Desde que el PSOE cayo en manos de la izquierda caviar -véase el Congreso Extraordinario de 2001- la política de confrontación empezó, primero, con el loco Pacto del Tinell. Primero, aislar e impedir el acceso del PP a posibles gobiernos a cualquier nivel (local, autonómico y estatal), lo que nos llevó a una política de alianzas que terminó en el ‘gobierno Frankestein’ que agoniza de mala manera. El pueblo español no necesita ni muros ni bloques; queremos políticas publicas que resuelvan los problemas de todos y no solo enriquezcan a las elites dirigentes, como Zapatero y sus joyas.Esta semana la dirección del PSdeG -la que me expulsó por denunciar la corrupción del gobierno municipal, recuerden el empleo falso con malversación de la cuñada de Carmela Silva)- ha acertado pactando con el PP un tema tan ideológico y sensible como el uso de la lengua gallega. Entre un modelo que obliga a usar el gallego y que representa el BNG se ha impuesto la defensa de la libertad y la promoción de nuestra lengua.Esta decisión de la dirección socialista en Galicia nos demuestra que es posible acordar y no siempre polarizar. La función primigenia de la política es resolver problemas. La izquierda caviar y sus gobiernos bonitos han conseguido que hoy la mayoría de españoles consideren a las elites políticas como un problema esencial. Así crecieron los extremos políticos: primero la extrema izquierda de Podemos y como consecuencia de las locas políticas en Catalunya y la dejadez de Rajoy, la ‘derechona’ de Vox.Por eso, si queremos resolver los graves problemas de Galicia, España y Europa, necesitamos otra política distinta de la izquierda caviar. Recuperar el consenso entre fuerzas políticas moderadas -como hicimos esta semana en Galicia, es necesario para recuperar una democracia representativa, devaluada por la confrontación y la radicalización. No se puede estar gobernando 8 años y descubrir ahora que hay más de 25.000 desahucios anuales en España. La Ley de vivienda que hicimos con Podemos al frente, es nuestra, no de Rajoy, ni herencia del ‘felipismo’. Desde que el PSOE cayo en manos de la izquierda caviar -véase el Congreso Extraordinario de 2001- la política de confrontación empezó, primero, con el loco Pacto del Tinell. Primero, aislar e impedir el acceso del PP a posibles gobiernos a cualquier nivel (local, autonómico y estatal), lo que nos llevó a una política de alianzas que terminó en el ‘gobierno Frankestein’ que agoniza de mala manera. El pueblo español no necesita ni muros ni bloques; queremos políticas publicas que resuelvan los problemas de todos y no solo enriquezcan a las elites dirigentes, como Zapatero y sus joyas.Esta semana la dirección del PSdeG -la que me expulsó por denunciar la corrupción del gobierno municipal, recuerden el empleo falso con malversación de la cuñada de Carmela Silva)- ha acertado pactando con el PP un tema tan ideológico y sensible como el uso de la lengua gallega. Entre un modelo que obliga a usar el gallego y que representa el BNG se ha impuesto la defensa de la libertad y la promoción de nuestra lengua.Esta decisión de la dirección socialista en Galicia nos demuestra que es posible acordar y no siempre polarizar. La función primigenia de la política es resolver problemas. La izquierda caviar y sus gobiernos bonitos han conseguido que hoy la mayoría de españoles consideren a las elites políticas como un problema esencial. Así crecieron los extremos políticos: primero la extrema izquierda de Podemos y como consecuencia de las locas políticas en Catalunya y la dejadez de Rajoy, la ‘derechona’ de Vox.Por eso, si queremos resolver los graves problemas de Galicia, España y Europa, necesitamos otra política distinta de la izquierda caviar. Recuperar el consenso entre fuerzas políticas moderadas -como hicimos esta semana en Galicia, es necesario para recuperar una democracia representativa, devaluada por la confrontación y la radicalización. No se puede estar gobernando 8 años y descubrir ahora que hay más de 25.000 desahucios anuales en España. La Ley de vivienda que hicimos con Podemos al frente, es nuestra, no de Rajoy, ni herencia del ‘felipismo’.
Desde que el PSOE cayo en manos de la izquierda caviar -véase el Congreso Extraordinario de 2001- la política de confrontación empezó, primero, con el loco Pacto del Tinell. Primero, aislar e impedir el acceso del PP a posibles gobiernos a cualquier nivel (local, autonómico … y estatal), lo que nos llevó a una política de alianzas que terminó en el ‘gobierno Frankestein’ que agoniza de mala manera. El pueblo español no necesita ni muros ni bloques; queremos políticas publicas que resuelvan los problemas de todos y no solo enriquezcan a las elites dirigentes, como Zapatero y sus joyas.
Esta semana la dirección del PSdeG -la que me expulsó por denunciar la corrupción del gobierno municipal, recuerden el empleo falso con malversación de la cuñada de Carmela Silva)- ha acertado pactando con el PP un tema tan ideológico y sensible como el uso de la lengua gallega. Entre un modelo que obliga a usar el gallego y que representa el BNG se ha impuesto la defensa de la libertad y la promoción de nuestra lengua.
Esta decisión de la dirección socialista en Galicia nos demuestra que es posible acordar y no siempre polarizar. La función primigenia de la política es resolver problemas. La izquierda caviar y sus gobiernos bonitos han conseguido que hoy la mayoría de españoles consideren a las elites políticas como un problema esencial. Así crecieron los extremos políticos: primero la extrema izquierda de Podemos y como consecuencia de las locas políticas en Catalunya y la dejadez de Rajoy, la ‘derechona’ de Vox.
Por eso, si queremos resolver los graves problemas de Galicia, España y Europa, necesitamos otra política distinta de la izquierda caviar. Recuperar el consenso entre fuerzas políticas moderadas -como hicimos esta semana en Galicia, es necesario para recuperar una democracia representativa, devaluada por la confrontación y la radicalización. No se puede estar gobernando 8 años y descubrir ahora que hay más de 25.000 desahucios anuales en España. La Ley de vivienda que hicimos con Podemos al frente, es nuestra, no de Rajoy, ni herencia del ‘felipismo’.
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