En Millennial Mal, Judith es una caricatura de bibliotecaria soltera de 42 años. Vive desconectada de cualquier tendencia mínimamente juvenil, en casa se intenta comunicar con su gato y, cuando está en el trabajo, espía a su mascota por la webcam. Pero, cuando la despiden del trabajo, se encuentra con una oportunidad que la saca de su zona de confort. Por un error burocrático, le conceden una beca para estudiar en la universidad que había pedido décadas atrás.
Lorena Iglesias contrapone la generación Millennial con la Z
En Millennial Mal, Judith es una caricatura de bibliotecaria soltera de 42 años. Vive desconectada de cualquier tendencia mínimamente juvenil, en casa se intenta comunicar con su gato y, cuando está en el trabajo, espía a su mascota por la webcam. Pero, cuando la despiden del trabajo, se encuentra con una oportunidad que la saca de su zona de confort. Por un error burocrático, le conceden una beca para estudiar en la universidad que había pedido décadas atrás.
El único problema es que la ganadora de la beca a la excelencia debe tener menos de 30 años y ella ni de broma los aparenta. Por suerte para Judith, dos compañeras de clase (Victoria Oliver y Paula Gala) se ofrecen a enseñarle cómo ocultar la edad, cómo vestirse y cómo comportarse para encajar rodeada de jóvenes.
Lorena Iglesias (Mamántula) firma una comedia que, desde Filmin, venden como un cruce entre Nunca me han besado y Girls. Posiblemente, en estas comparaciones, falta un título clave: Younger, la serie de Darren Star sobre una madre de adolescente que se hace pasar por una chica recién salida de la universidad para volver a entrar en el mercado laboral.
Eso sí, si Sutton Foster se adentraba en la comedia romántica en Younger, aquí la propia Lorena Iglesias se adentra en un terreno más cercano a la sátira. Lo que le interesa es contraponer la generación Millennial y la generación Z, bromear con la transformación del argot y los códigos sociales, y admirar y al mismo tiempo criticar su virtuosismo moral.
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