Cuando tenía 88 años, Clint Eastwood dijo que su fórmula para no rendirse a las limitaciones de la edad era no «dejar entrar al viejo» cada mañana al levantarse. Hoy el genial actor está a punto de cumplir 96 y anuncia nueva película mientras su juventud mental sigue intacta. ¿De verdad es posible tener ilusiones con casi un siglo de vida? La respuesta es, rotundamente, sí. Pero no depende solo de los años que metamos en la mochila. La ilusión, como la energía, está en cualquier parte y lo único que debemos hacer es captarla y adaptarla a nuestra realidad personal para que actúe como verdadero motor de la existencia humana. Da igual que tengas cien, cincuenta o veinte. Si interiorizas que la ilusión es lo más importante en tu vida habrás ganado la batalla al tiempo.De eso sabemos mucho en Galicia. Ya estamos por encima de Japón en esperanza de vida de las mujeres en ciertas zonas de la provincia de Ourense y en el resto de la comunidad vamos a la par. O sea, somos los primeros del mundo en centenarios y en calidad de vida. Todo eso a pesar de que la sociedad sigue considerando a las personas mayores un gasto en lugar de una inversión.No hace falta irse a las estadísticas del paro para comprender que eso del «edadismo» es un palabro que hoy en día solo justifica decisiones políticas, proyectos de consultoras y titulares de prensa que, en la práctica, no sirven para nada. Eliminar prejuicios, aplicar el sentido común y aprovechar la experiencia es la receta que deberíamos aplicar para que la edad deje de ser sinónimo de estorbo.Por algo, la utilidad que más triunfa entre los mayores es la de ser abuelos. Aquí no hay paro ni edadismo ni hacen falta políticas de inclusión social. ¡Benditos sean!, pero la vida no debe medirse solo en función de las necesidades. Dignidad es la palabra mágica, la que tenemos que tener siempre presente, y si una persona se vuelve más torpe, más lenta o tiene más achaques no es porque quiere. Solo está luchando para que «no entre el viejo» y mantener así la ilusión intacta. Lo malo es que a veces no se lo ponemos fácil y justificamos todo por un puñado de dólares. Gracias, Clint. Cuando tenía 88 años, Clint Eastwood dijo que su fórmula para no rendirse a las limitaciones de la edad era no «dejar entrar al viejo» cada mañana al levantarse. Hoy el genial actor está a punto de cumplir 96 y anuncia nueva película mientras su juventud mental sigue intacta. ¿De verdad es posible tener ilusiones con casi un siglo de vida? La respuesta es, rotundamente, sí. Pero no depende solo de los años que metamos en la mochila. La ilusión, como la energía, está en cualquier parte y lo único que debemos hacer es captarla y adaptarla a nuestra realidad personal para que actúe como verdadero motor de la existencia humana. Da igual que tengas cien, cincuenta o veinte. Si interiorizas que la ilusión es lo más importante en tu vida habrás ganado la batalla al tiempo.De eso sabemos mucho en Galicia. Ya estamos por encima de Japón en esperanza de vida de las mujeres en ciertas zonas de la provincia de Ourense y en el resto de la comunidad vamos a la par. O sea, somos los primeros del mundo en centenarios y en calidad de vida. Todo eso a pesar de que la sociedad sigue considerando a las personas mayores un gasto en lugar de una inversión.No hace falta irse a las estadísticas del paro para comprender que eso del «edadismo» es un palabro que hoy en día solo justifica decisiones políticas, proyectos de consultoras y titulares de prensa que, en la práctica, no sirven para nada. Eliminar prejuicios, aplicar el sentido común y aprovechar la experiencia es la receta que deberíamos aplicar para que la edad deje de ser sinónimo de estorbo.Por algo, la utilidad que más triunfa entre los mayores es la de ser abuelos. Aquí no hay paro ni edadismo ni hacen falta políticas de inclusión social. ¡Benditos sean!, pero la vida no debe medirse solo en función de las necesidades. Dignidad es la palabra mágica, la que tenemos que tener siempre presente, y si una persona se vuelve más torpe, más lenta o tiene más achaques no es porque quiere. Solo está luchando para que «no entre el viejo» y mantener así la ilusión intacta. Lo malo es que a veces no se lo ponemos fácil y justificamos todo por un puñado de dólares. Gracias, Clint.
Cuando tenía 88 años, Clint Eastwood dijo que su fórmula para no rendirse a las limitaciones de la edad era no «dejar entrar al viejo» cada mañana al levantarse. Hoy el genial actor está a punto de cumplir 96 y anuncia nueva película mientras su … juventud mental sigue intacta. ¿De verdad es posible tener ilusiones con casi un siglo de vida?
La respuesta es, rotundamente, sí. Pero no depende solo de los años que metamos en la mochila. La ilusión, como la energía, está en cualquier parte y lo único que debemos hacer es captarla y adaptarla a nuestra realidad personal para que actúe como verdadero motor de la existencia humana. Da igual que tengas cien, cincuenta o veinte. Si interiorizas que la ilusión es lo más importante en tu vida habrás ganado la batalla al tiempo.
De eso sabemos mucho en Galicia. Ya estamos por encima de Japón en esperanza de vida de las mujeres en ciertas zonas de la provincia de Ourense y en el resto de la comunidad vamos a la par. O sea, somos los primeros del mundo en centenarios y en calidad de vida. Todo eso a pesar de que la sociedad sigue considerando a las personas mayores un gasto en lugar de una inversión.
No hace falta irse a las estadísticas del paro para comprender que eso del «edadismo» es un palabro que hoy en día solo justifica decisiones políticas, proyectos de consultoras y titulares de prensa que, en la práctica, no sirven para nada. Eliminar prejuicios, aplicar el sentido común y aprovechar la experiencia es la receta que deberíamos aplicar para que la edad deje de ser sinónimo de estorbo.
Por algo, la utilidad que más triunfa entre los mayores es la de ser abuelos. Aquí no hay paro ni edadismo ni hacen falta políticas de inclusión social. ¡Benditos sean!, pero la vida no debe medirse solo en función de las necesidades. Dignidad es la palabra mágica, la que tenemos que tener siempre presente, y si una persona se vuelve más torpe, más lenta o tiene más achaques no es porque quiere. Solo está luchando para que «no entre el viejo» y mantener así la ilusión intacta. Lo malo es que a veces no se lo ponemos fácil y justificamos todo por un puñado de dólares. Gracias, Clint.
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