Con el fundido a negro, decenas de pacientes del Institut Guttmann se dicen:
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Con el fundido a negro, decenas de pacientes del Institut Guttmann se dicen:
–Y ahora, ¿qué me queda en esta vida, en este mundo?
En la soledad de la habitación, en la profundidad de la noche, los pacientes se plantean si vale la pena seguir. Si no pueden caminar, correr, escalar, pedalear, ir al baño a solas, hacer la compra, caminar, pensar, entonces, se preguntan, ¿qué vida es esta?
–Vivo en un mundo que no está pensado para ir en una silla de ruedas. Cada detalle ínfimo está ideado para la comodidad de una persona que está de pie. Nadie tiene una percepción real de lo que es la silla. Y cuando estás en la silla, el primer pensamiento es: ‘Me quiero morir’. Y no puedes hacer nada. No te ves ni conduciendo ni bajando a por el pan –nos dice Pablo.
–La vida te quita, pero también te da –nos cuenta Cristian, que un buen día, hace ya unos años, había amanecido como cualquier otro día. Se había subido a la bicicleta, había salido a la carretera, se había visto atropellado y había despertado en el hospital, definitivamente aturdido por una lesión cerebral irreversible.
Para caminar, se ayuda de un bastón. Le falla una pierna. Está perezosa, le duele y le inhabilita. Y tiene lagunas mentales, vacíos que no sabe cómo recomponer.
Fundido a negro. ¿Fundido a negro?
Al escuchar a Pablo o a Cristian, y a Iñaki y a Buga, los sabios del Institut Guttmann se dicen:
–¿Cómo podemos darles más vida, más esperanza, más fe en sí mismos?
“¿Cómo os vais a ir a la Titan Desert?”, preguntaban a aquellos pacientes discapacitados
Y en esa introspección, no se les ocurre otra que proponerles un absurdo:
–¡Que se vayan a disputar la Titan Desert de Marruecos!
Titan Desert: seis etapas de unos cien kilómetros cada una sobre dunas y entre las montañas del Atlas, bajo el sol del Sáhara y las frías noches, acampados en tiendas de campaña, autoabasteciéndose…
El proyecto parece tan loco como absurdo, y en esa loca absurdidad, y mientras el resto del mundo les dice “no os metáis ahí”, los pacientes hallan la ilusión.
Se suben al carro.
Del carro tiran otros miembros de Guttman, médicos y enfermeros, y el recorrido se vuelve tan demoníaco como reconfortante, y todos ellos sufren y se preguntan cómo se han metido en esto, pero también se vuelven tercos y determinados, y toda esta historia nos la cuenta Titanes, la historia de un no, la aventura que hace un año había despertado a todos estos pacientes, les había hecho creerse capaces de llegar allí donde nunca lo hubieran imaginado hasta desembocar en Maadid.
En abril, vuelve la Titan Desert.
¿Repetirán?
Repetirán. Estos pacientes están locos .
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