El guion estaba escrito. Pedro Sánchez se ha subido a la tribuna del Congreso con una estrategia en dos direcciones. La primera, trasladar el absoluto rechazo al conflicto bélico en Irán, ondeando la bandera del ‘No a la guerra’ que le está permitiendo asfixiar al espacio político a su izquierda. Y en segundo término, confrontar modelos de gestión con el PP, retrotrayéndose más de 20 años atrás. El presidente del Gobierno se ha puesto el traje de líder de la oposición, de la oposición a José María Aznar en 2003 cuando apoyó la invasión de Irak. Lo hizo recordando las consecuencias que tuvo aquel conflicto para los españoles y reivindicando el despliegue de medidas que el actual Ejecutivo ha puesto sobre la mesa y que tiene que convalidarse este jueves en el Parlamento. «Durante la guerra de Irak, el Gobierno de Aznar no hizo nada. Absolutamente nada. Montoro no aprobó ni una sola rebaja fiscal, cero reformas y cero ayudas, se ve que estaba más ocupado enriqueciéndose y traficando con el BOE», espetó.Sánchez criticó la «catadura moral» del expresidente del PP que, al contrario que George Bush y Toni Blair, que pidieron perdón, aseguró que «no se arrepiente de nada y que nunca lo hará». «Es importante recordar, no olvidar, para no cometer los errores del pasado», sentenció. El jefe del Ejecutivo dibujó un contexto actual «más grave», «mucho peor» que el de Irak: «Un desastre absoluto». Un desastre «al que sus señorías de Vox y PP han contribuido con su apoyo o su silencio», recriminó, para puntualizar que «callar ante una guerra injusta o ilegal no es prudencia ni lealtad es un acto de cobardía y complicidad».Noticia relacionada general No No Feijóo acusa a Sánchez de usar Irán para tapar su agonía: «No a la guerra y no a usted» Juan Casillas BayoEn contraposición, Sánchez reivindicó lo que entiende como un ejercicio de autonomía, escenificado en la decisión de denegar el uso de las bases de Rota y Morón para la ofensiva estadounidense contra el régimen de los ayatolás. El presidente reconoció que «todos los planes de vuelo han sido rechazados. No ha sido fácil, pero así lo permite el acuerdo bilateral -con EE.UU.». «Somos un país soberano que no quiere participar en guerras ilegales», aseveró. En este punto, fue hilvanando un discurso en clave de pertenencia, expresando el «orgullo de ser español» . «Patriotismo es oponerse a una guerra ilegal que en nada beneficia a los intereses de los españoles y los europeos. España es hoy una referencia internacional en defensa de la paz», presumió, reivindicando que «hemos conseguido que Europa se mueva».En la línea de la primera intervención que hizo desde Moncloa cuando estalló la guerra, Sánchez fijó su interpretación de lo que supone ser «aliado», para tratar de paliar el aislacionismo internacional al que se ha visto sometido. «Ser aliados no significa obediencia ni seguidismo ciego, significa lealtad a unos principios, significa tener el coraje de plantarse cuando el camino es el equivocado. España no va a ser cómplice ni de agresiones ilegales ni de mentiras disfrazadas de libertad». El presidente defendió el Plan de Respuesta a la Guerra de Oriente Medio que debe convalidarse en las Cortes y que supone «levantar el mayor escudo social y económico de toda la UE». «No elegimos las crisis, pero sí como respondemos a ellas: protegiendo a la gente y no dejando a nadie atrás», presumió. En el Ejecutivo quieren que esta idea sea la que cale, que es preferible tener un gobierno progresista al frente del país para gestionar las adversidades sobrevenidas.Réplica mitineraEn el turno de réplica el presidente del Gobierno salió cargado de munición. Con la vicepresidenta primera, María Jesús Montero, todavía sentada en la bancada azul, el tono de Sánchez fue más mitinero que institucional y se centró en infligir ataques personales a Feijóo y Abascal. Al presidente del PP le dibujó como un líder con un «profundo desconocimiento de Irán» con una cascada de preguntas que buscaba dejarle en evidencia. «No sabe poner a Huelva en el mapa, pero sabe donde están las armas nucleares de Irán. No hagan caso al Sr. Feijóo y sí a los servicios de Inteligencia de EE.UU. no había riesgo pronto de escalada atómica», criticó. El presidente incluso llegó a animar a Feijóo a «currarse un poco sus intervenciones» y le espetó: «No está preparado para llevar el timón de este país. Se lo dije hace tiempo cuando llegó de Galicia, a usted la política nacional o le queda lejos o le queda grande y ninguna es en interés de los españoles».MÁS INFORMACIÓN noticia Si Sánchez obvia el Consejo Europeo en el Congreso, pero su aislamiento sale a la luz noticia Si Abascal dice que Sánchez ansía la guerra: «El ruido de las explosiones oculta corruptelas» noticia Si Corto, «a la yugular», sin pronunciar Trump y emocional: las claves de la intervención de Sánchez sobre la guerra de Irán noticia Si Tellado se desplaza a Extremadura en un intento de cerrar el acuerdo entre PP y Vox noticia Si Nogueras dice en el Congreso que Cataluña «se va a la mierda» con el PSC: «¿Dónde está Illa?»En la misma línea se desquitó con un Abascal ausente de la sesión, a quien tildó de «cobarde». Sánchez obvió la crisis de Irán y se centró en dar sobrada cuenta de las polémicas internas de Vox. «El Sr. Abascal se tiene que ir porque a mí no me puede expulsar», ironizó, haciendo alusión a las últimas purgas en el partido. El presidente aseguró que el líder de Vox solo está en política «para forrarse» aunque se muestre muy preocupado por la patria. Para ello, recuperó algunas de las declaraciones de exdirigentes de la formación como Juan García-Gallardo o Iván Espinosa de los Monteros apuntando al beneficio económico personal que Abascal estaría obteniendo del partido. «Viene del PP, ha aprendido bien», sentenció, apuntando que se ha pasado de «la caja B de Bárcenas a la caja A de Abascal». El guion estaba escrito. Pedro Sánchez se ha subido a la tribuna del Congreso con una estrategia en dos direcciones. La primera, trasladar el absoluto rechazo al conflicto bélico en Irán, ondeando la bandera del ‘No a la guerra’ que le está permitiendo asfixiar al espacio político a su izquierda. Y en segundo término, confrontar modelos de gestión con el PP, retrotrayéndose más de 20 años atrás. El presidente del Gobierno se ha puesto el traje de líder de la oposición, de la oposición a José María Aznar en 2003 cuando apoyó la invasión de Irak. Lo hizo recordando las consecuencias que tuvo aquel conflicto para los españoles y reivindicando el despliegue de medidas que el actual Ejecutivo ha puesto sobre la mesa y que tiene que convalidarse este jueves en el Parlamento. «Durante la guerra de Irak, el Gobierno de Aznar no hizo nada. Absolutamente nada. Montoro no aprobó ni una sola rebaja fiscal, cero reformas y cero ayudas, se ve que estaba más ocupado enriqueciéndose y traficando con el BOE», espetó.Sánchez criticó la «catadura moral» del expresidente del PP que, al contrario que George Bush y Toni Blair, que pidieron perdón, aseguró que «no se arrepiente de nada y que nunca lo hará». «Es importante recordar, no olvidar, para no cometer los errores del pasado», sentenció. El jefe del Ejecutivo dibujó un contexto actual «más grave», «mucho peor» que el de Irak: «Un desastre absoluto». Un desastre «al que sus señorías de Vox y PP han contribuido con su apoyo o su silencio», recriminó, para puntualizar que «callar ante una guerra injusta o ilegal no es prudencia ni lealtad es un acto de cobardía y complicidad».Noticia relacionada general No No Feijóo acusa a Sánchez de usar Irán para tapar su agonía: «No a la guerra y no a usted» Juan Casillas BayoEn contraposición, Sánchez reivindicó lo que entiende como un ejercicio de autonomía, escenificado en la decisión de denegar el uso de las bases de Rota y Morón para la ofensiva estadounidense contra el régimen de los ayatolás. El presidente reconoció que «todos los planes de vuelo han sido rechazados. No ha sido fácil, pero así lo permite el acuerdo bilateral -con EE.UU.». «Somos un país soberano que no quiere participar en guerras ilegales», aseveró. En este punto, fue hilvanando un discurso en clave de pertenencia, expresando el «orgullo de ser español» . «Patriotismo es oponerse a una guerra ilegal que en nada beneficia a los intereses de los españoles y los europeos. España es hoy una referencia internacional en defensa de la paz», presumió, reivindicando que «hemos conseguido que Europa se mueva».En la línea de la primera intervención que hizo desde Moncloa cuando estalló la guerra, Sánchez fijó su interpretación de lo que supone ser «aliado», para tratar de paliar el aislacionismo internacional al que se ha visto sometido. «Ser aliados no significa obediencia ni seguidismo ciego, significa lealtad a unos principios, significa tener el coraje de plantarse cuando el camino es el equivocado. España no va a ser cómplice ni de agresiones ilegales ni de mentiras disfrazadas de libertad». El presidente defendió el Plan de Respuesta a la Guerra de Oriente Medio que debe convalidarse en las Cortes y que supone «levantar el mayor escudo social y económico de toda la UE». «No elegimos las crisis, pero sí como respondemos a ellas: protegiendo a la gente y no dejando a nadie atrás», presumió. En el Ejecutivo quieren que esta idea sea la que cale, que es preferible tener un gobierno progresista al frente del país para gestionar las adversidades sobrevenidas.Réplica mitineraEn el turno de réplica el presidente del Gobierno salió cargado de munición. Con la vicepresidenta primera, María Jesús Montero, todavía sentada en la bancada azul, el tono de Sánchez fue más mitinero que institucional y se centró en infligir ataques personales a Feijóo y Abascal. Al presidente del PP le dibujó como un líder con un «profundo desconocimiento de Irán» con una cascada de preguntas que buscaba dejarle en evidencia. «No sabe poner a Huelva en el mapa, pero sabe donde están las armas nucleares de Irán. No hagan caso al Sr. Feijóo y sí a los servicios de Inteligencia de EE.UU. no había riesgo pronto de escalada atómica», criticó. El presidente incluso llegó a animar a Feijóo a «currarse un poco sus intervenciones» y le espetó: «No está preparado para llevar el timón de este país. Se lo dije hace tiempo cuando llegó de Galicia, a usted la política nacional o le queda lejos o le queda grande y ninguna es en interés de los españoles».MÁS INFORMACIÓN noticia Si Sánchez obvia el Consejo Europeo en el Congreso, pero su aislamiento sale a la luz noticia Si Abascal dice que Sánchez ansía la guerra: «El ruido de las explosiones oculta corruptelas» noticia Si Corto, «a la yugular», sin pronunciar Trump y emocional: las claves de la intervención de Sánchez sobre la guerra de Irán noticia Si Tellado se desplaza a Extremadura en un intento de cerrar el acuerdo entre PP y Vox noticia Si Nogueras dice en el Congreso que Cataluña «se va a la mierda» con el PSC: «¿Dónde está Illa?»En la misma línea se desquitó con un Abascal ausente de la sesión, a quien tildó de «cobarde». Sánchez obvió la crisis de Irán y se centró en dar sobrada cuenta de las polémicas internas de Vox. «El Sr. Abascal se tiene que ir porque a mí no me puede expulsar», ironizó, haciendo alusión a las últimas purgas en el partido. El presidente aseguró que el líder de Vox solo está en política «para forrarse» aunque se muestre muy preocupado por la patria. Para ello, recuperó algunas de las declaraciones de exdirigentes de la formación como Juan García-Gallardo o Iván Espinosa de los Monteros apuntando al beneficio económico personal que Abascal estaría obteniendo del partido. «Viene del PP, ha aprendido bien», sentenció, apuntando que se ha pasado de «la caja B de Bárcenas a la caja A de Abascal».
El guion estaba escrito. Pedro Sánchez se ha subido a la tribuna del Congreso con una estrategia en dos direcciones. La primera, trasladar el absoluto rechazo al conflicto bélico en Irán, ondeando la bandera del ‘No a la guerra’ que le está permitiendo asfixiar … al espacio político a su izquierda. Y en segundo término, confrontar modelos de gestión con el PP, retrotrayéndose más de 20 años atrás. El presidente del Gobierno se ha puesto el traje de líder de la oposición, de la oposición a José María Aznar en 2003 cuando apoyó la invasión de Irak.
Lo hizo recordando las consecuencias que tuvo aquel conflicto para los españoles y reivindicando el despliegue de medidas que el actual Ejecutivo ha puesto sobre la mesa y que tiene que convalidarse este jueves en el Parlamento. «Durante la guerra de Irak, el Gobierno de Aznar no hizo nada. Absolutamente nada. Montoro no aprobó ni una sola rebaja fiscal, cero reformas y cero ayudas, se ve que estaba más ocupado enriqueciéndose y traficando con el BOE», espetó.
Sánchez criticó la «catadura moral» del expresidente del PP que, al contrario que George Bush y Toni Blair, que pidieron perdón, aseguró que «no se arrepiente de nada y que nunca lo hará». «Es importante recordar, no olvidar, para no cometer los errores del pasado», sentenció. El jefe del Ejecutivo dibujó un contexto actual «más grave», «mucho peor» que el de Irak: «Un desastre absoluto». Un desastre «al que sus señorías de Vox y PP han contribuido con su apoyo o su silencio», recriminó, para puntualizar que «callar ante una guerra injusta o ilegal no es prudencia ni lealtad es un acto de cobardía y complicidad».
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En contraposición, Sánchez reivindicó lo que entiende como un ejercicio de autonomía, escenificado en la decisión de denegar el uso de las bases de Rota y Morón para la ofensiva estadounidense contra el régimen de los ayatolás. El presidente reconoció que «todos los planes de vuelo han sido rechazados. No ha sido fácil, pero así lo permite el acuerdo bilateral -con EE.UU.». «Somos un país soberano que no quiere participar en guerras ilegales», aseveró. En este punto, fue hilvanando un discurso en clave de pertenencia, expresando el «orgullo de ser español». «Patriotismo es oponerse a una guerra ilegal que en nada beneficia a los intereses de los españoles y los europeos. España es hoy una referencia internacional en defensa de la paz», presumió, reivindicando que «hemos conseguido que Europa se mueva».
En la línea de la primera intervención que hizo desde Moncloa cuando estalló la guerra, Sánchez fijó su interpretación de lo que supone ser «aliado», para tratar de paliar el aislacionismo internacional al que se ha visto sometido. «Ser aliados no significa obediencia ni seguidismo ciego, significa lealtad a unos principios, significa tener el coraje de plantarse cuando el camino es el equivocado. España no va a ser cómplice ni de agresiones ilegales ni de mentiras disfrazadas de libertad».
El presidente defendió el Plan de Respuesta a la Guerra de Oriente Medio que debe convalidarse en las Cortes y que supone «levantar el mayor escudo social y económico de toda la UE». «No elegimos las crisis, pero sí como respondemos a ellas: protegiendo a la gente y no dejando a nadie atrás», presumió. En el Ejecutivo quieren que esta idea sea la que cale, que es preferible tener un gobierno progresista al frente del país para gestionar las adversidades sobrevenidas.
Réplica mitinera
En el turno de réplica el presidente del Gobierno salió cargado de munición. Con la vicepresidenta primera, María Jesús Montero, todavía sentada en la bancada azul, el tono de Sánchez fue más mitinero que institucional y se centró en infligir ataques personales a Feijóo y Abascal. Al presidente del PP le dibujó como un líder con un «profundo desconocimiento de Irán» con una cascada de preguntas que buscaba dejarle en evidencia. «No sabe poner a Huelva en el mapa, pero sabe donde están las armas nucleares de Irán. No hagan caso al Sr. Feijóo y sí a los servicios de Inteligencia de EE.UU. no había riesgo pronto de escalada atómica», criticó. El presidente incluso llegó a animar a Feijóo a «currarse un poco sus intervenciones» y le espetó: «No está preparado para llevar el timón de este país. Se lo dije hace tiempo cuando llegó de Galicia, a usted la política nacional o le queda lejos o le queda grande y ninguna es en interés de los españoles».
En la misma línea se desquitó con un Abascal ausente de la sesión, a quien tildó de «cobarde». Sánchez obvió la crisis de Irán y se centró en dar sobrada cuenta de las polémicas internas de Vox. «El Sr. Abascal se tiene que ir porque a mí no me puede expulsar», ironizó, haciendo alusión a las últimas purgas en el partido. El presidente aseguró que el líder de Vox solo está en política «para forrarse» aunque se muestre muy preocupado por la patria. Para ello, recuperó algunas de las declaraciones de exdirigentes de la formación como Juan García-Gallardo o Iván Espinosa de los Monteros apuntando al beneficio económico personal que Abascal estaría obteniendo del partido. «Viene del PP, ha aprendido bien», sentenció, apuntando que se ha pasado de «la caja B de Bárcenas a la caja A de Abascal».
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