«El derecho a la ciudad es un derecho preminente. Nos merecemos vivir en urbes pacificadas, seguras, saludables, solidarias y accesibles». Adriana HerrerosDebajo de mi nombre en invitaciones para actos literarios suelen poner escritor. Cuando eso ocurre obligo a rectificar, a quien corresponda, para que debajo de mi nombre aparezca la palabra poeta. Es lo que soy. Lo que siempre, desde que lo sé, he sido. Sirva esta breve inserción como séquito de los tres poemas que por y para Toledo escribí en diferentes momentos de mi trayectoria poética y personal. Y viceversa, claro. No son los únicos, pero creo que sí los que mejor definen mi relación con ella e incluso con la poesía.HE APRENDIDO A MIRARTE , pero aún no encontré tu secreto.Busco entre tus líneas orientales. Te trazo del revés.Fatigado me siento ante ti como aquel soldado africano que, sin éxito, pretendió tus favores. Sé de tus idilios . Trascendentes. Y de un poeta al que robaste sus versos. He aprendido a mirarte, pero aún olvido tu nombre cuando estoy lejos. Busco en otras. Deprisa recorro las calles. Me pierdo. Caigo en el tiempo. Pero sé que volveré .Y ante mis ojos, tú, tan bella. Mitad tierra, mitad cielo.De principios del dos mil son estos versos, fruto de una profunda y sincera admiración por la ciudad sin tiempo, a la que llegué, siendo un chaval, oriundo del pueblo manchego de las tres mentiras, donde nací. Dicen por ahí que uno es de donde hace el bachiller. Puede que tengan razón. Lo cierto es que la ciudad, genéricamente hablando, es, en poesía, un tema recurrente y Toledo, en particular, una fuente continua de inspiración. Imposible no explorarla como escenario de vida, identidad y misterio transformando sus calles, edificios, gentes, en metáforas de la propia existencia. Esa fue y es mi labor. Poética, pues, de la experiencia.***Tiempo que se hizo huella.Oleo deslumbrante.Latido de corazón enamorado.Encrucijada de leyendas.Decana del cielo en la tierra .Orgulloso, aunque malherido, Tajo. Un acróstico (2010) para continuar admirando sus encantos, pero ahí aparece ya el, por entonces, malherido Tajo. Y no es baladí que sea en el último verso, como iniciando una lista de quejas o reproches a la ciudad en mi diario de agraviado peatón. El desencanto cuando llega es fiero e indómito, y trae consigo la pura cotidianeidad y la dura objetividad. La verdad real. Y claro, cómo evitar un cierto toque de hastío e incluso la ilusión de escapar. De cambiar de ciudad. Para qué negarlo. O por qué no admitirlo.***HOSPITAL VIRGEN DE LA SALUD (D.E.P)Calles que parecen enfermas-luce el sol pero falta luz en ellas-precisamente ahora, cuando el hospital ha cambiado de barrio. Con este peculiar, o no, réquiem (2022) termino. Cuando lo escribí el hospital sólo cambiaba de barrio, en la actualidad es un espacio hostil , un lugar donde la memoria se petrifica. No es el único- lugar- que refleja la degradación de la ciudad. Las ultimas noticias dicen que Toledo rivaliza con otras ocho ciudades españolas por ser Capital Europea de la Cultura 2031. Y si se apostara, me pregunto, por un Toledo sostenible. Nada más, nada menos.Sin embargo:Si aquí me quedoes porque eres, sobre todo, lo suficientemente pequeña para que no me molesten en exceso. Lo suficientemente grande para que me olviden un poco. ***No recuerdo mi primer poema, pero no he olvidado sus consecuencias . Es uno de mis versos más citados por compañeros del gremio. Pues bien, nunca olvidaré la casa ni el barrio toledano donde ocurrieron los ‘hechos’ que luego darían vida al poema que hoy confieso si recordar. «El derecho a la ciudad es un derecho preminente. Nos merecemos vivir en urbes pacificadas, seguras, saludables, solidarias y accesibles». Adriana HerrerosDebajo de mi nombre en invitaciones para actos literarios suelen poner escritor. Cuando eso ocurre obligo a rectificar, a quien corresponda, para que debajo de mi nombre aparezca la palabra poeta. Es lo que soy. Lo que siempre, desde que lo sé, he sido. Sirva esta breve inserción como séquito de los tres poemas que por y para Toledo escribí en diferentes momentos de mi trayectoria poética y personal. Y viceversa, claro. No son los únicos, pero creo que sí los que mejor definen mi relación con ella e incluso con la poesía.HE APRENDIDO A MIRARTE , pero aún no encontré tu secreto.Busco entre tus líneas orientales. Te trazo del revés.Fatigado me siento ante ti como aquel soldado africano que, sin éxito, pretendió tus favores. Sé de tus idilios . Trascendentes. Y de un poeta al que robaste sus versos. He aprendido a mirarte, pero aún olvido tu nombre cuando estoy lejos. Busco en otras. Deprisa recorro las calles. Me pierdo. Caigo en el tiempo. Pero sé que volveré .Y ante mis ojos, tú, tan bella. Mitad tierra, mitad cielo.De principios del dos mil son estos versos, fruto de una profunda y sincera admiración por la ciudad sin tiempo, a la que llegué, siendo un chaval, oriundo del pueblo manchego de las tres mentiras, donde nací. Dicen por ahí que uno es de donde hace el bachiller. Puede que tengan razón. Lo cierto es que la ciudad, genéricamente hablando, es, en poesía, un tema recurrente y Toledo, en particular, una fuente continua de inspiración. Imposible no explorarla como escenario de vida, identidad y misterio transformando sus calles, edificios, gentes, en metáforas de la propia existencia. Esa fue y es mi labor. Poética, pues, de la experiencia.***Tiempo que se hizo huella.Oleo deslumbrante.Latido de corazón enamorado.Encrucijada de leyendas.Decana del cielo en la tierra .Orgulloso, aunque malherido, Tajo. Un acróstico (2010) para continuar admirando sus encantos, pero ahí aparece ya el, por entonces, malherido Tajo. Y no es baladí que sea en el último verso, como iniciando una lista de quejas o reproches a la ciudad en mi diario de agraviado peatón. El desencanto cuando llega es fiero e indómito, y trae consigo la pura cotidianeidad y la dura objetividad. La verdad real. Y claro, cómo evitar un cierto toque de hastío e incluso la ilusión de escapar. De cambiar de ciudad. Para qué negarlo. O por qué no admitirlo.***HOSPITAL VIRGEN DE LA SALUD (D.E.P)Calles que parecen enfermas-luce el sol pero falta luz en ellas-precisamente ahora, cuando el hospital ha cambiado de barrio. Con este peculiar, o no, réquiem (2022) termino. Cuando lo escribí el hospital sólo cambiaba de barrio, en la actualidad es un espacio hostil , un lugar donde la memoria se petrifica. No es el único- lugar- que refleja la degradación de la ciudad. Las ultimas noticias dicen que Toledo rivaliza con otras ocho ciudades españolas por ser Capital Europea de la Cultura 2031. Y si se apostara, me pregunto, por un Toledo sostenible. Nada más, nada menos.Sin embargo:Si aquí me quedoes porque eres, sobre todo, lo suficientemente pequeña para que no me molesten en exceso. Lo suficientemente grande para que me olviden un poco. ***No recuerdo mi primer poema, pero no he olvidado sus consecuencias . Es uno de mis versos más citados por compañeros del gremio. Pues bien, nunca olvidaré la casa ni el barrio toledano donde ocurrieron los ‘hechos’ que luego darían vida al poema que hoy confieso si recordar.
«El derecho a la ciudad es un derecho preminente. Nos merecemos vivir en urbes pacificadas, seguras, saludables, solidarias y accesibles».
Debajo de mi nombre en invitaciones para actos literarios suelen poner escritor. Cuando eso ocurre obligo a rectificar, a quien corresponda, … para que debajo de mi nombre aparezca la palabra poeta. Es lo que soy. Lo que siempre, desde que lo sé, he sido.
Sirva esta breve inserción como séquito de los tres poemas que por y para Toledo escribí en diferentes momentos de mi trayectoria poética y personal. Y viceversa, claro. No son los únicos, pero creo que sí los que mejor definen mi relación con ella e incluso con la poesía.
HE APRENDIDO A MIRARTE,
pero aún no encontré tu secreto.
Busco entre tus líneas orientales.
Te trazo del revés.
Fatigado me siento ante ti
como aquel soldado africano
que, sin éxito, pretendió
tus favores. Sé de tus idilios.
Trascendentes. Y de un poeta
al que robaste sus versos.
He aprendido a mirarte,
pero aún olvido tu nombre
cuando estoy lejos.
Busco en otras.
Deprisa recorro las calles.
Me pierdo.
Caigo en el tiempo.
Pero sé que volveré.
Y ante mis ojos, tú, tan bella.
Mitad tierra, mitad cielo.
De principios del dos mil son estos versos, fruto de una profunda y sincera admiración por la ciudad sin tiempo, a la que llegué, siendo un chaval, oriundo del pueblo manchego de las tres mentiras, donde nací. Dicen por ahí que uno es de donde hace el bachiller. Puede que tengan razón.
Lo cierto es que la ciudad, genéricamente hablando, es, en poesía, un tema recurrente y Toledo, en particular, una fuente continua de inspiración. Imposible no explorarla como escenario de vida, identidad y misterio transformando sus calles, edificios, gentes, en metáforas de la propia existencia. Esa fue y es mi labor. Poética, pues, de la experiencia.
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Tiempo que se hizo huella.
Oleo deslumbrante.
Latido de corazón enamorado.
Encrucijada de leyendas.
Decana del cielo en la tierra.
Orgulloso, aunque malherido, Tajo.
Un acróstico (2010) para continuar admirando sus encantos, pero ahí aparece ya el, por entonces, malherido Tajo. Y no es baladí que sea en el último verso, como iniciando una lista de quejas o reproches a la ciudad en mi diario de agraviado peatón. El desencanto cuando llega es fiero e indómito, y trae consigo la pura cotidianeidad y la dura objetividad. La verdad real. Y claro, cómo evitar un cierto toque de hastío e incluso la ilusión de escapar. De cambiar de ciudad. Para qué negarlo. O por qué no admitirlo.
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HOSPITAL VIRGEN DE LA SALUD (D.E.P)
Calles
que parecen enfermas
-luce el sol
pero falta luz en ellas-
precisamente ahora,
cuando el hospital
ha cambiado
de barrio.
Con este peculiar, o no, réquiem (2022) termino. Cuando lo escribí el hospital sólo cambiaba de barrio, en la actualidad es un espacio hostil, un lugar donde la memoria se petrifica. No es el único- lugar- que refleja la degradación de la ciudad.
Las ultimas noticias dicen que Toledo rivaliza con otras ocho ciudades españolas por ser Capital Europea de la Cultura 2031. Y si se apostara, me pregunto, por un Toledo sostenible. Nada más, nada menos.
Sin embargo:
Si aquí me quedo
es porque eres,
sobre todo,
lo suficientemente pequeña
para que no me molesten
en exceso.
Lo suficientemente grande
para que me olviden
un poco.
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No recuerdo mi primer poema, pero no he olvidado sus consecuencias. Es uno de mis versos más citados por compañeros del gremio. Pues bien, nunca olvidaré la casa ni el barrio toledano donde ocurrieron los ‘hechos’ que luego darían vida al poema que hoy confieso si recordar.
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