Austin Abrams se confirma como el actor que mejor sufre en una revisitación del mito del profeta y la ballena tan animosa en las brillantes y claustrofóbicas escenas de acción como cargante en todo lo demás Leer Austin Abrams se confirma como el actor que mejor sufre en una revisitación del mito del profeta y la ballena tan animosa en las brillantes y claustrofóbicas escenas de acción como cargante en todo lo demás Leer
Jonás, lo dice la Biblia, aprendió a no ser tan resentido y cruel con sus enemigos en el vientre de la ballena en la que pasó tres días con sus noches. Recuérdese, allí le mandó el altísimo por negarse a llevar a sus adversarios la advertencia divina que, pensaba él, acabaría en perdón. Y eso, en el ideario del rencoroso profeta, sí que no. Él quería venganza. Brian Duffield, del que conocíamos la rumbosa, marciana y divertida Nadie te salvará, reduce los tiempos, degrada la escala teológica y añade al cetáceo de marras un calamar gigante. Pero básicamente nos relata la misma historia. Ahora, son apenas 30 minutos (lo que dura una bombona de oxígeno) los que pasa nuestro protagonista —que tampoco es heraldo de dios— en las tripas de la criatura. Por otro lado, el Todopoderoso no lo es tanto. En este caso, es la memoria del padre fallecido la que desencadena toda una aventura que, igual que en el mito bíblico, habla de perdón y fondos marinos.
Whalefall, admitámoslo, está llena de buenas noticias. En primer lugar, la película nos permite reencontrarnos con Austin Abrams, es decir, con el que fuera protagonista de la inmejorable Resident Evil de Zach Cregger. En aquella relectura visionaria del videojuego, nuestro héroe huye y ahora, solo lo intenta. Pero no puede. Y mientras sufre, sufre como nadie es capaz de hacerlo ahora mismo. Por otro lado, tanto el espectacular arranque como cada segundo en el aparato digestivo del cachalote se antojan deliciosamente angustiosos. Por un momento es inevitable recordar Buried (Enterrado), de Rodrigo Cortés, y hacerlo con una entusiasta sensación de reconocimiento. La claustrofobia de aquel prodigio de concisión regresa a la memoria intacto. Y un dato más: la aparición de Elizabeth Sue en cualquier película siempre suma una estrella. Es así.
La historia es bastante surrealista (o solo extraña), pero, a su modo, irresistible. Un hijo que tuvo que aguantar toda su vida a un padre convencido de ser un remedo del capitán Ahab borracho con tatuajes hasta en las pestañas decide arrojarse al mar con la muy improbable intención de recuperar los restos del progenitor. No es que el hombre (al que interpreta fuera de sí Josh Brolin) muriera en un naufragio, simplemente decidió un buen día suicidarse porque un cáncer de pulmón le impedía hacer lo que siempre más amó: bucear. El mar es amplio y las posibilidades de dar con el cadáver, muy escasas. Pero qué más. Mucho más difícil es tropezarse con un calamar gigante y con una descendiente de Moby Dick y el pobre Abrams se dará de bruces con los dos. Primero con uno, que casi se lo come, y luego con la otra, que se lo come, pero lo dirigiere mal.
Digamos que llegamos al cuarto párrafo sin pega alguna. Todo es lo suficientemente disparatado y bien rodado para que sea difícil renunciar. Pero pronto llegan las malas noticias. La primera de ellas es que Duffield hace trampas. Lejos de arriesgarse a mantener la película en el interior del intestino de la ballena (como Buried en un ataúd), bombardea el metraje con todo tipo de flashbacks a cual más obvio, innecesario o solo inane. Poco a poco, la historia que interesa, la de supervivencia en el peor infierno gástrico del mundo y del océano, deja todo el espacio a la del hijo traumatizado por un padre violento y tirano. Y no se lo van creer, pero esa historia es exactamente la de siempre. Por otro lado, no ayudan los delirios místicos con los que Whalefall tortura al ecosistema. Se diría que hay dos películas en una. La primera es irrenunciable por extravagante, y la segunda, solo cargante. Lástima. Eso sí, a partir de ahora, nunca bañarse en el mar sin pilas. Yo sé lo que me digo.
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Director: Brian Duffield. Intérpretes: Austin Abrams, Josh Brolin, Elisabeth Shue. Duración: 105 minutos. Nacionalidad: Estados Unidos.
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