La artista iraní, conocida mundialmente por el cómic que retrata su infancia en Irán y por su oposición al régimen de los ayatolás, ha fallecido casi un año después que su marido, el director Mattias Ripa Leer La artista iraní, conocida mundialmente por el cómic que retrata su infancia en Irán y por su oposición al régimen de los ayatolás, ha fallecido casi un año después que su marido, el director Mattias Ripa Leer
Había sobrevivido a la represión política, a la soledad del exilio y a la violencia sectaria. Había conseguido ser la voz de miles de compatriotas iraníes y, en realidad, la de ciudadanos de todo el mundo que reclaman derechos fundamentales a las autocracias. Había logrado que novelas gráficas como Persépolis y Pollo con ciruelas -y las correspondientes adaptaciones cinematográficas- tocasen el corazoncito de cualquier persona con sensibilidad y alcanzasen la categoría de superventas sin que eso pareciera un oxímoron. Probablemente en el cénit de su carrera artística, amada por varias generaciones de lectores, la historietista Marjane Satrapi ha fallecido este jueves a los 56 años, según ha informado su familia.
«Murió de tristeza más de un año después del deceso de Mattias Ripa, su marido y el amor de su vida«, reza el comunicado que sus allegados han hecho llegar a la agencia AFP. El productor, actor y director Mattias Ripa había fallecido el 8 de abril de 2025. Satrapi había sido galardonada un año antes con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, que la distinguió por ser «una voz esencial para la defensa de los derechos humanos y la libertad». La iraní usó sus cómics y sus películas para hacer llegar al mundo un mensaje universal de democracia, igualdad y libertad.
Satrapi ha muerto poco más de un año después que su marido y casi imitando la desaparición voluntaria, fruto del desencanto, de Nasser Alí, el músico protagonista de Pollo con ciruelas.
En una entrevista con este diario, contextualizaba la saga autobiográfica Persépolis, que dibujó en el año 2000 cuando todavía era una estudiante en la Escuela de Artes Decorativas de Estrasburgo y se convirtió en playbook imprescindible para contadores de historias en viñetas de Oriente Próximo, como Riad Sattouf (El árabe del futuro) y Zeina Abirached (El piano oriental): «No soy consciente, porque para eso tienes que encontrarte con gente que te lo diga, pero yo soy una persona solitaria, tengo tres o cuatro amigos. Sólo tengo vida social cuando hago cine. Yo odio salir. Creo que hay que ser humilde con el trabajo artístico que hacemos. Necesito tiempo para reflexionar y eso es algo que se hace en solitario».
La historietista, cineasta, dibujante, pintora y escritora había nacido en Rasht (Irán) en 1969. Se educó en una familia de Teherán de mentalidad progresista y se formó en el Liceo francés de la capital hasta que las autoridades islámicas que se hicieron con el poder tras la revolución de 1979 decidieron acabar con la educación bilingüe.
Son esos los años que precisamente retrata en la novela gráfica que proyectó su carrera, los de la infancia y adolescencia en un Irán que aguardaba a la revolución de los ayatolás y cuya sociedad acabó viendo cercenadas sus libertades de la mano de esos mismos revolucionarios. Marji, como la llamaban en casa, llegó a Francia en 1994. Dejó atrás a sus padres y a su abuela. Se instaló primero en Estrasburgo y luego en París. Nunca volvió a su país.
Satrapi habíad decidido a finales de los años 90 dedicarse profesionalmente a la ilustración. En esa etapa iniciática publicó el libro de cuentos infantiles Adjar y Los monstruos tienen miedo de la luna. Fue después de conocer al dibujante y guionista Christophe Blain cuando comenzó a colaborar con el colectivo L’Association y cuando fue consciente, gracias a Blain, de que sus recuerdos en su país podían ser material narrativo. El primero de los cuatro tomos de Persépolis se publicó en Francia en el año 2000. Norma Editorial publicó en 2002 su traducción al castellano. En 2003 se hizo merecedora del primer Premio de la Paz Fernando Buesa Blanco.
La adaptación al cine de animación de Persepolis en colaboración con Vincent Paronnaud le hizo merecedora del aplauso internacional y del Premio del jurado en el Festival de Cannes. También fue nominada al Óscar a la mejor película de animación. En su terreno, el de la viñeta en blanco y negro, consiguió el mismo impacto en Occidente que compatriotas como Abbas Kiarostami, Jafar Panahi, Bahman Ghobadi y Asghar Farhadi.
«Aunque esta película es universal, quiero dedicársela a todos los iraníes», declaró entonces la artista. Vivía exiliada en Francia desde 1994 y había obtenido la nacionalidad francesa en 2006, pero nunca dejó de mirar a su país natal con preocupación. Denunció la situación de las mujeres durante décadas. La muerte de Mahsa Amini el 16 de septiembre de 2022, tras la paliza que había recibido en comisaría por parte de la Policía de la moral por no llevar bien colocado el velo, la animó a llevar incluso más allá su compromiso moral.
En paralelo a la ola de protestas que sacudió todo Irán y que se convirtió en un movimiento feminista sin precedentes en el país centroasiático, Satrapi publicó la obra coral de no ficción Mujer, vida, libertad. En ella reunió al politólogo Farid Vahid, al reportero Jean-Pierre Perrin, al historiador Abbas Milani y a una veintena de los mayores talentos del cómic mundial, como Joann Sfar, Paco Roca y Lewis Trondheim.
En 2011, una década antes de la denominada Revolución del velo, había visto cómo se estrenaba también en la gran pantalla otra novela gráfica, Pollo con ciruelas, ganadora del premio al mejor álbum en el Festival de Angoulême 2005. Satrapi participó como codirectora, de nuevo al lado de Vincent Paronnaud, en la adaptación cinematográfica, esta vez con actores de carne y hueso. Pollo con ciruelas enamoraba también en blanco y negro y con el reconocible estilo gráfico de la iraní, aunque a diferencia de Persépolis no estaba inspirada en su propia vida.
Su protagonista era el violinista Nasser Ali, uno de los músicos más famosos del Teherán de mediados de siglo, quien cae en una profunda depresión cuando pierde a su instrumento y no encuentra otro digno de sustituirlo. Decide entonces meterse en la cama y dejarse morir al cabo de ocho días de espera. Unas circunstancias dramáticas en la ficción que, dolorosamente, se han trasladado al mundo real con la desaparición de la artista.
Otras obras de Satrapi fueron Bordados (2003) y El suspiro (2004). Férrea opositora de las autoridades de Teherán, Satrapi rechazó en 2025 la Legión de Honor francesa para denunciar «la actitud hipócrita de Francia respecto a Irán», donde se producía de nuevo una fuerte represión.
«Desde hace un tiempo realmente me cuesta entender la política de Francia hacia Irán», indicó entonces la artista en Instagram, lamentando que a «jóvenes iraníes amantes de la libertad, disidentes, artistas, se les niegan los visados».
Emmanuel Macron, presidente de la República francesa, se ha referido a Satrapi como a «una gran artista que transformó la infancia iraní en una fábula universal». «Con su perspectiva infantil, su ironía, su ternura, sus demonios internos, la autora creó un mundo conmovedor con el que los lectores se identificaron», ha subrayado desde el Palacio del Elíseo en declaraciones recogidas por Afp.
La Fundación Princesa de Asturias se ha sumado a las muestras de condolencia por el fallecimiento de Satrapi. «Ha sido ejemplo de humanidad, de compasión, de lucha contra la adversidad, de integridad y fortaleza. Y su luz seguirá brillando para nosotros de forma continua, a través de su excepcional obra y de su palabra. Como dicen los versos del poeta iraní Saadi que ella misma nos recitó en su discurso en el teatro Campoamor, tras recoger el premio: Cuando la vida causa dolor a un miembro / los demás no descansan«, ha recordado la institución.
La socióloga francoiraní Azadeh Kian, amiga de Satrapi, ha asegurado en France Info que la muerte de su esposo supuso un golpe del que Satrapi nunca llegó a recuperarse. «Desde su muerte ya no era la misma», ha explicado.
Según Kian, la autora de Persépolis le repetía en sus conversaciones que había «dejado de luchar» y que quería «irse». «Se estaba dejando morir desde la pérdida del amor de su vida», ha afirmado la académica, quien recordó que ambos habían crecido juntos y mantenían una relación muy estrecha. Pese a su delicado estado de salud, Satrapi siguió hasta el último momento muy pendiente de su país, ahora en guerra con Israel y Estados Unidos.
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