En un año normal, el líder supremo aparece en televisión con un mensaje para felicitar el año nuevo y marcar los objetivos del Gobierno. También aparece, esta vez en persona, la mañana de la fiesta de Al Fitr, que marca el fin del mes sagrado del Ramadán.
El líder supremo no aparece en persona para celebrar el año nuevo persa y el fin del Ramadán
En un año normal, el líder supremo aparece en televisión con un mensaje para felicitar el año nuevo y marcar los objetivos del Gobierno. También aparece, esta vez en persona, la mañana de la fiesta de Al Fitr, que marca el fin del mes sagrado del Ramadán.
Lo hace, o al menos así lo hacía Ali Jamenei, desde la explanada de la Mosalá, o gran mausoleo de Teherán, que lleva construyéndose desde los inicios de la república islámica con el objetivo de servir como lugar de reunión en fechas especiales, como el fin de Ramadán.
Un presentador lee en televisión un mensaje de Jamenei, que es comprensivo con el malestar general
Miles de personas se congregan desde el amanecer en este día para escuchar al líder supremo en lo que muchas veces ha sido la única aparición anual frente a los fieles.
Este año, el Nowruz ha coincidido con la fiesta de Al Fitr. El equinoccio de primavera, inicio del nuevo año persa, llegó a las 18.16 hora local del viernes, solo minutos antes de que el sol se escondiera para dejar ver un trocito de luna y anunciar así que el mes del ayuno había concluido. Como es costumbre, llegada la hora, muchos encendieron la televisión para recibir el mensaje del nuevo líder supremo, Mujtaba Jamenei.
Su padre, Ali Jamenei, apareció durante 37 años en las pantallas, pero fue asesinado el 28 de febrero, primer día de los ataques de Israel y EE.UU. Hoy se le conoce como el líder mártir.
La fotografía del ayatolá Mujtaba Jamenei está por todas partes, pero nadie lo ha visto. Hace unos días circuló un vídeo en el que aparece impartiendo clase a otros religiosos. Ayer, sin embargo, no salió en televisión. Un presentador volvió a leer un discurso en su nombre. Dijo que se sentía próximo a la población, que en el pasado ha salido de incógnito y ha cogido taxis para conocer la opinión de los iraníes. “En muchos casos –dijo– encontré mis puntos de vista alineados con los vuestros, los cuales fueron expresados como una crítica en lo relacionado con los asuntos económicos y de gestión”.
El líder buscaba así la complicidad de la población, cada vez más distanciada del sistema y más inconforme por la situación económica.
No es gratis que las protestas que surgieron en diciembre y que terminaron con una represión sin precedentes con 3.117 muertos admitidos por las autoridades (otras investigaciones han contado al menos 7.000) tuvieran motivos económicos. A pesar de esto, Mujtaba Jamenei insistió ayer en la necesidad de conservar la unidad.
El año que termina ha sido posiblemente el más duro de la república islámica debido a la crisis económica. Y la situación se ha hecho aún peor en estas últimas semanas. Muchos comercios y empresas han cerrado o han tenido que despedir a sus empleados. “En la guerra de los 12 días del pasado junio resistimos, pero ahora tenemos que despedir a 8 empleados”, dice la administradora de una pequeña editorial.
A medida que pasan los días, la situación en el país es más confusa, y así lo refleja esta mujer, que ayer estaba en un café del centro de Teherán horas después de que se hubiera terminado la oración en el mausoleo. “Entiendo que Mujtaba Jamenei no aparezca frente a la multitud en la oración de la fiesta Al Fitr porque es muy arriesgado –dijo–, pero no entiendo por qué no puede grabar un vídeo en algún lugar sin identificar para calmar la ansiedad y los rumores sobre si está vivo o muerto”.
La oración en el mausoleo tendría que haberla dirigido el líder supremo, pero la responsabilidad recayó en el imán provisional a cargo del sermón de los viernes en Teherán.
“Todavía no entiendo la lógica detrás de la elección de un hombre que no está en capacidad de dar la cara”, insistía ayer Ehsan, de 47 años, que trabaja en artes escénicas. “Todos sabemos que la Guardia Revolucionaria mantiene el control. Lo vemos porque el país sigue defendiéndose y atacando, pero todo es muy confuso porque la mayoría de los generales que la gente conocía están muertos”.
“Son todos unos radicales”, concluía este hombre que dice que no es optimista. Considera que todos los escenarios a los que se enfrenta Irán son malos.
“Los únicos optimistas son los que siguen a Reza Pahlavi [hijo del último sha]. Ellos creen que todo cambiará hacia algo positivo pronto”, contaba Sepidé, una arquitecta que formó parte de la revolución de 1979. Como muchos iraníes, se siente atrapada. “No quiero este sistema, pero tampoco a Pahlavi”.
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