Gabriel Rufián ha aprovechado este sábado el primer mitin conjunto de ERC y Podemos en Cataluña para defenderse de las críticas que ha recibido dentro de su propio partido y de Junts por su apuesta de colaboración con las izquierdas españolas. « Me han dado por todos lados », ha ironizado el candidato republicano a las elecciones generales del 29 de noviembre, que ha dedicado buena parte de su intervención a justificar una estrategia que, después de semanas de negociaciones, únicamente ha cristalizado en un acuerdo electoral con Podemos. «Aquí hay gente con la que quiero caminar», ha proclamado citando a Julio Anguita, reivindicando la necesidad de tender puentes con otras formaciones progresistas para impedir que la derecha llegue a la Moncloa.El escenario elegido para el estreno de la alianza tampoco era casual. Nou Barris, en Barcelona, un distrito de tradición obrera y mayoritariamente castellanohablante, constituye un territorio electoral poco propicio para el independentismo de ERC, pero bastante más próximo al electorado al que aspira a movilizar Podemos. También el idioma ha sido significativo. El mitin se ha desarrollado fundamentalmente en castellano, aunque Rufián ha alternado las dos lenguas en una intervención que, por momentos, parecía dirigida más a sus propios compañeros de partido que a los simpatizantes congregados en la plaza.El candidato de ERC ha asumido abiertamente que su iniciativa ha provocado incomodidad entre los suyos. «Dicen incluso en ERC: eso de las izquierdas españolas no es cosa nuestra», ha explicado, antes de ridiculizar la idea de que los acontecimientos políticos al otro lado de Cataluña no tengan consecuencias para los catalanes. Como si en la frontera con Aragón existiera una «frontera mágica», ha ironizado.Rufián ha planteado las elecciones generales como una disyuntiva que trasciende las aspiraciones nacionales del independentismo. Ha advertido de la posibilidad de que la derecha alcance una mayoría de 210 diputados, suficiente, según su argumentación, para impulsar cambios constitucionales, ilegalizaciones de partidos y el desmantelamiento de servicios públicos como la sanidad. También ha recurrido a la imagen de Santiago Abascal convertido en ministro del Interior para ilustrar las consecuencias que tendría para Cataluña un Ejecutivo de PP y Vox.«Cataluña no es indemne a la rabia fascista», ha advertido frente a quienes, dentro del independentismo, sostienen que la confrontación entre las izquierdas y las derechas españolas no debería formar parte de las prioridades del soberanismo. «Qué irresponsabilidad es no involucrarse», ha replicado, defendiendo que la abstención o la indiferencia ante lo que suceda en el conjunto de España no constituyen una alternativa política.Para reforzar su argumentación, el dirigente republicano ha echado mano de la propia historia de ERC. Ha citado a Lluís Companys y su actuación durante la Guerra Civil como ejemplo de la implicación del catalanismo en la defensa de la República. Incluso ha aludido a quienes, dentro de su partido, consideran que Companys estaba demasiado escorado a la izquierda y prefieren reivindicar la figura de Francesc Macià. Rufián ha respondido también con una referencia al fundador de Esquerra, recordando su defensa de que las izquierdas solo podían estar representadas por partidos de izquierdas.La reivindicación histórica le ha servido para abordar otra de las objeciones que, según ha relatado, ha escuchado entre sus propias filas: «Qué es eso de Podemos… Son españoles». Frente a ese reproche, Rufián ha defendido que «no hay una manera correcta de ser catalán», rechazando que la identidad nacional deba determinar con quién puede colaborar políticamente el independentismo, equiparando a quienes distinguen a independentistas buenos o malos con quienes lucen la «banderita española en la pulsera». Más que presentar un programa electoral compartido, Rufián ha tratado de demostrar ante la militancia republicana que colaborar con fuerzas de ámbito estatal no supone renunciar al independentismo ni traicionar la tradición histórica de ERC. «Yo quiero un Gobierno del PSOE sometido a estas fuerzas políticas, porque es mentira que el PP y el PSOE sean lo mismo, siempre y cuando seas capaz de coger al PSOE de la solapa y decirle: aquí se legisla para la gente», ha afirmado. La colaboración entre las izquierdas, ha venido a sostener, no debe traducirse en un cheque en blanco al socialismo, sino en una herramienta para condicionar sus políticas.El mitin, celebrado bajo el lema «Casa. Vida. Futur», ha supuesto la puesta de largo de una alianza electoral tan singular como limitada. ERC y Podemos han acordado colaborar en las generales, de forma que la formación morada no presentará candidatura propia en Cataluña y los republicanos incorporarán a representantes de Podemos en sus listas. A cambio, Rufián e Irene Montero compartirán distintos actos de campaña. La fórmula es, sin embargo, bastante más modesta que la gran confluencia de izquierdas que inicialmente había alentado Rufián y que su partido vetó, un partido donde él manda poco, ha reconocido. Las negociaciones con Frente Amplio no llegaron a buen puerto y el proyecto de unidad de las fuerzas situadas a la izquierda del PSOE ha quedado reducido en Cataluña, por ahora, al entendimiento entre Esquerra y Podemos. La intervención de Irene Montero ha tenido un tono distinto, más centrado en la confrontación con el PP. La candidata de Podemos ha arremetido contra Alberto Núñez Feijóo por su propuesta de suprimir el Ministerio de Igualdad e integrar sus competencias en otro departamento si gobierna después del 29-N. «Tu machismo mata», ha espetado al dirigente popular.Montero ha acusado a Feijóo de pretender «un país de mujeres sin derechos, un país de mujeres esclavizadas, más de la mitad de la población esclavizada» y ha sostenido que votar al PP supone «votar machismo» y «votar violencia».Al acto han asistido también el presidente de ERC, Oriol Junqueras, y la secretaria general de Podemos, Ione Belarra. Su presencia ha servido para escenificar el respaldo de ambas direcciones al acuerdo, pese a las resistencias que la iniciativa de Rufián ha provocado en el independentismo. Gabriel Rufián ha aprovechado este sábado el primer mitin conjunto de ERC y Podemos en Cataluña para defenderse de las críticas que ha recibido dentro de su propio partido y de Junts por su apuesta de colaboración con las izquierdas españolas. « Me han dado por todos lados », ha ironizado el candidato republicano a las elecciones generales del 29 de noviembre, que ha dedicado buena parte de su intervención a justificar una estrategia que, después de semanas de negociaciones, únicamente ha cristalizado en un acuerdo electoral con Podemos. «Aquí hay gente con la que quiero caminar», ha proclamado citando a Julio Anguita, reivindicando la necesidad de tender puentes con otras formaciones progresistas para impedir que la derecha llegue a la Moncloa.El escenario elegido para el estreno de la alianza tampoco era casual. Nou Barris, en Barcelona, un distrito de tradición obrera y mayoritariamente castellanohablante, constituye un territorio electoral poco propicio para el independentismo de ERC, pero bastante más próximo al electorado al que aspira a movilizar Podemos. También el idioma ha sido significativo. El mitin se ha desarrollado fundamentalmente en castellano, aunque Rufián ha alternado las dos lenguas en una intervención que, por momentos, parecía dirigida más a sus propios compañeros de partido que a los simpatizantes congregados en la plaza.El candidato de ERC ha asumido abiertamente que su iniciativa ha provocado incomodidad entre los suyos. «Dicen incluso en ERC: eso de las izquierdas españolas no es cosa nuestra», ha explicado, antes de ridiculizar la idea de que los acontecimientos políticos al otro lado de Cataluña no tengan consecuencias para los catalanes. Como si en la frontera con Aragón existiera una «frontera mágica», ha ironizado.Rufián ha planteado las elecciones generales como una disyuntiva que trasciende las aspiraciones nacionales del independentismo. Ha advertido de la posibilidad de que la derecha alcance una mayoría de 210 diputados, suficiente, según su argumentación, para impulsar cambios constitucionales, ilegalizaciones de partidos y el desmantelamiento de servicios públicos como la sanidad. También ha recurrido a la imagen de Santiago Abascal convertido en ministro del Interior para ilustrar las consecuencias que tendría para Cataluña un Ejecutivo de PP y Vox.«Cataluña no es indemne a la rabia fascista», ha advertido frente a quienes, dentro del independentismo, sostienen que la confrontación entre las izquierdas y las derechas españolas no debería formar parte de las prioridades del soberanismo. «Qué irresponsabilidad es no involucrarse», ha replicado, defendiendo que la abstención o la indiferencia ante lo que suceda en el conjunto de España no constituyen una alternativa política.Para reforzar su argumentación, el dirigente republicano ha echado mano de la propia historia de ERC. Ha citado a Lluís Companys y su actuación durante la Guerra Civil como ejemplo de la implicación del catalanismo en la defensa de la República. Incluso ha aludido a quienes, dentro de su partido, consideran que Companys estaba demasiado escorado a la izquierda y prefieren reivindicar la figura de Francesc Macià. Rufián ha respondido también con una referencia al fundador de Esquerra, recordando su defensa de que las izquierdas solo podían estar representadas por partidos de izquierdas.La reivindicación histórica le ha servido para abordar otra de las objeciones que, según ha relatado, ha escuchado entre sus propias filas: «Qué es eso de Podemos… Son españoles». Frente a ese reproche, Rufián ha defendido que «no hay una manera correcta de ser catalán», rechazando que la identidad nacional deba determinar con quién puede colaborar políticamente el independentismo, equiparando a quienes distinguen a independentistas buenos o malos con quienes lucen la «banderita española en la pulsera». Más que presentar un programa electoral compartido, Rufián ha tratado de demostrar ante la militancia republicana que colaborar con fuerzas de ámbito estatal no supone renunciar al independentismo ni traicionar la tradición histórica de ERC. «Yo quiero un Gobierno del PSOE sometido a estas fuerzas políticas, porque es mentira que el PP y el PSOE sean lo mismo, siempre y cuando seas capaz de coger al PSOE de la solapa y decirle: aquí se legisla para la gente», ha afirmado. La colaboración entre las izquierdas, ha venido a sostener, no debe traducirse en un cheque en blanco al socialismo, sino en una herramienta para condicionar sus políticas.El mitin, celebrado bajo el lema «Casa. Vida. Futur», ha supuesto la puesta de largo de una alianza electoral tan singular como limitada. ERC y Podemos han acordado colaborar en las generales, de forma que la formación morada no presentará candidatura propia en Cataluña y los republicanos incorporarán a representantes de Podemos en sus listas. A cambio, Rufián e Irene Montero compartirán distintos actos de campaña. La fórmula es, sin embargo, bastante más modesta que la gran confluencia de izquierdas que inicialmente había alentado Rufián y que su partido vetó, un partido donde él manda poco, ha reconocido. Las negociaciones con Frente Amplio no llegaron a buen puerto y el proyecto de unidad de las fuerzas situadas a la izquierda del PSOE ha quedado reducido en Cataluña, por ahora, al entendimiento entre Esquerra y Podemos. La intervención de Irene Montero ha tenido un tono distinto, más centrado en la confrontación con el PP. La candidata de Podemos ha arremetido contra Alberto Núñez Feijóo por su propuesta de suprimir el Ministerio de Igualdad e integrar sus competencias en otro departamento si gobierna después del 29-N. «Tu machismo mata», ha espetado al dirigente popular.Montero ha acusado a Feijóo de pretender «un país de mujeres sin derechos, un país de mujeres esclavizadas, más de la mitad de la población esclavizada» y ha sostenido que votar al PP supone «votar machismo» y «votar violencia».Al acto han asistido también el presidente de ERC, Oriol Junqueras, y la secretaria general de Podemos, Ione Belarra. Su presencia ha servido para escenificar el respaldo de ambas direcciones al acuerdo, pese a las resistencias que la iniciativa de Rufián ha provocado en el independentismo.
Gabriel Rufián ha aprovechado este sábado el primer mitin conjunto de ERC y Podemos en Cataluña para defenderse de las críticas que ha recibido dentro de su propio partido y de Junts por su apuesta de colaboración con las izquierdas españolas. «Me han dado por todos lados … », ha ironizado el candidato republicano a las elecciones generales del 29 de noviembre, que ha dedicado buena parte de su intervención a justificar una estrategia que, después de semanas de negociaciones, únicamente ha cristalizado en un acuerdo electoral con Podemos. «Aquí hay gente con la que quiero caminar», ha proclamado citando a Julio Anguita, reivindicando la necesidad de tender puentes con otras formaciones progresistas para impedir que la derecha llegue a la Moncloa.
El escenario elegido para el estreno de la alianza tampoco era casual. Nou Barris, en Barcelona, un distrito de tradición obrera y mayoritariamente castellanohablante, constituye un territorio electoral poco propicio para el independentismo de ERC, pero bastante más próximo al electorado al que aspira a movilizar Podemos. También el idioma ha sido significativo. El mitin se ha desarrollado fundamentalmente en castellano, aunque Rufián ha alternado las dos lenguas en una intervención que, por momentos, parecía dirigida más a sus propios compañeros de partido que a los simpatizantes congregados en la plaza.
El candidato de ERC ha asumido abiertamente que su iniciativa ha provocado incomodidad entre los suyos. «Dicen incluso en ERC: eso de las izquierdas españolas no es cosa nuestra», ha explicado, antes de ridiculizar la idea de que los acontecimientos políticos al otro lado de Cataluña no tengan consecuencias para los catalanes. Como si en la frontera con Aragón existiera una «frontera mágica», ha ironizado.
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Rufián ha planteado las elecciones generales como una disyuntiva que trasciende las aspiraciones nacionales del independentismo. Ha advertido de la posibilidad de que la derecha alcance una mayoría de 210 diputados, suficiente, según su argumentación, para impulsar cambios constitucionales, ilegalizaciones de partidos y el desmantelamiento de servicios públicos como la sanidad. También ha recurrido a la imagen de Santiago Abascal convertido en ministro del Interior para ilustrar las consecuencias que tendría para Cataluña un Ejecutivo de PP y Vox.
«Cataluña no es indemne a la rabia fascista», ha advertido frente a quienes, dentro del independentismo, sostienen que la confrontación entre las izquierdas y las derechas españolas no debería formar parte de las prioridades del soberanismo. «Qué irresponsabilidad es no involucrarse», ha replicado, defendiendo que la abstención o la indiferencia ante lo que suceda en el conjunto de España no constituyen una alternativa política.
Para reforzar su argumentación, el dirigente republicano ha echado mano de la propia historia de ERC. Ha citado a Lluís Companys y su actuación durante la Guerra Civil como ejemplo de la implicación del catalanismo en la defensa de la República. Incluso ha aludido a quienes, dentro de su partido, consideran que Companys estaba demasiado escorado a la izquierda y prefieren reivindicar la figura de Francesc Macià. Rufián ha respondido también con una referencia al fundador de Esquerra, recordando su defensa de que las izquierdas solo podían estar representadas por partidos de izquierdas.
La reivindicación histórica le ha servido para abordar otra de las objeciones que, según ha relatado, ha escuchado entre sus propias filas: «Qué es eso de Podemos… Son españoles». Frente a ese reproche, Rufián ha defendido que «no hay una manera correcta de ser catalán», rechazando que la identidad nacional deba determinar con quién puede colaborar políticamente el independentismo, equiparando a quienes distinguen a independentistas buenos o malos con quienes lucen la «banderita española en la pulsera».
Más que presentar un programa electoral compartido, Rufián ha tratado de demostrar ante la militancia republicana que colaborar con fuerzas de ámbito estatal no supone renunciar al independentismo ni traicionar la tradición histórica de ERC.
«Yo quiero un Gobierno del PSOE sometido a estas fuerzas políticas, porque es mentira que el PP y el PSOE sean lo mismo, siempre y cuando seas capaz de coger al PSOE de la solapa y decirle: aquí se legisla para la gente», ha afirmado. La colaboración entre las izquierdas, ha venido a sostener, no debe traducirse en un cheque en blanco al socialismo, sino en una herramienta para condicionar sus políticas.
El mitin, celebrado bajo el lema «Casa. Vida. Futur», ha supuesto la puesta de largo de una alianza electoral tan singular como limitada. ERC y Podemos han acordado colaborar en las generales, de forma que la formación morada no presentará candidatura propia en Cataluña y los republicanos incorporarán a representantes de Podemos en sus listas. A cambio, Rufián e Irene Montero compartirán distintos actos de campaña.
La fórmula es, sin embargo, bastante más modesta que la gran confluencia de izquierdas que inicialmente había alentado Rufián y que su partido vetó, un partido donde él manda poco, ha reconocido. Las negociaciones con Frente Amplio no llegaron a buen puerto y el proyecto de unidad de las fuerzas situadas a la izquierda del PSOE ha quedado reducido en Cataluña, por ahora, al entendimiento entre Esquerra y Podemos.
La intervención de Irene Montero ha tenido un tono distinto, más centrado en la confrontación con el PP. La candidata de Podemos ha arremetido contra Alberto Núñez Feijóo por su propuesta de suprimir el Ministerio de Igualdad e integrar sus competencias en otro departamento si gobierna después del 29-N. «Tu machismo mata», ha espetado al dirigente popular.
Montero ha acusado a Feijóo de pretender «un país de mujeres sin derechos, un país de mujeres esclavizadas, más de la mitad de la población esclavizada» y ha sostenido que votar al PP supone «votar machismo» y «votar violencia».
Al acto han asistido también el presidente de ERC, Oriol Junqueras, y la secretaria general de Podemos, Ione Belarra. Su presencia ha servido para escenificar el respaldo de ambas direcciones al acuerdo, pese a las resistencias que la iniciativa de Rufián ha provocado en el independentismo.
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