«Para algunos, es una obra genial, una reencarnación moderna de las grandes catedrales medievales de Europa. Para otros, es una gigantesca locura. Pero nadie puede dudar de que se ha convertido en un icono global». Así ha definido ‘The Economist’ el templo de la Sagrada Familia, en un artículo publicado esta semana, coincidiendo con la visita de León XIV a Barcelona para bendecir la torre de Jesús y la cruz que la corona, convirtiéndose en la iglesia más alta del mundo.El semanario británico, tras equiparar la basílica de la Sagrada Familia con la de San Pedro (El Vaticano) y Notre Dame en París (Francia), ha hecho también un repaso por el Antoni Gaudí poliédrico y «sinónimo de Barcelona» que trabajó, generalmente, para una burguesía catalana de finales del siglo XIX que le gustaba o toleraba «la imaginación decorativa sin límites y el eclecticismo del arquitecto». Para la revista, «Gaudí fue a la vez reaccionario y revolucionario».Artesano extraordinario, ingeniero autodidacta y, sobre todo, «o un loco o un genio», como reflexionó el director de la escuela de arquitectura de Barcelona que se sorprendió de Gaudí. ¿El de Reus (Tarragona) fue todo eso? Loco y genio, a la vez, han defendido en ‘The Economist’, desde donde se ha recordado que sus principales influencias le llegaron del «catolicismo» y «el nacionalismo catalán». Y han añadido que: «Veía su obra como una expresión de su fe».Noticia relacionada reportaje No No Llamando a las puertas del cielo: el milagro del «arquitecto de Dios» Àlex Gubern y Daniel TerceroSe fijó en el gótico «aunque también incorporó ornamentos barrocos, orientalistas y moriscos» y a finales del siglo, «mientras la Iglesia libraba una guerra cultural contra el anarquismo anticlerical, Gaudí se unió a un grupo artístico cuyo mentor era un obispo archirreaccionario». Entonces, dejó «los encargos comerciales para dedicar los últimos doce años de su vida a la Sagrada Familia». Hasta 1926, que murió como consecuencia del atropello de un tranvía. Pero ‘The Economist’ también ha destacado que la admiración por la Sagrada Familia no ha sido siempre la misma. De hecho, durante mucho tiempo, el templo fue despreciado, cuando no ignorado en el mejor de los casos, y sufrió ataques que estuvieron a punto de dar por concluido el proyecto. Aunque no lo ha señalado la revista, que fuera una iglesia de carácter expiatorio ayudó a estos vaivenes por la superviviencia.«Durante décadas la Sagrada Familia fue poco apreciada. En 1936, al comienzo de la Guerra Civil española, una milicia anarquista destrozó los elaborados modelos que Gaudí había dejado y saqueó su archivo de dibujos. George Orwell, que estuvo en Barcelona durante la Guerra Civil, calificó la Sagrada Familia como ‘uno de los edificios más horribles del mundo’, y añadió que ‘los anarquistas mostraron mal gusto al no volarla cuando tuvieron la oportunidad’», ha descrito el semanario.Al comienzo de la Guerra Civil, una milicia anarquista destrozó los elaborados modelos que Gaudí había dejado y saqueó su archivo de dibujosSin embargo, «varias cosas la salvarían». Por un lado, los surrealistas, «aunque él [Gaudí] había rechazado la idea de que su obra se basara en los sueños»; por otro, la contracultura de los años 60 del siglo XX, «impregnada de drogas», que vio en Gaudí «al arquitecto de un viaje lisérgico»; y, también, los turistas japoneses, que «vieron panteísmo» en la Sagrada Familia. No fue hasta la década de 1980 cuando «por fin empezó a entrar dinero a raudales y la construcción se aceleró».Además, la publicación ha apuntado que la «destreza técnica» de Gaudí es tenida en cuenta, igualmente, por sus compañeros arquitectos. «Le Corbusier lo admiró por su dominio de la estructura y la piedra. Ninguno de sus edificios ha sufrido debilidades estructurales -a diferencia de los de algunos arquitectos estrella recientes-», ha dicho para ‘The Economist’ Peter Stanford, periodista y autor del libro ‘God’s Architect’. «Su influencia puede verse en la obra de Frank Gehry y Zaha Hadid», ha añadido. «Para algunos, es una obra genial, una reencarnación moderna de las grandes catedrales medievales de Europa. Para otros, es una gigantesca locura. Pero nadie puede dudar de que se ha convertido en un icono global». Así ha definido ‘The Economist’ el templo de la Sagrada Familia, en un artículo publicado esta semana, coincidiendo con la visita de León XIV a Barcelona para bendecir la torre de Jesús y la cruz que la corona, convirtiéndose en la iglesia más alta del mundo.El semanario británico, tras equiparar la basílica de la Sagrada Familia con la de San Pedro (El Vaticano) y Notre Dame en París (Francia), ha hecho también un repaso por el Antoni Gaudí poliédrico y «sinónimo de Barcelona» que trabajó, generalmente, para una burguesía catalana de finales del siglo XIX que le gustaba o toleraba «la imaginación decorativa sin límites y el eclecticismo del arquitecto». Para la revista, «Gaudí fue a la vez reaccionario y revolucionario».Artesano extraordinario, ingeniero autodidacta y, sobre todo, «o un loco o un genio», como reflexionó el director de la escuela de arquitectura de Barcelona que se sorprendió de Gaudí. ¿El de Reus (Tarragona) fue todo eso? Loco y genio, a la vez, han defendido en ‘The Economist’, desde donde se ha recordado que sus principales influencias le llegaron del «catolicismo» y «el nacionalismo catalán». Y han añadido que: «Veía su obra como una expresión de su fe».Noticia relacionada reportaje No No Llamando a las puertas del cielo: el milagro del «arquitecto de Dios» Àlex Gubern y Daniel TerceroSe fijó en el gótico «aunque también incorporó ornamentos barrocos, orientalistas y moriscos» y a finales del siglo, «mientras la Iglesia libraba una guerra cultural contra el anarquismo anticlerical, Gaudí se unió a un grupo artístico cuyo mentor era un obispo archirreaccionario». Entonces, dejó «los encargos comerciales para dedicar los últimos doce años de su vida a la Sagrada Familia». Hasta 1926, que murió como consecuencia del atropello de un tranvía. Pero ‘The Economist’ también ha destacado que la admiración por la Sagrada Familia no ha sido siempre la misma. De hecho, durante mucho tiempo, el templo fue despreciado, cuando no ignorado en el mejor de los casos, y sufrió ataques que estuvieron a punto de dar por concluido el proyecto. Aunque no lo ha señalado la revista, que fuera una iglesia de carácter expiatorio ayudó a estos vaivenes por la superviviencia.«Durante décadas la Sagrada Familia fue poco apreciada. En 1936, al comienzo de la Guerra Civil española, una milicia anarquista destrozó los elaborados modelos que Gaudí había dejado y saqueó su archivo de dibujos. George Orwell, que estuvo en Barcelona durante la Guerra Civil, calificó la Sagrada Familia como ‘uno de los edificios más horribles del mundo’, y añadió que ‘los anarquistas mostraron mal gusto al no volarla cuando tuvieron la oportunidad’», ha descrito el semanario.Al comienzo de la Guerra Civil, una milicia anarquista destrozó los elaborados modelos que Gaudí había dejado y saqueó su archivo de dibujosSin embargo, «varias cosas la salvarían». Por un lado, los surrealistas, «aunque él [Gaudí] había rechazado la idea de que su obra se basara en los sueños»; por otro, la contracultura de los años 60 del siglo XX, «impregnada de drogas», que vio en Gaudí «al arquitecto de un viaje lisérgico»; y, también, los turistas japoneses, que «vieron panteísmo» en la Sagrada Familia. No fue hasta la década de 1980 cuando «por fin empezó a entrar dinero a raudales y la construcción se aceleró».Además, la publicación ha apuntado que la «destreza técnica» de Gaudí es tenida en cuenta, igualmente, por sus compañeros arquitectos. «Le Corbusier lo admiró por su dominio de la estructura y la piedra. Ninguno de sus edificios ha sufrido debilidades estructurales -a diferencia de los de algunos arquitectos estrella recientes-», ha dicho para ‘The Economist’ Peter Stanford, periodista y autor del libro ‘God’s Architect’. «Su influencia puede verse en la obra de Frank Gehry y Zaha Hadid», ha añadido.
«Para algunos, es una obra genial, una reencarnación moderna de las grandes catedrales medievales de Europa. Para otros, es una gigantesca locura. Pero nadie puede dudar de que se ha convertido en un icono global». Así ha definido ‘The Economist’ el templo de … la Sagrada Familia, en un artículo publicado esta semana, coincidiendo con la visita de León XIV a Barcelona para bendecir la torre de Jesús y la cruz que la corona, convirtiéndose en la iglesia más alta del mundo.
El semanario británico, tras equiparar la basílica de la Sagrada Familia con la de San Pedro (El Vaticano) y Notre Dame en París (Francia), ha hecho también un repaso por el Antoni Gaudí poliédrico y «sinónimo de Barcelona» que trabajó, generalmente, para una burguesía catalana de finales del siglo XIX que le gustaba o toleraba «la imaginación decorativa sin límites y el eclecticismo del arquitecto». Para la revista, «Gaudí fue a la vez reaccionario y revolucionario».
Artesano extraordinario, ingeniero autodidacta y, sobre todo, «o un loco o un genio», como reflexionó el director de la escuela de arquitectura de Barcelona que se sorprendió de Gaudí. ¿El de Reus (Tarragona) fue todo eso? Loco y genio, a la vez, han defendido en ‘The Economist’, desde donde se ha recordado que sus principales influencias le llegaron del «catolicismo» y «el nacionalismo catalán». Y han añadido que: «Veía su obra como una expresión de su fe».
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Àlex Gubern y Daniel Tercero
Se fijó en el gótico «aunque también incorporó ornamentos barrocos, orientalistas y moriscos» y a finales del siglo, «mientras la Iglesia libraba una guerra cultural contra el anarquismo anticlerical, Gaudí se unió a un grupo artístico cuyo mentor era un obispo archirreaccionario». Entonces, dejó «los encargos comerciales para dedicar los últimos doce años de su vida a la Sagrada Familia». Hasta 1926, que murió como consecuencia del atropello de un tranvía.
Pero ‘The Economist’ también ha destacado que la admiración por la Sagrada Familia no ha sido siempre la misma. De hecho, durante mucho tiempo, el templo fue despreciado, cuando no ignorado en el mejor de los casos, y sufrió ataques que estuvieron a punto de dar por concluido el proyecto. Aunque no lo ha señalado la revista, que fuera una iglesia de carácter expiatorio ayudó a estos vaivenes por la superviviencia.
«Durante décadas la Sagrada Familia fue poco apreciada. En 1936, al comienzo de la Guerra Civil española, una milicia anarquista destrozó los elaborados modelos que Gaudí había dejado y saqueó su archivo de dibujos. George Orwell, que estuvo en Barcelona durante la Guerra Civil, calificó la Sagrada Familia como ‘uno de los edificios más horribles del mundo’, y añadió que ‘los anarquistas mostraron mal gusto al no volarla cuando tuvieron la oportunidad’», ha descrito el semanario.
Al comienzo de la Guerra Civil, una milicia anarquista destrozó los elaborados modelos que Gaudí había dejado y saqueó su archivo de dibujos
Sin embargo, «varias cosas la salvarían». Por un lado, los surrealistas, «aunque él [Gaudí] había rechazado la idea de que su obra se basara en los sueños»; por otro, la contracultura de los años 60 del siglo XX, «impregnada de drogas», que vio en Gaudí «al arquitecto de un viaje lisérgico»; y, también, los turistas japoneses, que «vieron panteísmo» en la Sagrada Familia. No fue hasta la década de 1980 cuando «por fin empezó a entrar dinero a raudales y la construcción se aceleró».
Además, la publicación ha apuntado que la «destreza técnica» de Gaudí es tenida en cuenta, igualmente, por sus compañeros arquitectos. «Le Corbusier lo admiró por su dominio de la estructura y la piedra. Ninguno de sus edificios ha sufrido debilidades estructurales -a diferencia de los de algunos arquitectos estrella recientes-», ha dicho para ‘The Economist’ Peter Stanford, periodista y autor del libro ‘God’s Architect’. «Su influencia puede verse en la obra de Frank Gehry y Zaha Hadid», ha añadido.
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