El rico y variado patrimonio cultural histórico de Andalucía se ha de proteger ante numerosos y diferentes riesgos . Externos e internos. El incendio de la Mezquita-Catedral de Córdoba (antes el de Notre-Dame) muestra el fuego como el principal enemigo.Al menos, el más posible en ese tipo de monumentos, condicionados en parte por su uso continuo . Por las catedrales (Sevilla, Cádiz, Jaén, Málaga), por las grandes iglesias, basílicas y templos, suelen transcurrir miles de personas. Un accidente, una negligencia, un descuido, puede provocar que las llamas se extiendan por el edificio. A ello se le suman características propias que dificultan la extinción, al no poder introducir mejoras tecnológicas por el riesgo de la destrucción del propio inmueble. Ello obliga a extremar las revisiones de instalaciones eléctricas, los sistemas de detección, los planes de evacuación y la coordinación con los servicios de emergencia.Los gestores trabajan para incluir sistemas avanzados que protejan y conserven estas estructuras. La gran novedad en la Mezquita cordobesa es el innovador sistema anti-incendios por agua nebulizada , que ya incorporaron Notre Dame de París, la basílica de San Marcos en Venecia y la catedral de San Patricio en Nueva York. Por un lado cuenta con un sistema de detección temprana con cámaras termográficas y fibra óptica. Y posteriormente, la aplicación de ese agua nebulizada, es decir, dividida en miles de micro-gotas que pasan el estado líquido a gaseoso y que por su ligereza de peso no dañan tanto la madera.Pero existen más amenazas. Gran parte de Andalucía se encuentra en terreno de riesgo sísmico . La provincia de Granada es una de las más activas sísmicamente de la comunidad y de toda la península Ibérica. En 2021 hubo más de 3.000 terremotos en sólo ese año. Allí se sitúa la Alhambra, una de las siete maravillas del mundo moderno. Un auténtico símbolo con un fabuloso plan de protección centrado en sus zonas verdes para reducir al mínimo el peligro del fuego. La gestión de la masa forestal y de la llamada infraestructura verde busca evitar que un gran incendio pueda alcanzar el conjunto monumental.Los Dólmenes de Antequera también están situados en un área donde los terremotos forman parte de los riesgos contemplados en sus planes de protección. Y no se escapa la Catedral de Sevilla . Sólo hay que recordar la caída del antiguo tambor del templo por el movimiento de tierra.Si en Granada hay terremotos, en Cádiz se apunta siempre a esa posibilidad de tsunami , como aquel inolvidable maremoto de 1755. Tarde o temprano llegará. Ha sido la única ciudad que llevó a cabo un completo simulacro para saber cómo actuar ese día en que llegue la gran ola, implicando a todos los ciudadanos, niños y adultos. Pero no solo se ensayó la evacuación de la población, sino también la protección y traslado de bienes culturales procedentes de archivos, museos y centros patrimoniales.Las inundaciones son cada vez más frecuentes con motivo del cambio climático. A las lluvias y tormentas de toda la vida se le unen esos conceptos de nuevo cuño como Dana y gota frío. El tren de borrascas de este año mostró la vulnerabilidad de esas zonas cercanas a la costa o algún canal fluvial. Retablos de madera, esculturas policromadas, pinturas, archivos históricos, textiles u objetos de orfebrería reaccionan de forma muy distinta ante el agua y requieren protocolos específicos de rescate y conservación.Con motivo de ese cambio climático, las olas de calor, las sequías prolongadas , los episodios de lluvias torrenciales o los incendios forestales cada vez más virulentos están modificando el escenario al que deberá enfrentarse el patrimonio en las próximas décadas. Pero el principal riesgo no viene de fuera . La amenaza se sitúa en no contar con un plan de salvaguarda que detalle el protocolo de actuación en cada intervención y se trabaje desde el terreno con cursos de formación, preparación y simulacros. El rico y variado patrimonio cultural histórico de Andalucía se ha de proteger ante numerosos y diferentes riesgos . Externos e internos. El incendio de la Mezquita-Catedral de Córdoba (antes el de Notre-Dame) muestra el fuego como el principal enemigo.Al menos, el más posible en ese tipo de monumentos, condicionados en parte por su uso continuo . Por las catedrales (Sevilla, Cádiz, Jaén, Málaga), por las grandes iglesias, basílicas y templos, suelen transcurrir miles de personas. Un accidente, una negligencia, un descuido, puede provocar que las llamas se extiendan por el edificio. A ello se le suman características propias que dificultan la extinción, al no poder introducir mejoras tecnológicas por el riesgo de la destrucción del propio inmueble. Ello obliga a extremar las revisiones de instalaciones eléctricas, los sistemas de detección, los planes de evacuación y la coordinación con los servicios de emergencia.Los gestores trabajan para incluir sistemas avanzados que protejan y conserven estas estructuras. La gran novedad en la Mezquita cordobesa es el innovador sistema anti-incendios por agua nebulizada , que ya incorporaron Notre Dame de París, la basílica de San Marcos en Venecia y la catedral de San Patricio en Nueva York. Por un lado cuenta con un sistema de detección temprana con cámaras termográficas y fibra óptica. Y posteriormente, la aplicación de ese agua nebulizada, es decir, dividida en miles de micro-gotas que pasan el estado líquido a gaseoso y que por su ligereza de peso no dañan tanto la madera.Pero existen más amenazas. Gran parte de Andalucía se encuentra en terreno de riesgo sísmico . La provincia de Granada es una de las más activas sísmicamente de la comunidad y de toda la península Ibérica. En 2021 hubo más de 3.000 terremotos en sólo ese año. Allí se sitúa la Alhambra, una de las siete maravillas del mundo moderno. Un auténtico símbolo con un fabuloso plan de protección centrado en sus zonas verdes para reducir al mínimo el peligro del fuego. La gestión de la masa forestal y de la llamada infraestructura verde busca evitar que un gran incendio pueda alcanzar el conjunto monumental.Los Dólmenes de Antequera también están situados en un área donde los terremotos forman parte de los riesgos contemplados en sus planes de protección. Y no se escapa la Catedral de Sevilla . Sólo hay que recordar la caída del antiguo tambor del templo por el movimiento de tierra.Si en Granada hay terremotos, en Cádiz se apunta siempre a esa posibilidad de tsunami , como aquel inolvidable maremoto de 1755. Tarde o temprano llegará. Ha sido la única ciudad que llevó a cabo un completo simulacro para saber cómo actuar ese día en que llegue la gran ola, implicando a todos los ciudadanos, niños y adultos. Pero no solo se ensayó la evacuación de la población, sino también la protección y traslado de bienes culturales procedentes de archivos, museos y centros patrimoniales.Las inundaciones son cada vez más frecuentes con motivo del cambio climático. A las lluvias y tormentas de toda la vida se le unen esos conceptos de nuevo cuño como Dana y gota frío. El tren de borrascas de este año mostró la vulnerabilidad de esas zonas cercanas a la costa o algún canal fluvial. Retablos de madera, esculturas policromadas, pinturas, archivos históricos, textiles u objetos de orfebrería reaccionan de forma muy distinta ante el agua y requieren protocolos específicos de rescate y conservación.Con motivo de ese cambio climático, las olas de calor, las sequías prolongadas , los episodios de lluvias torrenciales o los incendios forestales cada vez más virulentos están modificando el escenario al que deberá enfrentarse el patrimonio en las próximas décadas. Pero el principal riesgo no viene de fuera . La amenaza se sitúa en no contar con un plan de salvaguarda que detalle el protocolo de actuación en cada intervención y se trabaje desde el terreno con cursos de formación, preparación y simulacros.
El rico y variado patrimonio cultural histórico de Andalucía se ha de proteger ante numerosos y diferentes riesgos. Externos e internos. El incendio de la Mezquita-Catedral de Córdoba (antes el de Notre-Dame) muestra el fuego como el principal enemigo.
Al menos, el … más posible en ese tipo de monumentos, condicionados en parte por su uso continuo. Por las catedrales (Sevilla, Cádiz, Jaén, Málaga), por las grandes iglesias, basílicas y templos, suelen transcurrir miles de personas. Un accidente, una negligencia, un descuido, puede provocar que las llamas se extiendan por el edificio. A ello se le suman características propias que dificultan la extinción, al no poder introducir mejoras tecnológicas por el riesgo de la destrucción del propio inmueble. Ello obliga a extremar las revisiones de instalaciones eléctricas, los sistemas de detección, los planes de evacuación y la coordinación con los servicios de emergencia.
Los gestores trabajan para incluir sistemas avanzados que protejan y conserven estas estructuras. La gran novedad en la Mezquita cordobesa es el innovador sistema anti-incendios por agua nebulizada, que ya incorporaron Notre Dame de París, la basílica de San Marcos en Venecia y la catedral de San Patricio en Nueva York. Por un lado cuenta con un sistema de detección temprana con cámaras termográficas y fibra óptica. Y posteriormente, la aplicación de ese agua nebulizada, es decir, dividida en miles de micro-gotas que pasan el estado líquido a gaseoso y que por su ligereza de peso no dañan tanto la madera.
Pero existen más amenazas. Gran parte de Andalucía se encuentra en terreno de riesgo sísmico. La provincia de Granada es una de las más activas sísmicamente de la comunidad y de toda la península Ibérica. En 2021 hubo más de 3.000 terremotos en sólo ese año. Allí se sitúa la Alhambra, una de las siete maravillas del mundo moderno. Un auténtico símbolo con un fabuloso plan de protección centrado en sus zonas verdes para reducir al mínimo el peligro del fuego. La gestión de la masa forestal y de la llamada infraestructura verde busca evitar que un gran incendio pueda alcanzar el conjunto monumental.
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José María Aguilera
Los Dólmenes de Antequera también están situados en un área donde los terremotos forman parte de los riesgos contemplados en sus planes de protección. Y no se escapa la Catedral de Sevilla. Sólo hay que recordar la caída del antiguo tambor del templo por el movimiento de tierra.
Si en Granada hay terremotos, en Cádiz se apunta siempre a esa posibilidad de tsunami, como aquel inolvidable maremoto de 1755. Tarde o temprano llegará. Ha sido la única ciudad que llevó a cabo un completo simulacro para saber cómo actuar ese día en que llegue la gran ola, implicando a todos los ciudadanos, niños y adultos. Pero no solo se ensayó la evacuación de la población, sino también la protección y traslado de bienes culturales procedentes de archivos, museos y centros patrimoniales.
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Las inundaciones son cada vez más frecuentes con motivo del cambio climático. A las lluvias y tormentas de toda la vida se le unen esos conceptos de nuevo cuño como Dana y gota frío. El tren de borrascas de este año mostró la vulnerabilidad de esas zonas cercanas a la costa o algún canal fluvial. Retablos de madera, esculturas policromadas, pinturas, archivos históricos, textiles u objetos de orfebrería reaccionan de forma muy distinta ante el agua y requieren protocolos específicos de rescate y conservación.
Con motivo de ese cambio climático, las olas de calor, las sequías prolongadas, los episodios de lluvias torrenciales o los incendios forestales cada vez más virulentos están modificando el escenario al que deberá enfrentarse el patrimonio en las próximas décadas.
Pero el principal riesgo no viene de fuera. La amenaza se sitúa en no contar con un plan de salvaguarda que detalle el protocolo de actuación en cada intervención y se trabaje desde el terreno con cursos de formación, preparación y simulacros.
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