Cierta sensación de déjà vu. Un año después, Pedro Sánchez vuelve a subirse a la tribuna del Congreso de los Diputados para rendir cuentas por la corrupción que acecha al Gobierno y a su partido. Sin embargo, la reacción ha sido muy distinta. Entonces, el presidente hizo un acto de contrición, pidió perdón y anunció un paquete de medidas de regeneración que todavía hoy no se ha implementado. El mazazo de la implicación de su mano derecha Santos Cerdán en una trama de mordidas a cambio de obras públicas hizo que Sánchez pensara en dimitir. Ahora, sin embargo, tras la sentencia del Tribunal Supremo que condena a José Luis Ábalos a 24 años de cárcel, el jefe del Ejecutivo sale al ataque , sin asumir responsabilidades, y buscando rebatir «los rumores, bulos y medias verdades que están provocando una legítima preocupación y confusión en la ciudadanía». Sánchez hizo un repaso por las diferentes causas que copan lo que ha llamado el «debate publicado», tratando de paliar la «frustración y decepción» de los españoles que tiene la sensación de que «todos somos iguales». El primero de ellos, el que ya está sentenciado y afecta a su exministro de Transportes. El presidente lo definió como «un caso flagrante» que afecta a «personas concretas» que aprovecharon su poder y su influencia en el Ejecutivo «para ganar dinero». «En este país no debe de haber ningún espacio para la impunidad de personas corruptas. Sean quienes sean», sentenció, apuntando que quienes «han manchado el buen nombre del PSOE y mi gobierno, lo paguen». El presidente trató de encapsular todas las ramificaciones, las que van desde Santos Cerdán a Leire Díez, en la Secretaría de Organización del PSOE y pidió no «prejuzgar» mientas sigan en investigación.El segundo, el que más impacto ha generado en el espectro progresista y que afecta a José Luis Rodríguez Zapatero. Sánchez pidió «no sacar conclusiones» y volvió a apelar a la presunción de inocencia del expresidente, con un nuevo cierre de filas. «Él ha defendido con gran convicción su actividad privada y esa convicción y trayectoria política explica la confianza que nos merece, que me merece a mí personalmente», señaló. En este punto, y en lo que respecta al Gobierno, reivindicó que no hubo ninguna ilegalidad ni trato de favor en el préstamo a Plus Ultra y recordó que ese rescate fue avalado por diversos organismos independientes. «No hay ninguna sombra de duda sobre la actuación del Ejecutivo», sentenció.Noticia relacionada general No Si Abascal, a Sánchez: «Parece salido de una sauna relajante y lucrativa» Dounia SbaiPor último, Sánchez entró a valorar las causas relativas a miembros de su familia. «No es fácil hablar de ellos, porque afectan a personas que quiero y porque sé, sin el más mínimo grado de duda, que se construyen sobre un patrón de acoso y derribo», dijo. El presidente volvió a recuperar la doctrina del ‘ciclo del bulo’: noticias publicadas en «pseudomedios», que se instrumentalizan desde la política y que se llevan a los tribunales posteriormente en forma de denuncias, donde se eternizan durante años. y que, en su opinión, conforman «una serie de acciones coordinadas que buscan debilitar la acción del Ejecutivo». Sánchez blandió informes de la UCO para defender a su hermano y su mujer, recordó que las acusaciones no cuentan con el aval de la Fiscalía y dejó un recado en la jornada en la que Begoña Gómez debe entregar su pasaporte en el juzgado. Unas medidas cautelares que, consideró, «sobrepasan todos los límites de lo razonable, cuestionando, incluso, la labor de la Policía».Tras este recorrido, Sánchez tiró de victimismo y lanzó una proclama al poder judicial: «Solo le pido a la Justicia que sea justa», dijo, añadiendo que va «a confiar en la Justicia de mi país, a pesar de que haya decisiones que cueste compartir y comprender». El presidente ha vuelto a insistir en que «jamás conocí ni hubiera tolerado ninguna de estas prácticas», lo que generó una risotada generalizada en la bancada del PP y Vox. También hizo hincapié en que «el PSOE no se ha financiado ilegalmente» y que «si ha ocurrido algo, ha sido lo contrario, otros se han aprovechado del PSOE». «No vamos a aceptar la corrupción como un hecho consustancial vamos a seguir trabajando», avanzó.Lo más parecido a la autocrítica llegó en el cierre final, un comentario algo impostado en el que se reconocía «que no somos perfectos», «no somos infalibles», y en el que se llamaba a seguir adelante. «No vamos a cometer el error de callarnos, ni de rendirnos, ni de olvidar que esto no va de nosotros ni de ellos, sino de millones de españoles cuyo porvenir depende de las decisiones que toma el Gobierno cada martes». «La pregunta no es ¿cómo vamos a continuar?, la pregunta es ¿cómo no vamos a continuar?», zanjó. Cierta sensación de déjà vu. Un año después, Pedro Sánchez vuelve a subirse a la tribuna del Congreso de los Diputados para rendir cuentas por la corrupción que acecha al Gobierno y a su partido. Sin embargo, la reacción ha sido muy distinta. Entonces, el presidente hizo un acto de contrición, pidió perdón y anunció un paquete de medidas de regeneración que todavía hoy no se ha implementado. El mazazo de la implicación de su mano derecha Santos Cerdán en una trama de mordidas a cambio de obras públicas hizo que Sánchez pensara en dimitir. Ahora, sin embargo, tras la sentencia del Tribunal Supremo que condena a José Luis Ábalos a 24 años de cárcel, el jefe del Ejecutivo sale al ataque , sin asumir responsabilidades, y buscando rebatir «los rumores, bulos y medias verdades que están provocando una legítima preocupación y confusión en la ciudadanía». Sánchez hizo un repaso por las diferentes causas que copan lo que ha llamado el «debate publicado», tratando de paliar la «frustración y decepción» de los españoles que tiene la sensación de que «todos somos iguales». El primero de ellos, el que ya está sentenciado y afecta a su exministro de Transportes. El presidente lo definió como «un caso flagrante» que afecta a «personas concretas» que aprovecharon su poder y su influencia en el Ejecutivo «para ganar dinero». «En este país no debe de haber ningún espacio para la impunidad de personas corruptas. Sean quienes sean», sentenció, apuntando que quienes «han manchado el buen nombre del PSOE y mi gobierno, lo paguen». El presidente trató de encapsular todas las ramificaciones, las que van desde Santos Cerdán a Leire Díez, en la Secretaría de Organización del PSOE y pidió no «prejuzgar» mientas sigan en investigación.El segundo, el que más impacto ha generado en el espectro progresista y que afecta a José Luis Rodríguez Zapatero. Sánchez pidió «no sacar conclusiones» y volvió a apelar a la presunción de inocencia del expresidente, con un nuevo cierre de filas. «Él ha defendido con gran convicción su actividad privada y esa convicción y trayectoria política explica la confianza que nos merece, que me merece a mí personalmente», señaló. En este punto, y en lo que respecta al Gobierno, reivindicó que no hubo ninguna ilegalidad ni trato de favor en el préstamo a Plus Ultra y recordó que ese rescate fue avalado por diversos organismos independientes. «No hay ninguna sombra de duda sobre la actuación del Ejecutivo», sentenció.Noticia relacionada general No Si Abascal, a Sánchez: «Parece salido de una sauna relajante y lucrativa» Dounia SbaiPor último, Sánchez entró a valorar las causas relativas a miembros de su familia. «No es fácil hablar de ellos, porque afectan a personas que quiero y porque sé, sin el más mínimo grado de duda, que se construyen sobre un patrón de acoso y derribo», dijo. El presidente volvió a recuperar la doctrina del ‘ciclo del bulo’: noticias publicadas en «pseudomedios», que se instrumentalizan desde la política y que se llevan a los tribunales posteriormente en forma de denuncias, donde se eternizan durante años. y que, en su opinión, conforman «una serie de acciones coordinadas que buscan debilitar la acción del Ejecutivo». Sánchez blandió informes de la UCO para defender a su hermano y su mujer, recordó que las acusaciones no cuentan con el aval de la Fiscalía y dejó un recado en la jornada en la que Begoña Gómez debe entregar su pasaporte en el juzgado. Unas medidas cautelares que, consideró, «sobrepasan todos los límites de lo razonable, cuestionando, incluso, la labor de la Policía».Tras este recorrido, Sánchez tiró de victimismo y lanzó una proclama al poder judicial: «Solo le pido a la Justicia que sea justa», dijo, añadiendo que va «a confiar en la Justicia de mi país, a pesar de que haya decisiones que cueste compartir y comprender». El presidente ha vuelto a insistir en que «jamás conocí ni hubiera tolerado ninguna de estas prácticas», lo que generó una risotada generalizada en la bancada del PP y Vox. También hizo hincapié en que «el PSOE no se ha financiado ilegalmente» y que «si ha ocurrido algo, ha sido lo contrario, otros se han aprovechado del PSOE». «No vamos a aceptar la corrupción como un hecho consustancial vamos a seguir trabajando», avanzó.Lo más parecido a la autocrítica llegó en el cierre final, un comentario algo impostado en el que se reconocía «que no somos perfectos», «no somos infalibles», y en el que se llamaba a seguir adelante. «No vamos a cometer el error de callarnos, ni de rendirnos, ni de olvidar que esto no va de nosotros ni de ellos, sino de millones de españoles cuyo porvenir depende de las decisiones que toma el Gobierno cada martes». «La pregunta no es ¿cómo vamos a continuar?, la pregunta es ¿cómo no vamos a continuar?», zanjó.
Cierta sensación de déjà vu. Un año después, Pedro Sánchez vuelve a subirse a la tribuna del Congreso de los Diputados para rendir cuentas por la corrupción que acecha al Gobierno y a su partido. Sin embargo, la reacción ha sido muy distinta. Entonces, el … presidente hizo un acto de contrición, pidió perdón y anunció un paquete de medidas de regeneración -que todavía hoy no se ha implementado-. El mazazo de la implicación de su mano derecha Santos Cerdán en una trama de mordidas a cambio de obras públicas hizo que Sánchez pensara en dimitir. Ahora, sin embargo, tras la sentencia del Tribunal Supremo que condena a José Luis Ábalos a 24 años de cárcel, el jefe del Ejecutivo sale al ataque y busca rebatir «los rumores, bulos y medias verdades que están provocando una legítima preocupación y confusión en la ciudadanía».
Sánchez hizo un repaso por las diferentes causas que copan lo que ha llamado el «debate publicado». El primero, el que afecta a su exministro de Transportes y que ha definido como «un caso flagrante» que afecta a «personas concretas» que aprovecharon su poder y su influencia en el Ejecutivo «para ganar dinero». El segundo, el que afecta al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero y sobre el que pidió «no sacar conclusiones», reivindicando que, en lo que respecta al Gobierno, no hubo ninguna ilegalidad en el rescate de Plus Ultra. Y el último, el que afecta a las causas que juzgan a miembros de su entorno y que, en su opinión, conforman «una serie de acciones coordinadas que buscan debilitar la acción del Ejecutivo».
Tras este recorrido, Sánchez lanzó una proclama al poder judicial: «Solo le pido a la Justicia que se justa», dijo, añadiendo que va «a confiar en la justicia de mi país a pesar de que haya decisiones que cueste compartir y comprender». El presidente ha vuelto a insistir en que «jamás conocí ni hubiera tolerado ninguna de estas prácticas», lo que generó una risotada generalizada en la bancada del PP y Vox. También hizo hincapié en que «el PSOE no se ha financiado ilegalmente» y que «si ha ocurrido algo, ha sido lo contrario, otros se han aprovechado del PSOE». «No vamos a aceptar la corrupción como un hecho consustancial vamos a seguir trabajando», sentenció.
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