María Guardiola no será presidenta de la Junta de Extremadura. Al menos, no de momento. Vox ha cumplido con lo previsto, votando en contra de la líder popular y tumbando, como ya hizo el miércoles, su primer intento de ser investida. Solo el PP ha votado a favor de Guardiola: 29 votos a favor por los 36 de Vox, PSOE y Unidas por Extremadura, que se han pronunciado en contra.En la noche del jueves, el propio PP confirmó que Vox había trasladado su intención de votar «no» también el viernes. Así ha sido. Aunque, en este caso, el líder regional de la formación, Óscar Fernández Calle, ha defendido que Guardiola no es, precisamente, «el problema»: «Quiero creer que va a apostar por el cambio, pero el principal problema para creerla son sus compañeros de Génova y de Bruselas», sentenciaba desde la tribuna.Horas antes, en plena campaña de las autonómicas en Castilla y León, el presidente de Vox, Santiago Abascal, ya apuntaba en esta línea, asegurando que, en Génova, «están más empeñados en construir un relato político que culpabilice a Vox que en esforzarse en dialogar de manera leal para construir un gobierno de coalición». Advertía a los populares de que su partido «no negocia ni bajo presión, ni bajo coacciones ni bajo chantaje, con guerras sucias y prisas»: «Llevamos muchos meses exigiendo una negociación detallada, de medidas concretas».Por su parte, Guardiola, a la que le valía con una mayoría simple para resultar investida, pedía la abstención al resto de grupos: «No necesito que ningún grupo suscriba todo lo que se ha expresado aquí. Basta con no ejercer el voto en contra. Basta con que no se bloqueen las ganas de seguir trabajando», decía. Pedía algo, en sus palabras, «mucho más sencillo»: «Dejen gobernar a quien ha ganado las elecciones con un apoyo electoral del 43%».La presidenta en funciones de la Junta de Extremadura, sin embargo y pese saber que perdería también en segunda vuelta, ha reivindicado que seguirá hacia delante: «Mi obligación no es rendirme, sino seguir insistiendo en ese diálogo y esa voluntad». Todo porque, argumentaba, «los extremeños siguen esperando una respuesta»: «Nos están mirando todas esas familias y lo que no merecen es que sigamos hablando de nosotros, de nuestros partidos, de los problemas internos que cada uno tenga…». Dos meses para formar gobiernoEl PSOE, que como Vox y Unidas por Extremadura también ha votado en contra, afronta esta tarde su particular guerra, con la celebración del Comité Regional que marcará los plazos y abrirá la carrera de las primarias para suceder a Miguel Ángel Gallardo como secretario general de los socialistas en la región, que vienen de cosechar su peor resultado el pasado 21 de diciembre. Durante su intervención, la portavoz del grupo parlamentario socialista, Piedad Álvarez, ha acusado a Guardiola de comportarse de manera «agresiva» con la oposición, lamentando, además, que la popular se encuentra «en un callejón sin salida»: «¿Usted es consciente de lo que significa para la gente que la Junta de Extremadura esté paralizada? ¿Usted es consciente del daño que provoca a la gente extremeña esta situación? Es usted la que está bloqueando Extremadura. Es usted la que está perjudicando Extremadura».Con el fallido intento de investidura, Extremadura tiene menos de dos meses para conformar gobierno, con el 4 de mayo como plazo máximo. De no ocurrir, la región estaría abocada a unas nuevas elecciones autonómicas, que serían las terceras en apenas tres años. María Guardiola no será presidenta de la Junta de Extremadura. Al menos, no de momento. Vox ha cumplido con lo previsto, votando en contra de la líder popular y tumbando, como ya hizo el miércoles, su primer intento de ser investida. Solo el PP ha votado a favor de Guardiola: 29 votos a favor por los 36 de Vox, PSOE y Unidas por Extremadura, que se han pronunciado en contra.En la noche del jueves, el propio PP confirmó que Vox había trasladado su intención de votar «no» también el viernes. Así ha sido. Aunque, en este caso, el líder regional de la formación, Óscar Fernández Calle, ha defendido que Guardiola no es, precisamente, «el problema»: «Quiero creer que va a apostar por el cambio, pero el principal problema para creerla son sus compañeros de Génova y de Bruselas», sentenciaba desde la tribuna.Horas antes, en plena campaña de las autonómicas en Castilla y León, el presidente de Vox, Santiago Abascal, ya apuntaba en esta línea, asegurando que, en Génova, «están más empeñados en construir un relato político que culpabilice a Vox que en esforzarse en dialogar de manera leal para construir un gobierno de coalición». Advertía a los populares de que su partido «no negocia ni bajo presión, ni bajo coacciones ni bajo chantaje, con guerras sucias y prisas»: «Llevamos muchos meses exigiendo una negociación detallada, de medidas concretas».Por su parte, Guardiola, a la que le valía con una mayoría simple para resultar investida, pedía la abstención al resto de grupos: «No necesito que ningún grupo suscriba todo lo que se ha expresado aquí. Basta con no ejercer el voto en contra. Basta con que no se bloqueen las ganas de seguir trabajando», decía. Pedía algo, en sus palabras, «mucho más sencillo»: «Dejen gobernar a quien ha ganado las elecciones con un apoyo electoral del 43%».La presidenta en funciones de la Junta de Extremadura, sin embargo y pese saber que perdería también en segunda vuelta, ha reivindicado que seguirá hacia delante: «Mi obligación no es rendirme, sino seguir insistiendo en ese diálogo y esa voluntad». Todo porque, argumentaba, «los extremeños siguen esperando una respuesta»: «Nos están mirando todas esas familias y lo que no merecen es que sigamos hablando de nosotros, de nuestros partidos, de los problemas internos que cada uno tenga…». Dos meses para formar gobiernoEl PSOE, que como Vox y Unidas por Extremadura también ha votado en contra, afronta esta tarde su particular guerra, con la celebración del Comité Regional que marcará los plazos y abrirá la carrera de las primarias para suceder a Miguel Ángel Gallardo como secretario general de los socialistas en la región, que vienen de cosechar su peor resultado el pasado 21 de diciembre. Durante su intervención, la portavoz del grupo parlamentario socialista, Piedad Álvarez, ha acusado a Guardiola de comportarse de manera «agresiva» con la oposición, lamentando, además, que la popular se encuentra «en un callejón sin salida»: «¿Usted es consciente de lo que significa para la gente que la Junta de Extremadura esté paralizada? ¿Usted es consciente del daño que provoca a la gente extremeña esta situación? Es usted la que está bloqueando Extremadura. Es usted la que está perjudicando Extremadura».Con el fallido intento de investidura, Extremadura tiene menos de dos meses para conformar gobierno, con el 4 de mayo como plazo máximo. De no ocurrir, la región estaría abocada a unas nuevas elecciones autonómicas, que serían las terceras en apenas tres años.
María Guardiola no será presidenta de la Junta de Extremadura. Al menos, no de momento. Vox ha cumplido con lo previsto, votando en contra de la líder popular y tumbando, como ya hizo el miércoles, su primer intento de ser investida. Solo el PP ha … votado a favor de Guardiola: 29 votos a favor por los 36 de Vox, PSOE y Unidas por Extremadura, que se han pronunciado en contra.
En la noche del jueves, el propio PP confirmó que Vox había trasladado su intención de votar «no» también el viernes. Así ha sido. Aunque, en este caso, el líder regional de la formación, Óscar Fernández Calle, ha defendido que Guardiola no es, precisamente, «el problema»: «Quiero creer que va a apostar por el cambio, pero el principal problema para creerla son sus compañeros de Génova y de Bruselas», sentenciaba desde la tribuna.
Horas antes, en plena campaña de las autonómicas en Castilla y León, el presidente de Vox, Santiago Abascal, ya apuntaba en esta línea, asegurando que, en Génova, «están más empeñados en construir un relato político que culpabilice a Vox que en esforzarse en dialogar de manera leal para construir un gobierno de coalición». Advertía a los populares de que su partido «no negocia ni bajo presión, ni bajo coacciones ni bajo chantaje, con guerras sucias y prisas»: «Llevamos muchos meses exigiendo una negociación detallada, de medidas concretas».
Por su parte, Guardiola, a la que le valía con una mayoría simple para resultar investida, pedía la abstención al resto de grupos: «No necesito que ningún grupo suscriba todo lo que se ha expresado aquí. Basta con no ejercer el voto en contra. Basta con que no se bloqueen las ganas de seguir trabajando», decía. Pedía algo, en sus palabras, «mucho más sencillo»: «Dejen gobernar a quien ha ganado las elecciones con un apoyo electoral del 43%».
La presidenta en funciones de la Junta de Extremadura, sin embargo y pese saber que perdería también en segunda vuelta, ha reivindicado que seguirá hacia delante: «Mi obligación no es rendirme, sino seguir insistiendo en ese diálogo y esa voluntad». Todo porque, argumentaba, «los extremeños siguen esperando una respuesta»: «Nos están mirando todas esas familias y lo que no merecen es que sigamos hablando de nosotros, de nuestros partidos, de los problemas internos que cada uno tenga…».
Dos meses para formar gobierno
El PSOE, que como Vox y Unidas por Extremadura también ha votado en contra, afronta esta tarde su particular guerra, con la celebración del Comité Regional que marcará los plazos y abrirá la carrera de las primarias para suceder a Miguel Ángel Gallardo como secretario general de los socialistas en la región, que vienen de cosechar su peor resultado el pasado 21 de diciembre.
Durante su intervención, la portavoz del grupo parlamentario socialista, Piedad Álvarez, ha acusado a Guardiola de comportarse de manera «agresiva» con la oposición, lamentando, además, que la popular se encuentra «en un callejón sin salida»: «¿Usted es consciente de lo que significa para la gente que la Junta de Extremadura esté paralizada? ¿Usted es consciente del daño que provoca a la gente extremeña esta situación? Es usted la que está bloqueando Extremadura. Es usted la que está perjudicando Extremadura».
Con el fallido intento de investidura, Extremadura tiene menos de dos meses para conformar gobierno, con el 4 de mayo como plazo máximo. De no ocurrir, la región estaría abocada a unas nuevas elecciones autonómicas, que serían las terceras en apenas tres años.
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