Siete son los sueños de piedra que la Virgen levanta cada primavera en la fe intachable de Villamanrique. Siete son los anhelos de los rocieros que venidos de distintos puntos de la geografía andaluza llegan cantando, brincando y rezando, cada uno como se lo enseñó su gente, para llegar a la Parroquia Santa María Magdalena de este bendito lugar que es todo un hito en el camino. Uno inolvidable y del que hay que seguir enorgulleciéndose. Pero hay sueños que por ser sueños son inherentemente imposibles, y el jueves de la romería del Rocío de 2026 queda ya marcado como uno de los días en los que menos hermandades sevillanas decidieron no superar la escalera. Y la pena también se multiplica por siete.Olivares y La Algaba fueron las más madrugadoras, las primeras en llegar a la Plaza de España, convertida un año más en uno de los espacios con mayor encanto de Andalucía, con primorosos gallardetes y el primitivo simpecado de Villamanrique dispuesto, el tesoro mejor guardado de una devoción que traspasa corazones y fronteras. La hermandad de Morón aparecía por sevillanas, sabiendo que la ermita no es más que una mera cuestión de tiempo. El solano de las marismas alisaba también cabelleras. Flamencas y rocieros a caballo desfilaron para llegar a las puertas del templo, y decidir no subir con sus bueyes su simpecado. La legendaria ‘Salve, madre, en la tierra de tus amores’ resonó como nunca en todas las gargantas que llegaron. Rezar flojito es rezar íntimamente. Pedir y dar gracias alma abierta. Al igual que la entonó Aznalcázar, porque Lebrija decidía hace cuestión de unos veinte días no pasar por este punto tan multitudinario. ¿Qué ocurría? Según rocieros aznalcazareños, subir o no subir era una cuestión que le correspondía al carretero, pero la incertidumbre estuvo ahí. Él como nadie sabe el estado físico de tan majestuosas bestias y el Rocío no está para sustos después de los vividos el año pasado. «El rojo de la amapola es del simpecado mío», vociferaban, sin parar, pidiendo paso. Pero no subieron. La plaza se arrancó con palmas en un ambiente extraordinario. Lo mejoraba si cabía la siguiente, San Juan. «Ya está aquí San Juan», una corporación que volvió a poner frente a frente dos simpecados que bien reflejan el amor por la Virgen. Era el turno de Espartinas . Asidos a la carreta plateada, con su simpecado libre de varales y exornado con flores de color pastel quiso recoger los piropos de cuantos allí habían: y qué verdad es la letra que donde hay rociero, allí hay Rocío. Villamanrique celebró la elegancia de la sencillez ante un monumento erguido entre todas sus generaciones. Justo lo que le sucedió a Mairena del Aljarafe, que sembró de brotes verdes hechos abanicos al aire la esencia aljarafeña de quien sabe querer a la que reina en Almonte. «Canta Mairena», y tanto que lo hacían, resplandecientes, con su cordón verdinegro. Fue la población mairenera una de las que más se unió a la fiesta manriqueña, pero al igual que Espartinas, tomó la determinación de no subir a su siete por las siete bondades del pueblo. Dos presencias destacaron entre el público: la del presidente de la diputación, J avier Fernández , y la de Carlos López Bravo , candidato a hermano mayor del Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla.Subió GelvesTuvo que ser Gelves la que rompiera el hechizo. El maleficio gelveño que hace de la luz aurora. Todos los rocieros del municipio sevillano empujaron en una suerte de cuadrilla improvisada y la emoción hizo vibrar la plaza de Villamanrique, el público y los romeros que ahora la custodiaban. Qué tan emotivo fue el encuentro con Inma, rociera gelveña y madre de una de las peregrinas, pero no una cualquiera: su nombre es María. «Este año es especial porque mi hija está embarazada de siete meses», relata la futura abuela emocionada. Su hija es la hermana mayor. Por eso el camino es el camino y no hay otros que se le igualen. Ante la pregunta del cronista sobre qué será lo que traiga la gelveña a la vida de todos, Inma replica con un cariño que escriben los años: «Será rociera», aseguraba. Y allí que bajaba el simpecado gelveño, y cuánto duele verlos bajar de la gloria. Paso a paso hacia atrás. Porque el miedo siempre está ahí.Coria los subía, claro que los subía. ¿Había alguien que lo dudara? Allí que fue la azucena mayor ribereña de su simpecado para dejar una estampa de oro y romero en que podría haber retratado el mejor fotógrafo. El día iba con una hora de retraso, pero a nadie le importaba ni el calor ni el reloj porque Coria haciendo disfrutar al respetable . La subida de los rocieros corianos fue antológica y allí que la aplaudieron todos los presentes, a la espera de que la Macarena abriese la tarde de presentaciones en el corazón de Villamanrique. Siete son los sueños de piedra que la Virgen levanta cada primavera en la fe intachable de Villamanrique. Siete son los anhelos de los rocieros que venidos de distintos puntos de la geografía andaluza llegan cantando, brincando y rezando, cada uno como se lo enseñó su gente, para llegar a la Parroquia Santa María Magdalena de este bendito lugar que es todo un hito en el camino. Uno inolvidable y del que hay que seguir enorgulleciéndose. Pero hay sueños que por ser sueños son inherentemente imposibles, y el jueves de la romería del Rocío de 2026 queda ya marcado como uno de los días en los que menos hermandades sevillanas decidieron no superar la escalera. Y la pena también se multiplica por siete.Olivares y La Algaba fueron las más madrugadoras, las primeras en llegar a la Plaza de España, convertida un año más en uno de los espacios con mayor encanto de Andalucía, con primorosos gallardetes y el primitivo simpecado de Villamanrique dispuesto, el tesoro mejor guardado de una devoción que traspasa corazones y fronteras. La hermandad de Morón aparecía por sevillanas, sabiendo que la ermita no es más que una mera cuestión de tiempo. El solano de las marismas alisaba también cabelleras. Flamencas y rocieros a caballo desfilaron para llegar a las puertas del templo, y decidir no subir con sus bueyes su simpecado. La legendaria ‘Salve, madre, en la tierra de tus amores’ resonó como nunca en todas las gargantas que llegaron. Rezar flojito es rezar íntimamente. Pedir y dar gracias alma abierta. Al igual que la entonó Aznalcázar, porque Lebrija decidía hace cuestión de unos veinte días no pasar por este punto tan multitudinario. ¿Qué ocurría? Según rocieros aznalcazareños, subir o no subir era una cuestión que le correspondía al carretero, pero la incertidumbre estuvo ahí. Él como nadie sabe el estado físico de tan majestuosas bestias y el Rocío no está para sustos después de los vividos el año pasado. «El rojo de la amapola es del simpecado mío», vociferaban, sin parar, pidiendo paso. Pero no subieron. La plaza se arrancó con palmas en un ambiente extraordinario. Lo mejoraba si cabía la siguiente, San Juan. «Ya está aquí San Juan», una corporación que volvió a poner frente a frente dos simpecados que bien reflejan el amor por la Virgen. Era el turno de Espartinas . Asidos a la carreta plateada, con su simpecado libre de varales y exornado con flores de color pastel quiso recoger los piropos de cuantos allí habían: y qué verdad es la letra que donde hay rociero, allí hay Rocío. Villamanrique celebró la elegancia de la sencillez ante un monumento erguido entre todas sus generaciones. Justo lo que le sucedió a Mairena del Aljarafe, que sembró de brotes verdes hechos abanicos al aire la esencia aljarafeña de quien sabe querer a la que reina en Almonte. «Canta Mairena», y tanto que lo hacían, resplandecientes, con su cordón verdinegro. Fue la población mairenera una de las que más se unió a la fiesta manriqueña, pero al igual que Espartinas, tomó la determinación de no subir a su siete por las siete bondades del pueblo. Dos presencias destacaron entre el público: la del presidente de la diputación, J avier Fernández , y la de Carlos López Bravo , candidato a hermano mayor del Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla.Subió GelvesTuvo que ser Gelves la que rompiera el hechizo. El maleficio gelveño que hace de la luz aurora. Todos los rocieros del municipio sevillano empujaron en una suerte de cuadrilla improvisada y la emoción hizo vibrar la plaza de Villamanrique, el público y los romeros que ahora la custodiaban. Qué tan emotivo fue el encuentro con Inma, rociera gelveña y madre de una de las peregrinas, pero no una cualquiera: su nombre es María. «Este año es especial porque mi hija está embarazada de siete meses», relata la futura abuela emocionada. Su hija es la hermana mayor. Por eso el camino es el camino y no hay otros que se le igualen. Ante la pregunta del cronista sobre qué será lo que traiga la gelveña a la vida de todos, Inma replica con un cariño que escriben los años: «Será rociera», aseguraba. Y allí que bajaba el simpecado gelveño, y cuánto duele verlos bajar de la gloria. Paso a paso hacia atrás. Porque el miedo siempre está ahí.Coria los subía, claro que los subía. ¿Había alguien que lo dudara? Allí que fue la azucena mayor ribereña de su simpecado para dejar una estampa de oro y romero en que podría haber retratado el mejor fotógrafo. El día iba con una hora de retraso, pero a nadie le importaba ni el calor ni el reloj porque Coria haciendo disfrutar al respetable . La subida de los rocieros corianos fue antológica y allí que la aplaudieron todos los presentes, a la espera de que la Macarena abriese la tarde de presentaciones en el corazón de Villamanrique.
Siete son los sueños de piedra que la Virgen levanta cada primavera en la fe intachable de Villamanrique. Siete son los anhelos de los rocieros que venidos de distintos puntos de la geografía andaluza llegan cantando, brincando y rezando, cada uno como se lo enseñó … su gente, para llegar a la Parroquia Santa María Magdalena de este bendito lugar que es todo un hito en el camino. Uno inolvidable y del que hay que seguir enorgulleciéndose. Pero hay sueños que por ser sueños son inherentemente imposibles, y el jueves de la romería del Rocío de 2026 queda ya marcado como uno de los días en los que menos hermandades sevillanas decidieron no superar la escalera. Y la pena también se multiplica por siete.
Olivares y La Algaba fueron las más madrugadoras, las primeras en llegar a la Plaza de España, convertida un año más en uno de los espacios con mayor encanto de Andalucía, con primorosos gallardetes y el primitivo simpecado de Villamanrique dispuesto, el tesoro mejor guardado de una devoción que traspasa corazones y fronteras. La hermandad de Morón aparecía por sevillanas, sabiendo que la ermita no es más que una mera cuestión de tiempo. El solano de las marismas alisaba también cabelleras. Flamencas y rocieros a caballo desfilaron para llegar a las puertas del templo, y decidir no subir con sus bueyes su simpecado. La legendaria ‘Salve, madre, en la tierra de tus amores’ resonó como nunca en todas las gargantas que llegaron. Rezar flojito es rezar íntimamente. Pedir y dar gracias alma abierta. Al igual que la entonó Aznalcázar, porque Lebrija decidía hace cuestión de unos veinte días no pasar por este punto tan multitudinario.
¿Qué ocurría? Según rocieros aznalcazareños, subir o no subir era una cuestión que le correspondía al carretero, pero la incertidumbre estuvo ahí. Él como nadie sabe el estado físico de tan majestuosas bestias y el Rocío no está para sustos después de los vividos el año pasado. «El rojo de la amapola es del simpecado mío», vociferaban, sin parar, pidiendo paso. Pero no subieron. La plaza se arrancó con palmas en un ambiente extraordinario. Lo mejoraba si cabía la siguiente, San Juan. «Ya está aquí San Juan», una corporación que volvió a poner frente a frente dos simpecados que bien reflejan el amor por la Virgen.

Era el turno de Espartinas. Asidos a la carreta plateada, con su simpecado libre de varales y exornado con flores de color pastel quiso recoger los piropos de cuantos allí habían: y qué verdad es la letra que donde hay rociero, allí hay Rocío. Villamanrique celebró la elegancia de la sencillez ante un monumento erguido entre todas sus generaciones. Justo lo que le sucedió a Mairena del Aljarafe, que sembró de brotes verdes hechos abanicos al aire la esencia aljarafeña de quien sabe querer a la que reina en Almonte. «Canta Mairena», y tanto que lo hacían, resplandecientes, con su cordón verdinegro. Fue la población mairenera una de las que más se unió a la fiesta manriqueña, pero al igual que Espartinas, tomó la determinación de no subir a su siete por las siete bondades del pueblo. Dos presencias destacaron entre el público: la del presidente de la diputación, Javier Fernández, y la de Carlos López Bravo, candidato a hermano mayor del Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla.
Subió Gelves
Tuvo que ser Gelves la que rompiera el hechizo. El maleficio gelveño que hace de la luz aurora. Todos los rocieros del municipio sevillano empujaron en una suerte de cuadrilla improvisada y la emoción hizo vibrar la plaza de Villamanrique, el público y los romeros que ahora la custodiaban. Qué tan emotivo fue el encuentro con Inma, rociera gelveña y madre de una de las peregrinas, pero no una cualquiera: su nombre es María. «Este año es especial porque mi hija está embarazada de siete meses», relata la futura abuela emocionada. Su hija es la hermana mayor. Por eso el camino es el camino y no hay otros que se le igualen. Ante la pregunta del cronista sobre qué será lo que traiga la gelveña a la vida de todos, Inma replica con un cariño que escriben los años: «Será rociera», aseguraba. Y allí que bajaba el simpecado gelveño, y cuánto duele verlos bajar de la gloria. Paso a paso hacia atrás. Porque el miedo siempre está ahí.
Coria los subía, claro que los subía. ¿Había alguien que lo dudara? Allí que fue la azucena mayor ribereña de su simpecado para dejar una estampa de oro y romero en que podría haber retratado el mejor fotógrafo. El día iba con una hora de retraso, pero a nadie le importaba ni el calor ni el reloj porque Coria haciendo disfrutar al respetable. La subida de los rocieros corianos fue antológica y allí que la aplaudieron todos los presentes, a la espera de que la Macarena abriese la tarde de presentaciones en el corazón de Villamanrique.
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