Viste Madrid un cielo encapotado que atenúa el ánimo. El tropel de chiquillos apiñados próximos a la clínica aviva el entorno. Lucas (nombre ficticio para preservar su identidad) se encuentra sentado con las piernas cruzadas y las manos entrelazadas. Su aspecto tímido palidece cuando arranca a hablar. Cuenta que a los dieciocho años le diagnosticaron una patología de la que no comprendió su naturaleza hasta casi los cincuenta. Tomaba ansiolíticos y antipsicóticos por prescripción médica, sin ser nunca plenamente informado de lo que padecía. No fue hasta después de fallecer su padre cuando lo descubrió. En su historial clínico figuraba la palabra esquizofrenia . «Aquello me provocó una gran frustración», recuerda.Noventa euros por sesión era un precio que no estaba dispuesto a pagar. Pero Lucas sentía que necesitaba ser atendido tras descubrir su patología. «No podía permitirme asumir los gastos de la sanidad privada –además, mi experiencia en esta había sido muy limitada. Las citas se dilataban mucho en el tiempo, apenas una vez al año, y se trataba de una atención centrada exclusivamente en la medicación–, así que opté por los servicios de salud públicos. Y he salido ganando», apunta. Y es que, en ese momento, lo que Lucas necesitaba no era tanto una atención médica, sino un acompañamiento y apoyo social. Relata el transcurso de su enfermedad desde una pequeña sala de la Clínica San Miguel, gestionada por Fundación Hospitalarias Arturo Soria, un centro de rehabilitación y residencia orientado fundamentalmente a la atención ambulatoria y sanitaria de personas con trastorno mental grave y duradera. A su lado se encuentra, atenta a la conversación, la psicóloga María Amores, quien forma parte desde hace veinte años de los Equipos de Apoyo Social Comunitario (EASC) de la Comunidad de Madrid, que brindan apoyo psicológico y social en el hogar a quienes presentan dificultades para desarrollar su autonomía, trabajando en estrecha coordinación con los servicios de salud mental del Servicio Madrileño de Salud. Noticia relacionada No No Un nuevo oficio para salir de la trata y el maltrato: «Me costaba ver a un hombre y ahora puedo salir adelante» Helena CortésDesde 2022, Lucas forma parte como paciente de uno de estos equipos, y desde entonces él y Amores han estado viéndose entre una y dos veces por semana. «No contaba con las estrategias necesarias para afrontar no sólo mis problemas de salud, sino también las responsabilidades y asuntos cotidianos. Iba dando palos de ciego: la gestión de mis ahorros, las tareas del hogar… No sabía cómo manejarme con ellas, por lo que solía recurrir a servicios externos, por ejemplo, para que me trajeran la comida a domicilio a través de mercados online«, explica. Obsesivo, nervioso, catastrofista, hipocrondríaco y con problemas para «controlar el ánimo», se define Lucas. «Donde él tampoco estaba obteniendo respuesta era en el manejo de esa sintomatología», explica su psicóloga. «La red sanitaria está diseñada para una intervención netamente médica, basada en tratamientos farmacológicos. Pero la intervención psicosocial no la proporciona. Y eso es justamente lo que ofrece nuestra red, lo que está ampliamente demostrado que ayuda: mejorar el funcionamiento diario de las personas con problemas de salud mental complejos. Se trata de cómo consigues llevar a cabo tus proyectos vitales, cómo logras trabajar si ese es tu deseo, cómo ocupas tu tiempo y, sobre todo, cómo vives lo más autónomamente posible . Esto no se logra en una consulta médica, ni siquiera con medicación, que es una ayuda necesaria, pero no suficiente. La riqueza de nuestro trabajo está en combinar la intervención sanitaria con la intervención social», señala Amores. Lucas (nombre ficticio para preservar su identidad), junto a su psicóloga María Amores Tania SieiraLa primera cita entre Lucas y su psicóloga tuvo lugar en su propio domicilio. «Parece que estás pasando por un momento complicado», le dijo Amores. «Que estás muy preocupado por tus problemas de salud y que tienes cierta preocupación por tu futuro laboral. Queremos ayudarte en estas áreas de tu vida». Lucas le mostró su casa y juntos comenzaron a trabajar. Aprendió a cocinar, a limpiar los baños, hacer la colada y a doblar la ropa. «En ningún momento me planteé que pudiera ser capaz de hacerlo yo solo», señala. No obstante, la gran mejora, explica la terapeuta, es que Lucas ha ido comprendiendo la importancia de compartir sus preocupaciones: «Poner en conocimiento de otros lo que le preocupa le ayuda a liberarse, a poner en común sus inquietudes y, sobre todo, es una medida de prevención de recaídas».En el ámbito laboral, Lucas también ha necesitado apoyo. Durante más de diez años trabajó como auxiliar administrativo a través de una bolsa de empleo, limitando su actividad diaria y su vida social casi por completo al entorno laboral. Al poco de comenzar la atención, se anunciaron las plazas de estabilización en la administración pública. Ante la inminente finalización de su contrato, decidió presentarse para mantener su puesto, lo que le generó un estrés considerable. Desconocía su derecho a solicitar la valoración del grado de discapacidad, por lo que recibió apoyo para realizar este trámite, con el objetivo, entre otros, de que en la oposición pudiera acceder a las plazas reservadas a este cupo. «Algunas patologías tienen ideas negativas asociadas, y eso interfiere directamente en la evolución de la persona» María Amores PsicólogaAsí, la intervención del equipo psicosocial se centró en asegurar la realización efectiva del trámite, acompañarle en la preparación de la oposición, facilitar su reincorporación al puesto de trabajo y, en la actualidad, ofrecerle apoyo para mantenerse en él. «En ocasiones, estudiaba hasta veinte horas seguidas», recuerda. Aprender a practicar el autocuidado fue otro desafío: «Había que enseñarle a identificar qué esfuerzos eran excesivos, a dormir las horas necesarias y a no obsesionarse con la idea de que se estaba jugando la vida. Trabajábamos para ayudarle a regular ese catastrofismo que lo activaba y que incluso le provocó una recaída, de la que luego se repuso». Lucas aprobó a la primera. Actualmente, se encuentra trabajando en recuperar el ocio en su vida. Tras años centrado en la estabilidad laboral y la gestión de su salud, había dejado de lado actividades que le resultaban placenteras: leer, visitar exposiciones o practicar ejercicios de bajo impacto. «No se trata de un apoyo asistencial, en el sentido de que nosotros hagamos la actividad de ocio contigo», le explica María. «Nuestro objetivo es ayudarte a que tú mismo lleves a cabo esas actividades.» El trabajo con el ocio implica, en este caso, una negociación: identificar desde dónde surge la motivación de Lucas. «Si dice ‘me resulta más agradable contigo, María, que ir solo’, tenemos que revisar eso, porque la idea es fomentar su autonomía, no restársela», añade.Un objetivo clave es generar un espacio de seguridad. Muchas veces no nos atrevemos a hacer cosas por inseguridad, y Lucas lo reconoce: «Cuando estaba preparando la oposición, no dedicaba tiempo al ocio. Ahora me obligo a sacar una hora para ello». «Se trata de repetir y reforzar la importancia del equilibrio ocupacional: no es saludable dedicarse exclusivamente a una sola actividad, sino compensar con otras. El objetivo es que confíe en nuestras recomendaciones, se anime a probar y vaya recuperando poco a poco el ocio en su vida», concluye María.La mayor red de apoyo sociocomunitario de España La Comunidad de Madrid cuenta, desde 2007, con un total de 38 Equipos de Apoyo Social Comunitario (EASC), al menos uno en cada distrito. Cada equipo está formado por un psicólogo, un trabajador social y dos educadores, sumando un total de 152 profesionales. Dependientes de la Consejería de Familia, Juventud y Asuntos Sociales, estos equipos constituyen, con más de 7.000 plazas, la mayor red de España dedicada a la atención social y psicosocial de personas adultas de entre 18 y 65 años con trastornos mentales severos (esquizofrenia, trastornos bipolares, trastorno límite de la personalidad, trastornos depresivos graves y recurrentes, trastornos paranoides y otras psicosis) con el objetivo de mejorar su autonomía y calidad de vida, potenciando la inclusión social y ofreciendo apoyo a las familias.Con Lucas podríamos pasarnos toda la tarde hablando de cómo ha sobrellevado la esquizofrenia a lo largo de su vida. «Un diagnóstico negativo de una enfermedad grave no es el final», es lo que ha aprendido desde que conoce a Amores. No quiere finalizar la entrevista sin subrayar el estigma social que aún persiste: «Siguen existiendo prejuicios que nos hacen daño, asociando los problemas de salud mental con personas conflictivas o peligrosas». Y apunta que, a lo largo de su vida, personas con patologías psicológicas o mentales a menudo sufren abusos por parte de otros debido a su forma de ser: «Tienden a infantilizarnos». Este estigma es también la razón por la que prefiere mantener su privacidad. «No quiero que me etiqueten como ‘loco’. Y su psicóloga añade: «No es la etiqueta en sí, sino la carga negativa que la sociedad le asigna. Algunas patologías tienen ideas negativas asociadas, y eso interfiere directamente en la evolución de la persona». Viste Madrid un cielo encapotado que atenúa el ánimo. El tropel de chiquillos apiñados próximos a la clínica aviva el entorno. Lucas (nombre ficticio para preservar su identidad) se encuentra sentado con las piernas cruzadas y las manos entrelazadas. Su aspecto tímido palidece cuando arranca a hablar. Cuenta que a los dieciocho años le diagnosticaron una patología de la que no comprendió su naturaleza hasta casi los cincuenta. Tomaba ansiolíticos y antipsicóticos por prescripción médica, sin ser nunca plenamente informado de lo que padecía. No fue hasta después de fallecer su padre cuando lo descubrió. En su historial clínico figuraba la palabra esquizofrenia . «Aquello me provocó una gran frustración», recuerda.Noventa euros por sesión era un precio que no estaba dispuesto a pagar. Pero Lucas sentía que necesitaba ser atendido tras descubrir su patología. «No podía permitirme asumir los gastos de la sanidad privada –además, mi experiencia en esta había sido muy limitada. Las citas se dilataban mucho en el tiempo, apenas una vez al año, y se trataba de una atención centrada exclusivamente en la medicación–, así que opté por los servicios de salud públicos. Y he salido ganando», apunta. Y es que, en ese momento, lo que Lucas necesitaba no era tanto una atención médica, sino un acompañamiento y apoyo social. Relata el transcurso de su enfermedad desde una pequeña sala de la Clínica San Miguel, gestionada por Fundación Hospitalarias Arturo Soria, un centro de rehabilitación y residencia orientado fundamentalmente a la atención ambulatoria y sanitaria de personas con trastorno mental grave y duradera. A su lado se encuentra, atenta a la conversación, la psicóloga María Amores, quien forma parte desde hace veinte años de los Equipos de Apoyo Social Comunitario (EASC) de la Comunidad de Madrid, que brindan apoyo psicológico y social en el hogar a quienes presentan dificultades para desarrollar su autonomía, trabajando en estrecha coordinación con los servicios de salud mental del Servicio Madrileño de Salud. Noticia relacionada No No Un nuevo oficio para salir de la trata y el maltrato: «Me costaba ver a un hombre y ahora puedo salir adelante» Helena CortésDesde 2022, Lucas forma parte como paciente de uno de estos equipos, y desde entonces él y Amores han estado viéndose entre una y dos veces por semana. «No contaba con las estrategias necesarias para afrontar no sólo mis problemas de salud, sino también las responsabilidades y asuntos cotidianos. Iba dando palos de ciego: la gestión de mis ahorros, las tareas del hogar… No sabía cómo manejarme con ellas, por lo que solía recurrir a servicios externos, por ejemplo, para que me trajeran la comida a domicilio a través de mercados online«, explica. Obsesivo, nervioso, catastrofista, hipocrondríaco y con problemas para «controlar el ánimo», se define Lucas. «Donde él tampoco estaba obteniendo respuesta era en el manejo de esa sintomatología», explica su psicóloga. «La red sanitaria está diseñada para una intervención netamente médica, basada en tratamientos farmacológicos. Pero la intervención psicosocial no la proporciona. Y eso es justamente lo que ofrece nuestra red, lo que está ampliamente demostrado que ayuda: mejorar el funcionamiento diario de las personas con problemas de salud mental complejos. Se trata de cómo consigues llevar a cabo tus proyectos vitales, cómo logras trabajar si ese es tu deseo, cómo ocupas tu tiempo y, sobre todo, cómo vives lo más autónomamente posible . Esto no se logra en una consulta médica, ni siquiera con medicación, que es una ayuda necesaria, pero no suficiente. La riqueza de nuestro trabajo está en combinar la intervención sanitaria con la intervención social», señala Amores. Lucas (nombre ficticio para preservar su identidad), junto a su psicóloga María Amores Tania SieiraLa primera cita entre Lucas y su psicóloga tuvo lugar en su propio domicilio. «Parece que estás pasando por un momento complicado», le dijo Amores. «Que estás muy preocupado por tus problemas de salud y que tienes cierta preocupación por tu futuro laboral. Queremos ayudarte en estas áreas de tu vida». Lucas le mostró su casa y juntos comenzaron a trabajar. Aprendió a cocinar, a limpiar los baños, hacer la colada y a doblar la ropa. «En ningún momento me planteé que pudiera ser capaz de hacerlo yo solo», señala. No obstante, la gran mejora, explica la terapeuta, es que Lucas ha ido comprendiendo la importancia de compartir sus preocupaciones: «Poner en conocimiento de otros lo que le preocupa le ayuda a liberarse, a poner en común sus inquietudes y, sobre todo, es una medida de prevención de recaídas».En el ámbito laboral, Lucas también ha necesitado apoyo. Durante más de diez años trabajó como auxiliar administrativo a través de una bolsa de empleo, limitando su actividad diaria y su vida social casi por completo al entorno laboral. Al poco de comenzar la atención, se anunciaron las plazas de estabilización en la administración pública. Ante la inminente finalización de su contrato, decidió presentarse para mantener su puesto, lo que le generó un estrés considerable. Desconocía su derecho a solicitar la valoración del grado de discapacidad, por lo que recibió apoyo para realizar este trámite, con el objetivo, entre otros, de que en la oposición pudiera acceder a las plazas reservadas a este cupo. «Algunas patologías tienen ideas negativas asociadas, y eso interfiere directamente en la evolución de la persona» María Amores PsicólogaAsí, la intervención del equipo psicosocial se centró en asegurar la realización efectiva del trámite, acompañarle en la preparación de la oposición, facilitar su reincorporación al puesto de trabajo y, en la actualidad, ofrecerle apoyo para mantenerse en él. «En ocasiones, estudiaba hasta veinte horas seguidas», recuerda. Aprender a practicar el autocuidado fue otro desafío: «Había que enseñarle a identificar qué esfuerzos eran excesivos, a dormir las horas necesarias y a no obsesionarse con la idea de que se estaba jugando la vida. Trabajábamos para ayudarle a regular ese catastrofismo que lo activaba y que incluso le provocó una recaída, de la que luego se repuso». Lucas aprobó a la primera. Actualmente, se encuentra trabajando en recuperar el ocio en su vida. Tras años centrado en la estabilidad laboral y la gestión de su salud, había dejado de lado actividades que le resultaban placenteras: leer, visitar exposiciones o practicar ejercicios de bajo impacto. «No se trata de un apoyo asistencial, en el sentido de que nosotros hagamos la actividad de ocio contigo», le explica María. «Nuestro objetivo es ayudarte a que tú mismo lleves a cabo esas actividades.» El trabajo con el ocio implica, en este caso, una negociación: identificar desde dónde surge la motivación de Lucas. «Si dice ‘me resulta más agradable contigo, María, que ir solo’, tenemos que revisar eso, porque la idea es fomentar su autonomía, no restársela», añade.Un objetivo clave es generar un espacio de seguridad. Muchas veces no nos atrevemos a hacer cosas por inseguridad, y Lucas lo reconoce: «Cuando estaba preparando la oposición, no dedicaba tiempo al ocio. Ahora me obligo a sacar una hora para ello». «Se trata de repetir y reforzar la importancia del equilibrio ocupacional: no es saludable dedicarse exclusivamente a una sola actividad, sino compensar con otras. El objetivo es que confíe en nuestras recomendaciones, se anime a probar y vaya recuperando poco a poco el ocio en su vida», concluye María.La mayor red de apoyo sociocomunitario de España La Comunidad de Madrid cuenta, desde 2007, con un total de 38 Equipos de Apoyo Social Comunitario (EASC), al menos uno en cada distrito. Cada equipo está formado por un psicólogo, un trabajador social y dos educadores, sumando un total de 152 profesionales. Dependientes de la Consejería de Familia, Juventud y Asuntos Sociales, estos equipos constituyen, con más de 7.000 plazas, la mayor red de España dedicada a la atención social y psicosocial de personas adultas de entre 18 y 65 años con trastornos mentales severos (esquizofrenia, trastornos bipolares, trastorno límite de la personalidad, trastornos depresivos graves y recurrentes, trastornos paranoides y otras psicosis) con el objetivo de mejorar su autonomía y calidad de vida, potenciando la inclusión social y ofreciendo apoyo a las familias.Con Lucas podríamos pasarnos toda la tarde hablando de cómo ha sobrellevado la esquizofrenia a lo largo de su vida. «Un diagnóstico negativo de una enfermedad grave no es el final», es lo que ha aprendido desde que conoce a Amores. No quiere finalizar la entrevista sin subrayar el estigma social que aún persiste: «Siguen existiendo prejuicios que nos hacen daño, asociando los problemas de salud mental con personas conflictivas o peligrosas». Y apunta que, a lo largo de su vida, personas con patologías psicológicas o mentales a menudo sufren abusos por parte de otros debido a su forma de ser: «Tienden a infantilizarnos». Este estigma es también la razón por la que prefiere mantener su privacidad. «No quiero que me etiqueten como ‘loco’. Y su psicóloga añade: «No es la etiqueta en sí, sino la carga negativa que la sociedad le asigna. Algunas patologías tienen ideas negativas asociadas, y eso interfiere directamente en la evolución de la persona».
Viste Madrid un cielo encapotado que atenúa el ánimo. El tropel de chiquillos apiñados próximos a la clínica aviva el entorno. Lucas (nombre ficticio para preservar su identidad) se encuentra sentado con las piernas cruzadas y las manos entrelazadas. Su aspecto tímido palidece cuando arranca … a hablar. Cuenta que a los dieciocho años le diagnosticaron una patología de la que no comprendió su naturaleza hasta casi los cincuenta. Tomaba ansiolíticos y antipsicóticos por prescripción médica, sin ser nunca plenamente informado de lo que padecía. No fue hasta después de fallecer su padre cuando lo descubrió. En su historial clínico figuraba la palabra esquizofrenia. «Aquello me provocó una gran frustración», recuerda.
Noventa euros por sesión era un precio que no estaba dispuesto a pagar. Pero Lucas sentía que necesitaba ser atendido tras descubrir su patología. «No podía permitirme asumir los gastos de la sanidad privada –además, mi experiencia en esta había sido muy limitada. Las citas se dilataban mucho en el tiempo, apenas una vez al año, y se trataba de una atención centrada exclusivamente en la medicación–, así que opté por los servicios de salud públicos. Y he salido ganando», apunta. Y es que, en ese momento, lo que Lucas necesitaba no era tanto una atención médica, sino un acompañamiento y apoyo social.
Relata el transcurso de su enfermedad desde una pequeña sala de la Clínica San Miguel, gestionada por Fundación Hospitalarias Arturo Soria, un centro de rehabilitación y residencia orientado fundamentalmente a la atención ambulatoria y sanitaria de personas con trastorno mental grave y duradera. A su lado se encuentra, atenta a la conversación, la psicóloga María Amores, quien forma parte desde hace veinte años de los Equipos de Apoyo Social Comunitario (EASC) de la Comunidad de Madrid, que brindan apoyo psicológico y social en el hogar a quienes presentan dificultades para desarrollar su autonomía, trabajando en estrecha coordinación con los servicios de salud mental del Servicio Madrileño de Salud.
Desde 2022, Lucas forma parte como paciente de uno de estos equipos, y desde entonces él y Amores han estado viéndose entre una y dos veces por semana. «No contaba con las estrategias necesarias para afrontar no sólo mis problemas de salud, sino también las responsabilidades y asuntos cotidianos. Iba dando palos de ciego: la gestión de mis ahorros, las tareas del hogar… No sabía cómo manejarme con ellas, por lo que solía recurrir a servicios externos, por ejemplo, para que me trajeran la comida a domicilio a través de mercados online«, explica.
Obsesivo, nervioso, catastrofista, hipocrondríaco y con problemas para «controlar el ánimo», se define Lucas. «Donde él tampoco estaba obteniendo respuesta era en el manejo de esa sintomatología», explica su psicóloga. «La red sanitaria está diseñada para una intervención netamente médica, basada en tratamientos farmacológicos. Pero la intervención psicosocial no la proporciona. Y eso es justamente lo que ofrece nuestra red, lo que está ampliamente demostrado que ayuda: mejorar el funcionamiento diario de las personas con problemas de salud mental complejos. Se trata de cómo consigues llevar a cabo tus proyectos vitales, cómo logras trabajar si ese es tu deseo, cómo ocupas tu tiempo y, sobre todo, cómo vives lo más autónomamente posible. Esto no se logra en una consulta médica, ni siquiera con medicación, que es una ayuda necesaria, pero no suficiente. La riqueza de nuestro trabajo está en combinar la intervención sanitaria con la intervención social», señala Amores.
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(Tania Sieira)
La primera cita entre Lucas y su psicóloga tuvo lugar en su propio domicilio. «Parece que estás pasando por un momento complicado», le dijo Amores. «Que estás muy preocupado por tus problemas de salud y que tienes cierta preocupación por tu futuro laboral. Queremos ayudarte en estas áreas de tu vida». Lucas le mostró su casa y juntos comenzaron a trabajar. Aprendió a cocinar, a limpiar los baños, hacer la colada y a doblar la ropa. «En ningún momento me planteé que pudiera ser capaz de hacerlo yo solo», señala. No obstante, la gran mejora, explica la terapeuta, es que Lucas ha ido comprendiendo la importancia de compartir sus preocupaciones: «Poner en conocimiento de otros lo que le preocupa le ayuda a liberarse, a poner en común sus inquietudes y, sobre todo, es una medida de prevención de recaídas».
En el ámbito laboral, Lucas también ha necesitado apoyo. Durante más de diez años trabajó como auxiliar administrativo a través de una bolsa de empleo, limitando su actividad diaria y su vida social casi por completo al entorno laboral. Al poco de comenzar la atención, se anunciaron las plazas de estabilización en la administración pública. Ante la inminente finalización de su contrato, decidió presentarse para mantener su puesto, lo que le generó un estrés considerable. Desconocía su derecho a solicitar la valoración del grado de discapacidad, por lo que recibió apoyo para realizar este trámite, con el objetivo, entre otros, de que en la oposición pudiera acceder a las plazas reservadas a este cupo.
«Algunas patologías tienen ideas negativas asociadas, y eso interfiere directamente en la evolución de la persona»
María Amores
Psicóloga
Así, la intervención del equipo psicosocial se centró en asegurar la realización efectiva del trámite, acompañarle en la preparación de la oposición, facilitar su reincorporación al puesto de trabajo y, en la actualidad, ofrecerle apoyo para mantenerse en él. «En ocasiones, estudiaba hasta veinte horas seguidas», recuerda. Aprender a practicar el autocuidado fue otro desafío: «Había que enseñarle a identificar qué esfuerzos eran excesivos, a dormir las horas necesarias y a no obsesionarse con la idea de que se estaba jugando la vida. Trabajábamos para ayudarle a regular ese catastrofismo que lo activaba y que incluso le provocó una recaída, de la que luego se repuso». Lucas aprobó a la primera.
Actualmente, se encuentra trabajando en recuperar el ocio en su vida. Tras años centrado en la estabilidad laboral y la gestión de su salud, había dejado de lado actividades que le resultaban placenteras: leer, visitar exposiciones o practicar ejercicios de bajo impacto. «No se trata de un apoyo asistencial, en el sentido de que nosotros hagamos la actividad de ocio contigo», le explica María. «Nuestro objetivo es ayudarte a que tú mismo lleves a cabo esas actividades.» El trabajo con el ocio implica, en este caso, una negociación: identificar desde dónde surge la motivación de Lucas. «Si dice ‘me resulta más agradable contigo, María, que ir solo’, tenemos que revisar eso, porque la idea es fomentar su autonomía, no restársela», añade.
Un objetivo clave es generar un espacio de seguridad. Muchas veces no nos atrevemos a hacer cosas por inseguridad, y Lucas lo reconoce: «Cuando estaba preparando la oposición, no dedicaba tiempo al ocio. Ahora me obligo a sacar una hora para ello». «Se trata de repetir y reforzar la importancia del equilibrio ocupacional: no es saludable dedicarse exclusivamente a una sola actividad, sino compensar con otras. El objetivo es que confíe en nuestras recomendaciones, se anime a probar y vaya recuperando poco a poco el ocio en su vida», concluye María.
La mayor red de apoyo sociocomunitario de España
La Comunidad de Madrid cuenta, desde 2007, con un total de 38 Equipos de Apoyo Social Comunitario (EASC), al menos uno en cada distrito. Cada equipo está formado por un psicólogo, un trabajador social y dos educadores, sumando un total de 152 profesionales. Dependientes de la Consejería de Familia, Juventud y Asuntos Sociales, estos equipos constituyen, con más de 7.000 plazas, la mayor red de España dedicada a la atención social y psicosocial de personas adultas de entre 18 y 65 años con trastornos mentales severos (esquizofrenia, trastornos bipolares, trastorno límite de la personalidad, trastornos depresivos graves y recurrentes, trastornos paranoides y otras psicosis) con el objetivo de mejorar su autonomía y calidad de vida, potenciando la inclusión social y ofreciendo apoyo a las familias.
Con Lucas podríamos pasarnos toda la tarde hablando de cómo ha sobrellevado la esquizofrenia a lo largo de su vida. «Un diagnóstico negativo de una enfermedad grave no es el final», es lo que ha aprendido desde que conoce a Amores. No quiere finalizar la entrevista sin subrayar el estigma social que aún persiste: «Siguen existiendo prejuicios que nos hacen daño, asociando los problemas de salud mental con personas conflictivas o peligrosas». Y apunta que, a lo largo de su vida, personas con patologías psicológicas o mentales a menudo sufren abusos por parte de otros debido a su forma de ser: «Tienden a infantilizarnos». Este estigma es también la razón por la que prefiere mantener su privacidad. «No quiero que me etiqueten como ‘loco’. Y su psicóloga añade: «No es la etiqueta en sí, sino la carga negativa que la sociedad le asigna. Algunas patologías tienen ideas negativas asociadas, y eso interfiere directamente en la evolución de la persona».
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