Desde que estalló la guerra de Irán, todas las miradas se han dirigido a un punto del mapa: el estrecho de Ormuz. Hasta el pasado febrero, por esta vía marítima circulaba cerca del 25% del tráfico mundial de petróleo y gas. Ahora, los buques pasan con cuentagotas, debido al bloqueo aplicado por Teherán como respuesta a la campaña militar de EE.UU. e Israel.
La tensión en esta vía estratégica es cada vez mayor por los avances territoriales de los hutíes, la milicia chií de Yemen
Desde que estalló la guerra de Irán, todas las miradas se han dirigido a un punto del mapa: el estrecho de Ormuz. Hasta el pasado febrero, por esta vía marítima circulaba cerca del 25% del tráfico mundial de petróleo y gas. Ahora, los buques pasan con cuentagotas, debido al bloqueo aplicado por Teherán como respuesta a la campaña militar de EE.UU. e Israel.
Pero, en las últimas semanas, la atención internacional se ha desplazado hacia otro punto en conflicto, situado también en Oriente Medio: el estrecho de Bab el Mandeb.
Esta es la vía que conecta el mar Rojo con el océano Índico. Una paso estratégico que canaliza entre el 12 y el 15% del comercio global. Y se encuentra en peligro por el avance de los hutíes, la milicia chií de Yemen respaldada por Irán.
El grupo rebelde ha lanzado una ofensiva relámpago en su país que le ha permitido hacerse con territorios clave para controlar Bab el Mandeb, como el puerto de Moka y la isla de Perim. Los hutíes todavía no se han asegurado el dominio del estrecho, ya que las fuerzas del Gobierno oficial de Yemen, apoyadas por Arabia Saudí, han lanzado a su vez una contraofensiva, pero la posibilidad de que finalmente lleguen a tener la llave de esta vía marítima es muy real.
De hecho, la milicia ya puso en peligro la navegación por Bab el Mandeb en el 2023, cuando, durante la guerra de Gaza, realizó varios ataques contra buques mercantes en protesta por la campaña militar de Israel.
Si los hutíes logran solidificar su control del estrecho, el efecto en las finanzas internacionales puede ser catastrófico: la amenaza de un cierre de Bab el Mandeb multiplicaría las turbulencias en un mercado energético ya muy agitado por el bloqueo de Ormuz.
Como sucede con Irán en Ormuz, los hutíes no necesitarían un gran despliegue militar para interrumpir el tráfico por Bab el Mandeb. Les bastaría con utilizar misiles y drones para mantener una amenaza creíble y prolongada sobre el estrecho.
Por ahora, los hutíes aseguran que su único objetivo son los buques de Arabia Saudí, país al que está atacando por su apoyo al Gobierno yemení. Pero la milicia es imprevisible.
Si además se reactiva la guerra de Irán, los hutíes podrían tomar medidas drásticas en esta zona, ya que la guerrilla yemení es un fiel aliado de Teherán.
El escenario es volátil, todo puede pasar, y está por ver si EE.UU. puede acabar implicándose en este conflicto, del que por ahora se ha desentendido, para desesperación de Arabia Saudí. El caso es que la actual incapacidad para contener a los insurgentes lleva a muchos analistas a temer lo peor.
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