronizado el pelotón entonó «legionarios a luchar, legionarios a morir» y luego el credo, que promulga que es mejor morir con honor que vivir siendo un cobarde. La retirada hace a la plaza romper en un clamor de aplausos hacia el pelotón entre vítores.
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