Se escribe y habla más bien poco de Xavi Hernández en la prensa catalana desde que dejó de ser el entrenador del Barcelona. Es extraño. Ni siquiera su vuelta al banquillo, nada menos que para asumir el cargo de una selección como la holandesa, de ascendencia planetaria y cuya influencia en el Barça es de una relevancia esencial desde los años 70, ha logrado estimular una atención mediática relevante. Xavi, recordémoslo para mentes olvidadizas o haters de tres al cuarto que no saben hacer un huevo frito en sus tristes y solitarias vidas, ganó en el club azulgrana 25 títulos, entre ellos cuatro Champions, ocho Ligas, tres Copas del Rey y dos Mundiales de clubs, lo que le convierte en una leyenda, más allá de ser considerado uno de los mejores centrocampistas de la historia del fútbol con un Mundial y dos Eurocopas.
Se escribe y habla más bien poco de Xavi Hernández en la prensa catalana desde que dejó de ser el entrenador del Barcelona. Es extraño. Ni siquiera su vuelta al banquillo, nada menos que para asumir el cargo de una selección como la holandesa, de ascendencia planetaria y cuya influencia en el Barça es de una relevancia esencial desde los años 70, ha logrado estimular una atención mediática relevante. Xavi, recordémoslo para mentes olvidadizas o haters de tres al cuarto que no saben hacer un huevo frito en sus tristes y solitarias vidas, ganó en el club azulgrana 25 títulos, entre ellos cuatro Champions, ocho Ligas, tres Copas del Rey y dos Mundiales de clubs, lo que le convierte en una leyenda, más allá de ser considerado uno de los mejores centrocampistas de la historia del fútbol con un Mundial y dos Eurocopas.Seguir leyendo…
Se escribe y habla más bien poco de Xavi Hernández en la prensa catalana desde que dejó de ser el entrenador del Barcelona. Es extraño. Ni siquiera su vuelta al banquillo, nada menos que para asumir el cargo de una selección como la holandesa, de ascendencia planetaria y cuya influencia en el Barça es de una relevancia esencial desde los años 70, ha logrado estimular una atención mediática relevante. Xavi, recordémoslo para mentes olvidadizas o haters de tres al cuarto que no saben hacer un huevo frito en sus tristes y solitarias vidas, ganó en el club azulgrana 25 títulos, entre ellos cuatro Champions, ocho Ligas, tres Copas del Rey y dos Mundiales de clubs, lo que le convierte en una leyenda, más allá de ser considerado uno de los mejores centrocampistas de la historia del fútbol con un Mundial y dos Eurocopas.
El pasado jueves, en Ámsterdam, una gran pancarta le daba la bienvenida en su estreno ante Alemania en el Johan Cruyff Arena, palabras mayores, corroborando la percepción de que la admiración ajena ha ganado terreno a la local, un mal habitual que sigue sin corregirse. El día de su debut empató y ayer su equipo ganó en Serbia con solvencia.

Se olvidan su leyenda y su legado: ¿Dónde estarían hoy Fermín y Cubarsí?
En el caso de Xavi parece haber erosionado su figura su etapa como entrenador del Barça, aunque no debería ser así. Más allá de los trofeos de metal y otros logros (una Liga, una Supercopa y un 0-4 de Liga en el Bernabéu en circunstancias complejas, las propias del traumático arranque de la era post Messi), a Xavi hay que apuntarle el mérito de haber hecho debutar a más de diez canteranos, entre ellos a Lamine Yamal con 15 años, pero, mucho más importante para el presente que hoy disfrutamos con deleite, a Cubarsí con 16 y a Fermín con 20, futbolistas que necesitaban ser descubiertos al contrario que el de Rocafonda, el tipo de crack que se descubre prácticamente solo.
Claro que Xavi tuvo sus defectos, algunos que no supo pulir sobre la marcha y que formarán parte de su aprendizaje (mírenlo ahora en el banquillo oranje , su conducta es más calmada, lo que siempre permite pensar mejor), pero su legado no debería ser ninguneado por corrientes de opinión nacidas más del resquemor personal que de una objetividad basada en el expediente entregado.
Xavi no cayó en desgracia tanto en el césped sino ante quienes se mueven con habilidad en ambientes palaciegos. Ellos ganaron sin ahorrarse por el camino falsedades que, debidamente empaquetadas, aún hoy se dan por certezas.
Es hora de desearle toda la suerte del mundo a Xavi. O, si no es mucho pedir, de dejarle en paz.
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