El incendio forestal que afecta a la comarca de las Cinco Villas en Zaragoza no es el primero en la memoria de muchos, que hace 16 años sufrieron uno que obligó a evacuar a 1.500 personas y abrasó 15.000 hectáreas de superficie. Pero la preocupación no se minimiza por mucho que ya lo hayas vivido. Así se refleja en el rostro de los desalojados en el pabellón deportivo de Ejea de los Caballeros, donde Cruz Roja habilita 75 camas para que los vecinos del último pueblo desalojado, Uncastillo, pasen esta noche. En 2015 y ahora, municipios como Orés, Asín y Farasdués vivieron muy de cerca las llamas. Anoche las lenguas de fuego cercaron Asín y han alcanzado una decena de casas, dos o tres «para tirar», dijo el alcalde Rogelio Garcés. El de Orés es el «gran incendio» que aguardaban las autoridades aragonesas, por el cóctel de temperaturas extremas, humedad nula y cierzo muy potente, además del combustible presente en el monte. «Aquí está, este es», resumía anoche un consejero que no ha tenido descanso este verano, Roberto Bermúdez de Castro, que ha ido encadenando incendio tras incendio. El fuego está lejos de estar controlado y según la última estimación ha abrasado ya con la voracidad descomunal de la que ayer hablaba también Bermúdez de Castro más de 7.600 hectáreas. Los esfuerzos se centran ahora en que no salte a Uncastillo, aunque las llamas se ven muy próximas.En esta ocasión el millar de vecinos desalojados -los últimos, el medio millar de Uncastillo- residen en Orés, Luesia, Asín, Malpica de Arba y Uncastillo. Algunos de ellos han pasado la noche en el polideportivo de Ejea de los Caballeros, aunque han reconocido que no ha sido fácil conciliar el sueño. Un vecino de Luesia, Evaristo Ferrer, ha explicado, en declaraciones a Europa Press, que «ha habido bastante preocupación», pero «en las granjas más o menos peligro no hay». «Hay más tranquilidad, pero no hemos dormido esta noche, pensando y dando vueltas a la cabeza pensando en qué pasará, qué no pasará, porque el fuego no respeta nada».Ha contado que su granja tiene unas 400 plazas y la de uno de sus hijos, 2.000 plazas. «También hay vacas, que están en el monte», lo que genera preocupación igualmente. Ferrer ha comentado que la información que les llega sobre el estado de sus granjas es, en su caso, de dos de sus hijos que trabajan en la extinción del incendio.«De 10»Por su parte, otro de los vecinos de Luesia, Juan Pablo, ha recordado que fue hacia las 18.00 horas de ayer miércoles cuando recibieron el mensaje para salir del pueblo por prevención dada la cercanía de las llamas: «Mandaron que desalojáramos el pueblo porque corríamos peligro, nos bajaron a Ejea y hemos estado aquí toda la noche y, seguramente, vamos a tener que volver a dormir esta noche también».«Nos han atendido de maravillas aquí, la alcaldesa -Teresa Ladrero- se ha portado de 10 con nosotros», ha reconocido Juan Pablo. Muchos han agradecido la excelente cooperación de la Diputación Provincial de Zaragoza, que ha puesto todos los medios al alcance del dispositivo de extinción y la colaboración del Consistorio de la capital comarcal. También les ha visitado el presidente del Gobierno de Aragón, Jorge Azcón, y «le hemos hecho unas peticiones que necesita el pueblo, que nos arregle la carretera que la tenemos fatal, que nos dé una subvención para arreglar el camping de Pígalo y nos ha dicho que va a intentar resolverlo».«Estamos esperando a ver cuándo nos dicen que podemos volver al pueblo. Nos gustaría regresar esta noche, pero si no puede ser, volveremos mañana», ha expresado Juan Pablo, porque « debe ser un incendio terrible , que no le pueden meter mano por ningún lado».Ha afirmado que la gente «más joven» está «mejor» de ánimo, pero los ancianos de la residencia «lo pasan peor, porque es un lío llevarlos hasta Zaragoza y Huesca».Otro de los desalojados de Luesia que, en su caso, ha pasado la noche en casa de su hijo en Ejea de los Caballeros, pero ha acudido a primera hora de esta mañana al polideportivo para encontrarse con sus vecinos, ha contado que es «un problema muy grande» que los cerdos se queden sin agua.«Estamos pensando en subir porque si les falta pienso no pasa nada, lo malo es si les falta agua o si llega el incendio también, aunque no creo», ha manifestado. Su granja cuenta con unos 500 marranos.«Cuando nos dijeron que teníamos que salir teníamos agua en un bidón de 500 litros, pero después abajo teníamos un depósito que ya cabían 25.000, entonces claro les quitamos el agua de los 500 y con esos ya sabemos por lo menos que tienen agua, que no les va a faltar, que es lo principal», ha relatado.«Oímos un pitido y nos asustamos»«Oímos un pitido y nos asustamos, pero enseguida llamaron a la puerta y nos dijeron, venga, que hay que marchar fuera, que hay que ir a Uncastillo. Con que cogimos lo que llevamos vestidas, o sea, pantalón y la medicación. Lo principal», ha contado Alicia Navarro, vecina de Luesia, que ha pasado la noche en casa de su prima, quien reside durante el año en Ejea de los Caballeros. Esta mañana se ha desplazado al polideportivo de Ejea de los Caballeros para reencontrarse con sus vecinos: «Están muy atendidos y muy bien».A pesar de los daños materiales causados por el fuego, que ya afecta a más de 6.000 hectáreas, Rosa Garcés, residente en Ejea de los Caballeros pero que se encontraba pasando unos días en Luesia durante el verano, ha dicho: «No ha habido desgracias personales y parece que estás un poco más tranquila, porque claro, los del pueblo ya se sabe, todos nos conocemos».Presidente de Aragón y alcaldesa de Ejea arropan y conversan con los desalojados, que van a pernoctar por segundo día en la capital comarcal. Ep/Ramón CometCruz Roja habilitará 75 camas en el Casino de Ejea para los vecinos evacuados de Uncastillo. Serán unas 80 las que pasen la noche en este lugar. «Estamos preparando la llegada de un autobús y la comida, sobre todo agua, con la calor que hace, y poco más, intentando que la gente se sienta lo mejor acogida posible», ha apuntado Manuel Romeo, presidente de Cruz Roja Zaragoza. Otros habitantes de los municipios afectados han querido quedarse en casa de algún amigo o de familiares. Hbitantes de los otros cuatro municipios desalojados se encuentran en el Polideportivo de la capital de Cinco Villas.Muchas de las personas que han salido de Uncastillo se han desplazado directamente a Zaragoza con familiares, como Patricia Biesa, vecina de Luesia. «Al principio no nos terminábamos de creer el mensaje del Es-Alert, porque como ya ha habido varios incendios en la comarca, no sabíamos la magnitud que tenía. En un transcurso de una hora, el incendio creció bastante, nos enviaron la alarma y nos marchamos corriendo de casa, cogimos simplemente a los animales, un poco de ropa y nos fuimos a Uncastillo», ha contado Patricia. Al recordar cómo fue el momento de salir de casa, Patricia Biesa ha manifestado: «No hemos cogido prácticamente nada, la verdad. O sea, la documentación, algo de ropa y de aseo. Nos hemos estado comprando cosas hoy». «Esto parece que va un poco para largo», ha apuntado esta mujer, un lamento que era compartido por muchos de los desplazados.El viento va a rolar esta nocheEn el puesto de mando avanzado, ubicado en Farasdués (Zaragoza), las autoridades dan por hecho que se tardarán varios días en poder controlar este fuego tan virulento. Una ventana de oportunidad la dará esta noche el viento, cuando role a partir de las 11.00 horas, ha dicho el consejero de Medio Ambiente, Luis Biendicho, y entonces la dirección del cierzo sea hacia el flanco derecho, donde ya está preparado todo para perimetrar el fuego. Será entonces cuando puedan actuar medios aéreos y que el fuego no avance por ese lado, ha explicado el titular autonómico. Por su parte, los 45 usuarios de la residencia Virgen de San Cristóbal de Uncastillo (Zaragoza) evacuados este jueves por el incendio iniciado la víspera en la localidad vecina de Orés se encuentran en Zaragoza. Se suman a los 53 residentes de los centros de Orés, Luesia y Asín que llegaron a la residencia del grupo Mimara, ubicada en la avenida Ciudad de Soria. A ellos se unen más durante este jueves procedentes de Uncastillo. El traslado de los residentes de Uncastillo, esta mañana, hasta Zaragoza, tras ser obligado a evacuar el pueblo. Abajo, detalle de uno de los 19 medios aéreos que luchan contra el fuego de Orés. Efe / Efe / EP«Cuando hemos bajado a desayunar nos han dicho que preparásemos una bolsa, aunque yo creía que no era para tanto, ha sido un poco inesperado», ha explicado a los medios de comunicación Carmen Alcubierre, de 93 años, junto a su hermano, Francisco, «más delicado de salud» y al lado del convoy de ambulancias de Cruz Roja en el que han viajado desde Uncastillo.El traslado se ha decidido esta mañana por precaución y ante el empeoramiento de la situación, aunque Carmen ha explicado que «ayer el humo ya se notaba» cuando volvía de su casa, pegada al centro residencial, al que acude únicamente a comer y dormir. Entonces ya le sorprendió la caravana de coches que pasaron por la carretera del pueblo.A unos metros Alberto Laparra esperaba a su madre, que llegaba de Uncastillo, donde también viven sus hermanos a temporadas. «Hemos estado constantemente informados a través del grupo de WhatsApp de la alcaldesa y de la web del Ayuntamiento», ha apuntado Alberto, residente en Zaragoza y al que le ha venido a la memoria el drama de las 13.000 hectáreas arrasadas en 2013 en el incendio de Luna, Biota, El Frago y otras localidades de la comarca.«Esto es tremendo porque Uncastillo tiene unos recursos naturales maravillosos y ahora de repente los vemos ahí quemados otra vez». Entonces, recuerda, «yo estaba más fuerte y participé en la extinción del incendio, que fue muy duro».A su lado, la vecina de Uncastillo Maruja Casaus, ha detallado que la localidad zaragozana cuenta con unos 600 empadronados, 400 de ellos residentes reales que e stos días de verano se habían convertido en más de un millar. A ellos la orden de evacuación no les ha pillado por sorpresa: «Llevaban ya rato anunciando la suspensión de las diferentes actividades al aire libre, la piscina, la ludoteca, la escuela de verano y nos han pedido por favor que nos quedásemos en casa», ha compartido.La llegada del convoy se ha producido a las 15.00 horas en medio de un gran despliegue de ambulancias, vehículos y personal de la Cruz Roja. A las puertas del número 9 de la Avenida Ciudad de Soria los esperaban sus familiares. También trabajadores de las residencias desalojadas que, junto a empleados del grupo Mimara, suman cerca de 40 personas desplegadas para facilitar la aclimatación de los evacuados a un centro todavía en trámites para su apertura definitiva -en la fachada todavía no está colgado el cartel con el nombre- y para el que ya se ha solicitado un refuerzo de personal ante la llegada de nuevos usuarios.«Ha sido una logística bastante compleja porque al final era una situación de emergencia en la que hemos tenido que agilizarlo todo mucho y la verdad lo hemos hecho lo mejor que hemos podido y sabido y estamos poniendo todo nuestro empeño y muchísimos recursos en poder atender a estas personas», ha reconocido el director general del Grupo Mimara, Miguel Márquez.El vicepresidente Alejandro Nolasco conversa con uno de los realojados tras el incendio de Orés. Gobierno de AragónDesde que les han comunicado la llegada de los 45 residentes de Uncastillo, la recepción del centro, con capacidad para 270 personas, ha sido un ir y venir de empleados ultimando los detalles para la acogida: prevenidos los ascensores, el montacargas, las habitaciones, comprobado el lavavajillas, los listados con los nombres de los residentes y los cuidadores, la distribución de los ya alojados y los pendientes de llegar en las diferentes plantas del edificio para organizar la logística de las comidas y las salas de estar para los familiares. Todo ello, mientras el personal de las residencias desalojadas iba llegando y se esperaba para la tarde un camión con ropa para los residentes.«Tengo que decir que se han adaptado muy bien, que tal vez nosotros estábamos más nerviosos que ellos y, aún así, tenemos aquí a un psicólogo por si alguna persona necesita asistencia psicológica», ha explicado el director general y propietario del grupo y recoge la agencia Ep.Una gestión que ha agradecido el consejero de Desregulación y Bienestar Social y Familia del Gobierno de Aragón, Alejandro Nolasco: «La comunicación ha sido superágil, ha sido rápida y se han prestado a recibir aquí primero a las 53 personas de Orés y Luesia y ahora a las 45 de Uncastillo. Hemos sido rápidos a la hora de poner este dispositivo de emergencia y estamos eternamente agradecidos a Miguel Márquez y al grupo Mimara por haber acogido a estas personas».Sobre la amplia acera de la avenida han comenzado a desfilar los residentes evacuados, algo desubicados y con caras de asombro ante la presencia de tantas cámaras. Avanzaban ayudados por personal de Cruz Roja, algunos por su propio pie, otros apoyándose en andadores o sentados en sillas de ruedas y, los más delicados de salud, transportados en camillas.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Aragón pone en marcha la primera Unidad Móvil de Donación de Plasma noticia Si El Gobierno de Aragón hará alegaciones al estudio del tramo Teruel-Sagunto para exigir la doble vía electrificadaEstas 45 personas se suman a las 53 llegadas ayer y que han pasado su primera noche en este centro residencial zaragozano. Personas como la madre de Virgina Godiño, una mujer de 96 años que es la usuaria más mayor de la residencia municipal Virgen del Campo de Asín, otro de los centros que tuvo que ser desalojado. «El viaje fue complicado porque tardaron bastante, las carreteras están cortadas y había muchos baches. Ella estaba asustada, dijo que vio mucha policía , pero menos mal que no vio las lenguas de fuego que vi en la tele porque fue terrible», ha declarado Virginia. Pese a este susto, a ella le pareció una gran idea llevar a su madre a un centro rodeado de naturaleza: «Estaba feliz porque digo, estás tan bien aquí con todo verde a tu alrededor, aquí se respira, ojalá estuviera yo aquí». El incendio forestal que afecta a la comarca de las Cinco Villas en Zaragoza no es el primero en la memoria de muchos, que hace 16 años sufrieron uno que obligó a evacuar a 1.500 personas y abrasó 15.000 hectáreas de superficie. Pero la preocupación no se minimiza por mucho que ya lo hayas vivido. Así se refleja en el rostro de los desalojados en el pabellón deportivo de Ejea de los Caballeros, donde Cruz Roja habilita 75 camas para que los vecinos del último pueblo desalojado, Uncastillo, pasen esta noche. En 2015 y ahora, municipios como Orés, Asín y Farasdués vivieron muy de cerca las llamas. Anoche las lenguas de fuego cercaron Asín y han alcanzado una decena de casas, dos o tres «para tirar», dijo el alcalde Rogelio Garcés. El de Orés es el «gran incendio» que aguardaban las autoridades aragonesas, por el cóctel de temperaturas extremas, humedad nula y cierzo muy potente, además del combustible presente en el monte. «Aquí está, este es», resumía anoche un consejero que no ha tenido descanso este verano, Roberto Bermúdez de Castro, que ha ido encadenando incendio tras incendio. El fuego está lejos de estar controlado y según la última estimación ha abrasado ya con la voracidad descomunal de la que ayer hablaba también Bermúdez de Castro más de 7.600 hectáreas. Los esfuerzos se centran ahora en que no salte a Uncastillo, aunque las llamas se ven muy próximas.En esta ocasión el millar de vecinos desalojados -los últimos, el medio millar de Uncastillo- residen en Orés, Luesia, Asín, Malpica de Arba y Uncastillo. Algunos de ellos han pasado la noche en el polideportivo de Ejea de los Caballeros, aunque han reconocido que no ha sido fácil conciliar el sueño. Un vecino de Luesia, Evaristo Ferrer, ha explicado, en declaraciones a Europa Press, que «ha habido bastante preocupación», pero «en las granjas más o menos peligro no hay». «Hay más tranquilidad, pero no hemos dormido esta noche, pensando y dando vueltas a la cabeza pensando en qué pasará, qué no pasará, porque el fuego no respeta nada».Ha contado que su granja tiene unas 400 plazas y la de uno de sus hijos, 2.000 plazas. «También hay vacas, que están en el monte», lo que genera preocupación igualmente. Ferrer ha comentado que la información que les llega sobre el estado de sus granjas es, en su caso, de dos de sus hijos que trabajan en la extinción del incendio.«De 10»Por su parte, otro de los vecinos de Luesia, Juan Pablo, ha recordado que fue hacia las 18.00 horas de ayer miércoles cuando recibieron el mensaje para salir del pueblo por prevención dada la cercanía de las llamas: «Mandaron que desalojáramos el pueblo porque corríamos peligro, nos bajaron a Ejea y hemos estado aquí toda la noche y, seguramente, vamos a tener que volver a dormir esta noche también».«Nos han atendido de maravillas aquí, la alcaldesa -Teresa Ladrero- se ha portado de 10 con nosotros», ha reconocido Juan Pablo. Muchos han agradecido la excelente cooperación de la Diputación Provincial de Zaragoza, que ha puesto todos los medios al alcance del dispositivo de extinción y la colaboración del Consistorio de la capital comarcal. También les ha visitado el presidente del Gobierno de Aragón, Jorge Azcón, y «le hemos hecho unas peticiones que necesita el pueblo, que nos arregle la carretera que la tenemos fatal, que nos dé una subvención para arreglar el camping de Pígalo y nos ha dicho que va a intentar resolverlo».«Estamos esperando a ver cuándo nos dicen que podemos volver al pueblo. Nos gustaría regresar esta noche, pero si no puede ser, volveremos mañana», ha expresado Juan Pablo, porque « debe ser un incendio terrible , que no le pueden meter mano por ningún lado».Ha afirmado que la gente «más joven» está «mejor» de ánimo, pero los ancianos de la residencia «lo pasan peor, porque es un lío llevarlos hasta Zaragoza y Huesca».Otro de los desalojados de Luesia que, en su caso, ha pasado la noche en casa de su hijo en Ejea de los Caballeros, pero ha acudido a primera hora de esta mañana al polideportivo para encontrarse con sus vecinos, ha contado que es «un problema muy grande» que los cerdos se queden sin agua.«Estamos pensando en subir porque si les falta pienso no pasa nada, lo malo es si les falta agua o si llega el incendio también, aunque no creo», ha manifestado. Su granja cuenta con unos 500 marranos.«Cuando nos dijeron que teníamos que salir teníamos agua en un bidón de 500 litros, pero después abajo teníamos un depósito que ya cabían 25.000, entonces claro les quitamos el agua de los 500 y con esos ya sabemos por lo menos que tienen agua, que no les va a faltar, que es lo principal», ha relatado.«Oímos un pitido y nos asustamos»«Oímos un pitido y nos asustamos, pero enseguida llamaron a la puerta y nos dijeron, venga, que hay que marchar fuera, que hay que ir a Uncastillo. Con que cogimos lo que llevamos vestidas, o sea, pantalón y la medicación. Lo principal», ha contado Alicia Navarro, vecina de Luesia, que ha pasado la noche en casa de su prima, quien reside durante el año en Ejea de los Caballeros. Esta mañana se ha desplazado al polideportivo de Ejea de los Caballeros para reencontrarse con sus vecinos: «Están muy atendidos y muy bien».A pesar de los daños materiales causados por el fuego, que ya afecta a más de 6.000 hectáreas, Rosa Garcés, residente en Ejea de los Caballeros pero que se encontraba pasando unos días en Luesia durante el verano, ha dicho: «No ha habido desgracias personales y parece que estás un poco más tranquila, porque claro, los del pueblo ya se sabe, todos nos conocemos».Presidente de Aragón y alcaldesa de Ejea arropan y conversan con los desalojados, que van a pernoctar por segundo día en la capital comarcal. Ep/Ramón CometCruz Roja habilitará 75 camas en el Casino de Ejea para los vecinos evacuados de Uncastillo. Serán unas 80 las que pasen la noche en este lugar. «Estamos preparando la llegada de un autobús y la comida, sobre todo agua, con la calor que hace, y poco más, intentando que la gente se sienta lo mejor acogida posible», ha apuntado Manuel Romeo, presidente de Cruz Roja Zaragoza. Otros habitantes de los municipios afectados han querido quedarse en casa de algún amigo o de familiares. Hbitantes de los otros cuatro municipios desalojados se encuentran en el Polideportivo de la capital de Cinco Villas.Muchas de las personas que han salido de Uncastillo se han desplazado directamente a Zaragoza con familiares, como Patricia Biesa, vecina de Luesia. «Al principio no nos terminábamos de creer el mensaje del Es-Alert, porque como ya ha habido varios incendios en la comarca, no sabíamos la magnitud que tenía. En un transcurso de una hora, el incendio creció bastante, nos enviaron la alarma y nos marchamos corriendo de casa, cogimos simplemente a los animales, un poco de ropa y nos fuimos a Uncastillo», ha contado Patricia. Al recordar cómo fue el momento de salir de casa, Patricia Biesa ha manifestado: «No hemos cogido prácticamente nada, la verdad. O sea, la documentación, algo de ropa y de aseo. Nos hemos estado comprando cosas hoy». «Esto parece que va un poco para largo», ha apuntado esta mujer, un lamento que era compartido por muchos de los desplazados.El viento va a rolar esta nocheEn el puesto de mando avanzado, ubicado en Farasdués (Zaragoza), las autoridades dan por hecho que se tardarán varios días en poder controlar este fuego tan virulento. Una ventana de oportunidad la dará esta noche el viento, cuando role a partir de las 11.00 horas, ha dicho el consejero de Medio Ambiente, Luis Biendicho, y entonces la dirección del cierzo sea hacia el flanco derecho, donde ya está preparado todo para perimetrar el fuego. Será entonces cuando puedan actuar medios aéreos y que el fuego no avance por ese lado, ha explicado el titular autonómico. Por su parte, los 45 usuarios de la residencia Virgen de San Cristóbal de Uncastillo (Zaragoza) evacuados este jueves por el incendio iniciado la víspera en la localidad vecina de Orés se encuentran en Zaragoza. Se suman a los 53 residentes de los centros de Orés, Luesia y Asín que llegaron a la residencia del grupo Mimara, ubicada en la avenida Ciudad de Soria. A ellos se unen más durante este jueves procedentes de Uncastillo. El traslado de los residentes de Uncastillo, esta mañana, hasta Zaragoza, tras ser obligado a evacuar el pueblo. Abajo, detalle de uno de los 19 medios aéreos que luchan contra el fuego de Orés. Efe / Efe / EP«Cuando hemos bajado a desayunar nos han dicho que preparásemos una bolsa, aunque yo creía que no era para tanto, ha sido un poco inesperado», ha explicado a los medios de comunicación Carmen Alcubierre, de 93 años, junto a su hermano, Francisco, «más delicado de salud» y al lado del convoy de ambulancias de Cruz Roja en el que han viajado desde Uncastillo.El traslado se ha decidido esta mañana por precaución y ante el empeoramiento de la situación, aunque Carmen ha explicado que «ayer el humo ya se notaba» cuando volvía de su casa, pegada al centro residencial, al que acude únicamente a comer y dormir. Entonces ya le sorprendió la caravana de coches que pasaron por la carretera del pueblo.A unos metros Alberto Laparra esperaba a su madre, que llegaba de Uncastillo, donde también viven sus hermanos a temporadas. «Hemos estado constantemente informados a través del grupo de WhatsApp de la alcaldesa y de la web del Ayuntamiento», ha apuntado Alberto, residente en Zaragoza y al que le ha venido a la memoria el drama de las 13.000 hectáreas arrasadas en 2013 en el incendio de Luna, Biota, El Frago y otras localidades de la comarca.«Esto es tremendo porque Uncastillo tiene unos recursos naturales maravillosos y ahora de repente los vemos ahí quemados otra vez». Entonces, recuerda, «yo estaba más fuerte y participé en la extinción del incendio, que fue muy duro».A su lado, la vecina de Uncastillo Maruja Casaus, ha detallado que la localidad zaragozana cuenta con unos 600 empadronados, 400 de ellos residentes reales que e stos días de verano se habían convertido en más de un millar. A ellos la orden de evacuación no les ha pillado por sorpresa: «Llevaban ya rato anunciando la suspensión de las diferentes actividades al aire libre, la piscina, la ludoteca, la escuela de verano y nos han pedido por favor que nos quedásemos en casa», ha compartido.La llegada del convoy se ha producido a las 15.00 horas en medio de un gran despliegue de ambulancias, vehículos y personal de la Cruz Roja. A las puertas del número 9 de la Avenida Ciudad de Soria los esperaban sus familiares. También trabajadores de las residencias desalojadas que, junto a empleados del grupo Mimara, suman cerca de 40 personas desplegadas para facilitar la aclimatación de los evacuados a un centro todavía en trámites para su apertura definitiva -en la fachada todavía no está colgado el cartel con el nombre- y para el que ya se ha solicitado un refuerzo de personal ante la llegada de nuevos usuarios.«Ha sido una logística bastante compleja porque al final era una situación de emergencia en la que hemos tenido que agilizarlo todo mucho y la verdad lo hemos hecho lo mejor que hemos podido y sabido y estamos poniendo todo nuestro empeño y muchísimos recursos en poder atender a estas personas», ha reconocido el director general del Grupo Mimara, Miguel Márquez.El vicepresidente Alejandro Nolasco conversa con uno de los realojados tras el incendio de Orés. Gobierno de AragónDesde que les han comunicado la llegada de los 45 residentes de Uncastillo, la recepción del centro, con capacidad para 270 personas, ha sido un ir y venir de empleados ultimando los detalles para la acogida: prevenidos los ascensores, el montacargas, las habitaciones, comprobado el lavavajillas, los listados con los nombres de los residentes y los cuidadores, la distribución de los ya alojados y los pendientes de llegar en las diferentes plantas del edificio para organizar la logística de las comidas y las salas de estar para los familiares. Todo ello, mientras el personal de las residencias desalojadas iba llegando y se esperaba para la tarde un camión con ropa para los residentes.«Tengo que decir que se han adaptado muy bien, que tal vez nosotros estábamos más nerviosos que ellos y, aún así, tenemos aquí a un psicólogo por si alguna persona necesita asistencia psicológica», ha explicado el director general y propietario del grupo y recoge la agencia Ep.Una gestión que ha agradecido el consejero de Desregulación y Bienestar Social y Familia del Gobierno de Aragón, Alejandro Nolasco: «La comunicación ha sido superágil, ha sido rápida y se han prestado a recibir aquí primero a las 53 personas de Orés y Luesia y ahora a las 45 de Uncastillo. Hemos sido rápidos a la hora de poner este dispositivo de emergencia y estamos eternamente agradecidos a Miguel Márquez y al grupo Mimara por haber acogido a estas personas».Sobre la amplia acera de la avenida han comenzado a desfilar los residentes evacuados, algo desubicados y con caras de asombro ante la presencia de tantas cámaras. Avanzaban ayudados por personal de Cruz Roja, algunos por su propio pie, otros apoyándose en andadores o sentados en sillas de ruedas y, los más delicados de salud, transportados en camillas.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Aragón pone en marcha la primera Unidad Móvil de Donación de Plasma noticia Si El Gobierno de Aragón hará alegaciones al estudio del tramo Teruel-Sagunto para exigir la doble vía electrificadaEstas 45 personas se suman a las 53 llegadas ayer y que han pasado su primera noche en este centro residencial zaragozano. Personas como la madre de Virgina Godiño, una mujer de 96 años que es la usuaria más mayor de la residencia municipal Virgen del Campo de Asín, otro de los centros que tuvo que ser desalojado. «El viaje fue complicado porque tardaron bastante, las carreteras están cortadas y había muchos baches. Ella estaba asustada, dijo que vio mucha policía , pero menos mal que no vio las lenguas de fuego que vi en la tele porque fue terrible», ha declarado Virginia. Pese a este susto, a ella le pareció una gran idea llevar a su madre a un centro rodeado de naturaleza: «Estaba feliz porque digo, estás tan bien aquí con todo verde a tu alrededor, aquí se respira, ojalá estuviera yo aquí».
El incendio forestal que afecta a la comarca de las Cinco Villas en Zaragoza no es el primero en la memoria de muchos, que hace 16 años sufrieron uno que obligó a evacuar a 1.500 personas y abrasó 15.000 hectáreas de … superficie. Pero la preocupación no se minimiza por mucho que ya lo hayas vivido. Así se refleja en el rostro de los desalojados en el pabellón deportivo de Ejea de los Caballeros, donde Cruz Roja habilita 75 camas para que los vecinos del último pueblo desalojado, Uncastillo, pasen esta noche. En 2015 y ahora, municipios como Orés, Asín y Farasdués vivieron muy de cerca las llamas. Anoche las lenguas de fuego cercaron Asín y han alcanzado una decena de casas, dos o tres «para tirar», dijo el alcalde Rogelio Garcés. El de Orés es el «gran incendio» que aguardaban las autoridades aragonesas, por el cóctel de temperaturas extremas, humedad nula y cierzo muy potente, además del combustible presente en el monte. «Aquí está, este es», resumía anoche un consejero que no ha tenido descanso este verano, Roberto Bermúdez de Castro, que ha ido encadenando incendio tras incendio.
El fuego está lejos de estar controlado y según la última estimación ha abrasado ya con la voracidad descomunal de la que ayer hablaba también Bermúdez de Castro más de 7.600 hectáreas. Los esfuerzos se centran ahora en que no salte a Uncastillo, aunque las llamas se ven muy próximas.
En esta ocasión el millar de vecinos desalojados -los últimos, el medio millar de Uncastillo- residen en Orés, Luesia, Asín, Malpica de Arba y Uncastillo. Algunos de ellos han pasado la noche en el polideportivo de Ejea de los Caballeros, aunque han reconocido que no ha sido fácil conciliar el sueño. Un vecino de Luesia, Evaristo Ferrer, ha explicado, en declaraciones a Europa Press, que «ha habido bastante preocupación», pero «en las granjas más o menos peligro no hay». «Hay más tranquilidad, pero no hemos dormido esta noche, pensando y dando vueltas a la cabeza pensando en qué pasará, qué no pasará, porque el fuego no respeta nada».
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Ha contado que su granja tiene unas 400 plazas y la de uno de sus hijos, 2.000 plazas. «También hay vacas, que están en el monte», lo que genera preocupación igualmente. Ferrer ha comentado que la información que les llega sobre el estado de sus granjas es, en su caso, de dos de sus hijos que trabajan en la extinción del incendio.
«De 10»
Por su parte, otro de los vecinos de Luesia, Juan Pablo, ha recordado que fue hacia las 18.00 horas de ayer miércoles cuando recibieron el mensaje para salir del pueblo por prevención dada la cercanía de las llamas: «Mandaron que desalojáramos el pueblo porque corríamos peligro, nos bajaron a Ejea y hemos estado aquí toda la noche y, seguramente, vamos a tener que volver a dormir esta noche también».
«Nos han atendido de maravillas aquí, la alcaldesa -Teresa Ladrero- se ha portado de 10 con nosotros», ha reconocido Juan Pablo. Muchos han agradecido la excelente cooperación de la Diputación Provincial de Zaragoza, que ha puesto todos los medios al alcance del dispositivo de extinción y la colaboración del Consistorio de la capital comarcal. También les ha visitado el presidente del Gobierno de Aragón, Jorge Azcón, y «le hemos hecho unas peticiones que necesita el pueblo, que nos arregle la carretera que la tenemos fatal, que nos dé una subvención para arreglar el camping de Pígalo y nos ha dicho que va a intentar resolverlo».
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«Estamos esperando a ver cuándo nos dicen que podemos volver al pueblo. Nos gustaría regresar esta noche, pero si no puede ser, volveremos mañana», ha expresado Juan Pablo, porque «debe ser un incendio terrible, que no le pueden meter mano por ningún lado».
Ha afirmado que la gente «más joven» está «mejor» de ánimo, pero los ancianos de la residencia «lo pasan peor, porque es un lío llevarlos hasta Zaragoza y Huesca».
Otro de los desalojados de Luesia que, en su caso, ha pasado la noche en casa de su hijo en Ejea de los Caballeros, pero ha acudido a primera hora de esta mañana al polideportivo para encontrarse con sus vecinos, ha contado que es «un problema muy grande» que los cerdos se queden sin agua.
«Estamos pensando en subir porque si les falta pienso no pasa nada, lo malo es si les falta agua o si llega el incendio también, aunque no creo», ha manifestado. Su granja cuenta con unos 500 marranos.
«Cuando nos dijeron que teníamos que salir teníamos agua en un bidón de 500 litros, pero después abajo teníamos un depósito que ya cabían 25.000, entonces claro les quitamos el agua de los 500 y con esos ya sabemos por lo menos que tienen agua, que no les va a faltar, que es lo principal», ha relatado.
«Oímos un pitido y nos asustamos»
«Oímos un pitido y nos asustamos, pero enseguida llamaron a la puerta y nos dijeron, venga, que hay que marchar fuera, que hay que ir a Uncastillo. Con que cogimos lo que llevamos vestidas, o sea, pantalón y la medicación. Lo principal», ha contado Alicia Navarro, vecina de Luesia, que ha pasado la noche en casa de su prima, quien reside durante el año en Ejea de los Caballeros. Esta mañana se ha desplazado al polideportivo de Ejea de los Caballeros para reencontrarse con sus vecinos: «Están muy atendidos y muy bien».
A pesar de los daños materiales causados por el fuego, que ya afecta a más de 6.000 hectáreas, Rosa Garcés, residente en Ejea de los Caballeros pero que se encontraba pasando unos días en Luesia durante el verano, ha dicho: «No ha habido desgracias personales y parece que estás un poco más tranquila, porque claro, los del pueblo ya se sabe, todos nos conocemos».
(Ep/Ramón Comet)
Cruz Roja habilitará 75 camas en el Casino de Ejea para los vecinos evacuados de Uncastillo. Serán unas 80 las que pasen la noche en este lugar. «Estamos preparando la llegada de un autobús y la comida, sobre todo agua, con la calor que hace, y poco más, intentando que la gente se sienta lo mejor acogida posible», ha apuntado Manuel Romeo, presidente de Cruz Roja Zaragoza. Otros habitantes de los municipios afectados han querido quedarse en casa de algún amigo o de familiares. Hbitantes de los otros cuatro municipios desalojados se encuentran en el Polideportivo de la capital de Cinco Villas.
Muchas de las personas que han salido de Uncastillo se han desplazado directamente a Zaragoza con familiares, como Patricia Biesa, vecina de Luesia. «Al principio no nos terminábamos de creer el mensaje del Es-Alert, porque como ya ha habido varios incendios en la comarca, no sabíamos la magnitud que tenía. En un transcurso de una hora, el incendio creció bastante, nos enviaron la alarma y nos marchamos corriendo de casa, cogimos simplemente a los animales, un poco de ropa y nos fuimos a Uncastillo», ha contado Patricia.
Al recordar cómo fue el momento de salir de casa, Patricia Biesa ha manifestado: «No hemos cogido prácticamente nada, la verdad. O sea, la documentación, algo de ropa y de aseo. Nos hemos estado comprando cosas hoy». «Esto parece que va un poco para largo», ha apuntado esta mujer, un lamento que era compartido por muchos de los desplazados.
El viento va a rolar esta noche
En el puesto de mando avanzado, ubicado en Farasdués (Zaragoza), las autoridades dan por hecho que se tardarán varios días en poder controlar este fuego tan virulento. Una ventana de oportunidad la dará esta noche el viento, cuando role a partir de las 11.00 horas, ha dicho el consejero de Medio Ambiente, Luis Biendicho, y entonces la dirección del cierzo sea hacia el flanco derecho, donde ya está preparado todo para perimetrar el fuego. Será entonces cuando puedan actuar medios aéreos y que el fuego no avance por ese lado, ha explicado el titular autonómico.
Por su parte, los 45 usuarios de la residencia Virgen de San Cristóbal de Uncastillo (Zaragoza) evacuados este jueves por el incendio iniciado la víspera en la localidad vecina de Orés se encuentran en Zaragoza. Se suman a los 53 residentes de los centros de Orés, Luesia y Asín que llegaron a la residencia del grupo Mimara, ubicada en la avenida Ciudad de Soria. A ellos se unen más durante este jueves procedentes de Uncastillo.
(Efe / Efe / EP)
«Cuando hemos bajado a desayunar nos han dicho que preparásemos una bolsa, aunque yo creía que no era para tanto, ha sido un poco inesperado», ha explicado a los medios de comunicación Carmen Alcubierre, de 93 años, junto a su hermano, Francisco, «más delicado de salud» y al lado del convoy de ambulancias de Cruz Roja en el que han viajado desde Uncastillo.
El traslado se ha decidido esta mañana por precaución y ante el empeoramiento de la situación, aunque Carmen ha explicado que «ayer el humo ya se notaba» cuando volvía de su casa, pegada al centro residencial, al que acude únicamente a comer y dormir. Entonces ya le sorprendió la caravana de coches que pasaron por la carretera del pueblo.
A unos metros Alberto Laparra esperaba a su madre, que llegaba de Uncastillo, donde también viven sus hermanos a temporadas. «Hemos estado constantemente informados a través del grupo de WhatsApp de la alcaldesa y de la web del Ayuntamiento», ha apuntado Alberto, residente en Zaragoza y al que le ha venido a la memoria el drama de las 13.000 hectáreas arrasadas en 2013 en el incendio de Luna, Biota, El Frago y otras localidades de la comarca.
«Esto es tremendo porque Uncastillo tiene unos recursos naturales maravillosos y ahora de repente los vemos ahí quemados otra vez». Entonces, recuerda, «yo estaba más fuerte y participé en la extinción del incendio, que fue muy duro».
A su lado, la vecina de Uncastillo Maruja Casaus, ha detallado que la localidad zaragozana cuenta con unos 600 empadronados, 400 de ellos residentes reales que estos días de verano se habían convertido en más de un millar. A ellos la orden de evacuación no les ha pillado por sorpresa: «Llevaban ya rato anunciando la suspensión de las diferentes actividades al aire libre, la piscina, la ludoteca, la escuela de verano y nos han pedido por favor que nos quedásemos en casa», ha compartido.
La llegada del convoy se ha producido a las 15.00 horas en medio de un gran despliegue de ambulancias, vehículos y personal de la Cruz Roja. A las puertas del número 9 de la Avenida Ciudad de Soria los esperaban sus familiares. También trabajadores de las residencias desalojadas que, junto a empleados del grupo Mimara, suman cerca de 40 personas desplegadas para facilitar la aclimatación de los evacuados a un centro todavía en trámites para su apertura definitiva -en la fachada todavía no está colgado el cartel con el nombre- y para el que ya se ha solicitado un refuerzo de personal ante la llegada de nuevos usuarios.
«Ha sido una logística bastante compleja porque al final era una situación de emergencia en la que hemos tenido que agilizarlo todo mucho y la verdad lo hemos hecho lo mejor que hemos podido y sabido y estamos poniendo todo nuestro empeño y muchísimos recursos en poder atender a estas personas», ha reconocido el director general del Grupo Mimara, Miguel Márquez.

(Gobierno de Aragón)
Desde que les han comunicado la llegada de los 45 residentes de Uncastillo, la recepción del centro, con capacidad para 270 personas, ha sido un ir y venir de empleados ultimando los detalles para la acogida: prevenidos los ascensores, el montacargas, las habitaciones, comprobado el lavavajillas, los listados con los nombres de los residentes y los cuidadores, la distribución de los ya alojados y los pendientes de llegar en las diferentes plantas del edificio para organizar la logística de las comidas y las salas de estar para los familiares. Todo ello, mientras el personal de las residencias desalojadas iba llegando y se esperaba para la tarde un camión con ropa para los residentes.
«Tengo que decir que se han adaptado muy bien, que tal vez nosotros estábamos más nerviosos que ellos y, aún así, tenemos aquí a un psicólogo por si alguna persona necesita asistencia psicológica», ha explicado el director general y propietario del grupo y recoge la agencia Ep.
Una gestión que ha agradecido el consejero de Desregulación y Bienestar Social y Familia del Gobierno de Aragón, Alejandro Nolasco: «La comunicación ha sido superágil, ha sido rápida y se han prestado a recibir aquí primero a las 53 personas de Orés y Luesia y ahora a las 45 de Uncastillo. Hemos sido rápidos a la hora de poner este dispositivo de emergencia y estamos eternamente agradecidos a Miguel Márquez y al grupo Mimara por haber acogido a estas personas».
Sobre la amplia acera de la avenida han comenzado a desfilar los residentes evacuados, algo desubicados y con caras de asombro ante la presencia de tantas cámaras. Avanzaban ayudados por personal de Cruz Roja, algunos por su propio pie, otros apoyándose en andadores o sentados en sillas de ruedas y, los más delicados de salud, transportados en camillas.
Estas 45 personas se suman a las 53 llegadas ayer y que han pasado su primera noche en este centro residencial zaragozano. Personas como la madre de Virgina Godiño, una mujer de 96 años que es la usuaria más mayor de la residencia municipal Virgen del Campo de Asín, otro de los centros que tuvo que ser desalojado. «El viaje fue complicado porque tardaron bastante, las carreteras están cortadas y había muchos baches. Ella estaba asustada, dijo que vio mucha policía, pero menos mal que no vio las lenguas de fuego que vi en la tele porque fue terrible», ha declarado Virginia. Pese a este susto, a ella le pareció una gran idea llevar a su madre a un centro rodeado de naturaleza: «Estaba feliz porque digo, estás tan bien aquí con todo verde a tu alrededor, aquí se respira, ojalá estuviera yo aquí».
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