Camino de Le Lioran, en pleno Macizo Central, lugar de su última derrota ante Vingegaard en el Tour de 2024, Tadej Pogacar no solo compite contra el presente sino también contra el pasado. Se trata de una decisión premeditada. Necesita engordar su ego el caníbal moderno con victorias que vayan más allá de lo lúdico. La trascendencia del triunfo recae para él en lo simbólico. Una vez consumado su incontestable dominio en la carrera, ya no se trata de ganar, sino de olvidar las derrotas del pasado, desterrando esos pocos malos recuerdos y construyendo otros nuevos y positivos. UAE atiende a los deseos de su líder. “No busco venganza ni nada por el estilo”, aseguró el día antes, pero llegado el momento de la verdad, Pogacar saca el colmillo, agarra a su presa y la zarandea. Cincuenta y cuatro segundos más de ventaja le endosa a un combativo Vingegaard allí donde el danés fue mejor que él por última vez. Pero Pogacar arrebata al de Visma hasta el recuerdo de su última victoria.
El esloveno asesta otro golpe a Vingegaard allí donde el danés le ganó por última vez
Camino de Le Lioran, en pleno Macizo Central, lugar de su última derrota ante Vingegaard en el Tour de 2024, Tadej Pogacar no solo compite contra el presente sino también contra el pasado. Se trata de una decisión premeditada. Necesita engordar su ego el caníbal moderno con victorias que vayan más allá de lo lúdico. La trascendencia del triunfo recae para él en lo simbólico. Una vez consumado su incontestable dominio en la carrera, ya no se trata de ganar, sino de olvidar las derrotas del pasado, desterrando esos pocos malos recuerdos y construyendo otros nuevos y positivos. UAE atiende a los deseos de su líder. “No busco venganza ni nada por el estilo”, aseguró el día antes, pero llegado el momento de la verdad, Pogacar saca el colmillo, agarra a su presa y la zarandea. Cincuenta y cuatro segundos más de ventaja le endosa a un combativo Vingegaard allí donde el danés fue mejor que él por última vez. Pero Pogacar arrebata al de Visma hasta el recuerdo de su última victoria.
Es 14 de julio, día nacional de Francia, y el francés Paul Seixas (Decathlon), sexto de la general, amenaza por primera vez en cabeza del pelotón en el penúltimo de los siete puertos del día, el Col de Pertus, de 1ª categoría (4,4km al 8,5% de desnivel). Se trata de una jornada de media montaña, pero con 3.800 metros de desnivel cualquiera podría asegurar lo contrario. El siempre valiente Richard Carapaz marcha con un minuto de ventaja sobre los favoritos, todavía agrupados, y el terreno se agota. Por delante, un último puerto de tercera categoría (3,1km al 5,8% de desnivel). A falta de dos kilómetros para coronar toma el mando en el pelotón el Visma. Una mueca para recordar a Pogacar que allí tuvo rival en el pasado. Se calienta el esloveno y arranca. Otro ataque con una potencia descomunal. Cuando llega a la cima lo hace en solitario, ha enjugado la distancia con Carapaz y va camino de su vigésimo quinta victoria en el Tour de Francia.
Ya nadie podrá parar al esloveno, pero una de las víctimas de su enésimo atropello masivo es su compañero Del Toro, que pierde terreno con el grupo de Vingegaard. Para muchos, aquí el objetivo no es alcanzar al líder, sino alejar al mexicano, tercero en la general. Evenepoel (4º) se pone manos a la obra en el descenso, pero cuando toca ascender el col de Font de Cére (3ª categoría), el ritmo de Vingegaard, que quiere recordar que ahí él fue el mejor hace dos años, pasa factura al belga. Durante unos instantes Juan Ayuso, a rueda del danés y de Lipowitz, es tercero en la general. Sufre el español en el grupo, pero aguanta y demuestra que su lucha por el podio es un objetivo realista. Pero Evenepoel, un superclase al fin y al cabo, se recupera en la parte final y logra incluso la bonificación de la meta, siendo segundo por detrás de Pogacar.
“Muchos franceses querían ganar hoy. Para mi llevarme esta etapa en un 14 de julio y vestido de amarillo es especial”, dijo el líder del UAE, que en la meta quiso homenajear al maillot amarillo. “En los últimos kilómetros no sabía cual era la ventaja porque no escuchaba nada por la radio. Tenía un poco de duda porque hace dos años apareció Jonas”, reconoce en la meta Pogacar. Pero Vingegaard no es el de hace dos años. El danés llega último del grupo de que lidera Evenepoel, desfondado física y psicológicamente. Le lioran, ni siquiera ya le queda eso al de Visma.
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