Con una mano ondea la bandera de Irán y con la otra sostiene una foto del desaparecido ayatolá Ali Jamenei. “Vinimos por nuestro líder supremo y para decir que seguiremos su camino. Si pensaban que nos retiraríamos y rendiríamos, cometieron un error”, afirma Rausili. Tiene 18 años, estudia Medicina y ha llegado hasta la plazoleta Enqelab (significa Revolución) junto a su madre, trabajadora de un hospital en el centro de Teherán, a pocos metros del complejo donde Jamenei residía hasta el sábado 28 de febrero.
Miles de fieles de la República Islámica prometen resistencia y martirio en una vigilia por Ali Jamenei
Con una mano ondea la bandera de Irán y con la otra sostiene una foto del desaparecido ayatolá Ali Jamenei. “Vinimos por nuestro líder supremo y para decir que seguiremos su camino. Si pensaban que nos retiraríamos y rendiríamos, cometieron un error”, afirma Rausili. Tiene 18 años, estudia Medicina y ha llegado hasta la plazoleta Enqelab (significa Revolución) junto a su madre, trabajadora de un hospital en el centro de Teherán, a pocos metros del complejo donde Jamenei residía hasta el sábado 28 de febrero.
“Venimos a pedir venganza. La guerra no debe terminar hasta que venguemos la sangre de nuestro líder y el país sionista quede completamente destruido”, añade su madre, Tayebe, que también carga una foto del ayatolá. Ambas forman parte del numeroso grupo de seguidores que acude cada día a esta plazoleta en el corazón de Teherán para participar en la vigilia por Jamenei y mostrar su apoyo a la República Islámica y a sus fuerzas militares. Una escena que se repite en numerosos puntos de la capital y del país.
“La guerra no debe terminar hasta que venguemos la sangre de nuestro líder”, dice una mujer junto a su hija
En Enqelab, tradicional epicentro de los grandes movimientos políticos y sociales de Irán, los asistentes se concentran bajo un enorme cartel con la imagen del líder que cubre por completo la fachada de una de las esquinas. Frente a él se ha levantado una tarima adornada con dos fotografías de Jamenei –una de su juventud revolucionaria y otra reciente– desde donde se lanzan consignas y se guían los cánticos, muchos de ellos contra Estados Unidos e Israel. “¡Venganza, venganza!”, corean los participantes mientras motocicletas y coches con banderas circulan por la zona.
En las calles cercanas, grupos de uniformados patrullan en motos y vehículos blindados para proteger a los congregados. Una escena muy distinta de la que se vive cuando la oposición a la República Islámica protesta aquí, como ocurrió en enero, cuando al menos 3.117 personas murieron según cifras oficiales. Otras investigaciones elevan la cifra a más de 7.000 y advierten que podría ser mayor.
Nada de esto parece inquietar a los presentes, pese a que días atrás Israel y Estados Unidos lanzaron un ataque con tres misiles a pocos metros de allí, destruyendo el complejo de la Policía de Prevención del Crimen (acusada de participar en la represión de manifestaciones) y dañando múltiples edificios civiles. Al menos 20 transeúntes murieron y decenas resultaron heridos, aunque aún se desconoce la cifra exacta.
“Estoy lista para sacrificarme por el líder”, insiste Tayebe, quien se encontraba en el hospital cuando el ataque que acabó con la vida del ayatolá sacudió la zona. Relata que muchos pacientes estaban en cirugía: “Hubo que coserlos y trasladarlos a otros hospitales”. Añade que sus colegas y pacientes resultaron heridos, las ventanas estallaron y el edificio quedó prácticamente destruido. Su casa, cercana al lugar, también perdió los cristales.
“Es normal sentir miedo, pero ya no tenemos nada que perder. Nuestro líder supremo era nuestra esperanza y ya no está”, explica la hija, que estaba en casa cuando se produjo la explosión. “Mi familia y yo estamos dispuestos a sacrificar nuestra vida por él, porque él se sacrificó por nosotros”, afirma.
Como la mayoría de seguidores consultados, ninguna de las dos mujeres señala un favorito para suceder al ayatolá. Dejan la decisión en manos de la Asamblea de Expertos, el organismo de 88 clérigos elegidos por voto popular encargado de designar al próximo rahbar , término persa para referirse al líder supremo de la República.
“Juraremos lealtad a quien sea elegido”, asegura Mariam Sabaghi, de 56 años, quien participó en la primera oración del viernes tras el asesinato de Jamenei. Como el resto de entrevistados, evita mencionar la posibilidad de que el sucesor sea Mojtaba, el segundo hijo del ayatolá, cuya candidatura muchos dan por hecha. La cita fue en el gran Mosalah de Teherán, un inmenso complejo religioso en construcción desde hace tres décadas, con cuatro minaretes y una gran cúpula aún sin terminar de decorar con las tradicionales baldosas azules. Allí se espera que tengan lugar parte de los funerales del líder, aunque la fecha aún no se ha anunciado.
Mariam llegó con su familia y miles de personas más, entre ellas el alcalde de Teherán y el viceportavoz del Parlamento, que se congregaron al aire libre en las explanadas del recinto. “Esperamos que el nuevo líder siga el mismo camino. Hicimos la revolución por nuestra fe y hemos dado muchos mártires”, señala la mujer, que dice no haber sentido miedo pese a que ese mismo día Israel y Estados Unidos intensificaron los ataques contra la ciudad. “Nuestro líder nos enseñó el camino del martirio y resistiremos hasta el final”.
Está convencida de que la fe y la convicción superan cualquier temor. Tras la ceremonia, caminó junto a miles de personas hacia la avenida Beheshti, donde se coreaban eslóganes en homenaje a Jamenei y contra quienes atacan desde el cielo. Entre ellos marchaba Seyed Rahmanian, un clérigo de 62 años acompañado de su familia. “Seguiremos el camino de Seyed Ali derrotando a Estados Unidos e Israel y, si es necesario, alcanzando el martirio”, afirma. Para él, “el martirio es la posición más alta para quien sacrifica su vida por el islam”.
En los sectores que apoyan al sistema existe la convicción de que Jamenei buscó deliberadamente el martirio al negarse a esconderse en un búnker pese a la alta probabilidad de un ataque estadounidense e israelí. “Siguió los pasos del imán Husein, como los seguiremos todos nosotros si es necesario”, concluye Rahmanian.
A su espalda se levantaba un cartel con las imágenes de Jamenei y del general Qasem Soleimani, también asesinado. “Como ellos”, subrayó.
Dos influyentes clérigos iraníes de línea dura han pedido la rápida selección de un nuevo líder supremo para guiar a la nación en medio de una nueva ola de ataques estadounidenses e israelíes, según informaron medios iraníes el sábado.
Las peticiones de los clérigos sugieren que al menos algunos miembros del clero se sienten incómodos con dejar a un consejo de tres hombres al mando, incluso temporalmente, tal y como establecen las normas constitucionales, después del asesinato del líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha afirmado que Estados Unidos debería participar en la elección del nuevo líder, una exigencia que Irán ha rechazado.
Naser Makarem Shirazi, que cuenta con un amplio apoyo por sus decisiones religiosas, afirmó que era necesario un nombramiento urgente para “ayudar a organizar mejor los asuntos del país”, según informaron medios estatales.
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