Vox escogía Valladolid para su último acto de la campaña de las autonómicas , aunque separaba cuidadosamente, «viva Castilla» y «viva León», sumado al insoslayable «viva España» en una plaza de Zorrilla abarrotada de banderas. Primero hablaba el candidato a la presidencia de la Junta, Carlos Pollán, que prometía «prosperidad» y repasaba ideas-fuerza del partido, como la oposición frontal a Mercosur y también a «gente que viene de fuera que debe irse a su tierra con sus costumbres». El secretario general de la formación, Ignacio Garriga, calentaba a un público enfervorecido, y cerrando, el líder nacional, Santiago Abascal, agradecía a sus seguidores el apoyo, empezando por los mayores, siguiendo por las mujeres y terminando por los jóvenes… y los niños, que desde la fuente gritaban «eso», «díselo» y hasta «¡a por las pateras!» al ritmo de las consignas. El líder criticaba la «criminalización» y «caricaturización» de los de Vox en unos días de mitin tras mitin en los que ha sido el indiscutible protagonista para sus devotos, con Pollán en un discreto segundo plano. Al comenzar, una señora que fruncía el ceño, buscando visibilidad, ejemplificaba esto en una sencilla frase: «Veo al ‘otro’, pero no a Abascal». De modo que el líder nacional volvía a ser plato fuerte: «Bienvenidos, fachavales y fachabuelos» , lanzaba, sarcástico, para considerar que «si hay chavales a los que les quedan cuatro años para votar que nos miran con esa ilusión, es que pasan muchas cosas malas en España». No sólo pedía el voto, sino que convenzan a sus familiares. «Si hace falta lo arrastras a meter la papeleta de Vox», había azuzado Garriga.Atacando tanto a PP como a PSOE , a los que se ha referido como «socialistas rojos y socialistas azules», Abascal ha cargado contra «las políticas de la traición». «Tenemos que cambiarlas en la Junta y en el Gobierno de España y no estamos para medias tintas», ha prometido, para manifestar un «orgullo de la patria» —momento en el que ha mencionado a Tordesillas y Medina del Campo— y el rechazo a «políticas verdes, migratorias y de género». El reproche hacia la cooperación internacional y otros proyectos estaba ahí: «¿Cómo es posible que una parte de nuestro presupuesto se vaya a proyectos extravagantes en África o de género?», se ha preguntado. «La soberanía se la han entregado a Bruselas y al separatismo», ha asegurado, para clamar por «una estrategia de salvación nacional».«Cuando la presidencia del Gobierno es la mentira y la corrupción, nosotros no respetamos al Gobierno», ha vociferado, tildándole de «criminal» y acusándole de «soltar violadores» y de la «islamización». Para los ‘populares’ reservaba una puya en clave más autonómica: «Nos hacen peinetas, rompen nuestros acuerdos», se quejaba Abascal. «Pero si sube la fuerza de Vox, las cosas van a cambiar», insistía. «Mafia» y «estafa» como calificativos, una vez más, para sus oponentes. Aplausos, ‘selfies’ con la multitud y caída de telón. Vox escogía Valladolid para su último acto de la campaña de las autonómicas , aunque separaba cuidadosamente, «viva Castilla» y «viva León», sumado al insoslayable «viva España» en una plaza de Zorrilla abarrotada de banderas. Primero hablaba el candidato a la presidencia de la Junta, Carlos Pollán, que prometía «prosperidad» y repasaba ideas-fuerza del partido, como la oposición frontal a Mercosur y también a «gente que viene de fuera que debe irse a su tierra con sus costumbres». El secretario general de la formación, Ignacio Garriga, calentaba a un público enfervorecido, y cerrando, el líder nacional, Santiago Abascal, agradecía a sus seguidores el apoyo, empezando por los mayores, siguiendo por las mujeres y terminando por los jóvenes… y los niños, que desde la fuente gritaban «eso», «díselo» y hasta «¡a por las pateras!» al ritmo de las consignas. El líder criticaba la «criminalización» y «caricaturización» de los de Vox en unos días de mitin tras mitin en los que ha sido el indiscutible protagonista para sus devotos, con Pollán en un discreto segundo plano. Al comenzar, una señora que fruncía el ceño, buscando visibilidad, ejemplificaba esto en una sencilla frase: «Veo al ‘otro’, pero no a Abascal». De modo que el líder nacional volvía a ser plato fuerte: «Bienvenidos, fachavales y fachabuelos» , lanzaba, sarcástico, para considerar que «si hay chavales a los que les quedan cuatro años para votar que nos miran con esa ilusión, es que pasan muchas cosas malas en España». No sólo pedía el voto, sino que convenzan a sus familiares. «Si hace falta lo arrastras a meter la papeleta de Vox», había azuzado Garriga.Atacando tanto a PP como a PSOE , a los que se ha referido como «socialistas rojos y socialistas azules», Abascal ha cargado contra «las políticas de la traición». «Tenemos que cambiarlas en la Junta y en el Gobierno de España y no estamos para medias tintas», ha prometido, para manifestar un «orgullo de la patria» —momento en el que ha mencionado a Tordesillas y Medina del Campo— y el rechazo a «políticas verdes, migratorias y de género». El reproche hacia la cooperación internacional y otros proyectos estaba ahí: «¿Cómo es posible que una parte de nuestro presupuesto se vaya a proyectos extravagantes en África o de género?», se ha preguntado. «La soberanía se la han entregado a Bruselas y al separatismo», ha asegurado, para clamar por «una estrategia de salvación nacional».«Cuando la presidencia del Gobierno es la mentira y la corrupción, nosotros no respetamos al Gobierno», ha vociferado, tildándole de «criminal» y acusándole de «soltar violadores» y de la «islamización». Para los ‘populares’ reservaba una puya en clave más autonómica: «Nos hacen peinetas, rompen nuestros acuerdos», se quejaba Abascal. «Pero si sube la fuerza de Vox, las cosas van a cambiar», insistía. «Mafia» y «estafa» como calificativos, una vez más, para sus oponentes. Aplausos, ‘selfies’ con la multitud y caída de telón.
Vox escogía Valladolid para su último acto de la campaña de las autonómicas, aunque separaba cuidadosamente, «viva Castilla» y «viva León», sumado al insoslayable «viva España» en una plaza de Zorrilla abarrotada de banderas. Primero hablaba el candidato a la presidencia de la Junta, … Carlos Pollán, que prometía «prosperidad» y repasaba ideas-fuerza del partido, como la oposición frontal a Mercosur y también a «gente que viene de fuera que debe irse a su tierra con sus costumbres». El secretario general de la formación, Ignacio Garriga, calentaba a un público enfervorecido, y cerrando, el líder nacional, Santiago Abascal, agradecía a sus seguidores el apoyo, empezando por los mayores, siguiendo por las mujeres y terminando por los jóvenes… y los niños, que desde la fuente gritaban «eso», «díselo» y hasta «¡a por las pateras!» al ritmo de las consignas.
El líder criticaba la «criminalización» y «caricaturización» de los de Vox en unos días de mitin tras mitin en los que ha sido el indiscutible protagonista para sus devotos, con Pollán en un discreto segundo plano. Al comenzar, una señora que fruncía el ceño, buscando visibilidad, ejemplificaba esto en una sencilla frase: «Veo al ‘otro’, pero no a Abascal». De modo que el líder nacional volvía a ser plato fuerte: «Bienvenidos, fachavales y fachabuelos», lanzaba, sarcástico, para considerar que «si hay chavales a los que les quedan cuatro años para votar que nos miran con esa ilusión, es que pasan muchas cosas malas en España». No sólo pedía el voto, sino que convenzan a sus familiares. «Si hace falta lo arrastras a meter la papeleta de Vox», había azuzado Garriga.
Atacando tanto a PP como a PSOE, a los que se ha referido como «socialistas rojos y socialistas azules», Abascal ha cargado contra «las políticas de la traición». «Tenemos que cambiarlas en la Junta y en el Gobierno de España y no estamos para medias tintas», ha prometido, para manifestar un «orgullo de la patria» —momento en el que ha mencionado a Tordesillas y Medina del Campo— y el rechazo a «políticas verdes, migratorias y de género». El reproche hacia la cooperación internacional y otros proyectos estaba ahí: «¿Cómo es posible que una parte de nuestro presupuesto se vaya a proyectos extravagantes en África o de género?», se ha preguntado. «La soberanía se la han entregado a Bruselas y al separatismo», ha asegurado, para clamar por «una estrategia de salvación nacional».
«Cuando la presidencia del Gobierno es la mentira y la corrupción, nosotros no respetamos al Gobierno», ha vociferado, tildándole de «criminal» y acusándole de «soltar violadores» y de la «islamización». Para los ‘populares’ reservaba una puya en clave más autonómica: «Nos hacen peinetas, rompen nuestros acuerdos», se quejaba Abascal. «Pero si sube la fuerza de Vox, las cosas van a cambiar», insistía. «Mafia» y «estafa» como calificativos, una vez más, para sus oponentes. Aplausos, ‘selfies’ con la multitud y caída de telón.
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