Un pedazo de pizza que tiró a la basura delató a Rex Heuermann en el 2023, el presunto asesino de Gilgo Beach, después de años, desde 1993, de dejar un rastro de cerca de una decena de mujeres asesinadas y troceadas por la costa de Long Island (Nueva York).
Tras ser detenido en el 2023 y considerarse inocente, este miércoles cambió de postura y aceptó ser el autor de la muerte de al menos siete mujeres cuyos cuerpos troceados se hallaron hace más de una década
Un pedazo de pizza que tiró a la basura delató a Rex Heuermann en el 2023, el presunto asesino de Gilgo Beach, después de años, desde 1993, de dejar un rastro de cerca de una decena de mujeres asesinadas y troceadas por la costa de Long Island (Nueva York).
Heuermann, hoy de 62 años, arquitecto de profesión con despacho en Manhattan y aspecto de señor para los vecinos de Massapequa Park, un lugar residencial de clase media a una hora del centro de Nueva York, admitió este miércoles haber matado a al menos ocho mujeres (le imputaron por siete) y haber arrojado sus cuerpos en la playa de Gilgo, tras más de una década de que el descubrimiento masivo de restos humanos sacudiera a esa ciudad del entorno metropolitano de la Gran Manzana y cautivara a la nación.
En un principio, Heuermann se declaró no culpable al ser detenido hace casi tres años. Sus abogados intentaron en vano que se anulara la prueba clave de ADN que le incriminó. Los investigadores recogieron muestras que debían ser del asesino en serie en los lugares en los que hallaron restos humanos.
Todo parecía en vía muerta, en parte por culpa de la corrupción policial, cuando un cambio de jefes y de fiscal en el 2022 propicio la reapertura de las pesquisas y que se siguiera la pista del arquitecto por la descripción física y de su coche (un Chevrolet Avalanche) a partir de la declaración traspapelada de de un testigo. Uno de los investigadores se percató que ese potencial asesino arrojaba en el 2023 un trozo de pizza a una papelera, lo recuperó y, ¡bingo!, casaba con el ADN analizado años atrás.
El detenido cambió su declaración en esta nueva comparecencia ante el tribual del condado de Suffolk respecto a su papel en los asesinatos que ocurrieron a lo largo de un período de 17 años. Se declaró culpable de siete cargos y admitió que causó intencionadamente la muerte de Karen Bragata y dejó sus restos.
Como parte del acuerdo de culpabilidad, Heuermann no será acusado del asesinato de Bragata, que hasta ahora no había sido imputado formalmente. Ante el juez admitió haber conocido a las ocho mujeres, haberlas estrangulado y haber arrojado sus cuerpos en los lugares donde fueron encontrados en Gilgo Beach, Manorville y Southampton.
Se espera que reciba una condena de cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. En realidad, tres cadenas perpetuas consecutivas, seguidas de cuatro penas de entre 25 años y cadena perpetua. La sentencia está programada para el 17 de junio.
Sigue sin estar claro por qué Heuermann ha decidido cambiar su declaración. Había mantenido su inocencia desde su arresto en 2023.
La exesposa de Heuermann, Asa Ellerup, y su hija se sentaron en la última fila de la abarrotada sala del tribunal durante la audiencia, que duró aproximadamente 30 minutos. Esto ocurre apenas cinco meses antes de que Heuermann fuera a ser juzgado, donde se enfrentaba a una posible condena de cadena perpetua sin libertad condicional si era declarado culpable. Nada muy diferente a lo que le puede corresponder.
Según el sumario, entre 2010 y 2011 se encontraron un total de 11 conjuntos de restos humanos, la mayoría pertenecientes a trabajadoras sexuales, a lo largo de una carretera costera en Gilgo Beach, un pequeño barrio frente al mar en la costa sur de Long Island.
Shannan Gilbert desapareció en mayo de 2010, y su desaparición desencadenó la búsqueda que llevó al hallazgo de esos restos humanos. Sin embargo, Heuermann no ha sido acusado de su muerte.
Antes de desaparecer, la trabajadora sexual de 24 años realizó una llamada al 911 desde la casa de uno de sus clientes en Oak Beach, y luego llamó a la puerta de un vecino (Gus Coletti) antes de salir corriendo calle abajo. Que no se le impute no significa tampoco que se descarte a Heuermann. La cuestión es que no hallaron pruebas que lo vinculen. Pero Gilbert abrió la caja de Pandora contra ese hombre del maletín.
Heuermann fue acusado inicialmente por las muertes de Melissa Barthelemy, de 24 años, Megan Waterman, de 22, y Amber Costello, de 27. Las mujeres desaparecieron entre 2009 y 2010. Las tres mujeres formaban parte de las “Gilgo Four” (las cuatro de Gilgo), un grupo de prostitutas cuyos cuerpos fueron encontrados en esa playa en 2010. Sus cuerpos estaban atados en la cabeza, el torso y las piernas con arpillera.
Un año después fue acusado de matar a la cuarta mujer de las “Gilgo Four”, Maureen Brainard-Barnes, de 25 años. Posteriormente, también le imputaron el asesinato de otras tres mujeres cuyos restos fueron encontrados en la carretera costera: Jessica Taylor, de 20 años, que desapareció en julio de 2003; Sandra Costilla, de 28, cuyos restos fueron encontrados en Southampton en 1993; y Valerie Mack, de 24, que desapareció en el 2000.
Los asesinatos en serie sacudieron durante mucho tiempo a Long Island, un extenso y densamente poblado suburbio que se extiende aproximadamente 160 kilómetros al este de la ciudad de Nueva York, desde Queens hasta los Hamptons. En los años inmediatamente posteriores al descubrimiento de los restos, hace casi dos décadas, las autoridades no lograron identificar a ningún sospechoso.
Además de recuperar la declaración traspapelada del testigo, los investigadores también utilizaron una gran cantidad de pruebas de telefonía móvil para vincular los crímenes con un sospechoso que vivía en la zona, donde Heuermann residía con su esposa y sus dos hijos adultos y desde donde se desplazaba diariamente a Manhattan.
Indicaron que descubrieron que teléfonos desechables que Heuermann utilizaba para contactar a las víctimas se conectaban a torres de telefonía móvil tanto en ese vecindario como en Manhattan. Según las autoridades, Heuermann se deshacía de esos teléfonos después de matar a las mujeres. Todo funcionó hasta que se deshizo de la pizza y eso confirmó la tesis de los investigadores: Heuermann era ese hombre esquivo al que habían estado persiguiendo infructuosamente.
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