“Habéis colmado nuestra paciencia. A partir de ahora hay una guerra abierta entre nosotros y vosotros”. Palabras mayores del ministro de Defensa de Pakistán, Khawaja Asif, arrojadas contra el gobierno talibán de Afganistán, a primera hora del viernes, mientras su aviación bombardeaba objetivos en Kabul, Kandahar y Paktia. “Nuestras tropas tienen la capacidad necesaria para aplastar cualquier ambición agresiva”, añadía horas después el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif.
Docenas de muertos en la represalia aérea por el ataque afgano contra soldados pakistaníes, horas antes
“Habéis colmado nuestra paciencia. A partir de ahora hay una guerra abierta entre nosotros y vosotros”. Palabras mayores del ministro de Defensa de Pakistán, Khawaja Asif, arrojadas contra el gobierno talibán de Afganistán, a primera hora del viernes, mientras su aviación bombardeaba objetivos en Kabul, Kandahar y Paktia. “Nuestras tropas tienen la capacidad necesaria para aplastar cualquier ambición agresiva”, añadía horas después el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif.
En menos de una semana ha saltado por los aires el alto el fuego entre Afganistán y Pakistán, negociado en octubre pasado por Qatar y Turquía, tras escaramuzas que dejaron setenta muertos. El balance de los últimos enfrentamientos sería todavía peor, puesto que Pakistán asegura haber matado a 133 afganos y, el autodenominado Emirato Islámico de Afganistán, a “55 soldados pakistaníes”.

El Gobierno paquistaní también informó de 27 puestos afganos destruidos y 9 capturados. Horas antes, el Gobierno talibán había dado por terminada su ofensiva contra Pakistán y aseguró haber matado a 55 soldados paquistaníes, además de haber capturado dos bases y 19 puestos a lo largo de la Línea Durand.
Kabul dio por terminadas a medianoche sus acciones armadas en el lado pakistaní de la frontera, con la supuesta destrucción de dos bases y diecinueve puestos de control, además de la presunta captura de prisioneros entre las fuerzas pakistaníes, “vivos y muerto”, además de “cientos de armas ligeras y pesadas”.
La represalia aérea pakistaní no tiene precedentes de este calibre, aunque el año pasado hubo un ataque quirúrgico contra talibanes pakistaníes en Kabul que alimentó las escaramuzas de octubre.
En esta ocasión, la mecha volvió a prender el pasado fin de semana, cuando la aviación de Pakistán mató “a 17 civiles” -según Kabul- en bombardeos sobre dos provincias fronterizas que -según Islamabad- dan refugio al Movimiento Talibán de Pakistán. Todo ello, después de tres meses de recrudecimiento de la actividad terrorista, no solo en la frontera y en Beluchistán, sino en la misma capital, con sendos atentados con decenas de muertos contra una mezquita chií y un juzgado.

En cualquier caso, el detonante de la última ola de violencia parece haber sido el atentado de TTP con coche bomba en un puesto de control del distrito de Bajaur, que mató a 11 soldados pakistaníes y a un niño.
“Los talibanes se han convertido en un representante de India”, justifica el ministro de Defensa pakistaní, aludiendo a la reapertura de la embajada de India en Kabul y a la visita del ministro de Exteriores talibán a Nueva Delhi, a finales del año pasado, algo hasta hace poco impensable.
El portavoz talibán, Zahibullah Mujahid, ha declarado que el emirato responderá al raid aéreo pakistaní en el momento y en la forma adecuados. No será del mismo modo, puesto que los talibanes carecen de aviones de guerra, mientras que Pakistán presume de escuadrones capaces de mantener a raya a India.
Mujahid volvió a negar que Afganistán dé refugio a militantes pastunes de pasaporte pakistaní. “No les hace falta, controlan grandes extensiones dentro de Pakistán”. También subrayó la incoherencia de que Pakistán les responsabilice de los atentados de Estado Islámico en Jorasán, cuando son el último enemigo -más que rival- que les queda a los talibanes. “Nosotros los hemos barrido de nuestra territorio, mientras que Pakistán los tolera en distritos como Mastung, en Beluchistán”. Este podría ser un dato relevante en caso de guerra en el vecino Irán, dado el carácter furibundamente antichií de Estado Islámico.
Los talibanes fueron ensamblados por la inteligencia de Pakistán a mediados de los noventa y luego fueron protegidos en su propio territorio mientras duró la ocupación de Afganistán por tropas de la OTAN. La segunda entrada de los talibanes en Kabul fue ampliamente celebrada en Pakistán, en la misma medida en que fue temida en India.
Sin embargo, la relación empezó a agriarse tras la defenestración del primer ministro Imran Jan, orquestada por Asim Munir, su antiguo jefe de inteligencia. Hoy Munir es el Jefe de las Fuerzas Armadas de Pakistán más popular en muchos años, mientras que Imran Jan, no menos popular, permanece encarcelado.
Cabe decir, por último, que ni los talibanes ni ningún gobierno afgano ha aceptado jamás como frontera internacinal la Línea Durand, trazada por los británicos para dividir a los pastunes.
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