Todo el mundo pensaba que aquella era una habitación más de una antigua villa romana construida en Fuente Álamo (Puente Genil, Córdoba). Algunos especulaban que la estancia podía ser incluso un mitreo, un templo dedicado al dios de origen persa Mitra y construido para imitar una cueva. Pero el espacio, en realidad, era la biblioteca más antigua de la península Ibérica.
La sala privada donde se guardaban los pergaminos estaba situada en una antigua finca de Fuente Álamo Todo el mundo pensaba que aquella era una habitación más de una antigua villa romana construida en Fuente Álamo (Puente Genil, Córdoba). Algunos especulaban que la estancia podía ser incluso un mitreo, un templo dedicado al dios de origen persa Mitra y construido para imitar una cueva. Pero el espacio, en realidad, era la biblioteca más antigua de la península Ibérica.
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