No hace ni tres años que Deniz Undav marcó su primer gol en la Bundesliga y ahora es el pichichi de la selección alemana en el Mundial. Fue en Colonia. Y, cómo no, entró de suplente para intentar romper el 0-0. En un abrir y cerrar de ojos marcó los dos goles que le dieron el triunfo a su Stuttgart. Tenía 27 años.
Después de jugar 154 partidos entre la cuarta y la tercera división y tener que marcharse a la segunda de Bélgica, el delantero de 29 años es el pichichi de Alemania
No hace ni tres años que Deniz Undav marcó su primer gol en la Bundesliga y ahora es el pichichi de la selección alemana en el Mundial. Fue en Colonia. Y, cómo no, entró de suplente para intentar romper el 0-0. En un abrir y cerrar de ojos marcó los dos goles que le dieron el triunfo a su Stuttgart. Tenía 27 años.
La trayectoria del delantero es la más rocambolesca de los 26 miembros de la Mannschaft. A ninguno le ha costado tanto llegar como a él, que ha vivido los contrastes del fútbol, hasta el punto de que estuvo un par de años trabajando en una fábrica con turnos de ocho horas. Pero nunca abandonó su idea ser futbolista.
Orígenes kurdos
Orgulloso de ser de familia kurda, celebró su tanto a Curaçao con unos pasos de la danza típica govend
Y lo consiguió. En la última jornada de la Bundesliga 25-26, el Stuttgart visitó al Eintracht y aquel partido fue muy importante para Undav. El delantero no marcó. De hecho, su equipo ni siquiera ganó. Era su partido 86 en la primera germana y por fin superó los 85 que, entre el 2014 y el 2018, disputó en la Regionalliga, la cuarta división del país. A esos hay que añadirles otros 69 con el Meppen en Tercera. Una semana después de ese hito personal entraba en la lista definitiva de Nagelmann para viajar a Estados Unidos.
En los dos primeros partidos, entrando siempre de revulsivo, ha jugado 56 minutos, tiempo suficiente para marcar tres goles en cuatro disparos y dar dos asistencias. No hay futbolista más eficaz que él en el Mundial.
Nacido en Varel, cerca de Bremen, la familia de Undav es kurda, el pueblo sin Estado propio más numeroso del planeta, y de religión yazidí. Su abuelo llegó a Alemania en 1980 por temor a la represión después del golpe de Estado en Turquía del general Evren. El gol que marcó a Curaçao (el 6-1) lo celebró con unos pasos de una danza típica kurda, el govend.
Y ese origen kurdo le ha llevado a sufrir críticas de partidos ultranacionalistas turcos y de políticos de extrema derecha. Y aunque él nunca ha hablado mal de Turquía, el pasado mes de octubre cuando el Stuttgart fue a jugar a Estambul al campo del Fenerbahçe también hubo cánticos organizados contra él desde la grada.
No necesita mucho
Sus 56 minutos en el Mundial le han dado para marcar tres goles en cuatro remates y dar dos asistencias
Pero Undav solo está centrado en jugar. Lo estaba antes y lo sigue estando ahora gracias a que en el 2020 le descubrió el Union Saint-Gilloise belga, que entonces estaba en Segunda. Y allí con 17 tantos colaboró en el ascenso, y otros 25 goles ya en Primera sirvieron para que el recién ascendido se proclamara campeón en la 21-22.
Sus números no tardaron en llamar la atención de la Premier, y el Brighton pagó 7 millones por él. Con 26 años, el salto fue grande. Allí coincidió con Trossard, MacAllister, Caicedo, Van Hecke, Enciso o Yasin Ayari –todos están en el Mundial– y De Zerbi solo lo usó en nueve partidos de titular pero acabó aportando ocho goles.
Necesitaba jugar más, y fue entonces cuando el Stuttgart lo pidió cedido. Por fin iba a jugar en la élite de su país natal. En su primer año en el Mercedes Benz Arena anota 19 dianas y el club se lo quedó en propiedad. Los 32 millones le convirtieron en el jugador más caro del Stuttgart. En el segundo se quedó en 13 goles, incluyendo uno en el Bernabéu en la Champions. Y en este último se fue a los 25, lo que convenció a Nagelsmann, que con Ecuador le dará la titularidad.
Undav, que cumple 30 años el día de la final, se lo ha currado de verdad. Quizás por eso, el gol con el que remontó a Costa de Marfil en el minuto 93 lo celebró levantando la camiseta por los hombros enseñando al mundo su nombre.
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