Fue premonitorio. El Centro Nacional de Inteligencia (CNI) -«La Casa»- volvía al Ministerio de Defensa tras su paso por vicepresidencia del Gobierno durante la etapa del Gobierno Rajoy . Esa fue la primera gran apuesta (y ganada) de la entonces recién nombrada ministra de Defensa Margarita Robles, quien asumía el cargo tras una moción de censura relámpago que aupó a PSOE y Podemos con Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. Con el movimiento del CNI, Robles restablecía la máxima de que la inteligencia exterior, la contrainteligencia y la seguridad nacional necesitaban la brújula natural de las Fuerzas Armadas. «Este es un Ministerio de Estado», repetía. Y nunca faltaron desde el inicio los mensajes de respaldo sin ambages a nuestras Fuerzas Armadas: «Son la mejor imagen de España». Robles intuía y conocía los planes que se avecinaban y cimentaron el pacto del todos contra el PP: indulto a los prófugos del ‘procés’, cesiones al entorno abertzale con los presos de ETA, concesiones a la extrema izquierda… y ella debía ofrecer la otra cara de la moneda. «Soy una socialista sin carné», esgrimía en una entrevista con ABC por el 12 de Octubre. Ocho años y tres meses después (3.022 días para ser más exactos), la ministra Robles se convirtió ayer en la responsable de Defensa española más veterana, superando al también socialista Narcís Serra (el ministro que pisoteó el lema socialista «OTAN, de entrada no»).Defensa siempre fue una cartera clave para las relaciones internacionales -vía OTAN y UE y con EE.UU. por las bases compartidas de Rota y Morón- pero durante este ‘periodo Robles’ este Ministerio también se ha convertido en mando de operaciones frente a crisis de todo tipo: el Covid, la guerra de Ucrania o la invasión de Ceuta son ejemplos palmarios. También hubo volcanes, filomenas y la trágica dana de Valencia donde el papel de las Fuerzas Armadas se situó en el centro de la acción o el debate. Para articular esta etapa -nada calma hay que reconocer- la magistrada ha sabido tejer un mando militar de contrastada lealtad y rigor. Su mayor baluarte ha sido el almirante general Teodoro López Calderón, a quien ascendió a Jefe de Estado Mayor de la Defensa (Jemad) en 2021 procedente de la jefatura de la Armada. Con él ha construido una bicefalia operativa caracterizada por la discreción y el respeto institucional. Robles también se ha caracterizado por una impronta marcadamente femenina en la Defensa y sus puestos neurálgicos: las dos directoras que ha tenido el CNI bajo su etapa (Paz Esteban y Esperanza Casteleiro), la secretaria de Estado de Defensa (María Amparo Valcarce) y un impulso decidido al ascenso de las primeras mujeres al generalato en las Fuerzas Armadas.Margarita Robles, este martes en el Senado. EPA la magistrada leonesa -«aunque barcelonesa de adopción»- también le ha correspondido pilotar otro hecho excepcional en la Defensa española en los últimos años: su ‘boom’ inversor al rebufo de los compromisos adquiridos de invertir el 2% del PIB en defensa tras la llamada de la guerra de Ucrania y la ‘desconexión’ con la que siempre amenaza EE.UU.Defensa ha acentuado fallidamente la búsqueda del «campeón industrial de defensa» español con la cuestión de Indra aún presente. Con el Ministerio de Industria, su cartera ha respaldado proyectos como el vehículo 8×8 Dragon (Santa Bárbara Sistemas, Indra, Sapa y Escribano), la fragata F-110 o los submarinos S-80 (Navantia) y la adquisición de nuevos Eurofighter, aviones de reabastecimiento en vuelo MRTT y de patrulla y vigilancia marítima C295 (Airbus), entre otros programas. Todos son proyectos con impacto industrial nacional y autonomía estratégica en el ámbito de defensa. También con empleo vertebrador en Andalucía, Madrid, Galicia, Murcia, Asturias o País Vasco.La apuesta presupuestaria no solo es industrial, también se refleja directamente en la huella de las Fuerzas Armadas en el exterior, virando desde las misiones tradicionales hacia el refuerzo de la disuasión en el flanco Este de la OTAN: al inicio de su mandato, España desplegaba aproximadamente 2.500 militares; en la actualidad, la cifra roza permanentemente los 4.000 efectivos desplegados, con un peso decisivo en Letonia, Eslovaquia, Rumanía, las misiones aéreas en el Báltico y las agrupaciones navales de la OTAN.La relación con el Rey Si algo ha caracterizado a la titular de Defensa ha sido su sintonía absoluta con la Casa de Su Majestad el Rey, ejerciendo de puente institucional tanto en la formación militar de la Princesa de Asturias como en los actos de Estado junto a Felipe VI. También defendiendo a la institución de los ataques de Podemos: «La Monarquía parlamentaria es una pieza esencial en el pacto constitucional», fue el titular en aquella única entrevista concedida a ABC.Con disputas en el Consejo de Ministros (la crisis de Ceuta ha destapado su enfrentamiento con Marlaska), Robles alcanza estos días el hito de ser la ministra de Defensa más veterana situando su mandato en la intrahistoria de las Fuerzas Armadas: la de una juez que entendió el lenguaje del uniforme militar. Ocho años después, la decisión le dio la razón. El CNI debía estar bajo el paraguas de un Ministerio de Estado. La crisis de Ceuta así lo ha demostrado aunque finalmente se haya tenido que plegar al interés de supervivencia de Sánchez situando a La Casa en el centro del debate público, algo que en el CNI llevan con resignación. Fue premonitorio. El Centro Nacional de Inteligencia (CNI) -«La Casa»- volvía al Ministerio de Defensa tras su paso por vicepresidencia del Gobierno durante la etapa del Gobierno Rajoy . Esa fue la primera gran apuesta (y ganada) de la entonces recién nombrada ministra de Defensa Margarita Robles, quien asumía el cargo tras una moción de censura relámpago que aupó a PSOE y Podemos con Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. Con el movimiento del CNI, Robles restablecía la máxima de que la inteligencia exterior, la contrainteligencia y la seguridad nacional necesitaban la brújula natural de las Fuerzas Armadas. «Este es un Ministerio de Estado», repetía. Y nunca faltaron desde el inicio los mensajes de respaldo sin ambages a nuestras Fuerzas Armadas: «Son la mejor imagen de España». Robles intuía y conocía los planes que se avecinaban y cimentaron el pacto del todos contra el PP: indulto a los prófugos del ‘procés’, cesiones al entorno abertzale con los presos de ETA, concesiones a la extrema izquierda… y ella debía ofrecer la otra cara de la moneda. «Soy una socialista sin carné», esgrimía en una entrevista con ABC por el 12 de Octubre. Ocho años y tres meses después (3.022 días para ser más exactos), la ministra Robles se convirtió ayer en la responsable de Defensa española más veterana, superando al también socialista Narcís Serra (el ministro que pisoteó el lema socialista «OTAN, de entrada no»).Defensa siempre fue una cartera clave para las relaciones internacionales -vía OTAN y UE y con EE.UU. por las bases compartidas de Rota y Morón- pero durante este ‘periodo Robles’ este Ministerio también se ha convertido en mando de operaciones frente a crisis de todo tipo: el Covid, la guerra de Ucrania o la invasión de Ceuta son ejemplos palmarios. También hubo volcanes, filomenas y la trágica dana de Valencia donde el papel de las Fuerzas Armadas se situó en el centro de la acción o el debate. Para articular esta etapa -nada calma hay que reconocer- la magistrada ha sabido tejer un mando militar de contrastada lealtad y rigor. Su mayor baluarte ha sido el almirante general Teodoro López Calderón, a quien ascendió a Jefe de Estado Mayor de la Defensa (Jemad) en 2021 procedente de la jefatura de la Armada. Con él ha construido una bicefalia operativa caracterizada por la discreción y el respeto institucional. Robles también se ha caracterizado por una impronta marcadamente femenina en la Defensa y sus puestos neurálgicos: las dos directoras que ha tenido el CNI bajo su etapa (Paz Esteban y Esperanza Casteleiro), la secretaria de Estado de Defensa (María Amparo Valcarce) y un impulso decidido al ascenso de las primeras mujeres al generalato en las Fuerzas Armadas.Margarita Robles, este martes en el Senado. EPA la magistrada leonesa -«aunque barcelonesa de adopción»- también le ha correspondido pilotar otro hecho excepcional en la Defensa española en los últimos años: su ‘boom’ inversor al rebufo de los compromisos adquiridos de invertir el 2% del PIB en defensa tras la llamada de la guerra de Ucrania y la ‘desconexión’ con la que siempre amenaza EE.UU.Defensa ha acentuado fallidamente la búsqueda del «campeón industrial de defensa» español con la cuestión de Indra aún presente. Con el Ministerio de Industria, su cartera ha respaldado proyectos como el vehículo 8×8 Dragon (Santa Bárbara Sistemas, Indra, Sapa y Escribano), la fragata F-110 o los submarinos S-80 (Navantia) y la adquisición de nuevos Eurofighter, aviones de reabastecimiento en vuelo MRTT y de patrulla y vigilancia marítima C295 (Airbus), entre otros programas. Todos son proyectos con impacto industrial nacional y autonomía estratégica en el ámbito de defensa. También con empleo vertebrador en Andalucía, Madrid, Galicia, Murcia, Asturias o País Vasco.La apuesta presupuestaria no solo es industrial, también se refleja directamente en la huella de las Fuerzas Armadas en el exterior, virando desde las misiones tradicionales hacia el refuerzo de la disuasión en el flanco Este de la OTAN: al inicio de su mandato, España desplegaba aproximadamente 2.500 militares; en la actualidad, la cifra roza permanentemente los 4.000 efectivos desplegados, con un peso decisivo en Letonia, Eslovaquia, Rumanía, las misiones aéreas en el Báltico y las agrupaciones navales de la OTAN.La relación con el Rey Si algo ha caracterizado a la titular de Defensa ha sido su sintonía absoluta con la Casa de Su Majestad el Rey, ejerciendo de puente institucional tanto en la formación militar de la Princesa de Asturias como en los actos de Estado junto a Felipe VI. También defendiendo a la institución de los ataques de Podemos: «La Monarquía parlamentaria es una pieza esencial en el pacto constitucional», fue el titular en aquella única entrevista concedida a ABC.Con disputas en el Consejo de Ministros (la crisis de Ceuta ha destapado su enfrentamiento con Marlaska), Robles alcanza estos días el hito de ser la ministra de Defensa más veterana situando su mandato en la intrahistoria de las Fuerzas Armadas: la de una juez que entendió el lenguaje del uniforme militar. Ocho años después, la decisión le dio la razón. El CNI debía estar bajo el paraguas de un Ministerio de Estado. La crisis de Ceuta así lo ha demostrado aunque finalmente se haya tenido que plegar al interés de supervivencia de Sánchez situando a La Casa en el centro del debate público, algo que en el CNI llevan con resignación.
Fue premonitorio. El Centro Nacional de Inteligencia (CNI) -«La Casa»- volvía al Ministerio de Defensa tras su paso por vicepresidencia del Gobierno durante la etapa del Gobierno Rajoy. Esa fue la primera gran apuesta (y ganada) de la entonces recién nombrada ministra de Defensa … Margarita Robles, quien asumía el cargo tras una moción de censura relámpago que aupó a PSOE y Podemos con Pedro Sánchez como presidente del Gobierno.
Con el movimiento del CNI, Robles restablecía la máxima de que la inteligencia exterior, la contrainteligencia y la seguridad nacional necesitaban la brújula natural de las Fuerzas Armadas. «Este es un Ministerio de Estado», repetía. Y nunca faltaron desde el inicio los mensajes de respaldo sin ambages a nuestras Fuerzas Armadas: «Son la mejor imagen de España».
Robles intuía y conocía los planes que se avecinaban y cimentaron el pacto del todos contra el PP: indulto a los prófugos del ‘procés’, cesiones al entorno abertzale con los presos de ETA, concesiones a la extrema izquierda… y ella debía ofrecer la otra cara de la moneda. «Soy una socialista sin carné», esgrimía en una entrevista con ABC por el 12 de Octubre.
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Ocho años y tres meses después (3.022 días para ser más exactos), la ministra Robles se convirtió ayer en la responsable de Defensa española más veterana, superando al también socialista Narcís Serra (el ministro que pisoteó el lema socialista «OTAN, de entrada no»).
Defensa siempre fue una cartera clave para las relaciones internacionales -vía OTAN y UE y con EE.UU. por las bases compartidas de Rota y Morón- pero durante este ‘periodo Robles’ este Ministerio también se ha convertido en mando de operaciones frente a crisis de todo tipo: el Covid, la guerra de Ucrania o la invasión de Ceuta son ejemplos palmarios. También hubo volcanes, filomenas y la trágica dana de Valencia donde el papel de las Fuerzas Armadas se situó en el centro de la acción o el debate.
Para articular esta etapa -nada calma hay que reconocer- la magistrada ha sabido tejer un mando militar de contrastada lealtad y rigor. Su mayor baluarte ha sido el almirante general Teodoro López Calderón, a quien ascendió a Jefe de Estado Mayor de la Defensa (Jemad) en 2021 procedente de la jefatura de la Armada. Con él ha construido una bicefalia operativa caracterizada por la discreción y el respeto institucional.Robles también se ha caracterizado por una impronta marcadamente femenina en la Defensa y sus puestos neurálgicos: las dos directoras que ha tenido el CNI bajo su etapa (Paz Esteban y Esperanza Casteleiro), la secretaria de Estado de Defensa (María Amparo Valcarce) y un impulso decidido al ascenso de las primeras mujeres al generalato en las Fuerzas Armadas.
(EP)
A la magistrada leonesa -«aunque barcelonesa de adopción»- también le ha correspondido pilotar otro hecho excepcional en la Defensa española en los últimos años: su ‘boom’ inversor al rebufo de los compromisos adquiridos de invertir el 2% del PIB en defensa tras la llamada de la guerra de Ucrania y la ‘desconexión’ con la que siempre amenaza EE.UU.
Defensa ha acentuado fallidamente la búsqueda del «campeón industrial de defensa» español con la cuestión de Indra aún presente. Con el Ministerio de Industria, su cartera ha respaldado proyectos como el vehículo 8×8 Dragon (Santa Bárbara Sistemas, Indra, Sapa y Escribano), la fragata F-110 o los submarinos S-80 (Navantia) y la adquisición de nuevos Eurofighter, aviones de reabastecimiento en vuelo MRTT y de patrulla y vigilancia marítima C295 (Airbus), entre otros programas. Todos son proyectos con impacto industrial nacional y autonomía estratégica en el ámbito de defensa. También con empleo vertebrador en Andalucía, Madrid, Galicia, Murcia, Asturias o País Vasco.
Misiones de las Fuerzas Armadas
españolas en el exterior en 2026
Organismo
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Colombia
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Fuente: Mando de Operaciones del EMAD / ABC
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coordinadas
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Mozambique
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Mozambique
EUTM Somalia
Eunav for Atalanta
Fuente: Mando de Operaciones del EMAD / ABC


La apuesta presupuestaria no solo es industrial, también se refleja directamente en la huella de las Fuerzas Armadas en el exterior, virando desde las misiones tradicionales hacia el refuerzo de la disuasión en el flanco Este de la OTAN: al inicio de su mandato, España desplegaba aproximadamente 2.500 militares; en la actualidad, la cifra roza permanentemente los 4.000 efectivos desplegados, con un peso decisivo en Letonia, Eslovaquia, Rumanía, las misiones aéreas en el Báltico y las agrupaciones navales de la OTAN.
La relación con el Rey
Si algo ha caracterizado a la titular de Defensa ha sido su sintonía absoluta con la Casa de Su Majestad el Rey, ejerciendo de puente institucional tanto en la formación militar de la Princesa de Asturias como en los actos de Estado junto a Felipe VI. También defendiendo a la institución de los ataques de Podemos: «La Monarquía parlamentaria es una pieza esencial en el pacto constitucional», fue el titular en aquella única entrevista concedida a ABC.
Con disputas en el Consejo de Ministros (la crisis de Ceuta ha destapado su enfrentamiento con Marlaska), Robles alcanza estos días el hito de ser la ministra de Defensa más veterana situando su mandato en la intrahistoria de las Fuerzas Armadas: la de una juez que entendió el lenguaje del uniforme militar.
Ocho años después, la decisión le dio la razón. El CNI debía estar bajo el paraguas de un Ministerio de Estado. La crisis de Ceuta así lo ha demostrado aunque finalmente se haya tenido que plegar al interés de supervivencia de Sánchez situando a La Casa en el centro del debate público, algo que en el CNI llevan con resignación.
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