En una de las sedes de la asociación La Frontera, en el distrito de Fuencarral, las bolsas de ropa ya no esperan días a ser abiertas. Apenas cruzan la puerta, un grupo de niños comienza a clasificarlas por tallas, género, calzado y ropa interior. Las cajas llenas se amontonan en una esquina del local hasta el momento en el que puedan trasladarlas hasta el polideportivo en el que lo necesiten. Desde que los incendios de la Sierra Oeste obligaron a evacuar a miles de vecinos de la comunidad de Madrid, el pequeño local trabaja como una cadena solidaria para que aquellos que han salido de casa con lo puesto puedan recuperar algo tan cotidiano como cambiarse de ropa. La escena sorprende incluso a quienes llevan media vida en la entidad. «La gente se está volcando, están yendo a comprar la mayor parte de la ropa», cuenta Mariluz, directora de la sede de Fuencarral. Acostumbrada a recibir donaciones durante todo el año, reconoce que nunca había visto llegar las prendas tan preparadas. «En el día a día tenemos que hacer el trabajo de descartar y ordenar todo lo que llega, ahora viene ordenada y con etiqueta», explica la directora. La Frontera nació en 1988, impulsada para acompañar a menores, jóvenes y adultos en situación de vulnerabilidad. Hoy cuenta con sedes repartidas por Fresnedillas, Navalagamella, Valdemorillo, Alcobendas, Villanueva de la Cañada, Las Rozas, Móstoles y el distrito de Fuencarral, en Madrid capital. Su presencia en algunos de los municipios que tuvieron que ser evacuados permitió a los vecinos que pasaban por esa terrible situación encontrarse con caras familiares a su llegada a los diferentes puntos de acogida. «Intentamos atender a nuestros usuarios porque, en una situación así, sabemos la importancia que tiene estar presentes», explica Mariluz. Muchos de los afectados participan desde hace años en las diversas actividades de la asociación, incluido el campamento de niños que cada verano organizan en Navalagamella. «Muchos niños crecieron juntos a lo largo de los veranos y cuando se reencontraron se abrazaban entre ellos», dice la directora de la sede. Al principio, la prioridad de la asociación era movilizarse para preparar desayunos y comidas para los evacuados. Sin embargo, fueron las conversaciones con ellos las que hicieron que se diesen cuenta de otras necesidades . Los diferentes afectados pedían ropa de cambio, productos de higiene, colonias o incluso cremas hidratantes para poder aliviar las contracturas de dormir sobre camillas. «Necesitan sentirse limpios», resume la coordinadora de menores, Marisa. La respuesta no tardó en llegar. Además de particulares, algunas empresas donaron neceseres y productos de limpieza. Después de recibir los artículos en las sedes de Fuencarral, Carabanchel y Valdemorillo, los voluntarios son los encargados de hacer la clasificación. En el caso de Fuencarral son los niños del grupo scout Orión, de entre seis a quince años, quienes pasan las mañanas doblando y separando las prendas. Uno de los jóvenes llegó el pasado lunes con una bolsa separada: «Mariluz, yo traigo ropa para Antonio». El pequeño voluntario le había pedido prendas a su abuelo para atender las necesidades de uno de los usuarios que llevaba durmiendo varios días en el polideportivo de municipal de Alcobendas.Algunos de los voluntarios de La Frontera en las diferentes acciones del proceso de donación. Belén DíazEl gesto de ese voluntario de la asociación resume la forma de trabajar de La Frontera. Muchos de quienes hoy reciben ayuda forman parte de su día a día desde hace años. Se conocen por el nombre , saben quién necesita una talla concreta o qué familia atraviesa una situación especialmente complicada. «Los usuarios se desahogan con nosotros. Va la trabajadora social a hablar con ellos y nosotras hacemos lo que podemos», explica Mariluz. Cuando las cajas están completas, emprenden el camino hacia el polideportivo donde permanecen alojados los evacuados. En un primer instante, dan prioridad a aquellos en los que se encuentran sus usuarios, que hasta el pasado martes era en el pabellón José Caballero de Alcobendas. Allí, bajo las gradas, el trabajo continuaba en otro almacén improvisado. Cris, una de las voluntarias, conoce muy bien las necesidades de cada persona, así que se encarga de seleccionar las prendas según gustos y tallas. Ella es consciente de que no reparte simplemente ropa, intenta devolverles una pequeña porción de normalidad. Grandes accionesDos adolescentes de Navalagamella, que han podido volver a sus hogares en la tarde del martes, por la mañana se preocupaban de encontrar unos pantalones lo suficientemente anchos como para sentirse cómodas. Cris las ayudaba a encontrar algo que encajase con sus gustos, como ya lo había hecho en los días anteriores. También, un niño pequeño no estaba muy convencido con la camiseta seleccionada, hasta que Cris señaló el estampado: «Pero si pone Mr. Cool (señor guay). Tú eres un chico guay». El pequeño, convencido y sonriente se llevó su camiseta, que apenas unas horas después pudo acompañarlo en su vuelta a casa.En una emergencia marcada por las miles de evacuaciones, La Frontera ha descubierto que, a veces, la ayuda más urgente no consiste solo en proporcionar un techo o comida. También pasa por entregar calcetines limpios, unas chanclas o una camiseta que haga sonreír a un niño. Porque detrás de cada gesto, en estas situaciones, significa que alguien está pendiente de ellos. En una de las sedes de la asociación La Frontera, en el distrito de Fuencarral, las bolsas de ropa ya no esperan días a ser abiertas. Apenas cruzan la puerta, un grupo de niños comienza a clasificarlas por tallas, género, calzado y ropa interior. Las cajas llenas se amontonan en una esquina del local hasta el momento en el que puedan trasladarlas hasta el polideportivo en el que lo necesiten. Desde que los incendios de la Sierra Oeste obligaron a evacuar a miles de vecinos de la comunidad de Madrid, el pequeño local trabaja como una cadena solidaria para que aquellos que han salido de casa con lo puesto puedan recuperar algo tan cotidiano como cambiarse de ropa. La escena sorprende incluso a quienes llevan media vida en la entidad. «La gente se está volcando, están yendo a comprar la mayor parte de la ropa», cuenta Mariluz, directora de la sede de Fuencarral. Acostumbrada a recibir donaciones durante todo el año, reconoce que nunca había visto llegar las prendas tan preparadas. «En el día a día tenemos que hacer el trabajo de descartar y ordenar todo lo que llega, ahora viene ordenada y con etiqueta», explica la directora. La Frontera nació en 1988, impulsada para acompañar a menores, jóvenes y adultos en situación de vulnerabilidad. Hoy cuenta con sedes repartidas por Fresnedillas, Navalagamella, Valdemorillo, Alcobendas, Villanueva de la Cañada, Las Rozas, Móstoles y el distrito de Fuencarral, en Madrid capital. Su presencia en algunos de los municipios que tuvieron que ser evacuados permitió a los vecinos que pasaban por esa terrible situación encontrarse con caras familiares a su llegada a los diferentes puntos de acogida. «Intentamos atender a nuestros usuarios porque, en una situación así, sabemos la importancia que tiene estar presentes», explica Mariluz. Muchos de los afectados participan desde hace años en las diversas actividades de la asociación, incluido el campamento de niños que cada verano organizan en Navalagamella. «Muchos niños crecieron juntos a lo largo de los veranos y cuando se reencontraron se abrazaban entre ellos», dice la directora de la sede. Al principio, la prioridad de la asociación era movilizarse para preparar desayunos y comidas para los evacuados. Sin embargo, fueron las conversaciones con ellos las que hicieron que se diesen cuenta de otras necesidades . Los diferentes afectados pedían ropa de cambio, productos de higiene, colonias o incluso cremas hidratantes para poder aliviar las contracturas de dormir sobre camillas. «Necesitan sentirse limpios», resume la coordinadora de menores, Marisa. La respuesta no tardó en llegar. Además de particulares, algunas empresas donaron neceseres y productos de limpieza. Después de recibir los artículos en las sedes de Fuencarral, Carabanchel y Valdemorillo, los voluntarios son los encargados de hacer la clasificación. En el caso de Fuencarral son los niños del grupo scout Orión, de entre seis a quince años, quienes pasan las mañanas doblando y separando las prendas. Uno de los jóvenes llegó el pasado lunes con una bolsa separada: «Mariluz, yo traigo ropa para Antonio». El pequeño voluntario le había pedido prendas a su abuelo para atender las necesidades de uno de los usuarios que llevaba durmiendo varios días en el polideportivo de municipal de Alcobendas.Algunos de los voluntarios de La Frontera en las diferentes acciones del proceso de donación. Belén DíazEl gesto de ese voluntario de la asociación resume la forma de trabajar de La Frontera. Muchos de quienes hoy reciben ayuda forman parte de su día a día desde hace años. Se conocen por el nombre , saben quién necesita una talla concreta o qué familia atraviesa una situación especialmente complicada. «Los usuarios se desahogan con nosotros. Va la trabajadora social a hablar con ellos y nosotras hacemos lo que podemos», explica Mariluz. Cuando las cajas están completas, emprenden el camino hacia el polideportivo donde permanecen alojados los evacuados. En un primer instante, dan prioridad a aquellos en los que se encuentran sus usuarios, que hasta el pasado martes era en el pabellón José Caballero de Alcobendas. Allí, bajo las gradas, el trabajo continuaba en otro almacén improvisado. Cris, una de las voluntarias, conoce muy bien las necesidades de cada persona, así que se encarga de seleccionar las prendas según gustos y tallas. Ella es consciente de que no reparte simplemente ropa, intenta devolverles una pequeña porción de normalidad. Grandes accionesDos adolescentes de Navalagamella, que han podido volver a sus hogares en la tarde del martes, por la mañana se preocupaban de encontrar unos pantalones lo suficientemente anchos como para sentirse cómodas. Cris las ayudaba a encontrar algo que encajase con sus gustos, como ya lo había hecho en los días anteriores. También, un niño pequeño no estaba muy convencido con la camiseta seleccionada, hasta que Cris señaló el estampado: «Pero si pone Mr. Cool (señor guay). Tú eres un chico guay». El pequeño, convencido y sonriente se llevó su camiseta, que apenas unas horas después pudo acompañarlo en su vuelta a casa.En una emergencia marcada por las miles de evacuaciones, La Frontera ha descubierto que, a veces, la ayuda más urgente no consiste solo en proporcionar un techo o comida. También pasa por entregar calcetines limpios, unas chanclas o una camiseta que haga sonreír a un niño. Porque detrás de cada gesto, en estas situaciones, significa que alguien está pendiente de ellos.
En una de las sedes de la asociación La Frontera, en el distrito de Fuencarral, las bolsas de ropa ya no esperan días a ser abiertas. Apenas cruzan la puerta, un grupo de niños comienza a clasificarlas por tallas, género, calzado y ropa interior. Las … cajas llenas se amontonan en una esquina del local hasta el momento en el que puedan trasladarlas hasta el polideportivo en el que lo necesiten. Desde que los incendios de la Sierra Oeste obligaron a evacuar a miles de vecinos de la comunidad de Madrid, el pequeño local trabaja como una cadena solidaria para que aquellos que han salido de casa con lo puesto puedan recuperar algo tan cotidiano como cambiarse de ropa.
La escena sorprende incluso a quienes llevan media vida en la entidad. «La gente se está volcando, están yendo a comprar la mayor parte de la ropa», cuenta Mariluz, directora de la sede de Fuencarral. Acostumbrada a recibir donaciones durante todo el año, reconoce que nunca había visto llegar las prendas tan preparadas. «En el día a día tenemos que hacer el trabajo de descartar y ordenar todo lo que llega, ahora viene ordenada y con etiqueta», explica la directora. La Frontera nació en 1988, impulsada para acompañar a menores, jóvenes y adultos en situación de vulnerabilidad. Hoy cuenta con sedes repartidas por Fresnedillas, Navalagamella, Valdemorillo, Alcobendas, Villanueva de la Cañada, Las Rozas, Móstoles y el distrito de Fuencarral, en Madrid capital.
Su presencia en algunos de los municipios que tuvieron que ser evacuados permitió a los vecinos que pasaban por esa terrible situación encontrarse con caras familiares a su llegada a los diferentes puntos de acogida. «Intentamos atender a nuestros usuarios porque, en una situación así, sabemos la importancia que tiene estar presentes», explica Mariluz. Muchos de los afectados participan desde hace años en las diversas actividades de la asociación, incluido el campamento de niños que cada verano organizan en Navalagamella. «Muchos niños crecieron juntos a lo largo de los veranos y cuando se reencontraron se abrazaban entre ellos», dice la directora de la sede.
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Al principio, la prioridad de la asociación era movilizarse para preparar desayunos y comidas para los evacuados. Sin embargo, fueron las conversaciones con ellos las que hicieron que se diesen cuenta de otras necesidades. Los diferentes afectados pedían ropa de cambio, productos de higiene, colonias o incluso cremas hidratantes para poder aliviar las contracturas de dormir sobre camillas. «Necesitan sentirse limpios», resume la coordinadora de menores, Marisa. La respuesta no tardó en llegar. Además de particulares, algunas empresas donaron neceseres y productos de limpieza.
Después de recibir los artículos en las sedes de Fuencarral, Carabanchel y Valdemorillo, los voluntarios son los encargados de hacer la clasificación. En el caso de Fuencarral son los niños del grupo scout Orión, de entre seis a quince años, quienes pasan las mañanas doblando y separando las prendas. Uno de los jóvenes llegó el pasado lunes con una bolsa separada: «Mariluz, yo traigo ropa para Antonio». El pequeño voluntario le había pedido prendas a su abuelo para atender las necesidades de uno de los usuarios que llevaba durmiendo varios días en el polideportivo de municipal de Alcobendas.
(Belén Díaz)
El gesto de ese voluntario de la asociación resume la forma de trabajar de La Frontera. Muchos de quienes hoy reciben ayuda forman parte de su día a día desde hace años. Se conocen por el nombre, saben quién necesita una talla concreta o qué familia atraviesa una situación especialmente complicada. «Los usuarios se desahogan con nosotros. Va la trabajadora social a hablar con ellos y nosotras hacemos lo que podemos», explica Mariluz.
Cuando las cajas están completas, emprenden el camino hacia el polideportivo donde permanecen alojados los evacuados. En un primer instante, dan prioridad a aquellos en los que se encuentran sus usuarios, que hasta el pasado martes era en el pabellón José Caballero de Alcobendas. Allí, bajo las gradas, el trabajo continuaba en otro almacén improvisado. Cris, una de las voluntarias, conoce muy bien las necesidades de cada persona, así que se encarga de seleccionar las prendas según gustos y tallas. Ella es consciente de que no reparte simplemente ropa, intenta devolverles una pequeña porción de normalidad.
Grandes acciones
Dos adolescentes de Navalagamella, que han podido volver a sus hogares en la tarde del martes, por la mañana se preocupaban de encontrar unos pantalones lo suficientemente anchos como para sentirse cómodas. Cris las ayudaba a encontrar algo que encajase con sus gustos, como ya lo había hecho en los días anteriores. También, un niño pequeño no estaba muy convencido con la camiseta seleccionada, hasta que Cris señaló el estampado: «Pero si pone Mr. Cool (señor guay). Tú eres un chico guay». El pequeño, convencido y sonriente se llevó su camiseta, que apenas unas horas después pudo acompañarlo en su vuelta a casa.
En una emergencia marcada por las miles de evacuaciones, La Frontera ha descubierto que, a veces, la ayuda más urgente no consiste solo en proporcionar un techo o comida. También pasa por entregar calcetines limpios, unas chanclas o una camiseta que haga sonreír a un niño. Porque detrás de cada gesto, en estas situaciones, significa que alguien está pendiente de ellos.
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