Mientras la negociación entre PP y Vox en Extremadura se mantiene paralizada, los contactos en Aragón continúan al más alto nivel y con absoluta discreción. Las fuentes consultadas confirman que las conversaciones están empezando, pero las sensaciones son completamente distintas y apuntan a que terminará habiendo un acuerdo de gobierno. Hay una fecha en el calendario que lo condiciona todo: las elecciones de Castilla y León del 15 de marzo. Antes de ese día será difícil que se conozca un pacto. La intención, sin embargo, pasa por ir avanzando a lo largo de estas semanas «en silencio» y sin que trasciendan detalles de ningún tipo. El presidente aragonés, Jorge Azcón , se ha puesto al frente de la negociación. En Vox, como siempre ha ocurrido, las pilotan desde Bambú de manera centralizada. Azcón tiene una ventaja sobre su compañera extremeña: conoce personalmente a Santiago Abascal desde la etapa que ambos compartieron en Nuevas Generaciones —hace muchos años—, tienen una relación buena, cordial, y hablan de vez en cuando. Al aspecto personal, que en política muchas veces lo cambia todo, se une la propia relación entre los partidos en esta comunidad.PP y Vox compitieron duramente en la campaña electoral y elevaron el tono, sobre todo, en las últimas 48 horas mirando al día de la votación. Pero no hubo enfrentamientos personales ni tampoco, como resumen fuentes populares, «un choque frontal e irreconciliable» como otros dirigentes sí vieron en Extremadura. La orden dada por Azcón es ser «muy discretos» para poder llevar a buen puerto las conversaciones, consciente de que la relación entre ambas formaciones es frágil porque no se circunscribe a Aragón, sino a otras comunidades e incluso a una estrategia nacional.Noticia relacionada general No No Vox suspende de militancia a Javier Ortega Smith de forma temporal Carlos Mullor«Aquí no hay temas personales y los puentes están tendidos», rematan los dirigentes consultados, que evitan a toda costa hacer comparaciones con el resto de autonomías. Pero en el PP sobrevuela una realidad que nadie oculta y que en Vox asumen con total naturalidad: que el caso extremeño se ha complicado mucho, que tiene pocas similitudes posibles y que podría terminar —algunos dirigentes lo ven ya inevitable— en repetición electoral. En Aragón, sin embargo, todas las partes implicadas reconocen que sería muy difícil no encontrar un punto de acuerdo.La clave, una vez más, está en las políticas pactadas y las consejerías que Vox exija . Si en 2023 tenían la mirada puesta en las carteras del campo —con especial interés por la agricultura, la ganadería y por revertir políticas verdes— en este nuevo ciclo electoral Vox está poniendo el foco en los asuntos de la seguridad y la inmigración (las competencias, en todo caso, son limitadas) y también en asuntos presupuestarios. También lo pusieron encima de la mesa en Extremadura.Azcón reporta también a Génova los pasos que va dando y las decisiones que toma, pero no hay intervención de ningún tipo en sus negociaciones. Alberto Núñez Feijóo siempre ha dado autonomía a sus barones para hacer y deshacer en los territorios, en coherencia con su propia trayectoria como presidente de la Xunta. La crisis extremeña, sin embargo, ha llegado al límite. Y por eso la dirección nacional decidió hace días lanzar un recado en público —«sobra ruido y falta trabajo serio»— en clara alusión a Guardiola. En el entorno de la presidenta extremeña no gustó nada la advertencia, pero otros dirigentes autonómicos también reconocieron su sorpresa por el toque de atención de Génova . Entendían, según explican a este periódico, que esos mensajes se dan de puertas hacia dentro, y que no ayuda en ningún caso a Guardiola. En las últimas semanas la realidad es que el malestar mutuo entre la dirección popular y la extremeña ha ido a más.Noticia relacionada No No La tensión entre PP y Vox aboca a una reunión entre Feijóo y Abascal para desbloquear los pactos Paloma EstebanPor el enconamiento en esa comunidad y para limar asperezas de cara a las negociaciones en curso y las que estén por venir —Castilla y León— muchos dirigentes consideran que los líderes de PP y Vox deberían enviar un mensaje de entendimiento. Que Feijóo y Abascal tuvieran algún contacto , dieran muestras de una mínima interlocución, y enviar el mensaje a los electores de la derecha de que habrá acuerdos de gobernabilidad, más aún si la suma de electores que dejan las urnas arrojan mayorías del sesenta por ciento como está ocurriendo.Feijóo ya inauguró esa nueva estrategia hace casi dos semanas cuando, ante la plana mayor de su partido, recalcó que el único camino posible pasa por el entendimiento. A partir de ahí en el PP han cambiado el paso y solo hablan de pactos con Vox, rechazando la idea de que no vayan a gobernar en coalición y negociar hasta el final. El líder del PP también quería presionar a su rival por la derecha , consciente de que está evitando sentarse a negociar y dilata los acuerdos porque le beneficia electoralmente.Hay un miedo recurrente entre dirigentes del PP y es que realmente se proyecte la idea de que los dos partidos de la derecha son incapaces de entenderse o, dicen, «peor aún»: que su destino sea el mismo que han vivido las formaciones de la izquierda, sobre todo PSOE y Podemos, en el Gobierno. Es la tesis que también manejan dentro del Ejecutivo, y por eso en el PP hay dirigentes que acusan a Pedro Sánchez de estar «engordando» a Vox para hacer daño a su partido: que los de Abascal sigan creciendo y le pongan las cosas muy difíciles a Feijóo.En la campaña de Aragón se vio claramente con el impacto de la regularización masiva de inmigrantes que la Moncloa lanzó pocos días antes de votar. Esa decisión infló a Vox, como constató el PP aragonés, y también tendrá sus efectos en Castilla y León. Mientras la negociación entre PP y Vox en Extremadura se mantiene paralizada, los contactos en Aragón continúan al más alto nivel y con absoluta discreción. Las fuentes consultadas confirman que las conversaciones están empezando, pero las sensaciones son completamente distintas y apuntan a que terminará habiendo un acuerdo de gobierno. Hay una fecha en el calendario que lo condiciona todo: las elecciones de Castilla y León del 15 de marzo. Antes de ese día será difícil que se conozca un pacto. La intención, sin embargo, pasa por ir avanzando a lo largo de estas semanas «en silencio» y sin que trasciendan detalles de ningún tipo. El presidente aragonés, Jorge Azcón , se ha puesto al frente de la negociación. En Vox, como siempre ha ocurrido, las pilotan desde Bambú de manera centralizada. Azcón tiene una ventaja sobre su compañera extremeña: conoce personalmente a Santiago Abascal desde la etapa que ambos compartieron en Nuevas Generaciones —hace muchos años—, tienen una relación buena, cordial, y hablan de vez en cuando. Al aspecto personal, que en política muchas veces lo cambia todo, se une la propia relación entre los partidos en esta comunidad.PP y Vox compitieron duramente en la campaña electoral y elevaron el tono, sobre todo, en las últimas 48 horas mirando al día de la votación. Pero no hubo enfrentamientos personales ni tampoco, como resumen fuentes populares, «un choque frontal e irreconciliable» como otros dirigentes sí vieron en Extremadura. La orden dada por Azcón es ser «muy discretos» para poder llevar a buen puerto las conversaciones, consciente de que la relación entre ambas formaciones es frágil porque no se circunscribe a Aragón, sino a otras comunidades e incluso a una estrategia nacional.Noticia relacionada general No No Vox suspende de militancia a Javier Ortega Smith de forma temporal Carlos Mullor«Aquí no hay temas personales y los puentes están tendidos», rematan los dirigentes consultados, que evitan a toda costa hacer comparaciones con el resto de autonomías. Pero en el PP sobrevuela una realidad que nadie oculta y que en Vox asumen con total naturalidad: que el caso extremeño se ha complicado mucho, que tiene pocas similitudes posibles y que podría terminar —algunos dirigentes lo ven ya inevitable— en repetición electoral. En Aragón, sin embargo, todas las partes implicadas reconocen que sería muy difícil no encontrar un punto de acuerdo.La clave, una vez más, está en las políticas pactadas y las consejerías que Vox exija . Si en 2023 tenían la mirada puesta en las carteras del campo —con especial interés por la agricultura, la ganadería y por revertir políticas verdes— en este nuevo ciclo electoral Vox está poniendo el foco en los asuntos de la seguridad y la inmigración (las competencias, en todo caso, son limitadas) y también en asuntos presupuestarios. También lo pusieron encima de la mesa en Extremadura.Azcón reporta también a Génova los pasos que va dando y las decisiones que toma, pero no hay intervención de ningún tipo en sus negociaciones. Alberto Núñez Feijóo siempre ha dado autonomía a sus barones para hacer y deshacer en los territorios, en coherencia con su propia trayectoria como presidente de la Xunta. La crisis extremeña, sin embargo, ha llegado al límite. Y por eso la dirección nacional decidió hace días lanzar un recado en público —«sobra ruido y falta trabajo serio»— en clara alusión a Guardiola. En el entorno de la presidenta extremeña no gustó nada la advertencia, pero otros dirigentes autonómicos también reconocieron su sorpresa por el toque de atención de Génova . Entendían, según explican a este periódico, que esos mensajes se dan de puertas hacia dentro, y que no ayuda en ningún caso a Guardiola. En las últimas semanas la realidad es que el malestar mutuo entre la dirección popular y la extremeña ha ido a más.Noticia relacionada No No La tensión entre PP y Vox aboca a una reunión entre Feijóo y Abascal para desbloquear los pactos Paloma EstebanPor el enconamiento en esa comunidad y para limar asperezas de cara a las negociaciones en curso y las que estén por venir —Castilla y León— muchos dirigentes consideran que los líderes de PP y Vox deberían enviar un mensaje de entendimiento. Que Feijóo y Abascal tuvieran algún contacto , dieran muestras de una mínima interlocución, y enviar el mensaje a los electores de la derecha de que habrá acuerdos de gobernabilidad, más aún si la suma de electores que dejan las urnas arrojan mayorías del sesenta por ciento como está ocurriendo.Feijóo ya inauguró esa nueva estrategia hace casi dos semanas cuando, ante la plana mayor de su partido, recalcó que el único camino posible pasa por el entendimiento. A partir de ahí en el PP han cambiado el paso y solo hablan de pactos con Vox, rechazando la idea de que no vayan a gobernar en coalición y negociar hasta el final. El líder del PP también quería presionar a su rival por la derecha , consciente de que está evitando sentarse a negociar y dilata los acuerdos porque le beneficia electoralmente.Hay un miedo recurrente entre dirigentes del PP y es que realmente se proyecte la idea de que los dos partidos de la derecha son incapaces de entenderse o, dicen, «peor aún»: que su destino sea el mismo que han vivido las formaciones de la izquierda, sobre todo PSOE y Podemos, en el Gobierno. Es la tesis que también manejan dentro del Ejecutivo, y por eso en el PP hay dirigentes que acusan a Pedro Sánchez de estar «engordando» a Vox para hacer daño a su partido: que los de Abascal sigan creciendo y le pongan las cosas muy difíciles a Feijóo.En la campaña de Aragón se vio claramente con el impacto de la regularización masiva de inmigrantes que la Moncloa lanzó pocos días antes de votar. Esa decisión infló a Vox, como constató el PP aragonés, y también tendrá sus efectos en Castilla y León.
Mientras la negociación entre PP y Vox en Extremadura se mantiene paralizada, los contactos en Aragón continúan al más alto nivel y con absoluta discreción. Las fuentes consultadas confirman que las conversaciones están empezando, pero las sensaciones son completamente distintas y apuntan a que terminará … habiendo un acuerdo de gobierno. Hay una fecha en el calendario que lo condiciona todo: las elecciones de Castilla y León del 15 de marzo. Antes de ese día será difícil que se conozca un pacto.
La intención, sin embargo, pasa por ir avanzando a lo largo de estas semanas «en silencio» y sin que trasciendan detalles de ningún tipo. El presidente aragonés, Jorge Azcón, se ha puesto al frente de la negociación. En Vox, como siempre ha ocurrido, las pilotan desde Bambú de manera centralizada. Azcón tiene una ventaja sobre su compañera extremeña: conoce personalmente a Santiago Abascal desde la etapa que ambos compartieron en Nuevas Generaciones —hace muchos años—, tienen una relación buena, cordial, y hablan de vez en cuando. Al aspecto personal, que en política muchas veces lo cambia todo, se une la propia relación entre los partidos en esta comunidad.
PP y Vox compitieron duramente en la campaña electoral y elevaron el tono, sobre todo, en las últimas 48 horas mirando al día de la votación. Pero no hubo enfrentamientos personales ni tampoco, como resumen fuentes populares, «un choque frontal e irreconciliable» como otros dirigentes sí vieron en Extremadura. La orden dada por Azcón es ser «muy discretos» para poder llevar a buen puerto las conversaciones, consciente de que la relación entre ambas formaciones es frágil porque no se circunscribe a Aragón, sino a otras comunidades e incluso a una estrategia nacional.
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«Aquí no hay temas personales y los puentes están tendidos», rematan los dirigentes consultados, que evitan a toda costa hacer comparaciones con el resto de autonomías. Pero en el PP sobrevuela una realidad que nadie oculta y que en Vox asumen con total naturalidad: que el caso extremeño se ha complicado mucho, que tiene pocas similitudes posibles y que podría terminar —algunos dirigentes lo ven ya inevitable— en repetición electoral. En Aragón, sin embargo, todas las partes implicadas reconocen que sería muy difícil no encontrar un punto de acuerdo.
La clave, una vez más, está en las políticas pactadas y las consejerías que Vox exija. Si en 2023 tenían la mirada puesta en las carteras del campo —con especial interés por la agricultura, la ganadería y por revertir políticas verdes— en este nuevo ciclo electoral Vox está poniendo el foco en los asuntos de la seguridad y la inmigración (las competencias, en todo caso, son limitadas) y también en asuntos presupuestarios. También lo pusieron encima de la mesa en Extremadura.
Azcón reporta también a Génova los pasos que va dando y las decisiones que toma, pero no hay intervención de ningún tipo en sus negociaciones. Alberto Núñez Feijóo siempre ha dado autonomía a sus barones para hacer y deshacer en los territorios, en coherencia con su propia trayectoria como presidente de la Xunta.
La crisis extremeña, sin embargo, ha llegado al límite. Y por eso la dirección nacional decidió hace días lanzar un recado en público —«sobra ruido y falta trabajo serio»— en clara alusión a Guardiola. En el entorno de la presidenta extremeña no gustó nada la advertencia, pero otros dirigentes autonómicos también reconocieron su sorpresa por el toque de atención de Génova. Entendían, según explican a este periódico, que esos mensajes se dan de puertas hacia dentro, y que no ayuda en ningún caso a Guardiola. En las últimas semanas la realidad es que el malestar mutuo entre la dirección popular y la extremeña ha ido a más.
Por el enconamiento en esa comunidad y para limar asperezas de cara a las negociaciones en curso y las que estén por venir —Castilla y León— muchos dirigentes consideran que los líderes de PP y Vox deberían enviar un mensaje de entendimiento. Que Feijóo y Abascal tuvieran algún contacto, dieran muestras de una mínima interlocución, y enviar el mensaje a los electores de la derecha de que habrá acuerdos de gobernabilidad, más aún si la suma de electores que dejan las urnas arrojan mayorías del sesenta por ciento como está ocurriendo.
Feijóo ya inauguró esa nueva estrategia hace casi dos semanas cuando, ante la plana mayor de su partido, recalcó que el único camino posible pasa por el entendimiento. A partir de ahí en el PP han cambiado el paso y solo hablan de pactos con Vox, rechazando la idea de que no vayan a gobernar en coalición y negociar hasta el final. El líder del PP también quería presionar a su rival por la derecha, consciente de que está evitando sentarse a negociar y dilata los acuerdos porque le beneficia electoralmente.
Hay un miedo recurrente entre dirigentes del PP y es que realmente se proyecte la idea de que los dos partidos de la derecha son incapaces de entenderse o, dicen, «peor aún»: que su destino sea el mismo que han vivido las formaciones de la izquierda, sobre todo PSOE y Podemos, en el Gobierno. Es la tesis que también manejan dentro del Ejecutivo, y por eso en el PP hay dirigentes que acusan a Pedro Sánchez de estar «engordando» a Vox para hacer daño a su partido: que los de Abascal sigan creciendo y le pongan las cosas muy difíciles a Feijóo.
En la campaña de Aragón se vio claramente con el impacto de la regularización masiva de inmigrantes que la Moncloa lanzó pocos días antes de votar. Esa decisión infló a Vox, como constató el PP aragonés, y también tendrá sus efectos en Castilla y León.
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