En las tres principales ciudades de Francia –París, Marsella y Lyon– reina un gran suspense sobre quién ganará la alcaldía en la segunda vuelta de las elecciones municipales, que se celebran este domingo. El duelo se disputa, aunque en situaciones diferentes en cada caso, entre la derecha tradicional, la extrema derecha y la izquierda.
El apoyo a Rachida Dati en la capital va desde Macron hasta Le Pen
En las tres principales ciudades de Francia –París, Marsella y Lyon– reina un gran suspense sobre quién ganará la alcaldía en la segunda vuelta de las elecciones municipales, que se celebran este domingo. El duelo se disputa, aunque en situaciones diferentes en cada caso, entre la derecha tradicional, la extrema derecha y la izquierda.
Las circunstancias de la capital son las más singulares. Durante los últimos 25 años ha sido gobernada por una coalición de izquierdas -que incluye a ecologistas y comunistas- encabezada por los socialistas. Con casi el 38% de votos en el primer turno, Emmanuel Grégoire, que fue lugarteniente de la alcaldesa Anne Hidalgo, aspira a sucederla. Su principal rival, la conservadora Rachida Dati, obtuvo solo el 25,4% de votos del domingo pasado, pero en la segunda vuelta ha fusionado su lista con la del partido de centroderecha Horizontes, aliado del macronismo, que logró el 11,7% de sufragios. Además, el partido de extrema derecha Reconquista, que sorprendió con un apoyo del 10,1% de los parisinos, decidió retirarse para facilitar una victoria de Dati y, sobre todo, para poner fin al largo dominio de la izquierda. Un sondeo apunta que Grégoire aventaja a Dati solo en dos puntos de cara a mañana.
En la recta final de la campaña ha habido una agria polémica por la acusación de Grégoire al presidente de la República de haber presionado por vía indirecta a la candidata de Reconquista, Sarah Knafo -compañera sentimental del líder del partido, Éric Zemmour- para que arrojara la toalla y ayudara así a Dati a hacerse con la alcaldía. Macron lo ha negado tajantemente, si bien es obvio que promueve el triunfo de Dati, con quien él y su esposa Brigitte mantienen una buena relación personal. Esa sintonía se puso de manifiesto en enero del 2024 cuando, por sorpresa, ella fue nombrada ministra de Cultura.
Puede parecer chocante que Dati –quien fue ministra de Justicia durante la presidencia de Sarkozy– tenga el respaldo de un arco político muy amplio que va del centrismo macronista a la extrema derecha. No solo Reconquista le hace el juego. También Marine Le Pen y Jordan Bardella, del Reagrupamiento Nacional (RN), cuyo candidato en París tuvo un resultado catastrófico, han expresado su preferencia por ella en el actual contexto.
Sorprende el amplio apoyo a una candidata en París que será juzgada por corrupción en septiembre
Otro elemento aún más sorprendente es que haya una apuesta tan fuerte por Dati tratándose de un personaje controvertido, con varios escándalos en su mochila política, y que será juzgada en septiembre en París por corrupción y tráfico de influencias. Ese lastre ético no le ha impedido tantas adhesiones o ayudas indirectas.
La población parisina está dividida sobre la herencia de Hidalgo. Un sector la aplaude por la gestión de los Juegos Olímpicos de 2024, las nuevas playas del Sena y los carriles bici. Otros la detestan por la suciedad, la inseguridad, los altos impuestos y el acoso al vehículo privado. Es una realidad que algunos votan con los pies: el municipio ha perdido 140.000 habitantes en los últimos diez años. Una parte ha huido a suburbios más agradables y baratos para vivir.
En Marsella, la segunda urbe más poblada de Francia, la alcaldía se dirime entre el socialista Benoît Payan, que ahora también gobierna con una parte de la izquierda, y Franck Allisio, del ultraderechista RN. El resultado fue muy apretado en el primer turno. A diferencia de París, donde la izquierda más radical (La Francia Insumisa, LFI) mantiene su lista en la segunda vuelta, en Marsella se retiró, sin pactarlo con Payan, para entorpecer un triunfo de la extrema derecha. La ciudad mediterránea es un lugar socialmente muy problemático, con una delincuencia endémica derivada del tráfico de drogas y unos barrios del norte, auténticos guetos de inmigración, en los que la policía sufre mucho cuando debe intervenir.
En Lyon, la tercera ciudad por número de habitantes, el poder se juega entre el actual alcalde, el ecologista Grégory Doucet, y el conservador Jean-Michel Aulas, expresidente el equipo de fútbol local, el Olympique. En la metrópoli del Ródano ha habido una fusión entre la lista de Doucet y LFI, un paso muy criticado por los rivales centristas y conservadores, pero que se ha producido, a iniciativa de socialistas o verdes, en otras ciudades como Toulouse, Nantes, Grenoble, Poitiers, Estrasburgo y Besançon.
La izquierda radical se retira en Marsella para evitar que gane la ultraderecha y en Lyon se alía con los verdes
Estas municipales son la última ocasión en que los franceses van a las urnas antes de las presidenciales de la primavera del 2027. No podrán sacarse demasiadas conclusiones sobre la carrera al Elíseo, pero sí hay pistas sobre la conducta de los partidos y las alianzas. La cohesión de la izquierda está amenazada por la postura radical de LFI, mientras que la porosidad entre la derecha y la extrema derecha es evidente. Un ejemplo lo ofrece Niza, la quinta ciudad francesa. Probablemente ganará la alcaldía Éric Ciotti, de la Unión de las Derechas, un pionero en la alianza entre la derecha gaullista y Le Pen.
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