En muchos municipios del interior de Andalucía, el paso del tiempo se mide de forma diferente. Las plazas siguen siendo el centro de la vida social, con suerte viene el panadero dos veces en semana, y los vecinos se conocen desde que nacieron. Detrás de una estampa de tranquilidad se esconde un problema que preocupa a todas las administraciones y sus habitantes: la despoblación. En las provincias de Almería y Granada, decenas de pueblos han visto disminuir su población en los últimos años, un proceso que amenaza con transformar el mundo rural.La Junta de Andalucía ha localizado los 95 pueblos marcados en rojo y por tanto que necesitan acción preferente ante la despoblación que sufren. Más de la mitad de los andaluces se concentra en una treintena de ciudades, son en total 195 municipios donde reside el 68,7% de la población . Con esta radiografía, una de las principales características de Andalucía es la importancia de su red de ciudades medias, que aglutinan a 253 localidades en las que vive el 22,4% de la población. Y el tercer escalón lo representan 337 municipios rurales, con una gran calidad de vida, pero donde sólo reside el 8,9% de los andaluces.La distribución de la población en la provincia de Granada es por lo menos curiosa: de sus 940.000 habitantes, más de la mitad residen en la capital o en los más de treinta pueblos de su Área Metropolitana. En ese espacio se congregan 540.000 personas. Después, en la Costa Tropical –fundamentalmente en Motril, Almuñécar y Salobreña- están censados 128.000.El resto, unos 272.000, se distribuyen en un sinfín de pueblos pequeños, porque en eso Granada es líder regional con 174 municipios, seis Entidades Locales Autónomas y un número difícil de determinar de núcleos poblacionales que dependen de pueblos que ya de por sí son minúsculos. De sus 174 municipios, 73 no pasan de los mil habitantes . Y los hay, como Gobernador, Cástaras, Cájar o Lobras, que apenas sobrepasan los 200. Tanta diseminación acarrea un importante riesgo de despoblación. De hecho, un estudio realizado en 2023 ya alertó de que 152 municipios podrían considerarse, en mayor o menor medida, la Granada Vaciada. Es un proceso que no ha empezado ahora, claro, se arrastra desde la década de los sesenta del siglo pasado, cuando muchísimos granadinos emigraron, pero la situación no ha mejorado con los años. Mucha gente no le ve futuro a eso de vivir en pueblos pequeños, por maravillosos que puedan ser, y se mudan en cuanto pueden.Galera, un pueblo al norte de la provincia de Granada que ha crecido (levemente) en población abcHay, no obstante, brotes verdes. En Galera, al norte de la provincia, dicen estar encantados de que, en dos años, se haya pasado de los 1.107 a los 1.139 censados. El aumento no es significativo, pero significa invertir una tendencia que duraba ya demasiados años. El ayuntamiento lo atribuye, al menos parcialmente, a una estrategia que viene aplicando y que propone convertir a Galera «en un lugar donde la vida cotidiana se construye desde la convivencia, la diversidad y el arraigo».«En apenas unos años, Galera ha pasado de ser un pueblo del que la juventud se marchaba a convertirse en un destino atractivo para emprendedores, teletrabajadores y personas que buscan una jubilación tranquila en un entorno natural», destaca su alcalde, José Manuel Guillén, que entiende que una de las claves ha sido «abrirse al mundo desde lo local». Dicho de otra forma: aumentar la presencia de población extranjera . Ya viven allí personas de 30 nacionalidades.Para promocionar sus proyectos locales, relacionados con la agroecología, la bioconstrucción, el turismo sostenible, la transformación agroalimentaria o el teletrabajo, el ayuntamiento de Galera y la asociación Alpanchía para la Revitalización de Vegas y Pueblos han creado la página web Move to Galera (www.movetogalera.org) en la que se dan a conocer los recursos de la localidad y su entorno. A través de esta plataforma digital, los futuros vecinos encuentran información sobre cómo establecerse en Galera, desde trámites básicos hasta recursos para rehabilitar viviendas, incluidas las casas-cueva, propias de la zona. La web recoge también información sobre el mercado inmobiliario local, las oportunidades de emprendimiento, el calendario de actvidades culturales y sociales, así como tesimonios de vecinos y vecinas que ya han dado el paso de mudarse al municipio.Muchos otros pueblos han dejado esa función promocional en las manos de la Diputación Provincial, que sin duda está apostando contra la despoblación: 7 millones de inversión en los dos últimos ejercicios. También ha recurrido a internet, por cierto: en agosto de 2024 creó una página para «glosar los encantos» de decenas de pueblos que no veían cómo difundirlos e informar a través de ella de aspectos fundamentales como las posibilidades de empleo y el precio de la vivienda.En la pedanía de Saleres, en el granadino Valle del Lecrín, apenas viven 80 personas g. ortegaAdemás, la institución provincial desarrolla el programa Ecopueblo, dotado con 2,7 millones de euros. A través del mismo se propone, entre otras cosas, rehabilitar y promocionar viviendas en núcleos rurales; fomentar el turismo sostenible y de identidad propia; mejorar la movilidad entre los pueblos, con más transporte público; apoyar la creación de negocios locales; y fomentar la cultura y la identidad propias, que es algo que a su vez atrae a muchos visitantes. La Alpujarra, donde hay pueblos que mantienen la esencia y las tradiciones de hace siglos, es un buen ejemplo de eso.En paralelo, hay incentivos para que las familias que llegan a los pequeños pueblos tomen arraigo, y una buena forma de lograrlo es que planten raíces. O que tengan niños allí, si se prefiere decir así. En Galera, su alcalde cree que esa no es la mejor manera, pero la Diputación sostiene que sí y a las pruebas se remite: veinte familias de pueblos de menos de mil habitantes recibieron a finales de 2025 un cheque de mil euros por haber tenido descendencia en un municipio pequeño.Para 2026, la institución provincial ha doblado su apuesta y el pasado viernes 21 de marzo anunció que la nueva convocatoria estará dotada de un presupuesto de 200.000 euros. «Estas ayudas, además de ser un apoyo económico para las familias, son una herramienta clave para combatir la despoblación y fomentar la cohesión territorial«, incidió la diputada de Reto Demográfico, María Vera.La idea de fijar población creando negocios locales también ha tenido ejemplos muy prácticos. No está claro todavía si han contribuido a que nazca más gente, pero sin duda han insuflado vida a pueblos que estaban aletargados. Porque les faltaba un bar . Que sí, que es un sitio donde se puede beber cerveza y vino, pero también es, en muchos sitios, una especie de club social, el sitio donde todos se reúnen tarde o temprano para echar un rato.Un bar, un gimnasio, un centro infantil…En tiempos hubo uno en Yátor, una pedanía de Cádiar, en la Alpujarra, donde viven en verano 137 personas, y llega a esa cifra porque acuden descendientes de antiguos emigrantes. En diciembre de 2023, Nuria Ortega, una mujer con raíces en la zona pero que vivía en Lloret de Mar, decidió reabrirlo en diciembre de 2023. Confesó entonces en que la iniciativa había tenido una acogida excelente, que ni siquiera ella esperaba. Ahora, Yátor tiene más vida que antes, un ejemplo del que podría aprender otro pueblo de la misma comarca, Cástaras, que tiene unos 200 habitantes pero carece de bar. Y eso que allí se hace buen vino.Tampoco tiene por qué fijar población, pero sin duda es un alivio para quienes viven allí, lo que ha ocurrido más recientemente en Gobernador, un pueblo de la comarca de Los Montes con 231 personas censadas. Allí, una vecina de toda la vida ha montado un supermercado y de esa manera la gente local no necesita desplazarse a otros sitios –Guadix está a poco más de media hora en coche- para hacer sus compras. Ayudar al emprendedor es, en ese sentido, otro de los programas que acomete la Diputación, con ayudas que van hasta los mil euros. Así se ha contribuido a montar negocios como un gimnasio o un centro infantil. Y para zonas específicas donde hay bastante futuro, como el Geoparque, también existe un plan de incentivos destinados a crear empleo para gente joven y que el futuro se quede allí , en vez de irse como pasaba antes.La costa crece mientras el interior se vacíaEn la provincia de Almería el contraste territorial es evidente. Mientras la costa y los municipios ligados al turismo o a la agricultura intensiva mantienen e incluso incrementan su población, el interior vive una realidad muy distinta. Allí, muchos pueblos llevan años perdiendo habitantes , en línea con la tendencia que afecta a amplias zonas rurales de Andalucía.Según datos de la administración autonómica, alrededor de la mitad de los municipios almerienses presentan riesgo de despoblación . En total, 70 de los 103 municipios de la provincia tienen menos de 3.000 habitantes, lo que los sitúa dentro de los parámetros considerados de riesgo demográfico. Esta situación es especialmente visible en localidades del interior como Abla, Bacares, Gérgal, Ohanes o Velefique.La comarca de la Alpujarra almeriense refleja con claridad esta trayectoria demográfica. En las últimas dos décadas, 19 de sus municipios han perdido población, consolidando una tendencia marcada por el envejecimiento, la baja natalidad y la falta de oportunidades laborales.Ante este escenario, la Diputación Provincial de Almería ha impulsado distintas medidas para tratar de frenar la despoblación. Entre ellas destaca la estrategia ‘Almería 103’, un plan de inversión orientado a reforzar el desarrollo de todos los municipios de la provincia. Entre las iniciativas concretas figura el denominado ‘cheque bebé’ , dirigido a nacimientos o adopciones en municipios de menos de 1.000 habitantes.Una vecina hace uso de un cajero en Fuente Victoria en Almería ABCAlgunas de las medidas impulsadas desde la institución provincial han sido pioneras a nivel nacional. Almería ha sido la primera provincia en eliminar la exclusión financiera, garantizando la instalación de cajeros automáticos en todos sus municipios. A ello se suma la creación de bares-tienda en pequeñas localidades, una fórmula que combina servicio comercial y espacio de convivencia vecinal.Uno de los ejemplos más recientes se encuentra en Alcudia de Monteagud, un municipio de poco más de un centenar de habitantes en la Sierra de los Filabres. En diciembre de 2025 abrió su primera tienda-bar , un nuevo servicio que permite a los vecinos acceder a productos de primera necesidad sin salir del municipio y, al mismo tiempo, refuerza la vida social.La iniciativa forma parte de una estrategia más amplia que ya ha llegado a otros municipios. Ejemplo de ello es Benitagla, precisamente uno de los casos más representativos de la despoblación en la provincia y en Andalucía, ya que se mantiene como el segundo con menor número de habitantes tras la actualización de Instituto Nacional de Estadística.Vista de Castro de Filabres en Almería ABCUna realidad similar se observa en otros pueblos cercanos como Castro de Filabres o la propia Alcudia de Monteagud, que apenas superan el centenar de vecinos . Sin embargo, no todos los municipios siguen la misma tendencia. En Almócita, un pequeño pueblo de poco más de 200 habitantes, la población ha crecido en torno a un 25% en los últimos años. Este aumento se vincula, en parte, al regreso de vecinos y a la puesta en marcha de nuevos proyectos. Entre ellos se encuentra la iniciativa de Víctor Compán, que decidió volver al municipio tras vivir fuera y crear una granja de gallinas camperas . Casos como el de este emprendedor muestran que hay posibles vías de revitalización para mantener vivos los pueblos. En muchos municipios del interior de Andalucía, el paso del tiempo se mide de forma diferente. Las plazas siguen siendo el centro de la vida social, con suerte viene el panadero dos veces en semana, y los vecinos se conocen desde que nacieron. Detrás de una estampa de tranquilidad se esconde un problema que preocupa a todas las administraciones y sus habitantes: la despoblación. En las provincias de Almería y Granada, decenas de pueblos han visto disminuir su población en los últimos años, un proceso que amenaza con transformar el mundo rural.La Junta de Andalucía ha localizado los 95 pueblos marcados en rojo y por tanto que necesitan acción preferente ante la despoblación que sufren. Más de la mitad de los andaluces se concentra en una treintena de ciudades, son en total 195 municipios donde reside el 68,7% de la población . Con esta radiografía, una de las principales características de Andalucía es la importancia de su red de ciudades medias, que aglutinan a 253 localidades en las que vive el 22,4% de la población. Y el tercer escalón lo representan 337 municipios rurales, con una gran calidad de vida, pero donde sólo reside el 8,9% de los andaluces.La distribución de la población en la provincia de Granada es por lo menos curiosa: de sus 940.000 habitantes, más de la mitad residen en la capital o en los más de treinta pueblos de su Área Metropolitana. En ese espacio se congregan 540.000 personas. Después, en la Costa Tropical –fundamentalmente en Motril, Almuñécar y Salobreña- están censados 128.000.El resto, unos 272.000, se distribuyen en un sinfín de pueblos pequeños, porque en eso Granada es líder regional con 174 municipios, seis Entidades Locales Autónomas y un número difícil de determinar de núcleos poblacionales que dependen de pueblos que ya de por sí son minúsculos. De sus 174 municipios, 73 no pasan de los mil habitantes . Y los hay, como Gobernador, Cástaras, Cájar o Lobras, que apenas sobrepasan los 200. Tanta diseminación acarrea un importante riesgo de despoblación. De hecho, un estudio realizado en 2023 ya alertó de que 152 municipios podrían considerarse, en mayor o menor medida, la Granada Vaciada. Es un proceso que no ha empezado ahora, claro, se arrastra desde la década de los sesenta del siglo pasado, cuando muchísimos granadinos emigraron, pero la situación no ha mejorado con los años. Mucha gente no le ve futuro a eso de vivir en pueblos pequeños, por maravillosos que puedan ser, y se mudan en cuanto pueden.Galera, un pueblo al norte de la provincia de Granada que ha crecido (levemente) en población abcHay, no obstante, brotes verdes. En Galera, al norte de la provincia, dicen estar encantados de que, en dos años, se haya pasado de los 1.107 a los 1.139 censados. El aumento no es significativo, pero significa invertir una tendencia que duraba ya demasiados años. El ayuntamiento lo atribuye, al menos parcialmente, a una estrategia que viene aplicando y que propone convertir a Galera «en un lugar donde la vida cotidiana se construye desde la convivencia, la diversidad y el arraigo».«En apenas unos años, Galera ha pasado de ser un pueblo del que la juventud se marchaba a convertirse en un destino atractivo para emprendedores, teletrabajadores y personas que buscan una jubilación tranquila en un entorno natural», destaca su alcalde, José Manuel Guillén, que entiende que una de las claves ha sido «abrirse al mundo desde lo local». Dicho de otra forma: aumentar la presencia de población extranjera . Ya viven allí personas de 30 nacionalidades.Para promocionar sus proyectos locales, relacionados con la agroecología, la bioconstrucción, el turismo sostenible, la transformación agroalimentaria o el teletrabajo, el ayuntamiento de Galera y la asociación Alpanchía para la Revitalización de Vegas y Pueblos han creado la página web Move to Galera (www.movetogalera.org) en la que se dan a conocer los recursos de la localidad y su entorno. A través de esta plataforma digital, los futuros vecinos encuentran información sobre cómo establecerse en Galera, desde trámites básicos hasta recursos para rehabilitar viviendas, incluidas las casas-cueva, propias de la zona. La web recoge también información sobre el mercado inmobiliario local, las oportunidades de emprendimiento, el calendario de actvidades culturales y sociales, así como tesimonios de vecinos y vecinas que ya han dado el paso de mudarse al municipio.Muchos otros pueblos han dejado esa función promocional en las manos de la Diputación Provincial, que sin duda está apostando contra la despoblación: 7 millones de inversión en los dos últimos ejercicios. También ha recurrido a internet, por cierto: en agosto de 2024 creó una página para «glosar los encantos» de decenas de pueblos que no veían cómo difundirlos e informar a través de ella de aspectos fundamentales como las posibilidades de empleo y el precio de la vivienda.En la pedanía de Saleres, en el granadino Valle del Lecrín, apenas viven 80 personas g. ortegaAdemás, la institución provincial desarrolla el programa Ecopueblo, dotado con 2,7 millones de euros. A través del mismo se propone, entre otras cosas, rehabilitar y promocionar viviendas en núcleos rurales; fomentar el turismo sostenible y de identidad propia; mejorar la movilidad entre los pueblos, con más transporte público; apoyar la creación de negocios locales; y fomentar la cultura y la identidad propias, que es algo que a su vez atrae a muchos visitantes. La Alpujarra, donde hay pueblos que mantienen la esencia y las tradiciones de hace siglos, es un buen ejemplo de eso.En paralelo, hay incentivos para que las familias que llegan a los pequeños pueblos tomen arraigo, y una buena forma de lograrlo es que planten raíces. O que tengan niños allí, si se prefiere decir así. En Galera, su alcalde cree que esa no es la mejor manera, pero la Diputación sostiene que sí y a las pruebas se remite: veinte familias de pueblos de menos de mil habitantes recibieron a finales de 2025 un cheque de mil euros por haber tenido descendencia en un municipio pequeño.Para 2026, la institución provincial ha doblado su apuesta y el pasado viernes 21 de marzo anunció que la nueva convocatoria estará dotada de un presupuesto de 200.000 euros. «Estas ayudas, además de ser un apoyo económico para las familias, son una herramienta clave para combatir la despoblación y fomentar la cohesión territorial«, incidió la diputada de Reto Demográfico, María Vera.La idea de fijar población creando negocios locales también ha tenido ejemplos muy prácticos. No está claro todavía si han contribuido a que nazca más gente, pero sin duda han insuflado vida a pueblos que estaban aletargados. Porque les faltaba un bar . Que sí, que es un sitio donde se puede beber cerveza y vino, pero también es, en muchos sitios, una especie de club social, el sitio donde todos se reúnen tarde o temprano para echar un rato.Un bar, un gimnasio, un centro infantil…En tiempos hubo uno en Yátor, una pedanía de Cádiar, en la Alpujarra, donde viven en verano 137 personas, y llega a esa cifra porque acuden descendientes de antiguos emigrantes. En diciembre de 2023, Nuria Ortega, una mujer con raíces en la zona pero que vivía en Lloret de Mar, decidió reabrirlo en diciembre de 2023. Confesó entonces en que la iniciativa había tenido una acogida excelente, que ni siquiera ella esperaba. Ahora, Yátor tiene más vida que antes, un ejemplo del que podría aprender otro pueblo de la misma comarca, Cástaras, que tiene unos 200 habitantes pero carece de bar. Y eso que allí se hace buen vino.Tampoco tiene por qué fijar población, pero sin duda es un alivio para quienes viven allí, lo que ha ocurrido más recientemente en Gobernador, un pueblo de la comarca de Los Montes con 231 personas censadas. Allí, una vecina de toda la vida ha montado un supermercado y de esa manera la gente local no necesita desplazarse a otros sitios –Guadix está a poco más de media hora en coche- para hacer sus compras. Ayudar al emprendedor es, en ese sentido, otro de los programas que acomete la Diputación, con ayudas que van hasta los mil euros. Así se ha contribuido a montar negocios como un gimnasio o un centro infantil. Y para zonas específicas donde hay bastante futuro, como el Geoparque, también existe un plan de incentivos destinados a crear empleo para gente joven y que el futuro se quede allí , en vez de irse como pasaba antes.La costa crece mientras el interior se vacíaEn la provincia de Almería el contraste territorial es evidente. Mientras la costa y los municipios ligados al turismo o a la agricultura intensiva mantienen e incluso incrementan su población, el interior vive una realidad muy distinta. Allí, muchos pueblos llevan años perdiendo habitantes , en línea con la tendencia que afecta a amplias zonas rurales de Andalucía.Según datos de la administración autonómica, alrededor de la mitad de los municipios almerienses presentan riesgo de despoblación . En total, 70 de los 103 municipios de la provincia tienen menos de 3.000 habitantes, lo que los sitúa dentro de los parámetros considerados de riesgo demográfico. Esta situación es especialmente visible en localidades del interior como Abla, Bacares, Gérgal, Ohanes o Velefique.La comarca de la Alpujarra almeriense refleja con claridad esta trayectoria demográfica. En las últimas dos décadas, 19 de sus municipios han perdido población, consolidando una tendencia marcada por el envejecimiento, la baja natalidad y la falta de oportunidades laborales.Ante este escenario, la Diputación Provincial de Almería ha impulsado distintas medidas para tratar de frenar la despoblación. Entre ellas destaca la estrategia ‘Almería 103’, un plan de inversión orientado a reforzar el desarrollo de todos los municipios de la provincia. Entre las iniciativas concretas figura el denominado ‘cheque bebé’ , dirigido a nacimientos o adopciones en municipios de menos de 1.000 habitantes.Una vecina hace uso de un cajero en Fuente Victoria en Almería ABCAlgunas de las medidas impulsadas desde la institución provincial han sido pioneras a nivel nacional. Almería ha sido la primera provincia en eliminar la exclusión financiera, garantizando la instalación de cajeros automáticos en todos sus municipios. A ello se suma la creación de bares-tienda en pequeñas localidades, una fórmula que combina servicio comercial y espacio de convivencia vecinal.Uno de los ejemplos más recientes se encuentra en Alcudia de Monteagud, un municipio de poco más de un centenar de habitantes en la Sierra de los Filabres. En diciembre de 2025 abrió su primera tienda-bar , un nuevo servicio que permite a los vecinos acceder a productos de primera necesidad sin salir del municipio y, al mismo tiempo, refuerza la vida social.La iniciativa forma parte de una estrategia más amplia que ya ha llegado a otros municipios. Ejemplo de ello es Benitagla, precisamente uno de los casos más representativos de la despoblación en la provincia y en Andalucía, ya que se mantiene como el segundo con menor número de habitantes tras la actualización de Instituto Nacional de Estadística.Vista de Castro de Filabres en Almería ABCUna realidad similar se observa en otros pueblos cercanos como Castro de Filabres o la propia Alcudia de Monteagud, que apenas superan el centenar de vecinos . Sin embargo, no todos los municipios siguen la misma tendencia. En Almócita, un pequeño pueblo de poco más de 200 habitantes, la población ha crecido en torno a un 25% en los últimos años. Este aumento se vincula, en parte, al regreso de vecinos y a la puesta en marcha de nuevos proyectos. Entre ellos se encuentra la iniciativa de Víctor Compán, que decidió volver al municipio tras vivir fuera y crear una granja de gallinas camperas . Casos como el de este emprendedor muestran que hay posibles vías de revitalización para mantener vivos los pueblos.
En muchos municipios del interior de Andalucía, el paso del tiempo se mide de forma diferente. Las plazas siguen siendo el centro de la vida social, con suerte viene el panadero dos veces en semana, y los vecinos se conocen desde que nacieron. Detrás de … una estampa de tranquilidad se esconde un problema que preocupa a todas las administraciones y sus habitantes: la despoblación. En las provincias de Almería y Granada, decenas de pueblos han visto disminuir su población en los últimos años, un proceso que amenaza con transformar el mundo rural.
La Junta de Andalucía ha localizado los 95 pueblos marcados en rojo y por tanto que necesitan acción preferente ante la despoblación que sufren. Más de la mitad de los andaluces se concentra en una treintena de ciudades, son en total 195 municipios donde reside el 68,7% de la población. Con esta radiografía, una de las principales características de Andalucía es la importancia de su red de ciudades medias, que aglutinan a 253 localidades en las que vive el 22,4% de la población. Y el tercer escalón lo representan 337 municipios rurales, con una gran calidad de vida, pero donde sólo reside el 8,9% de los andaluces.
La distribución de la población en la provincia de Granada es por lo menos curiosa: de sus 940.000 habitantes, más de la mitad residen en la capital o en los más de treinta pueblos de su Área Metropolitana. En ese espacio se congregan 540.000 personas. Después, en la Costa Tropical –fundamentalmente en Motril, Almuñécar y Salobreña- están censados 128.000.
El resto, unos 272.000, se distribuyen en un sinfín de pueblos pequeños, porque en eso Granada es líder regional con 174 municipios, seis Entidades Locales Autónomas y un número difícil de determinar de núcleos poblacionales que dependen de pueblos que ya de por sí son minúsculos. De sus 174 municipios, 73 no pasan de los mil habitantes. Y los hay, como Gobernador, Cástaras, Cájar o Lobras, que apenas sobrepasan los 200.
Tanta diseminación acarrea un importante riesgo de despoblación. De hecho, un estudio realizado en 2023 ya alertó de que 152 municipios podrían considerarse, en mayor o menor medida, la Granada Vaciada. Es un proceso que no ha empezado ahora, claro, se arrastra desde la década de los sesenta del siglo pasado, cuando muchísimos granadinos emigraron, pero la situación no ha mejorado con los años. Mucha gente no le ve futuro a eso de vivir en pueblos pequeños, por maravillosos que puedan ser, y se mudan en cuanto pueden.

(abc)
Hay, no obstante, brotes verdes. En Galera, al norte de la provincia, dicen estar encantados de que, en dos años, se haya pasado de los 1.107 a los 1.139 censados. El aumento no es significativo, pero significa invertir una tendencia que duraba ya demasiados años. El ayuntamiento lo atribuye, al menos parcialmente, a una estrategia que viene aplicando y que propone convertir a Galera «en un lugar donde la vida cotidiana se construye desde la convivencia, la diversidad y el arraigo».
«En apenas unos años, Galera ha pasado de ser un pueblo del que la juventud se marchaba a convertirse en un destino atractivo para emprendedores, teletrabajadores y personas que buscan una jubilación tranquila en un entorno natural», destaca su alcalde, José Manuel Guillén, que entiende que una de las claves ha sido «abrirse al mundo desde lo local». Dicho de otra forma: aumentar la presencia de población extranjera. Ya viven allí personas de 30 nacionalidades.
Para promocionar sus proyectos locales, relacionados con la agroecología, la bioconstrucción, el turismo sostenible, la transformación agroalimentaria o el teletrabajo, el ayuntamiento de Galera y la asociación Alpanchía para la Revitalización de Vegas y Pueblos han creado la página web Move to Galera (www.movetogalera.org) en la que se dan a conocer los recursos de la localidad y su entorno.
A través de esta plataforma digital, los futuros vecinos encuentran información sobre cómo establecerse en Galera, desde trámites básicos hasta recursos para rehabilitar viviendas, incluidas las casas-cueva, propias de la zona. La web recoge también información sobre el mercado inmobiliario local, las oportunidades de emprendimiento, el calendario de actvidades culturales y sociales, así como tesimonios de vecinos y vecinas que ya han dado el paso de mudarse al municipio.
Muchos otros pueblos han dejado esa función promocional en las manos de la Diputación Provincial, que sin duda está apostando contra la despoblación: 7 millones de inversión en los dos últimos ejercicios. También ha recurrido a internet, por cierto: en agosto de 2024 creó una página para «glosar los encantos» de decenas de pueblos que no veían cómo difundirlos e informar a través de ella de aspectos fundamentales como las posibilidades de empleo y el precio de la vivienda.

(g. ortega)
Además, la institución provincial desarrolla el programa Ecopueblo, dotado con 2,7 millones de euros. A través del mismo se propone, entre otras cosas, rehabilitar y promocionar viviendas en núcleos rurales; fomentar el turismo sostenible y de identidad propia; mejorar la movilidad entre los pueblos, con más transporte público; apoyar la creación de negocios locales; y fomentar la cultura y la identidad propias, que es algo que a su vez atrae a muchos visitantes. La Alpujarra, donde hay pueblos que mantienen la esencia y las tradiciones de hace siglos, es un buen ejemplo de eso.
En paralelo, hay incentivos para que las familias que llegan a los pequeños pueblos tomen arraigo, y una buena forma de lograrlo es que planten raíces. O que tengan niños allí, si se prefiere decir así. En Galera, su alcalde cree que esa no es la mejor manera, pero la Diputación sostiene que sí y a las pruebas se remite: veinte familias de pueblos de menos de mil habitantes recibieron a finales de 2025 un cheque de mil euros por haber tenido descendencia en un municipio pequeño.
Para 2026, la institución provincial ha doblado su apuesta y el pasado viernes 21 de marzo anunció que la nueva convocatoria estará dotada de un presupuesto de 200.000 euros. «Estas ayudas, además de ser un apoyo económico para las familias, son una herramienta clave para combatir la despoblación y fomentar la cohesión territorial«, incidió la diputada de Reto Demográfico, María Vera.
La idea de fijar población creando negocios locales también ha tenido ejemplos muy prácticos. No está claro todavía si han contribuido a que nazca más gente, pero sin duda han insuflado vida a pueblos que estaban aletargados. Porque les faltaba un bar. Que sí, que es un sitio donde se puede beber cerveza y vino, pero también es, en muchos sitios, una especie de club social, el sitio donde todos se reúnen tarde o temprano para echar un rato.
Un bar, un gimnasio, un centro infantil…
En tiempos hubo uno en Yátor, una pedanía de Cádiar, en la Alpujarra, donde viven en verano 137 personas, y llega a esa cifra porque acuden descendientes de antiguos emigrantes. En diciembre de 2023, Nuria Ortega, una mujer con raíces en la zona pero que vivía en Lloret de Mar, decidió reabrirlo en diciembre de 2023. Confesó entonces en que la iniciativa había tenido una acogida excelente, que ni siquiera ella esperaba. Ahora, Yátor tiene más vida que antes, un ejemplo del que podría aprender otro pueblo de la misma comarca, Cástaras, que tiene unos 200 habitantes pero carece de bar. Y eso que allí se hace buen vino.
Tampoco tiene por qué fijar población, pero sin duda es un alivio para quienes viven allí, lo que ha ocurrido más recientemente en Gobernador, un pueblo de la comarca de Los Montes con 231 personas censadas. Allí, una vecina de toda la vida ha montado un supermercado y de esa manera la gente local no necesita desplazarse a otros sitios –Guadix está a poco más de media hora en coche- para hacer sus compras.
Ayudar al emprendedor es, en ese sentido, otro de los programas que acomete la Diputación, con ayudas que van hasta los mil euros. Así se ha contribuido a montar negocios como un gimnasio o un centro infantil. Y para zonas específicas donde hay bastante futuro, como el Geoparque, también existe un plan de incentivos destinados a crear empleo para gente joven y que el futuro se quede allí, en vez de irse como pasaba antes.
La costa crece mientras el interior se vacía
En la provincia de Almería el contraste territorial es evidente. Mientras la costa y los municipios ligados al turismo o a la agricultura intensiva mantienen e incluso incrementan su población, el interior vive una realidad muy distinta. Allí, muchos pueblos llevan años perdiendo habitantes, en línea con la tendencia que afecta a amplias zonas rurales de Andalucía.
Según datos de la administración autonómica, alrededor de la mitad de los municipios almerienses presentan riesgo de despoblación. En total, 70 de los 103 municipios de la provincia tienen menos de 3.000 habitantes, lo que los sitúa dentro de los parámetros considerados de riesgo demográfico. Esta situación es especialmente visible en localidades del interior como Abla, Bacares, Gérgal, Ohanes o Velefique.
La comarca de la Alpujarra almeriense refleja con claridad esta trayectoria demográfica. En las últimas dos décadas, 19 de sus municipios han perdido población, consolidando una tendencia marcada por el envejecimiento, la baja natalidad y la falta de oportunidades laborales.
Ante este escenario, la Diputación Provincial de Almería ha impulsado distintas medidas para tratar de frenar la despoblación. Entre ellas destaca la estrategia ‘Almería 103’, un plan de inversión orientado a reforzar el desarrollo de todos los municipios de la provincia. Entre las iniciativas concretas figura el denominado ‘cheque bebé’, dirigido a nacimientos o adopciones en municipios de menos de 1.000 habitantes.

(ABC)
Algunas de las medidas impulsadas desde la institución provincial han sido pioneras a nivel nacional. Almería ha sido la primera provincia en eliminar la exclusión financiera, garantizando la instalación de cajeros automáticos en todos sus municipios. A ello se suma la creación de bares-tienda en pequeñas localidades, una fórmula que combina servicio comercial y espacio de convivencia vecinal.
Uno de los ejemplos más recientes se encuentra en Alcudia de Monteagud, un municipio de poco más de un centenar de habitantes en la Sierra de los Filabres. En diciembre de 2025 abrió su primera tienda-bar, un nuevo servicio que permite a los vecinos acceder a productos de primera necesidad sin salir del municipio y, al mismo tiempo, refuerza la vida social.
La iniciativa forma parte de una estrategia más amplia que ya ha llegado a otros municipios. Ejemplo de ello es Benitagla, precisamente uno de los casos más representativos de la despoblación en la provincia y en Andalucía, ya que se mantiene como el segundo con menor número de habitantes tras la actualización de Instituto Nacional de Estadística.

(ABC)
Una realidad similar se observa en otros pueblos cercanos como Castro de Filabres o la propia Alcudia de Monteagud, que apenas superan el centenar de vecinos. Sin embargo, no todos los municipios siguen la misma tendencia. En Almócita, un pequeño pueblo de poco más de 200 habitantes, la población ha crecido en torno a un 25% en los últimos años.
Este aumento se vincula, en parte, al regreso de vecinos y a la puesta en marcha de nuevos proyectos. Entre ellos se encuentra la iniciativa de Víctor Compán, que decidió volver al municipio tras vivir fuera y crear una granja de gallinas camperas. Casos como el de este emprendedor muestran que hay posibles vías de revitalización para mantener vivos los pueblos.
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