Lector, ¿usted ha podido leer Prohibido nacer?
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Lector, ¿usted ha podido leer Prohibido nacer?
¿No?
Pues se lo recomiendo. Se lo recomiendo, sobre todo, por su ácido sentido del humor.
Prohibido nacer lo escribió Trevor Noah, que es un cómico, presentador y analista político sudafricano y es una denuncia en sí mismo, al menos en Sudáfrica, donde nació.
Su padre es suizo, blanco, y su madre es sudafricana, negra, y cuando Noah era un niño en Johanesburgo, en los primeros años ochenta, blancos y negros no se podían mezclar, de manera que sus padres nunca iban juntos por la calle y si el crío, mulato, acompañaba a alguno de ellos, el color de su piel les estaba denunciando.
–Para sobrevivir tuve que convertirme en un camaleón –decía Trevor Noah, riéndose de sí mismo, años más tarde.
Para sobrevivir se convirtió en un camaleón. Y también, en un inmigrante: se fue a vivir a Nueva York. Allí se agigantó y desarrolló su humor ácido, profundamente reivindicativo, también político. En el 2017, The Hollywood Reporter le incorporaba en la lista de las 35 personas más poderosas en los medios.
(…)
Por ahora, Ademework Walelegn Tadesse ni puede ni quiere irse de su país, Etiopía, donde unos le adoran y otros le desprecian, pues es un atleta sensacional, uno de los mejores fondistas del mundo, pero también es albino.
Walelegn es un atleta sensacional y también es albino: en algunas zonas de Etiopía le asesinarían
En algunas zonas del África subsahariana, ser albino es un problema grave, algo así como una autodenuncia. En las tierras más altas y rurales de Etiopía, la incultura y las supersticiones comprometen su supervivencia. Para muchos, el albino es un fantasma blanco, un ser maldito que merece un castigo divino. El castigo divino se paga en la Tierra. Los justicieros asesinan al albino. O lo mutilan. En el mercado negro, se pagan barbaridades por varias partes de su cuerpo. Profanan su tumba. Puede interceptarle un control militar, puede apedrearle una cuadrilla de bandidos, puede lincharle la muchedumbre.
La infancia de Walelegn Tadesse estuvo condicionada por su albinismo. Se desarrolló en las montañas, rurales y supersticiosas. Según cuenta él mismo, no vivió experiencias especialmente traumáticas, pero su condición le hizo llevar la cabeza gacha. Era tímido, se sentía inferior.
Se refugió en el atletismo, era brillante. Alcanzó la gran ciudad, Adis Abeba (4,1 millones), aunque le costó relacionarse con los compañeros. Hablaba poco, esperaba una agresión inopinada que nunca llegó. Al sentirse seguro, creció como persona. Invirtió cuatro años en aprender inglés, una rareza entre los fondistas etíopes.
El domingo disputaba la Zurich Marató Barcelona. Orgulloso, pasó media carrera en el grupo delantero, exhibiéndose por nuestras avenidas, y solo tuvo que retirarse más tarde, noqueado por su estómago, que se descompuso.
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