Vivo, la marca de la empresa española en Brasil, opera en una realidad muy diferente a la europea Leer Vivo, la marca de la empresa española en Brasil, opera en una realidad muy diferente a la europea Leer
Brasil se ha convertido en la excepción del nuevo mapa que dibuja Telefónica. Uno centrado en Europa, pero cuyo gran motor de crecimiento está allende el Atlántico en un país cuyo mercado tiene poco que ver con el resto en los que opera la empresa española.
Como prueba de su rol de motor del grupo, hay un dato impactante. Telefónica Brasil, que cotiza en bolsa de forma independiente, vale ahora mismo unos 22.500 millones de euros al cambio, casi 1.000 millones más que lo que cotiza el grupo completo en el Ibex. La filial aporta casi el 30% de la facturación total tras la venta de México y el objetivo es que el peso de Vivo, la marca con la que Telefónica opera en el país, siga aumentando tras crecer un 6,7% el año pasado, cuatro veces más que el grupo.
Desde la sede central de São Paulo, Christian Gebara, CEO de Telefónica Brasil, apunta en un encuentro con un grupo de medios españoles entre los que estuvo EL MUNDO las líneas maestras a futuro para perpetuar este crecimiento: aumentar la cuota en fibra gracias a la compra de otros operadores y el crecimiento de los nuevos negocios, que van desde los seguros a la telemedicina.
Brasil es un mercado con solo tres grandes operadores móviles (Vivo, que lidera en cuota con un 38% del mercado, Claro y Telecom Italia), pero con un mercado de fibra que se parece a un hormiguero con más de 5.000 operadores, la inmensa mayoría diminutos, con parte del pastel.
«Puede haber una consolidación y estamos muy atentos, pero aún no he propuesto ninguna empresa para ser consolidada que cumplan con tres temas: que su red no tenga superposición con la nuestra o sea baja, que tenga una calidad técnica equivalente y que el precio justifique comprarla en vez de construir nosotros la red», explica Gebara.
Con estas condiciones, hay menos de una decena de opciones susceptibles de caer en las redes del grupo español, que con el 19% del mercado de fibra lidera este segmento en el país y es el único operador por encima del 10%. En esta línea, el ejemplo más claro de consolidación es la compra de Destkop por parte del mexicano Claro, que costó unos 400 millones de euros más la deuda.
Mientras tanto la compañía no cesa de desplegar, con entre 2 y 2,5 millones de unidades de fibra óptica desplegadas cada año y el objetivo en el medio plazo de llegar a 45 millones de hogares, la mitad de los 90 millones que tiene Brasil, y a largo plazo la meta de cubrir los 60 millones de hogares que sería rentable cubrir por el de poder adquisivo de los hogares. De momento, la compañía tiene 31 millones, por lo que queda un largo recorrido que se hará sin fondos tras recuperar el control de Fibrasil, donde compartía accionariado con el canadiense Caisse de Dépôt et Placement du Québec (CDPQ).
«Construimos la joint venture para ciudades medianas y pequeñas y a la vez surgieron varias empressa de fibra neutral para alquilarla a otros clientes. Fibrasil tenía la misma lógica, pero el problema era que, una vez construidas, las redes tenían un único cliente. La fibra neutral no funcionó», explica el CEO de Telefónica Brasil, que remarca que por ese motivo se dedicieron a adquirir el negocio cedido a Fibrasil.
El mercado español y el brasileño tienen algunas semejanzas, pero son muchas más las diferencias, que llegan incluso al punto de vista estético en el canal de tiendas.
Durante el viaje, la compañía presentó a la prensa la nueva flaghship de la compañía en el corazón de la capital económica brasileña. Un espacio que, como viene siendo tendencia a nivel mundial, combina un espacio comercial con muchos dispositivos a la venta con otros usos como el de cafetería y librería, similar a la tienda de Gran Vía de España. Sin embargo, mientras en terreno patrio, Telefónica apostó por un rediseño que ponía en valor la arquitectura del lugar, en Brasil, sigue privando una estética súper tecnológica inspirada en la que ha hecho famosa a Apple.
Más allá de la anécdota, Vivo, que emplea a más de 30.000 personas, se dirige a una población más joven que Movistar y con un negocio menos regulado en algunos aspectos, como la falta de obligaciones mayoristas, y más en otros. De hecho en Brasil es ilegal que los operadores compren derechos deportivos televisivos, por lo que la estrategia audiovisual es muy diferente.
También se enfrenta a retos diferentes, como la carga fiscal a los teléfonos móviles, con más de un 30% de arancel, y cuenta con proyectos distintos como Ovvi e i2Go, dos marcas propias en las que Telefónica diseña y comercializa sus propias carcasas y accesorios tecnológicos para competir a Temu o AliExpress.
Lo que sí es un acervo común es el foco en crecer en dos verticales con más recorrido que el mercado residencial tradicional: el mercado de empresas y los nuevos ingresos digitales, que rondan los 2.000 millones de reales (340 millones de euros al cambio). En estos nuevos verticales destacan la apuesta por la salud digital, que creció un 69% en un mercado con menos recursos públicos que España, así como la dimensión fintech de la compañía, que aportó otros 488 millones de reales a la cuenta de resultados del grupo, cuyo CEO espera profundizar más en este vertical en los próximos años y que Brasil siga marcando el paso de Telefónica.
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