Varios menores ingresados en el hospital de Málaga por una misma sintomatología trasladaban la alarma, del universo virtual al mundo real. Estos adolescentes tenían que ser atendidos tras la ingesta masiva de paracetamol, el medicamento analgésico para tratar los dolores leves o moderados. Los sanitarios indagaban y detectaban que esta ‘imposible’ casualidad respondía a la realización de un reto: los pacientes habían ingerido estas pastillas con motivo de un desafío, difundido en las redes sociales, y con apuestas como ¿quién aguantaba más? o cuál de ellos necesitaría de más días de hospitalización. En el argot de la juventud digital, el neologismo es reconocible: se trataba de un reto viral.Éste mismo terminaba con otro menor en Urgencias la pasada semana en Córdoba , pues el paracetamol en altas dosis provoca intoxicación (vómitos, dolores estomacales…) que puede desembocar en la muerte. Y de la ciudad califal a Huelva, donde tres alumnos sufrían lesiones, fracturas y contusiones, tras participar en el ‘Superman Challenge’: otro reto viral.Ese ‘salto’ de dimensión ha permitido que aflore un conflicto que preocupa realmente a la comunidad educativa, a los sanitarios, y por extensión a las familias. Los nuevos tiempos traen nuevas amenazas, más bien nuevas formas. Esa pregunta tan infantil, tan inmadura, ese ‘¿a que no te atreves?’, se expande con las actuales tecnologías y resulta mucho más difícil de controlar.Tipos de retosEl análisis comparativo es insuficiente al no haber parámetros con los que relacionar, pero los actuales estudios (sobre el terreno, con cuestionarios y entrevistas), determinan que un 25% de los adolescentes, uno de cada cuatro, reconoce haber participado en un reto viral. Que puede ser un baile, una broma inocente, o una conducta nociva para la salud. Esta última ya incluye a un 8% de estos jóvenes, normalmente de entre 11 y 14 años de edad, y aquí es donde está el verdadero peligro.El estudio nacional del doctor Joaquín González-Cabrera evidencia que los retos virales más frecuentes son los sociales (80,3%), seguidos de los solidarios (20,6%), si bien cabe destacar la incidencia de los peligrosos (el citado 8%).La tendencia es al alza y viene condicionada por esa necesidad de popularidad del adolescente, que antepone ese deseo de notoriedad, reconocimiento o prestigio al posible riesgo. Aquí no ha cambiado nada desde el principio de los tiempos. Explota con la difusión, y los profesionales señalan a los actuales líderes de estos menores: los ‘streamers’, ‘influencers’, ‘gamers’, que no son más que aquellos que alcanzaron esa cima de aceptación. El 60% de los jóvenes afirma que de mayores quieren ser como ellos, como Ibai Llanos, DJ Mario, Rubius o Auronplay.El objetivo de los adolescentes es lograr que sus vídeos se viralicen, que se compartan en la red y alcancen un buen volumen de ‘me gustas’, comentarios y visualizaciones (la dictadura del ‘like’). Para ello hay que ser único (original), osado (más bien temerario) y veloz , porque estas reproducciones se disparan en cuestión de minutos y pierden el efecto gaseosa en apenas una o dos semanas. Sin pensar, sin reflexionar.Los expertos aseguran que apenas hay diferencias ni entre comunidades (es similar del norte a sur del país y común en el mundo occidental) ni entre géneros. Ellos y ellas se entregan a los retos, aunque pueden ser diferentes: los chicos más fuertes y agresivos, las chicas más relacionadas con la belleza y la estética. Todos pueden ser peligrosos, mientras que los solidarios se comparten menos, por lo que se gripa el motor que los mueve.Algunos de los más famosos retos viralesEl reto del paracetamol: Se trata de ingerir este medicamento para ver quién aguanta más o quién necesita más tiempo de hospitalización para recuperarse. Este fármaco es tóxico cuando se consume en altas dosis, provocando vómitos y problemas estomacales, y hasta fallos hepáticos e incluso la muerte. Se han detectado casos en Córdoba y Málaga. Superman Challenge: El protagonista se lanza imitando al superhéroe y es agarrado por sus compañeros, si bien en ocasiones estos lo dejan caer o lo impulsan hacia otro lugar. Tres jóvenes fueron ingresados en Huelva por este motivo. Roundabout of death (carrusel de la muerte). El participante se sube en este columpio, impulsado por sus compañeros con todas sus fuerzas hasta que sale despedido. Provoca fuertes contusiones y lesiones graves. Blackout Challenge: Incita a las personas a privarse de oxígeno intencionadamente para provocarse un desmayo momentáneo Skull Breaker Challenge (Desafío Rompecráneos) Dos personas invitan a saltar a una tercera que se pone en medio. En el aire, la empujan para hacerla tropezar, para que caiga de espaldas, provocando graves riesgos de lesiones. Desaparecido: Salir de casa sin avisar a nadie y desaparecer durante 48 horas, sin dejar rastro ni comunicarse con nadie en estos dos días La dieta de las princesas Disney: Un reto sobre todo para las niñas. Se proponen bajar 15 kilos en 10 días eligiendo a una princesa Disney. Blancanieves sólo come manzanas rojas, Pocahontas se nutre con alimentos crudos y la Bella sólo toma té. La inercia creciente parece imposible de frenar, no ya doblegar. El problema se ha detectado si bien su resolución, aunque existe un amplio consenso, es sumamente compleja y requiere de esfuerzo y tiempo. Por un lado, cada vez se exige más a las plataformas que dan soporte a estos juegos macabros (Tik Tok, Youtube e Instagram son las más reconocidas). Estas multinacionales aseguran que trabajan para impedir este fenómeno, pero obliga a una gran inversión de rastreo que además desembocaría en la pérdida de clientes. Gastar más para ganar menos, ‘sólo’ por ética, no es un buen catalizador para estos imperios empresariales.Las administraciones actúan especialmente en la edad de acceso a estas plataformas, con prohibición para menores de 16 años, si bien faltan herramientas para implementar estas leyes, superadas por la facilidad para manipular la edad en internet.Por su parte, la comunidad educativa hace especial incidencia en la formación como el mejor escudo para la prevención. Va dirigida a docentes, a jóvenes y también a las familias, para intentar coser esa brecha generacional por donde sangra profusamente la hemorragia.Responsabilidad ética, legalidad y formación son las vías para que la sociedad afronte con garantías este problema que se ha viralizado entre jóvenes y adolescentes. Un nuevo reto en que la tecnología ha evolucionado a un ritmo tan elevado que ha dejado a los menores fuera de control . Varios menores ingresados en el hospital de Málaga por una misma sintomatología trasladaban la alarma, del universo virtual al mundo real. Estos adolescentes tenían que ser atendidos tras la ingesta masiva de paracetamol, el medicamento analgésico para tratar los dolores leves o moderados. Los sanitarios indagaban y detectaban que esta ‘imposible’ casualidad respondía a la realización de un reto: los pacientes habían ingerido estas pastillas con motivo de un desafío, difundido en las redes sociales, y con apuestas como ¿quién aguantaba más? o cuál de ellos necesitaría de más días de hospitalización. En el argot de la juventud digital, el neologismo es reconocible: se trataba de un reto viral.Éste mismo terminaba con otro menor en Urgencias la pasada semana en Córdoba , pues el paracetamol en altas dosis provoca intoxicación (vómitos, dolores estomacales…) que puede desembocar en la muerte. Y de la ciudad califal a Huelva, donde tres alumnos sufrían lesiones, fracturas y contusiones, tras participar en el ‘Superman Challenge’: otro reto viral.Ese ‘salto’ de dimensión ha permitido que aflore un conflicto que preocupa realmente a la comunidad educativa, a los sanitarios, y por extensión a las familias. Los nuevos tiempos traen nuevas amenazas, más bien nuevas formas. Esa pregunta tan infantil, tan inmadura, ese ‘¿a que no te atreves?’, se expande con las actuales tecnologías y resulta mucho más difícil de controlar.Tipos de retosEl análisis comparativo es insuficiente al no haber parámetros con los que relacionar, pero los actuales estudios (sobre el terreno, con cuestionarios y entrevistas), determinan que un 25% de los adolescentes, uno de cada cuatro, reconoce haber participado en un reto viral. Que puede ser un baile, una broma inocente, o una conducta nociva para la salud. Esta última ya incluye a un 8% de estos jóvenes, normalmente de entre 11 y 14 años de edad, y aquí es donde está el verdadero peligro.El estudio nacional del doctor Joaquín González-Cabrera evidencia que los retos virales más frecuentes son los sociales (80,3%), seguidos de los solidarios (20,6%), si bien cabe destacar la incidencia de los peligrosos (el citado 8%).La tendencia es al alza y viene condicionada por esa necesidad de popularidad del adolescente, que antepone ese deseo de notoriedad, reconocimiento o prestigio al posible riesgo. Aquí no ha cambiado nada desde el principio de los tiempos. Explota con la difusión, y los profesionales señalan a los actuales líderes de estos menores: los ‘streamers’, ‘influencers’, ‘gamers’, que no son más que aquellos que alcanzaron esa cima de aceptación. El 60% de los jóvenes afirma que de mayores quieren ser como ellos, como Ibai Llanos, DJ Mario, Rubius o Auronplay.El objetivo de los adolescentes es lograr que sus vídeos se viralicen, que se compartan en la red y alcancen un buen volumen de ‘me gustas’, comentarios y visualizaciones (la dictadura del ‘like’). Para ello hay que ser único (original), osado (más bien temerario) y veloz , porque estas reproducciones se disparan en cuestión de minutos y pierden el efecto gaseosa en apenas una o dos semanas. Sin pensar, sin reflexionar.Los expertos aseguran que apenas hay diferencias ni entre comunidades (es similar del norte a sur del país y común en el mundo occidental) ni entre géneros. Ellos y ellas se entregan a los retos, aunque pueden ser diferentes: los chicos más fuertes y agresivos, las chicas más relacionadas con la belleza y la estética. Todos pueden ser peligrosos, mientras que los solidarios se comparten menos, por lo que se gripa el motor que los mueve.Algunos de los más famosos retos viralesEl reto del paracetamol: Se trata de ingerir este medicamento para ver quién aguanta más o quién necesita más tiempo de hospitalización para recuperarse. Este fármaco es tóxico cuando se consume en altas dosis, provocando vómitos y problemas estomacales, y hasta fallos hepáticos e incluso la muerte. Se han detectado casos en Córdoba y Málaga. Superman Challenge: El protagonista se lanza imitando al superhéroe y es agarrado por sus compañeros, si bien en ocasiones estos lo dejan caer o lo impulsan hacia otro lugar. Tres jóvenes fueron ingresados en Huelva por este motivo. Roundabout of death (carrusel de la muerte). El participante se sube en este columpio, impulsado por sus compañeros con todas sus fuerzas hasta que sale despedido. Provoca fuertes contusiones y lesiones graves. Blackout Challenge: Incita a las personas a privarse de oxígeno intencionadamente para provocarse un desmayo momentáneo Skull Breaker Challenge (Desafío Rompecráneos) Dos personas invitan a saltar a una tercera que se pone en medio. En el aire, la empujan para hacerla tropezar, para que caiga de espaldas, provocando graves riesgos de lesiones. Desaparecido: Salir de casa sin avisar a nadie y desaparecer durante 48 horas, sin dejar rastro ni comunicarse con nadie en estos dos días La dieta de las princesas Disney: Un reto sobre todo para las niñas. Se proponen bajar 15 kilos en 10 días eligiendo a una princesa Disney. Blancanieves sólo come manzanas rojas, Pocahontas se nutre con alimentos crudos y la Bella sólo toma té. La inercia creciente parece imposible de frenar, no ya doblegar. El problema se ha detectado si bien su resolución, aunque existe un amplio consenso, es sumamente compleja y requiere de esfuerzo y tiempo. Por un lado, cada vez se exige más a las plataformas que dan soporte a estos juegos macabros (Tik Tok, Youtube e Instagram son las más reconocidas). Estas multinacionales aseguran que trabajan para impedir este fenómeno, pero obliga a una gran inversión de rastreo que además desembocaría en la pérdida de clientes. Gastar más para ganar menos, ‘sólo’ por ética, no es un buen catalizador para estos imperios empresariales.Las administraciones actúan especialmente en la edad de acceso a estas plataformas, con prohibición para menores de 16 años, si bien faltan herramientas para implementar estas leyes, superadas por la facilidad para manipular la edad en internet.Por su parte, la comunidad educativa hace especial incidencia en la formación como el mejor escudo para la prevención. Va dirigida a docentes, a jóvenes y también a las familias, para intentar coser esa brecha generacional por donde sangra profusamente la hemorragia.Responsabilidad ética, legalidad y formación son las vías para que la sociedad afronte con garantías este problema que se ha viralizado entre jóvenes y adolescentes. Un nuevo reto en que la tecnología ha evolucionado a un ritmo tan elevado que ha dejado a los menores fuera de control .
Varios menores ingresados en el hospital de Málaga por una misma sintomatología trasladaban la alarma, del universo virtual al mundo real. Estos adolescentes tenían que ser atendidos tras la ingesta masiva de paracetamol, el medicamento analgésico para tratar los dolores … leves o moderados. Los sanitarios indagaban y detectaban que esta ‘imposible’ casualidad respondía a la realización de un reto: los pacientes habían ingerido estas pastillas con motivo de un desafío, difundido en las redes sociales, y con apuestas como ¿quién aguantaba más? o cuál de ellos necesitaría de más días de hospitalización. En el argot de la juventud digital, el neologismo es reconocible: se trataba de un reto viral.
Éste mismo terminaba con otro menor en Urgencias la pasada semana en Córdoba, pues el paracetamol en altas dosis provoca intoxicación (vómitos, dolores estomacales…) que puede desembocar en la muerte. Y de la ciudad califal a Huelva, donde tres alumnos sufrían lesiones, fracturas y contusiones, tras participar en el ‘Superman Challenge’: otro reto viral.
Ese ‘salto’ de dimensión ha permitido que aflore un conflicto que preocupa realmente a la comunidad educativa, a los sanitarios, y por extensión a las familias. Los nuevos tiempos traen nuevas amenazas, más bien nuevas formas. Esa pregunta tan infantil, tan inmadura, ese ‘¿a que no te atreves?’, se expande con las actuales tecnologías y resulta mucho más difícil de controlar.
Tipos de retos
El análisis comparativo es insuficiente al no haber parámetros con los que relacionar, pero los actuales estudios (sobre el terreno, con cuestionarios y entrevistas), determinan que un 25% de los adolescentes, uno de cada cuatro, reconoce haber participado en un reto viral. Que puede ser un baile, una broma inocente, o una conducta nociva para la salud. Esta última ya incluye a un 8% de estos jóvenes, normalmente de entre 11 y 14 años de edad, y aquí es donde está el verdadero peligro.
El estudio nacional del doctor Joaquín González-Cabrera evidencia que los retos virales más frecuentes son los sociales (80,3%), seguidos de los solidarios (20,6%), si bien cabe destacar la incidencia de los peligrosos (el citado 8%).
La tendencia es al alza y viene condicionada por esa necesidad de popularidad del adolescente, que antepone ese deseo de notoriedad, reconocimiento o prestigio al posible riesgo. Aquí no ha cambiado nada desde el principio de los tiempos. Explota con la difusión, y los profesionales señalan a los actuales líderes de estos menores: los ‘streamers’, ‘influencers’, ‘gamers’, que no son más que aquellos que alcanzaron esa cima de aceptación. El 60% de los jóvenes afirma que de mayores quieren ser como ellos, como Ibai Llanos, DJ Mario, Rubius o Auronplay.
El objetivo de los adolescentes es lograr que sus vídeos se viralicen, que se compartan en la red y alcancen un buen volumen de ‘me gustas’, comentarios y visualizaciones (la dictadura del ‘like’). Para ello hay que ser único (original), osado (más bien temerario) y veloz, porque estas reproducciones se disparan en cuestión de minutos y pierden el efecto gaseosa en apenas una o dos semanas. Sin pensar, sin reflexionar.
Los expertos aseguran que apenas hay diferencias ni entre comunidades (es similar del norte a sur del país y común en el mundo occidental) ni entre géneros. Ellos y ellas se entregan a los retos, aunque pueden ser diferentes: los chicos más fuertes y agresivos, las chicas más relacionadas con la belleza y la estética. Todos pueden ser peligrosos, mientras que los solidarios se comparten menos, por lo que se gripa el motor que los mueve.
Algunos de los más famosos retos virales
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El reto del paracetamol: Se trata de ingerir este medicamento para ver quién aguanta más o quién necesita más tiempo de hospitalización para recuperarse. Este fármaco es tóxico cuando se consume en altas dosis, provocando vómitos y problemas estomacales, y hasta fallos hepáticos e incluso la muerte. Se han detectado casos en Córdoba y Málaga.
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Superman Challenge: El protagonista se lanza imitando al superhéroe y es agarrado por sus compañeros, si bien en ocasiones estos lo dejan caer o lo impulsan hacia otro lugar. Tres jóvenes fueron ingresados en Huelva por este motivo.
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Roundabout of death (carrusel de la muerte). El participante se sube en este columpio, impulsado por sus compañeros con todas sus fuerzas hasta que sale despedido. Provoca fuertes contusiones y lesiones graves.
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Blackout Challenge: Incita a las personas a privarse de oxígeno intencionadamente para provocarse un desmayo momentáneo
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Skull Breaker Challenge (Desafío Rompecráneos) Dos personas invitan a saltar a una tercera que se pone en medio. En el aire, la empujan para hacerla tropezar, para que caiga de espaldas, provocando graves riesgos de lesiones.
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Desaparecido: Salir de casa sin avisar a nadie y desaparecer durante 48 horas, sin dejar rastro ni comunicarse con nadie en estos dos días
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La dieta de las princesas Disney: Un reto sobre todo para las niñas. Se proponen bajar 15 kilos en 10 días eligiendo a una princesa Disney. Blancanieves sólo come manzanas rojas, Pocahontas se nutre con alimentos crudos y la Bella sólo toma té.
La inercia creciente parece imposible de frenar, no ya doblegar. El problema se ha detectado si bien su resolución, aunque existe un amplio consenso, es sumamente compleja y requiere de esfuerzo y tiempo. Por un lado, cada vez se exige más a las plataformas que dan soporte a estos juegos macabros (Tik Tok, Youtube e Instagram son las más reconocidas). Estas multinacionales aseguran que trabajan para impedir este fenómeno, pero obliga a una gran inversión de rastreo que además desembocaría en la pérdida de clientes. Gastar más para ganar menos, ‘sólo’ por ética, no es un buen catalizador para estos imperios empresariales.
Las administraciones actúan especialmente en la edad de acceso a estas plataformas, con prohibición para menores de 16 años, si bien faltan herramientas para implementar estas leyes, superadas por la facilidad para manipular la edad en internet.
Por su parte, la comunidad educativa hace especial incidencia en la formación como el mejor escudo para la prevención. Va dirigida a docentes, a jóvenes y también a las familias, para intentar coser esa brecha generacional por donde sangra profusamente la hemorragia.
Responsabilidad ética, legalidad y formación son las vías para que la sociedad afronte con garantías este problema que se ha viralizado entre jóvenes y adolescentes. Un nuevo reto en que la tecnología ha evolucionado a un ritmo tan elevado que ha dejado a los menores fuera de control.
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