Desde antes de regresar a la Casa Blanca en enero del 2025, Donald Trump ya tenía puesta la diana en México. Ya pensaba en intervenciones militares en el país del sur para combatir a los narcos o en lanzar bombardeos en territorios donde se ubican los supuestos laboratorios de la droga. En aquella lista, el estado de Sinaloa, el Chapo o el Mayo Zambada, estaban los primeros.
La imputación por EE.UU. del gobernador de Sinaloa por proteger a los narcos es un ataque a la presidenta de México, de la que es colaborador
Desde antes de regresar a la Casa Blanca en enero del 2025, Donald Trump ya tenía puesta la diana en México. Ya pensaba en intervenciones militares en el país del sur para combatir a los narcos o en lanzar bombardeos en territorios donde se ubican los supuestos laboratorios de la droga. En aquella lista, el estado de Sinaloa, el Chapo o el Mayo Zambada, estaban los primeros.
Ya pensaba en intervenciones militares en el país del sur para combatir a los narcos o en lanzar bombardeos en territorios donde se ubican los supuestos laboratorios de la droga. En aquella lista, el estado de Sinaloa, el Chapo o el Mayo Zambada, estaban los primeros.
Rubén Rocha deja temporalmente el cargo a los dos días de la acusación de colaborar con el cártel de Sinaloa
Todo ese ejercicio de presión no ha cesado en este segundo mandato y ha puesto contra las cuerdas a Claudia Sheinbaum. La presidenta está hoy ante el dilema de mantener buenas relaciones con el poderoso socio del norte o no decepcionar a los seguidores de su partido, Morena, fundado por el referente de la izquierda, su predecesor Andrés Manuel López Obregón, el conocido AMLO.
El delicado equilibrio en el que se ha movido Sheinbaum en el último año ha saltado esta semana por los aires con la dimisión la noche del viernes de Rubén Rocha Moya, de 76 años, gobernador de Sinaloa, estrecho colaborador de la presidenta y uno de los más relevantes políticos de su partido.

Rocha, acusado por Estados Unidos de proteger y ayudar durante años al poderoso y sanguinario cártel de su estado, anunció la renuncia provisional como gobernador de Sinaloa.
Su caso tiene en vilo al país desde que la fiscalía neoyorquina de Manhattan informó el miércoles de que había formulado una acusación que imputa a Rocha y otros nueve funcionarios mexicanos, tanto en activo como retirados, por una conspiración por la cual durante décadas protegió a los narcos de Sinaloa –es decir al Chapo y al Mayo Zambada,entre otros– a cambio de sobornos y apoyo político.
Esta organización criminal ha dominado durante largo tiempo este estado de tres millones de habitantes en la costa occidental de México. Los fiscales neoyorquinos subrayan que el entonces gobernador era un elemento clave que explica la impunidad en la que se movía el grupo desde que resultó elegido en las urnas en el 2021.
La fiscalía de Manhattan había formulado una acusación que imputa a Rocha y otros nueve funcionarios mexicanos
En un comunicado emitido a través de un vídeo de dos minutos, Rocha declaró su inocencia, pero habló de que se tomaba “una licencia temporal” para centrarse en su defensa. “Puedo mirar a mi gente y a mi familia a los ojos porque no los he traicionado y nunca, jamás lo haré”, sostuvo. “Y lo demostraré con firmeza cuando las instituciones de justicia de nuestro país lo requieran”, insistió.
La decisión de adoptar una medida provisional le permite seguir disfrutando de la inmunidad ante cualquier condena penal, y debería ser el Congreso de México el que debería revocar esa condición.
Estados Unidos había solicitado el arresto inmediato al gobierno de Sheinbaum, que reaccionó con cautela. La presidenta replicó el jueves que si se prueban las acusaciones de Estados Unidos contra el gobernador de Sinaloa por narcotráfico, su país actuará conforme a derecho, pero si no, quedará en evidencia que hay un objetivo político de Washington y de la administración Trump.
La investigación la llevará la fiscalía mexicana, señaló. Y advirtió: “Debe quedar sumamente claro: que bajo ningún motivo vamos a permitir la intromisión o injerencia de un gobierno extranjero en las decisiones que le competen exclusivamente al pueblo de México”.
Desde los años noventa, Rocha ha sido el principal aliado en Sinaloa del movimiento que encumbró a Sheinbaum, la llamada Cuarta Transformación.
El expresidente López Obrador lo captó para integrar su coalición ya en sus inicios y cuando en 2011 fundó el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), el hoy todopoderoso partido de gobierno, Rocha fue quien articuló esta operación en Sinaloa. No es la primera vez que el ex sindicalista y ex profesor sobrevive a los escándalos, en buena medida por su amistad con López Obrador, cuya honestidad también puede quedar salpicada.
Pese a los desencuentros entre Estados Unidos y México, nunca se había producido una situación en la que cargos elegidos por ciudadanos mexicanos sean acusados y perseguidos por la justicia de EE.UU.
Esto sitúa a Sheinbaum en un territorio complicado, puesto que negocia con Washington asuntos de seguridad, migración y comercio, pieza clave para su economía. Hasta ahora ha mantenido la cabeza fría entre las concesiones a Trump y los mensajes nacionalistas dirigidos a sus compatriotas.
Ha tenido que moverse entre el pragmatismo hacia el norte y la defensa de la independencia en casa. Pero la imputación de Rocha la obliga bien a arrestar a su colaborador, y estrechar lazos con Trump, o a reforzar su posición en el partido y desafiar a EE.UU. Es el dilema de Sheinbaum.
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