«Buenos días, queridos y queridas compatriotas». Así arrancó la intervención que Pedro Sánchez dirigió desde el Palacio de la Moncloa para informar sobre la hoja de ruta de España en relación a la guerra en Irán. Todos los titulares se centraron en el ‘No a la guerra’, la recuperación del mantra movilizador de la izquierda, que blandió como bandera interesada. Sin embargo, en el discurso había otros mensajes, que pasaron bajo el radar, y que suponen el desarrollo de una estrategia de largo recorrido en la que están trabajando en el núcleo duro del presidente desde hace meses. Tal como publicó ABC , en el Ejecutivo consideran que su operación de asfixia política a la izquierda está prácticamente culminada y, en paralelo, a la consolidación de esta ofensiva a Sumar —para lograr la hegemonía del espacio— está comenzando a desplegarse una ampliación de márgenes por el centro.Esto se complementa con un, cada vez más explotado, antagonismo con Donald Trump y Benjamín Netanyahu en el errático desarrollo del conflicto. Fuentes gubernamentales reconocen que han visto la oportunidad de explorar un territorio prácticamente ignoto para la izquierda: el de exacerbar el sentimiento patriótico e, incluso, religioso. No es baladí, por tanto, esa apelación a los «compatriotas» del presidente o que, a la mínima ocasión, muestre su «orgullo de ser español». La última, en la carta a la ciudadanía que dirigió este martes con motivo de la regularización extraordinaria de inmigrantes. Hasta ahora, la bandera y la exhibición de los símbolos españoles parecían reservados en exclusiva a la derecha y en la izquierda arrastraban demasiados complejos al respecto. Ahora, Sánchez quiere entrar a jugar en este terreno vedado, consciente de que en la actual coyuntura internacional puede jugar un papel clave como ariete electoral. En el Ejecutivo exhiben la proyección que la postura española está teniendo en otros países —lo que denominan «el modelo español»— y creen que puede tener una entrada transversal en nichos de voto que hasta ahora no eran accesibles. Y esto, porque tienen estudios cualitativos que les apuntan el rechazo mayoritario que despierta entre los españoles la guerra y Donald Trump. Una oposición que es extensible a todos los partidos, incluido el PP.Noticia relacionada general No No Moncloa asume que Ábalos desbarata su plan de marcar la agenda política Ainhoa MartínezTal como ha podido saber este diario, esta línea estratégica se enfoca en generar una pulsión, un sentimiento de «pertenencia» y de «orgullo de ser español» ante el posicionamiento que se está asumiendo en la escena internacional. Algo que se ha mercantilizado bajo el lema «estar en el lado correcto de la historia», pero que en ciencia política tiene una profundidad que excede el manido eslogan. El presidente ya se envolvió en la enseña rojigualda en uno de los mítines centrales de la campaña en Castilla y León en febrero, visibilizando de manera literal el ‘efecto bandera’ que pretende avivar en su enfrentamiento con la administración americana. En comunicación política está estudiado que cuando un país recibe un ataque externo, la ciudadanía suele colocarse mayoritariamente cerrando filas con su líder al percibir ese estado de amenaza. En los últimos meses ha ocurrido en Canadá y Dinamarca, donde sendas andanadas del presidente de EE.UU. han conseguido un efecto rebote en sus electorados. De ahí, que el Ejecutivo exprimiera también el traspié de la portavoz del PP en el Congreso, Ester Muñoz, banalizando la retención a un soldado español en Líbano. «A un soldado español no se le retiene ni se le toca ni un segundo, por eso yo, que sí soy un patriota, convoqué a la encargada de negocios de Israel y le entregué una nota verbal de protesta», dijo el ministro de Exteriores en el Senado.Sánchez se ha puesto —también literalmente— la camiseta de España para hacer suyos los símbolos y reivindicar ese orgullo patrio en cuanto a la buena marcha de la economía. Se percibió con toda claridad en el vídeo que publicó en redes sociales hace días, en el que se enfundaba la elástica de la selección para anunciar un dato récord —ciertamente trucado— de afiliaciones a la Seguridad Social. La maniobra, más allá de tener un afán de reclamar para sí los focos que se dirigen al Tribunal Supremo , en pleno juicio a José Luis Ábalos, volvía a replicar una estética muy trabajada y que no obedece a ninguna ocurrencia. «Patriotismo progresista»«En un mundo incierto, carente de empatía, tengo que decirles que es un orgullo ser español», señaló desde la tribuna del Congreso el día que defendió en una comparecencia monográfica la postura del Gobierno. Una intervención que cerró así: «Quiero terminar dirigiéndome a los españoles para decirles que España no va a ser cómplice de agresiones ilegales ni de mentiras disfrazadas de libertad. No esta vez, no mientras yo sea presidente del Gobierno». En el Gabinete creen que es posible este «patriotismo progresista» que también identifican con una defensa del Estado del bienestar, de los servicios públicos y de la igualdad.Esto, haciéndolo compatible con la defensa de la autonomía y soberanía española, que se visibilizó con el veto al uso de las bases militares de Rota y Morón y con toda una cascada de mensajes en las redes sociales en abierta confrontación a las decisiones de EE.UU. e Israel en la escalada bélica. La estrategia en estas plataformas tiene también un papel decisivo, con declaraciones que son replicadas y confrontadas por ambas potencias y que aumentan su proyección internacional. En este sentido, Sánchez también está jugando la carta de la defensa del catolicismo en el conflicto. En plena Semana Santa, aprovechó que las autoridades de Israel impidieran celebrar el Domingo de Ramos en los lugares santos de Jerusalén para alzar la voz. Reposicionamiento electoral La explotación de este patriotismo busca, a su vez, marcar distancias con los pactos parlamentarios con los partidos independentistas, que han minado la credibilidad del PSOE y que tiene un impacto negativo a nivel electoral a las puertas de unas elecciones en Andalucía, donde se perciben especialmente perjudiciales, y en vísperas del gran proceso municipal y autonómico que los socialistas tendrán que encarar en 2027. De este modo, Sánchez comienza una tarea de compensación ideológica que está por ver si resulta creíble entre el electorado; un electorado que tiene muy reciente en la retina algunas decisiones que comprometen severamente el crédito del Gobierno.El presidente criticó que la decisión se produjera «sin explicación alguna, sin razones ni motivos». «Desde el Gobierno de España condenamos este ataque injustificado a la libertad religiosa y exigimos a Israel que respete la diversidad de credos y el derecho internacional», escribió en su cuenta de X, para terciar que «sin tolerancia es imposible convivir». Sánchez tampoco ha desaprovechado el conflicto entre Trump y el Papa León XIV para salir a defender al Pontífice y complementar su cultivado antagonismo al presidente de EE.UU. con una defensa de los valores católicos. Además, esta estrategia se despliega en la previa de la visita de Robert Prevost a España. ««Quien siembra vientos, recoge tempestades». Mientras algunos siembran el mundo de guerras, León XIV siembra la paz, con valentía y coraje. Será un honor recibirle en España dentro de unas semanas», escribió también en X en pleno viaje oficial a China. «Buenos días, queridos y queridas compatriotas». Así arrancó la intervención que Pedro Sánchez dirigió desde el Palacio de la Moncloa para informar sobre la hoja de ruta de España en relación a la guerra en Irán. Todos los titulares se centraron en el ‘No a la guerra’, la recuperación del mantra movilizador de la izquierda, que blandió como bandera interesada. Sin embargo, en el discurso había otros mensajes, que pasaron bajo el radar, y que suponen el desarrollo de una estrategia de largo recorrido en la que están trabajando en el núcleo duro del presidente desde hace meses. Tal como publicó ABC , en el Ejecutivo consideran que su operación de asfixia política a la izquierda está prácticamente culminada y, en paralelo, a la consolidación de esta ofensiva a Sumar —para lograr la hegemonía del espacio— está comenzando a desplegarse una ampliación de márgenes por el centro.Esto se complementa con un, cada vez más explotado, antagonismo con Donald Trump y Benjamín Netanyahu en el errático desarrollo del conflicto. Fuentes gubernamentales reconocen que han visto la oportunidad de explorar un territorio prácticamente ignoto para la izquierda: el de exacerbar el sentimiento patriótico e, incluso, religioso. No es baladí, por tanto, esa apelación a los «compatriotas» del presidente o que, a la mínima ocasión, muestre su «orgullo de ser español». La última, en la carta a la ciudadanía que dirigió este martes con motivo de la regularización extraordinaria de inmigrantes. Hasta ahora, la bandera y la exhibición de los símbolos españoles parecían reservados en exclusiva a la derecha y en la izquierda arrastraban demasiados complejos al respecto. Ahora, Sánchez quiere entrar a jugar en este terreno vedado, consciente de que en la actual coyuntura internacional puede jugar un papel clave como ariete electoral. En el Ejecutivo exhiben la proyección que la postura española está teniendo en otros países —lo que denominan «el modelo español»— y creen que puede tener una entrada transversal en nichos de voto que hasta ahora no eran accesibles. Y esto, porque tienen estudios cualitativos que les apuntan el rechazo mayoritario que despierta entre los españoles la guerra y Donald Trump. Una oposición que es extensible a todos los partidos, incluido el PP.Noticia relacionada general No No Moncloa asume que Ábalos desbarata su plan de marcar la agenda política Ainhoa MartínezTal como ha podido saber este diario, esta línea estratégica se enfoca en generar una pulsión, un sentimiento de «pertenencia» y de «orgullo de ser español» ante el posicionamiento que se está asumiendo en la escena internacional. Algo que se ha mercantilizado bajo el lema «estar en el lado correcto de la historia», pero que en ciencia política tiene una profundidad que excede el manido eslogan. El presidente ya se envolvió en la enseña rojigualda en uno de los mítines centrales de la campaña en Castilla y León en febrero, visibilizando de manera literal el ‘efecto bandera’ que pretende avivar en su enfrentamiento con la administración americana. En comunicación política está estudiado que cuando un país recibe un ataque externo, la ciudadanía suele colocarse mayoritariamente cerrando filas con su líder al percibir ese estado de amenaza. En los últimos meses ha ocurrido en Canadá y Dinamarca, donde sendas andanadas del presidente de EE.UU. han conseguido un efecto rebote en sus electorados. De ahí, que el Ejecutivo exprimiera también el traspié de la portavoz del PP en el Congreso, Ester Muñoz, banalizando la retención a un soldado español en Líbano. «A un soldado español no se le retiene ni se le toca ni un segundo, por eso yo, que sí soy un patriota, convoqué a la encargada de negocios de Israel y le entregué una nota verbal de protesta», dijo el ministro de Exteriores en el Senado.Sánchez se ha puesto —también literalmente— la camiseta de España para hacer suyos los símbolos y reivindicar ese orgullo patrio en cuanto a la buena marcha de la economía. Se percibió con toda claridad en el vídeo que publicó en redes sociales hace días, en el que se enfundaba la elástica de la selección para anunciar un dato récord —ciertamente trucado— de afiliaciones a la Seguridad Social. La maniobra, más allá de tener un afán de reclamar para sí los focos que se dirigen al Tribunal Supremo , en pleno juicio a José Luis Ábalos, volvía a replicar una estética muy trabajada y que no obedece a ninguna ocurrencia. «Patriotismo progresista»«En un mundo incierto, carente de empatía, tengo que decirles que es un orgullo ser español», señaló desde la tribuna del Congreso el día que defendió en una comparecencia monográfica la postura del Gobierno. Una intervención que cerró así: «Quiero terminar dirigiéndome a los españoles para decirles que España no va a ser cómplice de agresiones ilegales ni de mentiras disfrazadas de libertad. No esta vez, no mientras yo sea presidente del Gobierno». En el Gabinete creen que es posible este «patriotismo progresista» que también identifican con una defensa del Estado del bienestar, de los servicios públicos y de la igualdad.Esto, haciéndolo compatible con la defensa de la autonomía y soberanía española, que se visibilizó con el veto al uso de las bases militares de Rota y Morón y con toda una cascada de mensajes en las redes sociales en abierta confrontación a las decisiones de EE.UU. e Israel en la escalada bélica. La estrategia en estas plataformas tiene también un papel decisivo, con declaraciones que son replicadas y confrontadas por ambas potencias y que aumentan su proyección internacional. En este sentido, Sánchez también está jugando la carta de la defensa del catolicismo en el conflicto. En plena Semana Santa, aprovechó que las autoridades de Israel impidieran celebrar el Domingo de Ramos en los lugares santos de Jerusalén para alzar la voz. Reposicionamiento electoral La explotación de este patriotismo busca, a su vez, marcar distancias con los pactos parlamentarios con los partidos independentistas, que han minado la credibilidad del PSOE y que tiene un impacto negativo a nivel electoral a las puertas de unas elecciones en Andalucía, donde se perciben especialmente perjudiciales, y en vísperas del gran proceso municipal y autonómico que los socialistas tendrán que encarar en 2027. De este modo, Sánchez comienza una tarea de compensación ideológica que está por ver si resulta creíble entre el electorado; un electorado que tiene muy reciente en la retina algunas decisiones que comprometen severamente el crédito del Gobierno.El presidente criticó que la decisión se produjera «sin explicación alguna, sin razones ni motivos». «Desde el Gobierno de España condenamos este ataque injustificado a la libertad religiosa y exigimos a Israel que respete la diversidad de credos y el derecho internacional», escribió en su cuenta de X, para terciar que «sin tolerancia es imposible convivir». Sánchez tampoco ha desaprovechado el conflicto entre Trump y el Papa León XIV para salir a defender al Pontífice y complementar su cultivado antagonismo al presidente de EE.UU. con una defensa de los valores católicos. Además, esta estrategia se despliega en la previa de la visita de Robert Prevost a España. ««Quien siembra vientos, recoge tempestades». Mientras algunos siembran el mundo de guerras, León XIV siembra la paz, con valentía y coraje. Será un honor recibirle en España dentro de unas semanas», escribió también en X en pleno viaje oficial a China.
«Buenos días, queridos y queridas compatriotas». Así arrancó la intervención que Pedro Sánchez dirigió desde el Palacio de la Moncloa para informar sobre la hoja de ruta de España en relación a la guerra en Irán. Todos los titulares se centraron en el ‘No … a la guerra’, la recuperación del mantra movilizador de la izquierda, que blandió como bandera interesada. Sin embargo, en el discurso había otros mensajes, que pasaron bajo el radar, y que suponen el desarrollo de una estrategia de largo recorrido en la que están trabajando en el núcleo duro del presidente desde hace meses. Tal como publicó ABC, en el Ejecutivo consideran que su operación de asfixia política a la izquierda está prácticamente culminada y, en paralelo, a la consolidación de esta ofensiva a Sumar —para lograr la hegemonía del espacio— está comenzando a desplegarse una ampliación de márgenes por el centro.
Esto se complementa con un, cada vez más explotado, antagonismo con Donald Trump y Benjamín Netanyahu en el errático desarrollo del conflicto. Fuentes gubernamentales reconocen que han visto la oportunidad de explorar un territorio prácticamente ignoto para la izquierda: el de exacerbar el sentimiento patriótico e, incluso, religioso. No es baladí, por tanto, esa apelación a los «compatriotas» del presidente o que, a la mínima ocasión, muestre su «orgullo de ser español». La última, en la carta a la ciudadanía que dirigió este martes con motivo de la regularización extraordinaria de inmigrantes.
Hasta ahora, la bandera y la exhibición de los símbolos españoles parecían reservados en exclusiva a la derecha y en la izquierda arrastraban demasiados complejos al respecto. Ahora, Sánchez quiere entrar a jugar en este terreno vedado, consciente de que en la actual coyuntura internacional puede jugar un papel clave como ariete electoral. En el Ejecutivo exhiben la proyección que la postura española está teniendo en otros países —lo que denominan «el modelo español»— y creen que puede tener una entrada transversal en nichos de voto que hasta ahora no eran accesibles. Y esto, porque tienen estudios cualitativos que les apuntan el rechazo mayoritario que despierta entre los españoles la guerra y Donald Trump. Una oposición que es extensible a todos los partidos, incluido el PP.
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Tal como ha podido saber este diario, esta línea estratégica se enfoca en generar una pulsión, un sentimiento de «pertenencia» y de «orgullo de ser español» ante el posicionamiento que se está asumiendo en la escena internacional. Algo que se ha mercantilizado bajo el lema «estar en el lado correcto de la historia», pero que en ciencia política tiene una profundidad que excede el manido eslogan. El presidente ya se envolvió en la enseña rojigualda en uno de los mítines centrales de la campaña en Castilla y León en febrero, visibilizando de manera literal el ‘efecto bandera’ que pretende avivar en su enfrentamiento con la administración americana.
En comunicación política está estudiado que cuando un país recibe un ataque externo, la ciudadanía suele colocarse mayoritariamente cerrando filas con su líder al percibir ese estado de amenaza. En los últimos meses ha ocurrido en Canadá y Dinamarca, donde sendas andanadas del presidente de EE.UU. han conseguido un efecto rebote en sus electorados. De ahí, que el Ejecutivo exprimiera también el traspié de la portavoz del PP en el Congreso, Ester Muñoz, banalizando la retención a un soldado español en Líbano. «A un soldado español no se le retiene ni se le toca ni un segundo, por eso yo, que sí soy un patriota, convoqué a la encargada de negocios de Israel y le entregué una nota verbal de protesta», dijo el ministro de Exteriores en el Senado.
Sánchez se ha puesto —también literalmente— la camiseta de España para hacer suyos los símbolos y reivindicar ese orgullo patrio en cuanto a la buena marcha de la economía. Se percibió con toda claridad en el vídeo que publicó en redes sociales hace días, en el que se enfundaba la elástica de la selección para anunciar un dato récord —ciertamente trucado— de afiliaciones a la Seguridad Social. La maniobra, más allá de tener un afán de reclamar para sí los focos que se dirigen al Tribunal Supremo, en pleno juicio a José Luis Ábalos, volvía a replicar una estética muy trabajada y que no obedece a ninguna ocurrencia.
«Patriotismo progresista»
«En un mundo incierto, carente de empatía, tengo que decirles que es un orgullo ser español», señaló desde la tribuna del Congreso el día que defendió en una comparecencia monográfica la postura del Gobierno. Una intervención que cerró así: «Quiero terminar dirigiéndome a los españoles para decirles que España no va a ser cómplice de agresiones ilegales ni de mentiras disfrazadas de libertad. No esta vez, no mientras yo sea presidente del Gobierno». En el Gabinete creen que es posible este «patriotismo progresista» que también identifican con una defensa del Estado del bienestar, de los servicios públicos y de la igualdad.
Esto, haciéndolo compatible con la defensa de la autonomía y soberanía española, que se visibilizó con el veto al uso de las bases militares de Rota y Morón y con toda una cascada de mensajes en las redes sociales en abierta confrontación a las decisiones de EE.UU. e Israel en la escalada bélica. La estrategia en estas plataformas tiene también un papel decisivo, con declaraciones que son replicadas y confrontadas por ambas potencias y que aumentan su proyección internacional. En este sentido, Sánchez también está jugando la carta de la defensa del catolicismo en el conflicto. En plena Semana Santa, aprovechó que las autoridades de Israel impidieran celebrar el Domingo de Ramos en los lugares santos de Jerusalén para alzar la voz.
Reposicionamiento electoral
La explotación de este patriotismo busca, a su vez, marcar distancias con los pactos parlamentarios con los partidos independentistas, que han minado la credibilidad del PSOE y que tiene un impacto negativo a nivel electoral a las puertas de unas elecciones en Andalucía, donde se perciben especialmente perjudiciales, y en vísperas del gran proceso municipal y autonómico que los socialistas tendrán que encarar en 2027. De este modo, Sánchez comienza una tarea de compensación ideológica que está por ver si resulta creíble entre el electorado; un electorado que tiene muy reciente en la retina algunas decisiones que comprometen severamente el crédito del Gobierno.
El presidente criticó que la decisión se produjera «sin explicación alguna, sin razones ni motivos». «Desde el Gobierno de España condenamos este ataque injustificado a la libertad religiosa y exigimos a Israel que respete la diversidad de credos y el derecho internacional», escribió en su cuenta de X, para terciar que «sin tolerancia es imposible convivir». Sánchez tampoco ha desaprovechado el conflicto entre Trump y el Papa León XIV para salir a defender al Pontífice y complementar su cultivado antagonismo al presidente de EE.UU. con una defensa de los valores católicos. Además, esta estrategia se despliega en la previa de la visita de Robert Prevost a España. ««Quien siembra vientos, recoge tempestades». Mientras algunos siembran el mundo de guerras, León XIV siembra la paz, con valentía y coraje. Será un honor recibirle en España dentro de unas semanas», escribió también en X en pleno viaje oficial a China.
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